mayo 20, 2018

Rosa Montero, la pluma que templa


Rosa Montero, en un momento de la entrevista.- Jairo Marcos

En las Facultades de Periodismo y en las redacciones de los medios de comunicación insisten en buscar factores de actualidad que justifiquen la publicación de un tema. Entrevistamos a Rosa Montero (Madrid, 1951) porque su obra literaria y periodística ha sido determinante en la vida de la persona que firma este texto. Si bien no es una razón objetiva es la única verdad. Sus libros están traducidos a más de veinte lenguas, pero para lengua, la suya. Quedamos en la cafetería de un hotel en Bilbao, ciudad que visita para impartir una conferencia sobre Marie Curie. En una de sus últimas novelas, La ridícula idea de no volver a verte, homenajea su figura rescatando el diario que ésta escribió tras la muerte de su marido. Dice Montero que esos diarios son un “incendio de palabras”, pero su novela calma como no calma el fuego a quienes nos enfrentamos a algún duelo. La obra literaria y periodística de Montero es tan extensa y compleja como accesible, tan heterogénea como universal, tan cotidiana como abstracta. Cultiva la ciencia ficción literaria con la misma destreza que el periodismo diario que ya no ejerce; ejemplo y espejo para toda una generación, Rosa Montero es un clásico, muy viva, de los que se estudian ya en Literatura.

Habla rápido, pero no parece tener prisa. Dice que está cansada de viajar mientras sonríe contando los planes que tiene para su próximo viaje a China. Su voz y su pluma templan.

¿Cuál es el panorama del periodismo en el Estado español?

El periodismo está fatal en todo el mundo porque no hay manera de sacar rendimiento al nuevo modelo de mercado. Durante un tiempo parecía que los digitales podrían ser autosuficientes, que podrían ganar dinero con la publicidad, pero ya se sabe que no. Esto ha llevado a una escalada, a un alud, de cosas catastróficas. Tengo una memoria muy mala, cito de la memoria, pero leí algo así como que en los últimos diez años han desaparecido el 80% de los diarios del mundo occidental. Imagínate lo que supone eso en cuanto a pluralidad informativa. No hay un solo medio que sea objetivo. No existe. Una democracia fuerte, para que haya libertad de expresión, necesita de muchos medios fuertes, de muchas tendencias distintas. Es la única manera de que todas las verdades salgan a luz. Además, en España, por ejemplo, los medios de comunicación fueron el segundo sector más afectado por la crisis. El primero, el ladrillo. El segundo, los medios de comunicación. Es para morirse porque tampoco es un sector tan potente, ni que mueva a tantísima gente. Sin embargo, ha sido el segundo que ha perdido más empleos durante los años de la crisis. ¿Qué implica esto? Que ahora, los pocos medios que quedan, se sacan adelante con una tercera parte de la plantilla. Esa gente tiene que hacer cuatro veces más trabajo porque tienen que escribir para el papel, para los digitales, hacer los vídeos… Ya no existen prácticamente correctores en ningún medio y su ausencia se nota muchísimo. No te digo ya en las versiones digitales, que meten a becarios haciendo, haciendo, haciendo y salen unas barbaridades impresionantes.

Esos medios que se dedican a contarnos qué está pasando en Twitter, por ejemplo.
Sí, sí, sí. ¿Desde cuándo ha sido un periódico eso?

Pero ha habido una eclosión de nuevos medios…

Pero con una estructura muy chiquitina, muy precaria, que duran dos días. La vida se intenta abrir paso…, pero, espera, que no te he terminado de contar lo que me parece nefasto. Los periodistas ahora tienen que hacer muchísimo más trabajo y así no se puede hacer buen periodismo. Se está despidiendo a gente con mucha experiencia y contratando a gente con sueldos de esclavitud. Así no hay manera de hacerlo bien.

¿No tienes nada de esperanza?

Soy optimista. Dicen que el pesimista es aquel que piensa que estamos en el peor momento posible y el optimista el que piensa que podemos aún caer más.

(Risas)
Yo creo que los medios de comunicación fuertes son tan importantes para una sociedad democrática que la situación se arreglará o se encontrará un equilibrio. Parte de esos intentos de equilibrio y vitalidad social son esos montones de medios pequeños, que, por otro lado, están llenos de problemas económicos, de mantenimiento. Se hacen medios de manera heróica: sin ganar un duro, echando un montón de tiempo… y eso hace que no sean estables. Llega un momento en el que la gente lo tiene que dejar porque tiene que comer. El fenómeno es culturalmente interesante, pero la alternativa de medios no es suficientemente fuerte.

