septiembre 11, 2017

La mujer y la lucha contra la dictadura



Las mujeres cumplieron un papel relevante en la lucha contra la dictadura cívico militar.

Su resistencia se manifestó activamente en la defensa contra las brutales violaciones a los derechos humanos, como también en las organizaciones que se hacían cargo de la subsistencia cotidiana, ante el hambre y la cesantía que azotaban a los trabajadores y sectores populares. Pero también cobraron una enorme importancia las organizaciones feministas, que comenzaron a exigir la democracia en el país, pero también en la casa.


La dictadura y su política hacia la mujer


La política de la dictadura hacia la mujer articuló una fuerte represión a todas aquellas que se habían organizado, ya sea militando en los partidos de izquierda o participando de las juntas de abastecimiento popular, los sindicatos, comités de allegados, las juntas de vecinos o cualquier otra organización obrera o popular.

Estas mujeres eran especialmente castigadas, sobre todo las militantes, que fueron torturadas, asesinadas o desaparecidas. Se trataba de sancionar a aquellas que se habían atrevido a cuestionar el orden vigente de clase y de género.

Para la dictadura la mujer debía cumplir su rol tradicional de género, reproduciendo los valores patriarcales que la asociaban al hogar, la reproducción, el cuidado del esposo y los hijos y pilar de la nación. Como señala Teresa Valdés “la dictadura hace uso de las herramientas del poder político, represivo y de las comunicaciones” (1) para lograr que la mujer sea uno de los principales sostenes de la dictadura.

Organizaciones como CEMA Chile (Centros de Madre) quedaron bajo el alero de las esposas de los generales de la junta, para ser utilizadas como herramienta de control económico, político e ideológico, al igual que la Secretaría Nacional de la Mujer.

Era necesario además de reprimir, despolitizar a la sociedad, especialmente a las mujeres, retrayéndolas nuevamente al ámbito de lo doméstico y familiar. Javier Maraval señala que “A la mujer se le reservó un claro papel embadurnado de la retórica patriótica característica del Chile más conservador, a saber, la mujer como garantía de la integridad de la familia chilena, como valuarte de la promoción y sostenimiento de los valores del nuevo Estado” (2).


La resistencia de la mujer en dictadura


Las políticas represivas y económicas de la dictadura provocaron una fuerte respuesta en las mujeres, que se organizaron en torno a la defensa de la vida y la subsistencia.

Una de las primeras organizaciones que se constituyó tras el golpe de Estado fue la Agrupación de Mujeres Democráticas (AMD), en octubre del año 1973, en las afueras del Estadio Nacional, donde un grupo de mujeres comenzó a congregarse ante el problema de los presos políticos.

Esta organización llegó a reunir cerca de 300 mujeres, que realizaban importantes acciones de solidaridad e información ante la fuerte represión de la dictadura. Algunas de las mujeres que participaron fueron la feminista Olga Poblete, Eugenia Jofré e Iris Araneda, gran parte de ellas militantes de izquierda y activas participantes durante el gobierno de la Unidad Popular.

La mujer y la defensa de los derechos humanos



La extendida represión de la dictadura provocó que miles de personas fueran detenidas, asesinadas o desaparecidas, especialmente los primeros meses tras el golpe de Estado.

Ante esta situación comenzaron a formarse organizaciones que buscaban a sus familiares, recorriendo centros de detención, cuarteles, comisarías y hospitales. Esto dio origen a la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD), que reunía principalmente a mujeres en la búsqueda de información, que actuaban colectiva y solidariamente tratando de obtener algún dato sobre sus hijos, esposos, padres, etc.

El Comité Pro Paz colaboró con un lugar, para que en el año 1974 cerca de personas, entre varones y mujeres, constituyeran la Agrupación. Entre las múltiples acciones que realizaron, estuvo el encadenamiento fuera del ex Congreso Nacional, en el año 1979, la toma de sedes de organismos internacionales y huelgas de hambre, con el objetivo de visibilizar la violación a los derechos humanos en nuestro país.

Algo similar ocurrió con otras organizaciones, como la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos o la Agrupación de Familiares de Presos Políticos, entre muchas otras.

La lucha por la subsistencia



Las consecuencias de la dictadura se hicieron sentir en lo político, lo económico y lo social. La devolución de empresas y fábricas, la pérdida de conquistas y derechos sociales y la implementación de las políticas neoliberales provocaron un fuerte empobrecimiento de los trabajadores y el pueblo; además de una fuerte precarización laboral y la destrucción de los sindicatos y otras organizaciones populares.

