julio 15, 2018

Femipunks

El proyecto personal y político de la baterista Nathalia Viccari, Sudamérica Existe, pone el foco en un punk sin fronteras pero hecho por mujeres entre los 80 y 90, para reconstruir un mapa que las reúna en la escena independiente y pueda descubrir los gozos y las sombras que pudieron derramar en ese género atracado por varones.


Imagenes de Rakta, su banda

Nathalia Viccari creció en San Pablo y cuando era adolescente, se escapaba a escuchar bandas punk. “Me gustaba mucho ese sonido electrizante y crudo, con guitarras que parecían aullar. Me gustaba que esas bandas no quisieran ser bonitas y agradables sino decir lo que pensaban sobre el mundo. Y sobre todo, me encantaba el sonido poderoso de la batería”, cuenta ahora, que vive en Buenos Aires. Desde sus días paulistas hasta acá pasaron muchas cosas: a los veinte venció su timidez y se transformó en baterista, apostando por un sonido duro y sofisticado; en 2011 se sumó a Rakta, una banda pos punk que armó con sus amigas Paula Rebellato y Carla Boregas; finalmente, sacó su pasaporte y se fue de gira por el mundo con ellas. Luego conoció a un músico argentino, y hace tres años se mudó a Buenos Aires con él. Por ahora trabaja en un negocio que vende productos de audio y decoración traídos de Japón, sobre Lavalle. “Es el primer trabajo que consigo. Todos mis compañeros son chiquitos y yo ya tengo treinta. Pero bueno, está bien”, se consuela mientras bebe un café frappé en un bar de la zona. Y es que Nathalia lleva adelante un gran plan, que continúa su expansión: construir un mapa capaz de trazar los inicios de las bandas punk femeninas de América latina. 

Sudamérica Existe es el nombre de este proyecto vitalísimo, personal y político. Con el slogan “punk sin fronteras”, no sólo pone el foco en un género nacido entre las clases bajas de Inglaterra que más tarde germinó de modo subterráneo a lo largo de nuestro continente, sino que además visibiliza a aquellas que tomaron por asalto un mundo que se vanagloriaba de ser sexualmente libre y creativamente fecundo pero que también arrastra una tradición misógina poco feliz. 

La compilación –disponible en bandcamp– reúne diez bandas: Soberanía Personal (Argentina), 3D (Brasil), Fértil Miseria (Colombia), Kaos (Paraguay), Descontrolados (Ecuador), Psh Psh (Venezuela), María T-TA y el Empujón Brutal (Perú), Polución Sonora (Uruguay), Emociones Clandestinas (Chile) y Autorev (Bolivia). Algunas bandas incluyen varones en su formación pero 3D, Polución Sonora y Psh Psh son enteramente de chicas. Las grabaciones originales fueron hechas entre 1984 y 1998. 

¿Cómo surgió la idea de poner en foco el punk hecho por mujeres?

–Cuando me mudé de San Pablo a Buenos Aires, me di cuenta de que no tenía mucha idea sobre las bandas locales, como si hubiera un muro imaginario y lingüístico sobre lxs punks. Era todo lo contrario de lo que me había pasado cuando viajé con las Rakta: en Estados Unidos y en Europa hay muchas bandas punk de chicas. Si allá se conectan entre ellas, ¿qué ocurre acá? Así es como me puse a investigar cómo empezó todo. En países como Perú la movida punk es enorme y tiene su propia historia de resistencia. El nacimiento de Los Saicos a mitad de los sesenta coincide con la aparición de la Velvet Underground, por ejemplo, y se adelantan a influencias del tamaño de The Stooges o New York Dolls. Aún así ¿dónde estaban las chicas? Ahí aparece María T-Ta, que además formó con Sexylia y Mery-Trix una banda llamada La Koncha Acústika. Ella se fue de Perú en 1989 y falleció hace un tiempo pero antes hizo otros proyectos como El Empujón Brutal. 

¿Por qué estableciste los ochenta y los noventa como recorte?

–Quería acompañar la historia del punk, que bajó en cascada desde Inglaterra y Estados Unidos. Cuando leés sobre esto, las referencias son esencialmente bandas de chicos. Sí, están Patti Smith y Blondie. Pero también tenés The Slits o las Runnaways. Hay una autobiografía genial de Viv Albertine, la guitatirrsta de The Slits, que se llama Clothes, clothes, clothes. Music, music, music. Boys, boys, boys que tiene un enorme sentido del humor pero da cuenta de la dificultad que tenía una chica en los setenta para irrumpir en una escena masculina. Todo el material que apareció fue azaroso, producto de meterme en blogs y sitios de todo tipo y de contactarme con sus administradores para que me pasaran el audio más decente que tuviesen. Tené en cuenta que en antes de los ochenta las bandas tenían pocas posibilidades de grabar si no era en un estudio o de registrar un show en vivo. Iban, hacían lo suyo y ya. Cero registro. Por eso es tan difícil acceder a los audios de esa época. Y a la historia. 