¿Y este modelo de medios que nos financiamos con nuestras lectoras y lectores? Quizá, a la cabeza, eldiario.es, pero también Público ahora, El Salto o nosotras mismas.

Sí, yo los financio también y, en muchísimos casos, no estoy para nada de acuerdo, pero es necesario que haya pluralidad. Pero no estoy hablando tanto de estos, o no solo, sino de revistas especializadas, del periodismo cultural… Además, los medios están cada vez más en manos de bancos. Más que nunca. De grandes empresas que imponen sus criterios. Luego, además, están dando palos de ciego porque para intentar vender, equivocadamente, se hace mucho más amarillismo, mucho más sensacionalismo que antes. Equivocadamente, digo, porque creo que eso no vende.
Venga, sigue.

Hemos hablado de la precariedad, ¿esto afecta también a grandes firmas como la tuya?

A mí me han quitado un gran pellizco. He visto cómo ha ido bajando, bajando, bajando todo. He vivido el periodismo de las vacas gordas. No me refiero a que tú ganases muchísimo sino a que te podías pasar dos meses haciendo un reportaje. No era lo más habitual, pero si era un tema que interesaba podías estar dos meses trabajando en él, viajando para buscar datos en el extranjero…

Eso es impensable ahora.

La cosa está fatal. En España, en otros países no lo sé, en los últimos 20 ó 25 años se produjo un fenómeno creciente muy perverso: la identificación de medios con determinados partidos políticos. Eso es una catástrofe. Los medios han agrandado y distorsionado el debate político real. Han llenado los periódicos de noticias políticas que le importan a la gente un carajo. Una cosa es la política, o mejor dicho lo político, que eso evidentemente nos tienen que importar a todos porque es la gestión de nuestra vida pública y en definitiva de nuestra vida; y otra cosa es la política de la que hablan: las peleas entre barones a ver quien tiene el poder. ¿Cuántas páginas ocupan en los periódicos esas historias? ¿A ti te interesa eso? A mí para nada. NADA. No sé cómo explicarte. Esa no es la vida. Sin embargo, en ese mundo del pequeño poder donde se mueven… eso ha tenido un efecto perverso. En los medios de comunicación y la sociedad. Nos ha vuelto tarumbas a todos. Ha falseado la discusión política. Un desastre.


Rosa Montero: “El periodismo, aunque me gusta muchísimo, es una profesión; la ficción es mi manera de vivir por dentro, la estructura que me mantiene en pie” .-Foto: Jairo Marcos

Pero hay compañeros y compañeras haciendo un buen trabajo, ¿cómo convencer a la ciudadanía para que apueste y pague por un periodismo de calidad?

Eso está perdido. Está muy arraigada la idea de que todo tiene que ser gratis. No hay ningún respeto en esta sociedad por la propiedad intelectual. Ninguno. Cero. Yo estoy harta, llevo años, décadas, peleando contra esto y aguantando que te digan: “Perdona, encima que te diviertes, ¿quieres que te paguen?”. Lo he oído dos mil veces. Es alucinante.

¿Hay un exceso de opinión en los medios de comunicación?

Es lógico que la gente vaya a los medios a buscar la digestión de la noticia, algo más reposado. La noticias se mastican y se escupen como una aceituna al segundo de producirse. Los medios de comunicación son en realidad el sustituto del ágora pública. Antes, en las sociedades más pequeñas, la gente se reunía, discutían, exponían sus opiniones, se peleaban y se llegaban a acuerdos. La vida común es eso: llegar a acuerdos y a consensos. Los medios de comunicación contribuyen a ello y, por eso, son tan necesarios. Eso sí, es muy difícil convencer a alguien que no esté previamente en tu nebulosa de pensamiento de algo. Puede que le aclares las cosas, pero hacerle cambiar completamente de idea es muy difícil porque somos todos borricos. Una de las grandes funciones de los medios de comunicación es generar debate público. Lo malo es cuando se crean debates ficticios en base al sensacionalismo. Acuérdate siempre de cómo empezó la guerra de España contra Cuba.

Pero, ¿algo así sería posible ahora?

Está siendo posible. No sólo es eso que llamamos la postverdad, sino que las redes están completamente llenas de un guirigay de mentiras, que tienen una influencia importantísima. Todavía no hay manera de medir esa influencia de una forma científicamente objetiva, pero, sin duda, es muy grande: en el Brexit, con el triunfo de Trump, con lo que está pasando en Cataluña. Estamos sometidos al guirigay aturdidor, exaltador de los bajos instintos, relacionado con todo lo que no es la razón ni la información. Justo todo lo contrario. Somos sujetos indefensos ante las campañas de publicidad. Las mentiras que manejan con publicidad arrasan cabezas.

