agosto 27, 2017

Fotografía. Erizadas

Se inaugura “Identidades posibles: yo soy - nosostrxs somos”, una muestra de la artista brasileña Mônica Cardim, quien viene trabajando en identidades afroamericanas a través de su relación con el cabello. Más de 30 retratos de personas negras y su vínculo con el pelo crespo serán acompañados de una acción performática de discusión y nuevas imágenes que pongan los pelos de punta.

Victoria Ohanna 


“La relación con el pelo de las mujeres negras es clave a la hora de pararse frente al mundo. El mercado ha creado una batería de productos para alisar el pelo, para volverlo tan recto como una regla y que toda su esencia, toda su crespancia, desaparezca y, con ella, nuestras identidades” ha dicho la activista feminista Kamilla Albino el mes pasado en contexto de Facción, el IV Encuentro Latinoamericano de Medioactivismo, aclarando que entienden a las madres o abuelas que insisten con borrar esas marcas de sus cabezas. “Pero eso es historia antigua. Nosotras haremos uso de los productos que nos convengan, cuando querramos, pero queremos hacer del pelo un arma de resistencia, un bastión de orgullo de nuestras raíces” concluyó. 

“Identidades posibles: yo soy - nosostrxs somos” es una suma de retratos en blanco y negro de afrodescendientes que viven en Brasil y, justamente, su relación con el cabello natural, todo un tema a la hora de reafirmar las diversidades que habitan el territorio brasilero y Latinoamerica y el Caribe. 

Mônica Cardim nació en San Pablo, es Master en Artes Visuales de SP y tiene muchas muestras en su haber: “Paraíso ocupado” (Berlín/Rio de Janeiro, 2016), “Ensaios” (São Paulo, 2015), “Mujeres negras en la danza” (2017), “Expoentes negros” (São Paulo, 2014/2015), “Universo Feminino” (São Paulo, 2008), entre otras, y fue coordinadora pedagógica en la muestra fotográfica “Êxodos” de Sebastião Salgado. “Este proyecto empezó a fines de 2015 como algo más amplio que se llamaba “Identidades posibles”, donde trabajaba el concepto de la corporeidad negra en la fotografía a partir de la memoria. El elemento del cabello surgió por casualidad, a partir de un test de iluminación con un aparato nuevo que recién había adquirido. Empecé a hacer una serie de autoretratos para probar esa iluminación; jugaba con mi propio cabello y el resultado me gustó mucho” cuenta a Las12. 

Para las sesiones fotográficas pedía a los y las fotografiadas que traigan a la sesión sus memorias físicas, afectivas y culturales respecto de su cuerpo e identidad. “Cada sesión es larga y trabajo con la idea de ritual, con una serie de etapas, siendo una de ellas un pequeño video con el testimonio en el cual cada quien habla de su relación con su cuerpo. En eso percebí que era significativo para esas personas hablar y tener su cabello registrado, especialmente en diálogo con el mío, representado en la serigrafía del artista Eduardo Utima. Era como un tipo de reconocimiento de su propia historia y de su ancestralidad. Por eso, considero el trabajo con el retrato de los cabellos como un work in progress, un suplemento especial al proyecto de la corporeidad, ya que estoy en constante búsqueda por nuevos registros, historias y cabellos. La parte buena pero al mismo tiempo difícil de este trabajo es que, de forma natural, al caminar por la calle o estando en cualquier lugar y mirando un pelo con rizos, unas rastas o turbantes que me llaman la atención ya me viene de forma automática el siguiente pensamiento: “Todavía no he fotografado un pelo así!” dice.

Sororidad capilar (y artística)

“La evolución del proyecto se dio de forma natural cuando se lo presenté a Renata Martins, a quien había conocido en Berlín el año pasado a través de una pareja de amigos artistas. Cuando vio la serie de los cabellos, se ofreció para colaborar en la curadoría del nuevo proyecto: “Identidades posibles...”, y todo empezó a fluir de forma armónica y sincrónica entre nosotras dos. Empecé a trabajar por separado en ambos proyectos: sobre los cabellos, en dialogo con ella, y la corporeidad, juntamente a la Nave Gris Cia Cênica - una compañía de teatro, danza y performance de San Pablo- para la cual fotografié once bailarinas para la muestra “Mujeres negras en la danza” (en julio de este año)”. 

Renata Lima

¿Por qué tener el cabello como tema central?

–Es un posicionamiento político-afectivo mío. En la medida que iba teniendo contacto con las personas retratadas, fui recuperando mis propias historias relacionadas el tema de mi identidad afrobrasileña. Además, fui percibiendo la importancia que había para cada una de aquellas personas el acto de mirarse de otra forma a partir de sus cabellos. Nosotros negros y negras en Brasil somos reconocidas por nuestra corporeidad, por el modo cómo usamos nuestros cuerpos y cabellos. Recibimos una serie de valores por cuenta de nuestro tipo físico y, especialmente, por cómo usamos o tenemos nuestros cabellos. Por eso, considero que es un posicionamiento político muy fuerte cuando decidimos mostrar nuestro cuerpo y los valores que atribuir a él y a nuestro cabello naturalmente rizado. Alisarse el pelo es, por ejemplo, un procedimiento que puede contener, por un lado, una relación afectiva de una persona con su historia familiar, una costumbre “común” entre los miembros de esa familia, pero que no deja de apuntar a una forma por una búsqueda, un deseo por la “blanquitud”. Eso hace parte del proceso de emblanquecimiento de la sociedad brasileña, altamente racializada. Por eso, mi decisión y actitud de no alisar mi pelo, y de valorar el volumen natural que tiene evidencia mi deseo de reconocer aquello que es unicamente mío. De eso trata mi trabajo.

