marzo 25, 2018

Rap disidente desde el centro: el feminismo urbano de Princess Nokia

La rapera estadounidense se ha hecho un hueco en la industria musical dominante, con videoclips y letras que se desmarcan del sexismo, el individualismo y el materialismo, valores imperantes en la cultura de masas.

Princess Nokia en una foto de su página de Facebook.

Princess Nokia trae una nueva perspectiva a la escena rap americana más internacional. Se mueve entre espacios feministas, universos ficticios, guetos neoyorquinos, dosis de conciencia histórica y colaboraciones con marcas de moda, entre otras atmósferas.

Destiny Frasqueri (aka. Princess Nokia) alza su mensaje de forma clara y firme desde una sociedad estadounidense y, en extensión, una sociedad global, dominada en gran medida por la cultura de consumo que prioriza el elemento visual y la inmediatez por encima de todo lo demás. La cantante estadounidense cuestiona la homogeneidad que la sociedad promueve y su tendencia turbia hacia los dictámenes marcados por un modelo hombre, burgués, blanco y heterosexual.

Sin el respaldo de un sello discográfico hasta el pasado 2017, cuando firma con la discográfica británica Rough Trade, su popularidad ha ido en aumento por medio de las plataformas virtuales. Su faceta musical se caracteriza por una mezcla ecléctica de estilos, estéticas, influencias y temas. Tonos bajos, sombríos, a veces desmesuradamente dulces o cómicos. Hija predilecta de una de las urbes más híbridas de Occidente, la neoyorquina coloca al frente, en el panorama visible, temas sobradamente conocidos aunque algo obviados por estas latitudes. Se rebela contra la monocromía de un mundo con demasiadas reglas que sólo permite ciertos tipos de personas y ahoga al resto por no encajar. Está empeñada en defender el derecho a ser lo que una sea y visibilizarlo, por considerarlo el único camino digno.

Una nueva mirada

Sin duda la estética tiene mucha importancia en Princess Nokia, podría ser una de sus armas más inquietantes. El videoclip, elemento central para promover una canción, se convierte en el complemento visual que completa la iconografía que les artistas promueven. Más allá de sus letras, a través de sus clips musicales la cantante nos comunica su manera de posicionarse en el mundo.

Se desliga de la corriente más habitual que perpetúa hasta la saciedad estereotipos de género, en los que generalmente el cuerpo de las intérpretes es el objeto principal, presentado de forma muy sexualizada. En muchos de sus vídeos, los cuerpos de las mujeres-personajes no se presentan como objetos estéticos imposibles, los cuerpos canónicos de dimensiones inalcanzables dan paso a seres diversos con poros en la piel. No todas son delgadas ni exuberantes, tampoco son agresivas o indefensascomo tantas veces se retrata a la mujer en la música popular, ni tampoco tienen como principal objetivo agradar a la mirada de un hombre que observa.


En este aspecto, también los hombres mostrados se desmarcan de la actitud más reproducida, no están ahí únicamente para desear sexualmente a las mujeres de su alrededor. Unas y otros conviven sin enfrentarse, sin desempeñar un papel obligatoriamente distintivo y sin estar sometidos a la tensión que se presupone a individuos de distinto sexo.

No es abundante la figura del hombre como objeto romántico entre sus trabajos visuales, aunque existen varios; el vídeo de la canción Dragons, en el que la cantante y otro chico se relacionan de forma igualitaria, natural y sin que la belleza de ésta eclipse a su compañero, o sin que ella exista exclusivamente para gustarle. Del mismo modo, la canción de Apple Pie presenta también un romance, aunque esta vez se explota tanto el tópico que acaba por ser una parodia de éste.

