diciembre 17, 2017

Hitchcock: El maestro de la misoginia

El aclamado director de suspense proyectó en su filmografía sus fantasías machistas y la obsesión por las actrices. Escenas icónicas como la de la ducha en ‘Psicosis’ elevaron la violencia explícita contra las mujeres a categoría de arte.

Marion Crane (interpretada por Janet Leigh) en el icónico fotograma de ‘Psicosis’

‘Psicosis’ está considerada como la obra maestra entre obras maestras de Alfred Hitchcock. Estrenada en 1960 y después de causar un impacto dividido en la audiencia, posteriormente fue ensalzada como película de culto y, a la vez, clásico del cine. El asesinato de Marion Crane, la famosa escena de la ducha, se convirtió en un icono de la narrativa que consagró la misoginia como estética en el cine.

Existe una perspectiva de género inconsciente e inherente a los personajes femeninos de este director. Las mujeres, aunque en muchos casos como protagonistas, aparecen siempre como objetos de deseo en un cine orientado al espectador masculino. Con el paso de los años, estos personajes femeninos toman vida propia al realizarse una adaptación de contexto, en una especie de venganza poética que hace interesante y necesaria una revisión de clásicos.

En la obra magna del terror que es considerada ‘Psicosis’, el personaje de Marion Crane (Janet Leigh), una de las rubias gélidas habituales en la obra del director, aparece en pantalla cuarenta minutos, dejando características poco habituales en personajes femeninos de la época. Trabaja fuera de casa, como secretaria en una agencia inmobiliaria, viaja sola en coche y se reúne en un hotel con su novio para mantener relaciones sexuales. Esta es su tarjeta de presentación, se trata de una mujer independiente y decidida. Presiona a su novio y decide robar para poner solución a estos encuentros clandestinos. Huye en una inolvidable escena de conducción nocturna. En esta huida se aloja en un motel, donde se reúne brevemente con Norman Bates (Anthony Perkins), un joven encargado del negocio familiar junto con su madre. El lado femenino de Norman Bates está muy presente en el perfil de su personaje, que muestra características predominantes en mujeres, al menos en la manera que eran representados los géneros en la época. Educado, atento, con aparente sensibilidad y minucioso en sus trabajos como taxidermista en las horas libres. Desde el primer momento se presume la influencia que ejerce la figura de la madre en este joven atípico, que acaba sintiéndose ella en un desdoblamiento de personalidad.

La misoginia interiorizada de Norman Bates, esa parte de él que lo posee y que llama “Madre”, es quien pone fin, de la manera más brutal y violenta, a la vida de esa otra mujer joven, inteligente, bella e independiente que aparece una noche, sin más, en la monótona vida de este motel. La mujer contra sí misma como recurso narrativo. Con una ejecución terrorífica y sugerida, Hitchcock convierte en mito una escena que eleva la violencia explícita contra las mujeres a categoría de arte.

Plantea, con los elementos de análisis que ofrece la realidad actual, la polémica sobre la utilización de la misoginia como estética, ya que el arte tiene capacidad de convertir cualquier crítica o denuncia velada en un acontecimiento disfrutable. La violencia se vuelve aceptable, incluso comprensible para destinatarios de mentalidad terrible, teniendo en cuenta antecedentes de un personaje casi feminista en la época.

El enemigo de las rubias

La primera obra considerada como hitchconiana, estrenada en 1927 y de nombre original ‘The Lodger’, adaptada al castellano de manera muy acertada como ‘El enemigo de las rubias’, marca el preámbulo de un estilo e intenciones de fórmula repetida en el total de su obra. Un asesino en serie mata a jóvenes rubias escondido bajo la niebla londinense. En el cine de este director se desvelan casi desde un principio una serie de elementos comunes, polémicos y acallados por la cultura de la misoginia, tanto en la narrativa como en la estética. De estilo aséptico y disposición ortopédica. Artista de la geometría del cine con la concepción de una sucesión de planos ordenados en su cabeza. Para el aclamado “maestro del suspense”, los actores son como ganado, como declaró en una famosa entrevista con el director francés François Truffaut. Lo más importante es el resultado de una escena, sin importar el sufrimiento o la sensibilidad de los participantes en la creación de la misma.

Existe una separación de la realidad del protagonista por secreto, crecimiento de un ambiente opresivo, liberación de la culpa y la finalidad: el dilema moral. En palabras del propio director, su amor por el cine es más fuerte que la moral, y repasando su extensa obra se entiende que el cine se convierte en una introspección personal para experimentar las propias pulsiones misóginas. Para Hitchcock, la violencia contra las mujeres representa un dilema moral personal, una proyección peligrosa hacia un público que le libere de culpa mediante el éxito de sus propuestas. Los elementos estéticos que contribuyen a crear este espectáculo artístico-moral son un marcado fetichismo y cosificación de las mujeres rubias.