¿Intentas hacerle frente a esto con tus textos?

Ahora menos. Antes tenía un artículo de última, que sí que estaba muy pegado a la realidad. Ahora sólo tengo un artículo, que me encanta, pero que tengo que cerrarlo y entregarlo 15 días antes de que se publique. Es difícil porque no sabes qué va a pasar en este mundo tan cambiante. Intento aportar algo de cordura, enfriar el entorno y enfriarme yo misma porque todas estamos sujetas a esa manipulación. Intentas justo esto [muestra su tatuaje, escrito en latín]: ‘Sapere aude’, atrévete a pensar.

¿Te sientes más expuesta con las redes sociales?

La verdad es que no. Tengo una relación muy buena en redes, sobre todo con el Facebook porque a Twitter prácticamente no entro. Me parece un lugar muy gritón y violento. De todas formas, últimamente estoy preocupada. Soy supertecnológica, me gusta mucho la tecnología de toda la vida, por eso escribo novelas de ciencia ficción, me gusta la ciencia, me gusta la divulgación científica muchísimo, pero… estoy preocupada por la utilización terrible de las redes, por los linchamientos. Parece que están ganando los matones del patio del colegio.

¿Cómo te posicionas ante los debates sobre el uso no sexista del lenguaje?

La lengua es un organismo vivo y la sociedad es obviamente sexista, así que la lengua es naturalmente sexista. Es la piel de la sociedad y sigue a los movimientos sociales como la piel sigue la carne. Si un cuerpo engorda la piel se estira y la lengua sigue exactamente esa lógica. En tanto en cuanto la sociedad siga siendo sexista, el lenguaje va a seguir siendo sexista. Por otro lado, de este símil también se deduce que la lengua es algo orgánico. Tú no lo puedes mandar por decreto porque no funciona. Me parecen complementa abocadas a la inutilidad esas cosas tan ortopédicas como repetir todo el rato amigos y amigas, hermanas y hermanos. Me pone de los nervios y me parece imposible, inútil y sin futuro porque no lo vamos a hacer nadie. La lengua aspira a ser elegante, concisa. Eso sí, hay una necesidad social de ir deconstruyendo ese sexismo en la lengua. Está sucediendo. Por ejemplo, ‘señorita’ ya no se dice.

Bueno, quizá Pérez Reverte sí…

Bueno, pero siempre va a ver gente… en fin, tradicional, pero no, no creo que diga señorita tampoco él. Esto es probar, hacer propuestas, si funciona bien… sino hay que buscar otras fórmulas. Mira, cuando empezaron las nuevas tecnologías hubo una propuesta de llamar ‘emilios’ a los correos electrónicos. No estuvo mal como idea, pero no cuajó.

Has hecho más de 2000 entrevistas. Hay algo que me inquieta: ¿Las has transcrito todas tú?

Todas. Todas. Eso era la pesadilla…, la puta pesadilla. Bueno, además, en inglés, en francés, en italiano… Tremendo, tremendo, pero el momento de la transcripción es importante porque refrescas cosas de la entrevista y pillas otras que no habías pillado en el momento. Es tedioso a más no poder, pero te proporciona datos importantes.

Ahora ya no haces entrevistas. ¿Te has quedado con las ganas de pillar por banda a alguien?

Estuve años persiguiendo a Gorvachov, justo cuando estaba deshaciendo la Unión Soviética. Me parecía un personaje fascinante, de tragedia griega. Me dijeron que me darían la entrevista, pero cuando hizo el primer viaje a España, le entrevistó Cebrián.

¿Hay alguien a quien no entrevistarías? En Pikara vivimos una situación muy difícil porque muchas lectoras no entendieron que entrevistasemos a Amarna Miller.

A mí lo de la actriz porno me parece muy bien, que conste. Una vez conseguí no entrevistar a Jesús Gil, un personaje nefasto, un facha populista, un tipo al que a mí me parecía que no era de recibido entrevistar en la entrevista principal del dominical de El País, que no son entrevistas informativas sino de recorrido, de vida.

¿Cuáles son las líneas rojas?

Puedes entrevistar a grandes monstruos. Yo lo he hecho, pero si hay un interés, que no es el caso de Jesús Gil. ¿Para qué le íbamos a dar un lugar de reconocimiento público a alguien que a mi me parece que es un ser nefasto? ¿Para darle publicidad? He entrevistado a Nixon, que era un monstruo, pero no le daba un reconocimiento público con la entrevista.