Dependiendo del contexto y de la escena musical a la que se atienda, no se podría decir que su lenguaje audiovisual sea subversivo o que conlleve una ruptura de paradigma, pero conviene contextualizarlos, ya que en los circuitos donde el trabajo de la artista fluye con más abundancia, sus vídeos sí significan un cambio de perspectiva. Ella, a veces otras mujeres, y las calles de New York suelen ser las protagonistas de los vídeos de 1992, su último álbum. Las mujeres no son mostradas como objetos eróticos, no hay planos de sus culos o sus pechos como recursos visuales, no muestran una actitud de seducción, no adoptan poses incómodas, no hay competitividad entre ellas, sino más bien cariño; las otras actrices no parecen estar subyugadas a una supuesta superioridad de la cantante, en definitiva, conciben el mundo más allá de su belleza física y su potencial erótico.


Hay que decir que los escenarios urbanos elegidos y los personajes que aparecen junto a Princess Nokia no incurren en la imagen estereotipada y agresiva de barrio marginal estadounidense exacerbada y comercializada en infinidad de vídeos. También de forma general, en los vídeos de rap más mediáticos suele haber un énfasis en los bienes materiales como símbolo de éxito, elemento del que de nuevo carecen los clips de Princess Nokia. Lejos de ocultar esa parte suburbana, que es elemento principal en la letra, música y ambiente de su trabajo, lo que hace es volver a las raíces del movimiento hip hop, mostrando la colectividad de la creación desde la calle, enseñando a grupos de jóvenes en ambientes de barrios urbanos, con intereses similares y con una cultura que supera el elemento capitalista casi omnipotente hoy.

Como apunta Jon E. Illescas en su trabajo ‘La dictadura del videoclip,’ cada vez son más los modelos individuales y despolitizados en la escena rap más visible, que olvidan los serios referentes que lucharon y luchan por los derechos civiles en Estados Unidos. En este sentido, la distancia entre la cantante y los modelos mediáticos vuelve a aumentar, pues ella sí carga en su hacer asuntos reivindicativos. Por supuesto, en sus vídeos se muestran marcas, especialmente aquellas que la patrocinan, pero el contenido visual de sus clips no posiciona la belleza canónica, el individualismo o la riqueza material por encima de cualquier cosa.

Sus letras


El estribillo de la canción Tomboy (marimacho) supone un bonito desvío del mundo del clip musical, al ensalzar de forma muy poco convencional sus “little titties and my phat belly” (pequeñas tetas y su barriga estupenda).

Su manera de elogiar lo corpóreo supone una perturbación en el panorama musical donde se inscribe. Princess Nokia se está haciendo un sitio en ese espacio que ocupa la cultura dominante, haciendo que sus palabras, a veces periféricas, emanen del mismo centro, aportando aire fresco al carácter cuadriculado que supone la industria musical en Occidente. Como artista con público mayoritariamente joven, esto la convierte en un referente sano y quizás, incluso esperanzador, en medio de todas las exigencias estéticas y sociales vigentes. Así, Flava y Young Girl serían las más explícitamente dirigidas a conseguir esta influencia positiva.

Flava tiene mucho poder y chulería, empieza sin música, con un mensaje íntimo, animando a todas aquellas chicas que no son blancas, delgadas, heterosexuales, neurotípicas y de clase media o alta a quererse y respetarse:

“No sabes lo que significa ser yo, y yo no sé lo que significa ser tú. Eso es porque estamos destinadas a ser diferentes, pero todas las chicas están destinadas a brillar, a ser algo especial en este mundo, incluso cuando les han dicho que no es cierto. ¿Quién te enseñó a odiarte? ¿cómo hemos llegado tan lejos? Todo en ti es magnífico, pero tú ni lo sabes.”'Flava', Princess Nokia

Hasta aquí la transmisión del discurso podría resultar poco novedoso, algo repetitivo, incluso fácil o ingenuo, siempre y cuando no desembocara en un ritmo al estilo del rap sureño estadounidense (donde son comunes los intérpretes masculinos hablando de dinero, drogas, coches y mujeres-objeto), acompañado de una letra en la misma dinámica que el ritmo. ‘Flava’ significaría algo así como estilo o sabor, aquello que te distingue. De esta manera la cantante redefine los elementos que se resaltan de forma competitiva en la sociedad. En el vídeo, las cuatro chicas que en principio vestían pijama y que habitaban una casa humilde, entre ellas la cantante, salen al centro de la ciudad de Nueva York, vestidas de traje y sombrero, de manera muy burlona. Mientras se escucha a Princess Nokia rapear elogiando su estilo, su ‘flava’, las cuatro caminan por un hotel lujoso exagerando los gestos e imitando las maneras estereotipadas de la clase alta y pija, en un afán de reivindicar otras concepciones del gusto, del estilo y la belleza.