¿Entonces tu proyecto sigue abierto?

–Claro. Seguramente hay muchas más bandas de chicas o con chicas de las que yo encontré. En general es muy fácil encontrar información sobre el inicio de las bandas punk pero es difícil encontrar información sobre la participación de mujeres en la movida punk. Por eso tengo una casilla de mail para que puedan contactarme así seguimos armando el mapa de Sudamérica Existe. Además quiero abrirme una web para que también sea una instancia de intercambio de la música independiente en toda América latina. A la vez, ahora me encantaría hablar con chicas que estuvieron en esa escena. Con algunas lo logré. La otra idea del proyecto era entrevistarlas pero muchas no están en sus países, otras no quieren y otras dicen que no andan con ganas de recordar. Así que no sé si fueron tiempos gozosos para ellas o no, hasta dónde la pasaban bien y hasta dónde los varones podían ser aliados pero también detractores. Ojo, que las mismas chicas no eran mejores. Si en un recital, una cantante se quedaba en tetas o aún desnuda, como pasó, todas las otras desaprobaban. Y liberar el cuerpo es parte de la cultura punk. Pero una cosa es que lo haga Sid Vicious y otra, una chica latinoamericana que de noche canta y de mañana tiene que trabajar en una oficina.

Aun así, ¿qué has sabido de estas músicas?

–Tuve contacto con una chica de Uruguay, Marina Markk, que tocaba bajo y voz en Polución Sonora y me dijo que estaba interesada en reflotar la banda. También conocí de forma virtual a Támira Bassall que tocaba con Maria T-Ta. Además accedí a la historia de Psh-Psh. Ellas surgieron a finales de los ochenta. Vía mail me contaron que cómo surgió el nombre del grupo. “Los hombres del público nos pitaban Psh-Psh y un locutor nos preguntó por el nombre del grupo y como no teníamos todavía el nombre y los hombres seguían con el Psss-Pssst y eso, pues el locutor dijo, que nos llamábamos así y nos quedamos así”, me dijeron. El grupo comenzó con Paz Alejandra Hidalgo en la guitarra, Esther Cohen en la batería y Ofelia Brito como bajista y cantante. Esther y Paz abandonaron al grupo y fueron reemplazadas por Lorena Gimeno Sassone en la batería y por Tania Diacichi en la guitarra. Es importante nombrarlas porque no las encontrás en ninguna enciclopedia. Emociones Clandestinas es una banda chilena que se hizo muy conocida, se disolvió y se volvió a reunir. Está formada por varones pero entre 1985 y 1987 Carmen Gloria Narváez estuvo a cargo de la voz y el bajo. 

¿De qué hablan las letras?

–De amores contrariados, de razzias policiales, de chicas que no tienen ganas de ser perseguidas por tipos que se creen sus dueños, de que no saben qué hacer con sus vidas. También se alude presencia de las dictaduras, con letras como “los generales no tienen hambre / los alimenta el mismo pueblo” como el caso de Fértil Miseria. O al hecho de ser una chica de la periferia y querer comprarte zapatos mientras te reta tu mamá. Nada muy distinto a algunas cuestiones actuales.

Vos misma tuviste otra banda, además de Rakta.

–Sí, antes de tocar en Rakta, tuve una banda, Vitima, con todas integrantes mujeres. Y en paralelo toqué en Pessimits, un proyecto de ACruz Sesper, artista visual y cantante de Garage Fuzz. Como él está muy involucrado en el ambiente del arte tocamos en algunas galerías de arte. Pero la banda no fue solo eso: hicimos un tour por los Estados Unidos y varios shows por Brasil. En esta banda también tocaba una chica. En todas las bandas donde estuve siempre hubo otras integrantes femeninas.

¿Cómo continúa Sudamérica Existe?

–Estoy rastreando bandas queer latinoamericanas. Seguramente hay varias. Necesitamos que nos vean. Necesitamos dejar en claro que al rock no lo hacen sólo los varones sino que también lo hacemos las chicas, lxs músicxs queer. Y todxs merecemos nuestro espacio de visibilidad.

Para contactarse con Nathalia Viccari escribir a sudamericae xiste@gmail.com. Las bandas se pueden escuchar en: sudame ricaexiste.bandcamp.com/album/cassete-volume-1


Nathalia con su bateria

Fuente: Página/12