En su tatuaje, ‘Sapere aude’, atrévete a pensar.- Foto: Jairo Marcos

A lo largo de tu trayectoria periodística, ¿has molestado a los tuyos?

Montones, montones y montones de veces. Uno de los lemas de mi vida siempre ha sido intentar pensar por mí misma y no ampararme en la idea del grupo. Es mucho más cómodo hablar de acuerdo a lo que opina tu grupo natural. No lo he hecho jamás y he tenido muchísimos problemas toda mi vida. A veces, en algunas épocas, tremendos. Empecé, cuando éramos cuatro y en El País nadie, a criticar al PSOE por todo lo que estaba pasando con los GAL y todo el mundo me puso a parir. Esa etapa fue muy dura porque amigos, no los más íntimos, pero sí gente querida, prácticamente me retiró el saludo.

¿Y merece la pena?

Sí, no sólo merece la pena sino que te permite conocer otros mundos y no geográficos sino interiores. Enriquece mucho. Creo que es obligatorio hacer ese esfuerzo, de pensarse por sí mismo. Decía Einstein que un buen científico necesita pensar diez minutos todos los días lo contrario de lo que piensan sus amigos. El mejor elogio que me han dicho como periodista fue un día, hace ya 15 años por lo menos, que un tío que no conocía y al que no he vuelto a ver, que creo que no tenía nada que ver con mis ideas, me dijo: “Me gusta leerte mucho. No siempre estoy de acuerdo, para nada, pero me gusta leer tus artículos porque tengo que leerlos hasta el final para saber qué opinas mientras que de otros articulistas me basta ver el tema que tratan y quiénes son para saber qué van a opinar”. Me sentí muy orgullosa, la verdad, porque es un esfuerzo.

¿Por qué periodismo?

Estudié Periodismo y Psicología. Periodismo porque escribía desde pequeña. Casi todos los novelistas hemos empezado a escribir de niños. Yo mis primeros cuentos los escribió con cinco años: historias de ratitas que hablaban. Mi madre los fechó y los guardó. Siempre he escrito, desde que me recuerdo como persona, me recuerdo escribiendo y, como tenía esa facilidad para la escritura, pensé en dedicarme al periodismo escrito. Por eso y porque tengo una curiosidad inagotable y pensé que el periodismo me podría permitir seguir aprendiendo toda mi vida. Cosa que es verdad. Tenía también mucha ilusión por viajar y pensé que el periodismo me lo permitiría y, la verdad, me he hartado de viajar. Pero, al mismo tiempo, estudiaba Psicología porque pensaba que estaba loca, como el 98% de los psicólogos. No es mala cosa porque tienes más empatía con el paciente. El otro 2% son hijos de psicólogos y lo tienen mucho peor.

(Risas)

¿Cómo ha influido el periodismo en tu literatura y viceversa?

El periodismo escrito es literatura. A sangre fría [de Truman Capote] es un reportaje y es literatura de primer orden. La pregunta entonces sería, y perdoname que te corrija, ¿cómo ha influido la ficción en mi manera de ejercer el periodismo? De ninguna de las maneras. De la misma manera que puede influir la poesía en el ensayo o el ensayo en la poesía. A Octavio Paz no le preguntaban cómo se las apañaba para hacer poesía y ensayo y mira que son distintos. Sin embargo, lo del periodismo y la ficción todo el mundo me lo pregunta. Es muy raro que un escritor cultive sólo un género. Yo me considero una escritora que cultiva la ficción, el periodismo y el ensayo. El periodismo, aunque me gusta muchísimo, es una profesión; la ficción es mi manera de vivir por dentro, la estructura que me mantiene en pie. Son géneros muy distintos todos y hay que saber los límites porque sino los haces mal. Si tú haces un teatro ensayístico probablemente sea un peñazo de teatro; si haces un ensayo poético, probablemente, no será un buen ensayo porque será, seguro, equívoco, no sabrás cuál es la parte de verdad notarial y cuál no; si haces una novela periodística será mala porque será superficial. En periodismo la claridad es un valor y en la novela, la ambigüedad. El periodismo se habla de los árboles y en las novelas, del bosque. No tienen nada que ver: son niveles distintos de relación con la realidad, es hablar dos idiomas.

Tus textos son un clásico de la selectividad. ¿Cuántos estudiantes te escriben para preguntarte cuál es el tema de tus artículos?

Me odiarán generaciones y generaciones 

(Risas)
Es divertido. Los textos, cuando los sueltas, toman su propia vida.

Fuente: Pikara