Otro de los puntos clave en esta joven cantante es la curiosidad por indagar en su origen y en la historia del continente americano, además de incorporar este interés en sus letras. Critica la sociedad estadounidense y puertorriqueña por continuar utilizando el colorismo y el clasismo para mantener las diferencias entre la población. En la canción Brujas, la cantante manifiesta su diversidad en cuanto a descendencia cultural y geográfica, rimando sus raíces africanas con las nativo americanas.


I’m that Black a-Rican bruja straight out form the Yoruba

And my people come from Africa diaspora, Cuba

And you mix that Arawak, that original people

I’m that Black Native American I vanquish all evil

I’m that Black a-Rican bruja straight out form the Yoruba

And my ancestors Nigerian, my grandmas was brujas

And I come forma n island and it’s called Puerto Rico

And it’s one of the smallest but it got the most people.

Traducción: Soy esa bruja negra puertorriqueña / descendiente directa del pueblo Yoruba / Y mi gente viene de la diáspora Africana, Cuba / Mezclando eso con los Arahuacos, los pueblos originales / Soy esa negra nativo americana que derrota cualquier mal / Soy esa bruja negra puertorriqueña descendiente directa de los Yoruba / Y mis ancestros eran nigerianos y mi abuela bruja / Procedo de una isla llamada Puerto Rico / Una de las más pequeñas pero con una población de las más grandes.'Brujas', Princess Nokia

También en Mine elogia sus raíces africanas. Habla del pelo y de los diferentes peinados, tema principal en el que se fundamentan muchas de las diferencias racistas en la estética de las mujeres, surgidas durante la colonización y muy activas en la actualidad. Además de celebrar la diversidad de peinados, aprovecha para dejar clara la línea entre la curiosidad y la intromisión:

“Por favor, no preguntes a ninguna mujer de color si nuestro pelo es real o no. Si es una peluca o weave, extensiones, trenzas, no jodas preguntando. Es muy maleducado, es extremadamente personal poner a alguien en esa situación. La manera en la que decidimos llevar nuestro pelo es nuestra decisión personal. ¿Vale? Nosotras lo compramos, es nuestro, así que ten modales y guárdate la curiosidad para ti misme.”'Mine', Princess Nokia

Su mensaje fuera del escenario


En una entrevista con Anupa Mistry, Princess Nokia explica cómo su feminismo surge y se desarrolla muy ligado a su contexto vital. La cantante propone el concepto de Urban Feminism (Feminismo Urbano), alejado de lo excesivamente académico o formal, que no es accesible ni está presente en su entorno. Es un feminismo que habla con el lenguaje de una mujer afrocaribeña de 25 años, nacida en un barrio multicultural de Nueva York. Aun siguiendo los caminos de lo que se conoce como tercera ola feminista de los noventa y de los grupos punk que engendran el movimiento Riot Grrrl, reconoce la ausencia de mujeres afroamericanas en este último. Comparte ideas y toma algunos elementos de las Riot Grrrl, como el “mujeres al frente” en sus directos, pero no le sirve el concepto de feminismo propio de aquella escena. No puede obviar las realidades que le rodean, “madres jóvenes, mujeres de color sin educación”, viviendo en barrios suburbanos con situaciones muy particulares. Opina que el Black Feminism bebe del feminismo dominante, y que por lo tanto, tampoco encaja debido a causas muy similares: “No leemos a Gloria Steinem, el movimiento de liberación de la mujer no es entendible o accesible para nosotras”.

