septiembre 15, 2017

Lucía Topolansky, de guerrillera a Vicepresidenta


La ex primera dama y senadora de Uruguay, Lucía Topolansky, hoy actual vicepresidente de Tabaré Vázquez. / EFE archivo

Nacida en Montevideo el 25 de septiembre de 1944, Lucía Topolansky, junto a su hermana melliza María Elia, fueron las cuartas y quintas de los seis hijos del matrimonio compuesto por María Elia Saavedra y Luis, quien ya tenía una hija de un matrimonio anterior y que había heredado la profesión de ingeniero de su padre, primer Topolansky que se instaló por estas tierras (llegó a vivir también varios años en Argentina, en Lomas de Zamora), a fines del siglo XIX.

Lucía y sus hermanos nacieron en el seno de una familia tradicional, con un padre votante del ala más conversadora del Partido Colorado y una madre muy católica. Pasaron sus primeros años en la casa de los abuelos Saavedra, en el Prado, barrio que desde fines del siglo XIX albergó a las familias patricias de Montevideo. Siendo Lucía una niña, la familia de mudó al barrio de Pocitos, zona costera a la que muchas familias acomodadas de entonces migraron.

Luego, según reza la biografía oficial elaborada por su sector político, los Topolansky pasaron a residir, por un breve lapso, en Punta del Este. Luis, su padre, se había asociado con una empresa constructora. Pero, al poco tiempo, el gobierno de Juan Domingo Perón prohibió a los argentinos veranear en Uruguay y la empresa quebró, por lo que la familia volvió a Montevideo, otra vez al barrio de Pocitos. La difícil situación económica que trajeron a cuestas a la capital, se agravó al enfermar su padre, por lo que la familia pasó a depender enteramente del abuelo materno, el juez de paz Enrique Saavedra, quien sustentó los cuantiosos gastos educativos de sus nietos.

Los seis hermanos fueron en primaria y secundaria a colegios privados: los tres varones al San Juan Bautista y las tres mujeres al Sacre Coeur. Los relatos de quienes la conocieron bien esa época coinciden en que Lucía fue una alumna estudiosa, que en sus ratos libres le gustaba leer, pintar, cabalgar, jugar al voleibol, andar en bicicleta y que, además, tomó clases de ballet y piano.

Enrique, uno de los hermanos de Lucía, contó en 2009 (pocos días después de que su esposo José Mujica fuera elegido presidente) a este corresponsal una anécdota de esa época que, a la luz del tiempo, puede visualizársela como uno de los primeros actos de rebeldía, premonitorios de los años que vendrían. “Un día llego a casa y la veo a mi madre yéndose muy preocupada para el Sacre Coeur porque las monjas la habían citado de urgencia ¿Qué había pasado? Lucía y María Elia habían organizado una especie de huelga para resistir ciertos reglamentos muy estrictos que tenían en el colegio. Mi madre tranquilizó a las monjas, y luego habló con mis hermanas -que eran excelentes alumnas- para calmar las aguas. La cosa, finalmente, no pasó a mayores”.

La conciencia social y política de “La Tronca”, apodo con el que se la conoce en el ámbito de la militancia de la izquierda uruguaya, empezaría a florecer, como en muchos jóvenes de la época, a la par de la Revolución Cubana desarrollada en los años que cursó preparatorio (últimos años de secundaria, en el que se apunta al perfil de carrera universitaria que se va a seguir) en el IAVA, con compañeros de distintos barrios y extracciones sociales. Su ideología, basada en la noción la lucha de clases, muy en boga en la época, se fortalecería en la Facultad de arquitectura, fundamentalmente en las visitas a distintos cantegriles (villas miseria) de Montevideo, que era una de las actividades de extensión universitaria, donde pudo apreciar -de primera mano- los padecimientos de los sectores más sumergidos de una sociedad estratificada, donde lejos estaba de apreciarse las bondades de la famosa clase media que el Uruguay había forjado desde principios del siglo pasado.

La vida clandestina y la cárcel

En 1967 se vinculó al Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T) y al poco tiempo pasaría, junto con su hermana melliza, a la clandestinidad. Fue una enorme sorpresa para la familia, que poco sabía por entonces de sus andanzas.

Esta es la etapa de “La Tronca” de la que más se ha hablado. La etapa en la que, con poco más de 20 años, participa en acciones armadas, alerta sobre algunos “chanchullos” de la Financiera Monty, luego asaltada por los Tupamaros, en la que cae presa. En la interna, ya había adquirido gran prestigio por ser, a pesar de su corta edad, una de las mujeres más combativas del movimiento. Esa primera vez en prisión estuvo poco tiempo ya que, junto a otras reclusas, logró fugarse por las cloacas. Pero en 1972, año mortal para la organización guerrillera, la volvieron a detener y pasó 13 años tras las rejas. “Lucía siempre hablaba de la dignidad. Un día le habían mandado a limpiar los piso del penal, y una guardia cárcel, tras patearle el balde, le ordenó que volviera a hacer el trabajo. Ella se quedó de brazos cruzados y nunca acató la orden. Se quedó por un par de meses sin visitas”, recuerda Enrique a Clarín.

Al salir en libertad, en 1985, en los albores de la democracia, participó activamente en la fundación del Movimiento de Participación Popular (MPP), sector con en el que varios ex tupamaros, en un hecho histórico, ingresaron de manera formal al Frente Amplio (FA), para sumarse a la causa de llegar en algún momento, a través de las urnas, a comandar los destinos del país.

En 2000 accedió a la Cámara de Diputados y en 2005, cuando el FA a casi 35 años de ser fundado llegó al poder, asumió como senadora. Este cargo lo desempeñó en forma ininterrumpida hasta hoy, día en el que asumió como vicepresidenta de la República.


Por Guillermo Pellegrino
Fuente: Clarín