Las declaraciones realizadas en la reveladora entrevista con Truffaut (Los Ángeles, 1962) evidencian la tríada que caracteriza una personalidad impregnada de clasismo, racismo y machismo:

“Pienso que las mujeres más interesantes, sexualmente, son las inglesas. Creo que las mujeres inglesas, las suecas, alemanas y escandinavas son muchísimo más excitantes que las latinas, italianas y francesas. El sexo no debería ser anunciado. Una mujer inglesa, con apariencia de profesora de colegio, es capaz de entrar en un taxi contigo y, para tu sorpresa, abrirle los pantalones a un hombre. Sin el elemento sorpresa, las escenas pierden sentido. No hay posibilidad de descubrir sexo.”

En un principio cuenta con actrices como Ingrid Bergman y Grace Kelly en títulos que se encuentran en el Olimpo del cine. ‘Recuerda’ (1945) y ‘Encadenados’ (1946) como colaboraciones más destacadas con la actriz sueca. ‘Crimen perfecto’ (1954), ‘La ventana indiscreta’ (1954) y ‘Atrapar a un ladrón’ (1955) fueron los tres trabajos con la princesa de Mónaco. Hitchcock se sentía halagado por trabajar con estas mujeres.

El fin de sus colaboraciones con Grace Kelly desata la búsqueda de actrices que reúnan las características físicas que demanda el imaginario particular de su mente, que nunca llegaron a estar a la altura de sus exigencias y propiciaron un escarnio público por comparación, por parte de otros hombres del gremio y del público en general.

El caso más notable es el de Kim Novak, contratada como segunda opción para protagonizar ‘Vértigo’ (1958), una de las películas mejor valoradas de todos los tiempos, después de que la primera actriz quedase embarazada y dejase de interesar al director.

En la entrevista con Truffaut, Hitchcock pronuncia la palabra “necrofilia” para describir el deseo de Scott (James Stewart) por Madeleine Elster (Kim Novak), y su posterior relación sexual con Judy Barton (Kim Novak) una vez ha sido transformada en Madeleine. También desvela que tuvo una erección rodando la escena en la que Judy sale del baño convertida en Madeleine, ya que en su idioma visual significaba que estaba desnuda y dispuesta para el personaje masculino. Cosificación en su máxima expresión. Kim Novak pasó a la historia considerada como una actriz “casquivana”, en palabras textuales, y resultaba poco elegante en comparación con anteriores actrices.
“His-cock”

Tras el impacto de ‘Psicosis’ y la interpretación de Janet Leigh, que le llevó a ganar el Globo de Oro a Mejor Actriz de Reparto y la nominación al Oscar, transcurre un período de tres años hasta el estreno de ‘Los Pájaros’, en 1963, con una nueva actriz protagonista, Tippi Hedren. Considerada una película de terror de fotografía icónica, cuya estética ha sido referencia para películas posteriores, como ‘Mulholland Drive’ (2001) de David Lynch, en esa combinación ambigua rubia-morena-misterio. Naomi Watts declaró haberse inspirado en el trabajo de la actriz protagonista, Tippi Hedren. La propia ‘Marnie, la ladrona’, estrenada al año siguiente con Hedren de nuevo como protagonista, aunque había sido escrita expresamente para Grace Kelly, repite esquema estético.

Los problemas para Tippi Hedren empezaron en el rodaje de ‘Los Pájaros’: el director se obsesionó con la actriz, llegando a sentirse dueño de su carrera y amenazando con arruinar su trayectoria por el continuo rechazo de ésta a los intentos de Hitchcock de mantener encuentros íntimos. El abuso no sólo se producía fuera de las cámaras, sino también durante la filmación de escenas. Según ella relata, llegaron a lanzarle pájaros de verdad para producirle daño. Una tortura física y psicológica inconcebible.

‘Marnie, la ladrona’ (1964) representa la mayor proyección de la obsesión de Hitchcock por una de sus actrices. Marnie Edgar es un personaje de perfil psicológico complicado, con traumas que se remontan a la infancia y por los que huye de los hombres. La fantasía misógina del director, obsesionado con someter a Tippi Hedren a sus deseos, traduce este rechazo en una frigidez que debe ser curada. Hitchcock despide al guionista Evan Hunter tras negarse a incorporar en el guión final la conocida escena de violación de Mark (Sean Connery) a Marnie. Contrata entonces a Jay Presson Allen, quien resuelve el dilema moral, ya que la escritora considera que no se trata de una violación sino de problemas maritales. De nuevo el recurso narrativo liberador.

Tippi Hedren tardó décadas en hacer una denuncia pública, que se produjo finalmente en la Asociación de Críticos de Televisión (TCA), en el año 2012, con motivo de la presentación del documental ‘The Girl’, que ilustra la tormentosa relación de la actriz con el director británico:

“No había hablado sobre este problema con Alfred Hitchcock a nadie. Porque en aquellos años todavía era una situación de estudio. Los estudios eran el poder. Y yo estaba al final de eso, y no había absolutamente nada que yo pudiera hacer legalmente. No había leyes sobre este tipo de situación.”

El verdadero cameo de Alfred Hitchcock en sus películas reside en la proyección de su personalidad. El dilema moral consiste en buscarlo y liberarlo de culpa o no. Fin

Fuente: Pikara