mayo 04, 2018

Ana Tijoux: "El mercado es capaz de comerse hasta la palabra feminismo"


La rapera chilena Ana Tijoux

Fue de las primeras en plantarse contra el patriarcado, cuando la palabra todavía no salía en las camisetas del Bershka. Ana Tijoux (Lille, Francia, 1977) plasmó en Vengo, su disco de 2014, muchas de las reivindicaciones de toda una época que compartieron las generaciones huidas -como ella- de la dictadura chilena del colega de Franco, Augusto Pinochet.

En ese disco incluyó esa canción directa, deslenguada y poderosa titulada Antipatriarca que sigue impresionando a su autora cuando oye a niñas de siete años coreándola. “Los artistas o somos muy críticos con nosotros mismos, o muy narcisistas” reflexiona la chilena en esta conversación con Público. “En el Chile de los noventa todos éramos raperos”, recordaba una compañera suya del colegio. Fue a principios de aquella década cuando Ana Tijoux y su familia volvieron del exilio francés en el que se refugiaron tras el golpe de Estado del 73 contra Allende. Antes de cumplir los dieciocho ya despuntó con su apuesta por un rap de conciencia feminista y gritos colectivos que ahora, en esta gira por medio mundo que empieza, reviste de un componente acústico, melódico y pausado en el que el amor y el desamor se posicionan en el centro para recordar que lo que se nos mueve por dentro, también es una cuestión de Estado.

Roja y Negro es el nombre de tu nuevo trabajo. Suena como si fuera el más personal de tu carrera. ¿Quizá por ello también el más político?

Totalmente. Es muy fácil hacer propaganda o crítica social sin recabar en las emociones, cuando la realidad es que las emociones son muy políticas. Las relaciones de pareja son muy políticas. La primera relación de amor es contigo misma, con tu cuerpo. Luego llega el cuerpo del otro, y ahí pasan y se implican un millón de cosas. Yo sabía que en algún momento iba a hacer un proyecto así, porque siempre me ha llamado mucho la atención la gente que aborda el tema del amor en toda su amplitud.
¿De dónde nace?

Roja y Negro nace en Chile de la necesidad de un acústico. Es un nuevo reto que está en formación, germinando. Ha sido bien bonito el proceso porque hacemos un mix entre canciones de autoría nuestra y canciones de cantautores chilenos que nos gustan, como Violeta Parra o Víctor Jara, y retomamos un par de boleros y otras cosas locas que nos gustan.
Violeta Parra fue una auténtica revolucionara de la cultura popular que nos dejó, entre otras cosas, una canción para cada uno de los amores de su vida. ¿Qué hay de ella en Ana Tijoux?

Para mi es todo un referente. No sé si en la forma de vivir porque somos de generaciones diferentes, pero representa un montón de cosas: fue una rupturista y una adelantada a su tiempo; siempre fue muy honesta con sus letras y nunca intentó ser otra persona más que ella misma, y eso es algo que se agradece en la música. Sobre todo en estos tiempos en los que tratamos de aparentar todo el tiempo que somos nosotros mismos. Volver a escuchar a artistas con ella siempre te acercan con la autenticidad. Violeta Parra es muy necesaria.

Ana Tijoux, en la promoción de Roja y Negro

Muchas opinan lo mismo de ti. De alguna forma, has abierto camino a tantas otras raperas y cantantes que han venido después.

Creo que no he sido yo sola sino que nos lo hemos abierto entre todas, tanto el camino como el espacio. Tenemos que pensarnos de forma colectiva. Porque cuando alguien me habla y te cuenta cómo le ha interpelado una canción, de alguna forma me abre la cabeza, me lleva hacia otro lugar. Me hace muy bien incluso que me corrijan, porque así nos vamos formando, nos autocultivamos, nos autoprofundizamos. “Nos”. Deberíamos hablar con el “nos”.
“Nos” encantó Vengo (2014). ¿Cómo ha envejecido ese disco?

En realidad ha sido todo un camino natural. El tiempo pasa, te atraviesa la vida y las experiencias, las caídas y las alegrías. Te vas construyendo una forma de vida y una perspectiva hacia el mundo, para el mundo y con el mundo. Ya no soy la misma de 2014. Soy la misma pero 2.0. Uno no deja de ser uno, aunque se amplía la mirada con ciertas cosas. Ha sido un gran paso atreverme ahora a cantar, a desafinar, a tocar en un formato que permite tener guitarra y voz, y nada más. Es lo sutil de lo diminuto, y eso diminuto es también muy profundo y muy potente. Es muy diferente a tocar en un festival, que es algo que también me encanta. Ambos mundos me atraen mucho pero nunca había trabajado en este contexto de lo ínfimo. En lo ínfimo he descubierto muchas cosas de mí misma, en la voz, las texturas, los planos…

¿Fue Antipatriarca -el tercer corte de ese disco- una canción premonitoria del feminismo que vendría después?