Por medio de su música y de un programa de radio y un colectivo llamado Smart Gril Club, Princess Nokia desea crear un espacio seguro para la reflexión, con el fin de dar paso a ideas y concepciones más reales del mundo y de nosotras mismas, formas más flexibles y honestas. En esa misma conversación con Anupa Mistry, apunta la importancia de aprender a ver la belleza en la locura que supone el colash de influencias, procedencias, identidades, intereses, credos, deseos, sonidos, estéticas, etc. Observa la existencia de numerosas personas que, especialmente en su juventud, sienten mucha confusión en cuanto a su identidad, de nuevo, por ser entendida como algo denso y estático. Identidades forzadas a encajar en compartimentos aislados y diseñados previamente, sin que el contenido en ellos pueda fluir, lo que afecta al estado mental de las personas. Ve en este tipo de reflexión interna y en el autoconocimiento cultural y social, mucho poder para sanar la intranquilidad caótica que a menudo es motor de nuestro recorrido o causa de bloqueo.

Insiste en que no es necesario ir a la universidad para hablar de feminismo, para concebirse más allá de lo que se espera de ti según tu clase o apariencia, y cuestionar muchos aprendizajes que ya no funcionan. Por ello, en sus letras y vídeos reproduce narrativas arrinconadas, como la presencia indígena y africana en la población puertorriqueña de los Estados Unidos, las numerosas luchas invisibilizadas en la vida de las niñas de origen africano o latinoamericano en su país o el proceso de reconciliación casi inevitable, por el que deben pasar las personas con sentires no heteronormativos.

Para terminar este pequeño recorrido por el trabajo de Princess Nokia, quiero volver a enfatizar su independencia musical hasta finales del 2017 y su creciente popularidad mediática, de la cual no ha gozado durante mucho tiempo todavía. Teniendo en cuenta la tendencia actual de la cultura de masas a apropiarse del feminismo como algo ‘guay’, ya elaborado, único, hegemónico, que no se repiensa y cuestiona, cabe acudir a Elisa McCausland y Diego Salgado para preguntarse si se puede ser feminista dentro de la industria musical. Es decir, ¿puede Princess Nokia empezar a participar más asiduamente en los circuitos de promoción, transitar desde círculos musicales más ‘undergroud,’ a ser representada por un sello musical, ser modelo de marcas internacionales, convertirse en imagen pública, y continuar siendo crítica con el sistema que invisibiliza ciertos estados y tendencias? Pues bien, ésta parece ser una labor ardua y complicada.

Aunque posee gran profundidad y en principio no atiende a estrategias de mercado, es inevitable reconocer las dificultades que supone polemizar desde primera línea, lucrarse a su vez y ver más allá. Si bien sería arriesgado e injusto exigirle una coherencia extraterrestre u olvidarnos de su papel como cantante e individuo que se expresa en un contexto y en determinadas circunstancias, es irremediable pensar en lo desesperanzador que supondría que su curiosidad musical y autonomía crítica fueran absorbidas por el monstruo mercantil.

Por Ana Martín Onandía
Fuente: Pikara

Bibliografía:

  1. Rodríguez-López, Jennifer. Sedeño-Valdellós, Ana. El videoclip y la comunicación socio-política: El mensaje reivindicativo en el vídeo musical. Vivat Academia Revista de Comunicación. pp. 01-15 http://dx.doi.org/10.15178/va.2017.138.1-15
  2. Ramos, Pilar. Luces y sombras sobre los estudios de la mujer y de la música. Universidad de La Rioja, España.
  3. Tortajada Giménez, Iolanda. Araüna I Baró, Nuria. Mujeres, violencia y posfeminismo en los vídeos de Madonna. Área Abierta. Vol. 14, nº 3. Numero monográfico “Feminismo, estudios sobre mujeres y cultura audiovisual“.
  4. Becerra, David. Así nos lava la mente la dictadura del videoclip. Sobre el ensayo de Jon E. Illescas. https://www.elconfidencial.com/cultura/2015-12-29/la-dictadura-del-videoclip-cultura-consumo_1125867/
  5. Princess Nokia in Conversation at Brown University https://www.youtube.com/watch?v=JWQlj10xwXI&t=2776s