Lxs fotografiadxs

Todas las personas retratadas fueron invitadas por Mónica: son personas que conoce profesionalmente o por recomendaciones de amigos y amigas. “Pero hay un deseo muy grande mío de utilizar mi producción fotográfica para hablar de mi historia y de la historia de las personas a mi alrededor. Percibo cada vez más que fotografío para establecer un puente de diálogo entre yo y ellas. Además me doy cuenta que tanto el acto como el estudio fotográfico son “espacios de cura”, espacios que evitan el padecimiento y nos permiten descubrir y mostrar quiénes somos. 

¿Pero las identidades negras son fijas o definitivas?

–No. Nuestra identidad no es algo definitivo, ella tampoco es definida por los y las otras, sino por nosotras mismas. Por eso, cuando fotografío a las personas en mi estudio, quiero juntarme a descubrir todas las posibilidades suyas y mías. Cuando fotografio al otro, también estoy captándome a mí, hablando de mí. Soy una mujer negra, consciente de eso y que fotografía. La fotografía es una producción un tanto elitizada en Brasil y en el mundo en general. Analizando la historia de la fotografía en mi país y de cómo fue hecha la representación de los y las negras, tenemos el hecho de que a partir de la segunda mitad del siglo XIX fuimos básicamente representados por una mirada europea y masculina, cuya herencia se perpetuó por un largo tiempo. Con eso empezó a ser construida una tradición de hombres fotógrafos blancos y europeos fotografiando negros y negras en Brasil y eso también se encuentra en el siglo XX. En el momento en que brasileños y brasileñas empiezan a asumir el control del aparato fotográfico, con un evidente número reducido de mujeres, se hace evidente la presencia masiva de blancos. Por eso, considero mi perspectiva un tanto distinta: porque soy mujer, negra y fotógrafa. Me llena de felicidad el conocer otras fotógrafas y artistas mujeres negras y percibir que estamos utilizando un lenguaje artístico para buscar nuestra propia representación, la construcción de identidades posibles afro-diaspóricas, de descubrir quiénes somos como negros y negras en el Brasil actual. En ese sentido, estoy insertada en un universo de artistas que están pensando sus propias identidades y quieren ser autores reales de esa construcción. Una referencia para mi es Rosana Paulino.

¿Se considera feminista?

Conduzco mi trabajo bajo una perspectiva feminista negra por cuenta de la polarización de la historia social de mi país. Siempre me propongo la siguiente pregunta: ¿En qué lugar estaba insertada la mujer negra por el dominio blanco? El simple hecho de que soy una productora de arte, una productora fotográfica y negra ya me ubica en un lugar de mucha lucha, de mucha confrontación frente a un entorno mayormente machista y blanco. Es curioso observar, incluso, que a mi punto de vista muchas veces hay una referencia al aparato fotográfico bastante fetichista y sexista. La gente te indaga si tenés el equipo fotográfico X como si fuese un objeto fálico. El hecho de no fotografiar exclusivamente mujeres no vuelve mi trabajo menos feminista porque lo que importa en mi producción, así como en el trabajo de otras mujeres artistas, es la mirada que lanzamos hacia al mundo exterior. Yo no necesito fotografiar solamente personas negras para ser una artista que trabaja el tema de la diáspora africana en Brasil; no necesito fotografiar exclusivamente mujeres negras para ser una feminista negra. Debo sí, como una, fotografiar toda y cualquier persona que me interese y con la cual puedo establecer un intercambio. Como mujer negra tengo sí la ambición y la claridad de que puedo y voy a fotografiar cualquer persona que me interese con mi mirada de feminista negra. De esa libertad plena de decisión y sin la necesitad constante de aclaración no abro la mano. 

La nueva Miss Brasil es una negra con cabello rizado. ¿Cree que los modos de representar a las mujeres negras están cambiando?

–El cabello es un elemento estético y de representación muy fuerte para las mujeres negras. La imagen del cabello largo y liso es para la gran mayoría de las mujeres en Brasil símbolo de delicadeza, feminilidad y sensualidad. El hecho de que la nueva Miss Brasil es una negra con cabello rizado, y cómo ella tiene su melena natural sin querer alisarla, está poniendo en jaque la dictadura estética que sufrimos en Brasil. Es muy triste ver los ataques racistas que esa mujer está recibiendo solo por tener sus rizos naturales y cómo ella se enorgullece de ellos y no los oculta. En Brasil, para una mujer ser estéticamente deseada y aceptada por la sociedad tiene que estar bajo las consignas: blanca, pelo liso, delgada, alta. Por eso, la cuestión del pelo rizado para la mujer negra va más allá de ser un mero adorno estético, es un instrumento de su lucha, resistencia, memoria, fuerza y delicadeza. Y

La muestra será inaugurada mañana, a las 17, en el Centro Cultural de la Ciencia (C3) Polo Científico / Conicet en Palermo. Después de la charla de presentación, se retratarán los “cabellos” afroargentinos o no afro teniendo de fondo la reproducción del cabello de Mónica. Será la versión “porteña” del proyecto que seguirá recorriendo el mundo.


Mônica Cardim

Por Flor Monfort
Fuente: Página/12