Los músicos somos o muy críticos o muy narcisistas: siempre pasamos de una bipolaridad de emociones a otra. Hay momentos que digo, bueno, en Antipatriarca podría haber dicho mil cosas más o meter más arreglos. Después llegan niñas de seis años que la cantan y la hacen suya, y digo, qué bacán. Así que en esa disyuntiva de sensaciones me encuentro. También cuando escucho la canción Mujer de Amparo Ochoa me pasa lo mismo, y pienso que ella se adelantó a un montón de cosas. Siento que es una cadena alimenticia natural. Desde 2014 hasta ahora ha habido un montón de canciones feministas de raperas, folclóricas, rockeras, clásicas, y un cuestionamiento generalizado de la situación de privilegio en la que viven los hombres desde el mundo académico, sindical, popular, desde Hollywood hasta la calle, en el colegio, en el mundo periodístico… Hasta los propios hombres se los cuestionan. Es muy interesante preguntarse por qué hombres y mujeres que hacemos la misma labor no cobramos lo mismo. Todas esas preguntas que se han abierto han sido muy fructíferas, y obviamente se van a hacer con todas ellas miles de canciones. Y eso me da alegría, me da oxígeno y nos da a todas y todos mucha vitalidad.

En ese tema cantas sobre “romper las cadenas de lo indiferente”. ¿Qué es lo que ata todavía a las mujeres en el mundo de la música?

Hay muchos micromachismos. La verdad que agradezco trabajar con hombres que tienen la capacidad de cuestionarse esta situación de privilegios. Que incluso ellos mismos se van corrigiendo. A mí últimamente me han preguntando mucho que con quién dejo a mi hijo cuando me voy de gira. Y yo digo, ¿por qué no se lo preguntan a los músicos que son papás también? Si yo fuera médica, ¿llevaría a mis hijos a la consulta cuando fuera a trabajar? Pues no. Pero una va corrigiendo estas cosas con cariño; no se trata de atacar todo el rato. Yo también tengo mucho machismo metido tanto por la educación como en la parte social. Mi hijo también me corrige, y de de esto se trata. No tenemos un manual.

Puede que de alguna forma esa guía, ese primer manual, se empezó a perfilar el pasado 8M cuando se vivió en España un momento único y sin precedentes.

Yo el 8M lo viví desde fuera y fue muy emocionante. Es un movimiento muy diverso porque hay muchos feminismos, muchas perspectivas y mucho debate. Mucha gente que no está de acuerdo en todo. A mí me pasa, yo no comulgo con todas las perspectivas y, ¿sabes?, eso está bien. Hay muchas formas de votar al feminismo y creo que esa diversidad le da su riqueza. Hay mil interrogantes y no se van a resolver de un día para otro porque son muy profundos y muy antiguos, los tuvieron nuestras abuelas, y las abuelas de nuestras abuelas. Esos interrogantes van a seguir presentes porque vamos a seguir cuestionándonos las cosas por nuestras hijas, nuestras nietas y por las nietas de nuestras nietas. Hay muchos feminismos cruzados por una columna vertebral compartida aunque luego hay carnes diferentes. Hay una construcción corporal distinta en cada feminismo.

Ana Tijoux, en la promoción de Roja y Negro

¿Estás de acuerdo con el feminismo Beyoncé?

Hay veces que me vuelvo radical y pienso que volverlo mainstream no es positivo, que se quedará en una moda porque el mercado es capaz de comérselo todo, hasta la palabra ‘feminismo’. Pero quizá también es una pequeña apertura, un trampolín que servirá a otras mujeres para cuestionarse aspectos más profundos, más allá de declararse feminista. Yo me he preguntado esta cuestión mil veces y no estoy de acuerdo conmigo misma la mayoría del tiempo.
Hace unas semanas los raperos españoles se unieron para reivindicar la libertad de expresión en 'Los borbones son unos ladrones', una canción coral de "autoinculpación musical colectiva"...

Sí, yo tenía que estar en ese vídeo y me traspapelé en los días (se ríe). Yo les dije que sí, claro, participo. Y fui una pelotuda y llegué tarde.

Entonces hay que hacer otro.

Eso les dije a los compas (se ríe). No, en serio. Lo que está pasando en España es algo medieval, parece increíble. Esta campaña me parece muy buena, de hecho el vídeo ya tiene más de dos millones de visitas. No pueden frenar el pensamiento. Parece que quieran evitar que se construya un pensamiento libre, y la libertad es clave en las artes y en la música. Y aquí también me atrevo a decir “nos”, porque no es un problema local de algo puntual que pasa en España: es algo que nos atañe a todos. Tu problema es mi problema. Hay que verlo todo con una perspectiva más internacionalista que local.
España y Chile son países que conocen bien censuras y represiones dictatoriales. ¿No choca que haya que defender todavía la libertad de expresión en nuestras perfectas democracias modernas?

Eso demuestra que hay mucha demagogia todavía dentro de nuestros Estados y que siguen vigentes diversas formas de represión y de opresión. Ya sé que es terrible decirlo, pero nos enseña que hay un sistema que no se ha ido todavía, aunque ya no estemos bajo Franco o Pinochet. Eso es lo que hay que romper y quebrar.

¿Y cómo pelea la música?

Es una pregunta que yo me hago. ¿La música es suficiente? ¿Somos solo acompañantes históricos o realmente somos fundamentales? Creo que lo importante es seguir de pie, con garra. Creo que es honesto reconocer que hay días que canto sin miedo y hay otros días que canto con miedo. No hay que tener miedo, pero somos humanos y también nos atraviesa el miedo y la emoción. Y si rompemos eso, quizá nos transformamos en máquinas, y yo no quiero ser un robot. La honestidad, la nobleza y la honradez son de las pocas cosas que no se deben quebrar.

Por Sara Calvo @Sara_Ct
Fuente: Público.es