enero 24, 2026

KAY, la artista que visibiliza la violencia sexual en la Amazonía peruana a través de sus performances




Performance de KAY 'Sombra de las Amazonías', realizada en 2025 en el Museo del Quai Branly - Jacques Chirac, en París. Foto: Misha Zavalny / Kay Zevallos

En la Amazonía peruana todos han escuchado hablar del bufeo colorado, un delfín rosado que habita y es guardián en las aguas del río más largo y caudaloso del mundo, pero que, de repente, se transforma en un hombre blanco con un sombrero que "seduce" a mujeres y se las lleva, para luego devolverlas embarazadas. Un mito muy arraigado y ancestral, pero que se ha distorsionado, según denuncia la artista Kay Zevallos Villegas, conocida como KAY, quien visibiliza a través de sus performances la violencia sexual hacia las mujeres perpetuada por medio de leyendas como estas.

"Cuando una es niña crece con esta idea de que el bufeo viene y te seduce. Cuando hay, por ejemplo, niños que tienen un colorcito más rosado se dice: 'Es hijo del bufeo'. O sea, es hijo del extranjero porque blanquea un poco la piel y de alguna manera eso maquilla la violencia o la violación que hay en las mujeres, y que también se fueron transmitiendo en las memorias orales de los pueblos", explica a Efeminista la artista, que resalta que su experiencia es desde la llamada Amazonía urbana y ribereña.

Esos extranjeros con sombreros empezaron a llegar a los pueblos amazónicos especialmente en la época del auge del caucho, que comenzó en 1879, y quienes, según KAY, eran los jefes y dueños de las haciendas en donde "se maltrataban y esclavizaban a mujeres".

Recuerda que a ella le prohibían ir al río a bañarse, especialmente cuando llegaba la menstruación. "Porque si te ibas al río el bufeo podía venir y raptarte. Cuando tú eres niña creces con esto, con un miedo a entrar en los ríos, lo que para mí ya es una mutilación hacia nuestras aguas, porque nosotros estamos muy conectados con los ríos", menciona.

KAY afirma que este mito también se utiliza para ocultar violencias que provienen desde la misma familia. "A veces es tu padre, tu tío o alguien cercano de la comunidad que se hace pasar por un bufeo. Hay toda una maquinaria de utilizar el mito, que fue tergiversado del original, para manipular y ejercer una violencia contra las mujeres amazónicas".

La artista KAY durante una de sus performance en un río de Iquitos, Perú. Foto: Leoncio Ramírez / Kay Zevallos

La violencia sexual en la Amazonía peruana

La artista menciona que en Iquitos, del departamento peruano de Loreto, en la Amazonía, donde creció, hay "elevados índices de violencia sexual infantil". Una reciente campaña del Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa) señala que en la Amazonía de ese país "la violencia sexual ha marcado generaciones". Más de 1.800 casos se reportan cada año en comunidades Awajún, un pueblo indígena amazónico de Perú.

Conversó de este tema con mujeres cercanas y de su familia, como su madre o amigas, para saber cómo había llegado a ellas este mito, estudió e investigó sobre el tema y un día decidió "enfrentar ese miedo" y hacer una performance en el río Itaya, en Iquitos, durante los días en los que tenía la menstruación.

KAY lleva años investigando sobre lo que ha sucedido en su tierra desde la época del auge del caucho, y señala que en la bibliografía que hay sobre este tema "se trabaja mucho sobre el genocidio que hubo en los pueblos originarios, la explotación, pero muy poco se habla de la violencia hacia la mujer".


"Para mí ha sido una manera de confrontar mi propia historia, de ser una mujer amazónica peruana, de haber crecido en una ciudad donde todo el mundo me dijo que en la época del boom del caucho fue la mejor, que éramos mucho mejor que Lima. Y ya de grande empezar a cuestionar toda la violencia que ha habido y también todos los relatos a los que yo les tenía miedo cuando era pequeña, y decir que estos relatos se tienen que cambiar", señala.

En 2023, realizó una performance en la Galería Nacional de Praga denominada Sombra de las Amazonías, en la que pone en el centro la leyenda del bufeo colorado, una presentación que replicó hace unos meses en el Museo del Quai Branly, en París.

"Los abusos contra las mujeres persisten aún hoy en la memoria y los mitos de la región. El caucho es la fuente y el motor de la expropiación colonial. Las membranas de caucho natural pigmentadas con achiote se convierten en el punto nodal donde se encuentran los dos mundos: el explotador y el autóctono, el humano y el anfibio, lo profano y lo sagrado. El mundo bajo el río, universo cultural subacuático, es el del bufeo, de la leyenda y de sus reescrituras", se señalaba en la descripción de la muestra realizada en 2023.

Fotografía de la performance 'El río, antes de nadar, nos enseñó a observar', en Isla Santa Rosa, Perú. Foto: Leoncio Ramírez / Kay Zevallos

Visibilizar de forma colectiva memorias individuales

KAY indica que busca constantemente, por medio del arte, cuestionar los mitos, leyendas y memorias orales de su región y cómo estos violentan a las mujeres y a las niñas.

"Lo que yo intento con mi arte es visibilizar de forma colectiva memorias individuales", afirma, al tiempo que añade que cada performance, exposición u obra teatral que realiza lleva una "investigación profunda" sobre la violencia contra las mujeres en su tierra.

La artista cree que es importante rescatar la memoria de los pueblos, pero "no la tergiversada", pues esa "hay que cuestionarla". "La idea no es matar al mito, la idea es desmistificarlo, es volver al mito original, al que no tiene sombrerito y zapatos de charol", añade.

"El mito original es un guardián y no viola, no rapta. El mito original de nuestros pueblos cuida, protege. Por lo que la idea es llegar a nuestros mitos originales y cuestionar esos que todavía pasan de generación en generación, que son huellas de un colonialismo que a nosotras las mujeres nos han siempre puesto como víctimas", dice.

Asegura que no va a "descansar" hasta que "las niñas no sigan amando este bufeo, y hasta que en algún momento estos relatos se corten y digamos que eso no existe, que el bufeo no se transforma", concluye.


Por Cristina Bazán
Fuente: Efeminista 

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