enero 26, 2018

La paz que construyen las mujeres


Manuela Mesa
Según la Escola de Cultura de Paz de la Universidad Autónoma de Barcelona, en 2017, 32 conflictos armados estaban activos, de los cuales la mayoría se concentraban en África y Asia. Algunos fueron conflictos de alta intensidad, lo que supone la destrucción de infraestructuras, desplazamientos forzados de la población y un elevado impacto en la seguridad humana

Según la Escola de Cultura de Paz de la Universidad Autónoma de Barcelona en 2017, 32 conflictos armados estaban activos, de los cuales la mayoría se concentraban en África y Asia. Libia, región Lago Chad (Boko Haram), Somalia, Sudán (Darfur), Sudán (Kordofán y Nilo Azul), Sudán del Sur, Afganistán, Pakistán, Turquía (sudeste), Egipto (Sinaí), Iraq, Siria, Yemen (al-houthistas) fueron conflictos de alta intensidad, lo que supone la destrucción de infraestructuras, desplazamientos forzados de la población y un elevado impacto en la seguridad humana. También se identificaron 87 escenarios de alta tensión, que corren el riesgo de incrementar la violencia y la inestabilidad. La naturaleza multidimensional de los conflictos armados implica una gran complejidad en la manera de abordarlos y para buscar salidas negociadas y poner fin a la violencia.

Los conflictos armados tienen un fuerte impacto en la población civil, con altos niveles de letalidad y el uso de la violencia indiscriminada, pero además afectan de distinta manera a hombres y mujeres, dado que tanto la guerra como la paz están marcadas por el género (Cohn, 2015). En estos últimos años la cuestión nuclear ha vuelto a adquirir relevancia al haber aumentado el riesgo de la utilización de armas nucleares. Una de las regiones, donde ha aumentado la tensión de manera significativa, es el Pacífico donde las pruebas nucleares, realizadas en este último año por Corea del Norte y el despliegue armamentístico y las maniobras militares realizadas por Estados Unidos, han hecho saltar todas las alarmas.

En este contexto, son muy desafortunadas las declaraciones el primer día del año del presidente de Corea, Kim Jong-Un, en el que advertía que todo Estados Unidos estaba al alcance de sus armas nucleares y que tiene en su escritorio un botón nuclear que puede ser fácilmente activado; y la respuesta del presidente estadounidense, Donald Trump, que señaló que su botón nuclear era más grande y potente y “además funciona”. Estas declaraciones resultan escandalosas y preocupantes y sitúan el conflicto en una lógica de “pelea de machos”, de exhibición de músculo militar, muy peligrosa y desestabilizadora que muestran la incapacidad de estos actores para abordar el conflicto, más allá de la amenaza del uso de la fuerza de consecuencias impredecibles para la población. Es asombroso que todavía, en el siglo XXI, se siga definiendo el poder militar utilizando estos parámetros tan primarios y básicos de masculinidad.


Hay un discurso caracterizado por un lenguaje eufemístico, que contiene toda una serie de metáforas sexuales en torno a las armas, como los misiles y su capacidad de penetración…

Como señala la directora del Consortium on Gender, Security and Human Righ, Carol Cohn, en un excelente artículo publicado en el New York Times (5 de enero): “El peligro de mezclar masculinidad y misiles”, las ideas sobre masculinidad y feminidad tiene un papel importante en las relaciones internacionales y en los estudios sobre seguridad, que refuerzan la idea de resolver los conflictos a partir del uso de la fuerza (si eres un verdadero macho), dejando de un lado otras acciones relacionadas con el diálogo o la diplomacia. Ella señala que hay un discurso caracterizado por un lenguaje eufemístico, que contiene toda una serie de metáforas sexuales en torno a las armas, como los misiles y su capacidad de penetración, o la liberación orgásmica de un megatón, entre otros, que ensalza el uso de la fuerza como forma máxima de virilidad.

El arquetipo que identifica masculinidad con fuerza y dominio, ocultamiento de sentimientos y competitividad extrema, enmarcado en una dicotomía de vencedores y vencidos, sigue prevaleciendo y es un obstáculo para abordar los conflictos y buscar soluciones negociadas a los mismos. Es importante superar estas visiones “esencialistas” que forman parte de un discurso hegemónico y que perpetúan las condiciones que dan lugar al conflicto. Las políticas de los gobiernos no pueden estar definidas por estas visiones. Se necesitan nuevas miradas y nuevas estrategias para abordar los conflictos actuales. Esto implica, por una parte, incorporar la diversidad de experiencias y saberes de las mujeres, en relación a la paz y la guerra. Y, por otra, dar visibilidad a todas aquellas mujeres que han optado por construir la paz y por buscar formas dialogadas y pacíficas de abordar los conflictos, desde distintos lugares y de diversas maneras y que son desconocidas, o no son tenidas en cuenta en la toma de decisiones (Magallón, 2006).