Mientras la cesantía, el hambre y la pobreza se extendían, llegando en 1982 casi a un 30% de desocupación, las mujeres se incorporaron al trabajo asalariado en trabajos muy precarios y con sueldos bajísimos, muchas de ellas trabajando en los programadas de empleo mínimo o los planes ocupacionales para jefes de hogar.

Pero la resistencia de la mujer la impulsó a agruparse en ollas comunes, el Movimiento de Mujeres Populares (MOMUPO) y las llamadas “organizaciones económicas populares” como Comprando Juntos, comedores infantiles y populares, talleres laborales, entre otras.

A nivel sindical, se formó el Departamento Femenino de la Coordinadora Nacional Sindical, que organizó manifestaciones importantes en fechas como el 8 de marzo, que se transformaron en referente de lucha contra la dictadura.

Estas organizaciones no son solo de subsistencia “en la que el aspecto económico es sólo una parte de la acción, ya que también apuntan a superar la exclusión sociopolítica mediante la constitución de estas organizaciones como espacios de participación, socialización y de formación de sus integrantes, lo que ayuda a enfrentar organizadamente el cierre de los canales de participación que se produce durante la dictadura militar” (3).

Organizaciones de mujeres y feministas

Fueron múltiples las organizaciones que se crearon durante la dictadura, como el Comité de Defensa de los Derechos de la Mujer (Codem), el Movimiento Mujeres de Chile (Mudechi), la Unión Chilena de Mujeres (UCHM) o el Movimiento Pro Emancipación de la Mujer Chilena, MEMCH 83, entre muchas otras.

En el año 1983 se realizó un gran acto en el teatro Caupolicán, que reunió a cerca de 10 mil mujeres, en la que se convocó a las mujeres a unirse en la lucha contra la dictadura, formando las “mujeres por la Vida”.

Estas organizaciones planteaban la defensa de los derechos de la mujer, ante temas como la violación a los derechos humanos, el alza de los precios, la pobreza y miseria, los temas de salud sexual y reproductiva de las mujeres, pero también planteaban una abierta crítica y lucha contra la dictadura cívico-militar.

Se fue articulando así una lucha contra la dictadura y en defensa de los derechos de la mujer, en el que participaron activamente de las jornadas de protesta nacional, de las conmemoraciones por el 8 de marzo o el 1 de mayo, etc., expresada también en documentos como el Pliego de la Mujer, la participación en la Asamblea de la Civilidad y otras instancias.

Por otro lado, cobró fuerza la reflexión feminista, que apuntaba a desnaturalizar los roles de género y la cultura patriarcal.

Debates políticos y estratégicos

Al interior de los movimientos de mujeres y feministas comenzaron a surgir diversos debates sobre, por ejemplo, la relación entre la militancia feminista y la participación en partidos políticos, la lucha por la vuelta a la democracia, la exigencia de que los temas personales y privados también fueran parte del debate político, entre otras cosas.

Surgió una crítica correcta a muchas organizaciones y partidos de izquierda, que veían los temas de la mujer como cuestiones secundarias, invisibilizando las demandas de género y feministas. Esto llevó a un sector de mujeres al autonomismo, planteando que todos los partidos eran iguales, separando la estrategia de lucha contra el patriarcado y el capitalismo.

Por otro lado, surgió una exigencia que planteaban que era necesario democracia en el país y en la casa, lo que llevó a muchas organizaciones a exigir a la Concertación de Partidos por la Democracia que incluyera las demandas de la mujer, en temas como representación, derechos de maternidad, aborto y otras cuestiones, hablando de una democracia general, sin contenido de clase.

Las demandas de la mujer terminaron invisibilizadas, mientras se la Concertación pactaba con la dictadura una transición ordenada y la mantención del modelo económico, político y social que impuso Pinochet y sus aliados.

El movimiento de mujeres y feminista cumplió un papel fundamental en la lucha contra la dictadura, organizando a las mujeres en temas de derechos humanos, políticos, de subsistencia y feministas. El debate sobre las políticas que se llevaron adelante nos plantea hoy la reflexión respecto de la necesidad de construir un feminismo de clase, que se plantee en crítica contra la opresión de género, sostenida por el capitalismo, y la explotación de clase.


@analopezd Historiadora
Funete: http://www.laizquierdadiario.com/La-mujer-y-la-lucha-contra-la-dictadura