Existe una genealogía de mujeres que trabajan por la paz, como una opción personal y colectiva, apostando por la lucha contra la injusticia, la militarización, la discriminación, la pobreza y la exclusión

Como se muestra en el Proyecto: 1325 mujeres tejiendo la paz [1], existe una genealogía de mujeres que trabajan por la paz, como una opción personal y colectiva, apostando por la lucha contra la injusticia, la militarización, la discriminación, la pobreza y la exclusión. Mujeres que han jugado y juegan un papel clave en la construcción de la paz, a lo largo de la historia, en distintos contextos y lugares, tratando de prevenir la guerra, sosteniendo la vida por encima de otras cuestiones durante la guerra, enfrentándose a la dinámica del conflicto para encontrar vías para la paz y la resolución negociada del conflicto. Mujeres que, en los procesos de paz y en la fase de rehabilitación posbélica, han jugado un papel importante en tender puentes entre los grupos enfrentados y en facilitar la reconciliación en las sociedades rotas y, cuando ha sido necesario, han contribuido a que se haga justicia a las víctimas, a través de la verdad, justicia y reparación de los crímenes que la guerra produjo (Villellas, 2010). Mujeres que no han querido someterse, ni resignarse a la injusticia, a la prepotencia de la violencia, a la arrogancia del poder o a la insolidaridad. Mujeres que han sido pioneras e innovadoras, que han practicado el diálogo, han promovido las alianzas y la inclusión en un mundo en el cual la violencia, la exclusión y la humillación siguen siendo parte habitual del ejercicio del poder y de la política. Se trata de mujeres fuertes, que han defendido sus actos con firmeza y que han abierto caminos para sí mismas y para los demás (Alonso y Mesa, 2009).

A lo largo de los años, se ha ido articulando un movimiento global de mujeres, que ha conectado a organizaciones de distintos lugares del mundo en torno a una agenda de paz y género. Se ha hecho incidencia a los gobiernos y a las distintas instituciones internacionales para que las cuestiones de género sean incluidas en el diseño, planificación y evaluación de los programas estatales e internacionales.

La inclusión de la perspectiva de género debe ir más allá del aumento de la presencia del número de mujeres en ciertos espacios, e incluir también medidas cualitativas que verdaderamente modifiquen las relaciones de poder que existen en las estructuras políticas, sociales, militares y que supongan poner fin a la desigualdad y violencia que sufren las mujeres. Esto implica apoyar a aquellas mujeres comprometidas con los valores de igualdad, la promoción de la paz, el desarrollo sostenible, los derechos humanos y la justicia y requiere de un mayor compromiso de los gobiernos, de la comunidad internacional, y del Sistema de Naciones Unidas.

Por ello es muy importante, que cuando se reúnan en Vancouver, el 16 de enero, los ministros de Asuntos Exteriores de 20 países para intentar lograr un acuerdo global, que lleve la estabilidad a la región del Pacífico y la península de Corea, exista una presencia significativa de mujeres. Así lo ha reclamado la Iniciativa de Mujeres premios Nobel [2], que viajará junto con una delegación internacional de 16 mujeres líderes de organizaciones pacifistas, feministas, ecologistas, de derechos humanos y organizaciones sociales, para presentar sus propuestas y contribuir a lograr un acuerdo global, que lleve la estabilidad a la zona. La iniciativa está impulsada por WILPF, Women Cross DMZ, VOW, UCC que han recordado a los gobiernos participantes que, para lograr una solución diplomática duradera, es preciso incorporar en el proceso, las propuestas e iniciativas del movimiento internacional de mujeres, que llevan muchos años trabajando por la paz.

Como plantea la filósofa española Maria Zambrano: “La paz es mucho más que una toma de postura: es una auténtica revolución, un modo de vivir, un modo de habitar el planeta, un modo de ser persona”. Para construir la paz es necesario una forma distinta de estar en el mundo, y ello implica reconocer e incorporar la experiencia plural y diversa de las mujeres, sus saberes y sus formas de posicionarse ante la situación de tensión que se viven en la región. Sólo hace falta voluntad política para lograrlo.



NOTAS

[1] Alonso, Laura y Mesa, Manuela (2009), 1325 mujeres tejiendo la paz. Madrid: CEIPAZ-Fundación Cultura de Paz. Disponible en: www.1325mujerestejiendolapaz.org
[2] Ver: La Iniciativa de Mujeres premios Nobel. Women Must Be at the Peace Table to Resolve Conflict! Feminists for Peace. Disponible en: 



REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Alonso, Laura y Mesa, Manuela (2009), 1325 mujeres tejiendo la paz. Madrid: CEIPAZ-Fundación Cultura de Paz. Disponible en: www.1325mujerestejiendolapaz.org

Cohn, Carol (2018), “The perils of Mixing Masculinity y Misiles” en New York Times, 5 de junio.

Magallón, Carmen (2006), Mujeres en pie de paz. Madrid: Siglo XXI.

Villellas, María (2010), La participación de la mujeres en los proceso de paz. Las otras mesas. ICIP Working Papers 05. Disponible en: http://icip.gencat.cat/web/.content/continguts/publicacions/workingpapers/arxius/wp10_5_cast.pdf



REFERENCIA CURRICULAR

Manuela Mesa es directora de CEIPAZ y codirectora del Instituto Universitario DEMOSPAZ en la Universidad Autónoma de Madrid. Vicepresidenta de WILPF-España. Dirige el Anuario sobre paz y conflictos desde 2004 hasta la actualidad.

Fuente: Revista con la A