Cumbres Borrascosas: por qué releer el clásico desde el feminismo hoy
La nueva adaptación de Cumbres Borrascosas invita a releer el clásico de Emily Brontë como una historia sobre deseo, violencia y supervivencia en un mundo patriarcal.

Probablemente leíste Cumbres Borrascosas en la adolescencia o en la juventud. Tal vez fue una lectura obligatoria en la escuela, un libro heredado o un clásico que prometía una gran historia de amor. Quizá lo recuerdas como intenso, oscuro, incómodo… o directamente como una tragedia romántica.
Hoy, casi dos siglos después de su publicación, ese mismo clásico vuelve a colocarse en el centro de la conversación porque está a punto de invadir nuestras pantallas nuevamente. Emerald Fennell, la mente detrás de Saltburn, estrena el 12 de febrero una nueva adaptación protagonizada por Margot Robbie y Jacob Elordi.
Aunque la elección del elenco ha desatado críticas porque Margot tiene 35 años y Catherine muere antes de los 18, y porque Elordi no refleja los rasgos oscuros y racializados de Heathcliff (perdón por el spoiler), la directora aseguró que su objetivo es capturar esa oscuridad que a muchas personas nos impactó en la adolescencia. Pero antes de correr al cine, te contamos por qué es importante analizar este clásico.
¿De qué trata Cumbres Borrascosas?
Publicada en 1847 por Emily Brontë bajo el seudónimo masculino de Ellis Bell, la novela es una de las obras fundamentales de la literatura inglesa. Se desarrolla en los páramos salvajes de Yorkshire y sigue la vida de dos familias, los Earnshaw y los Linton, cuyas historias quedan marcadas por la llegada de Heathcliff. Y aquí van spoilers (ups).
Más que un romance, la novela explora:
- El vínculo entre Heathcliff y Catherine Earnshaw: una relación intensa, obsesiva y destructiva, donde Catherine afirma que ambos comparten la misma alma.
- El conflicto de clase: Catherine ama a Heathcliff, pero decide casarse con Edgar Linton para asegurar estabilidad económica y estatus social.
- La venganza como proyecto de vida: Heathcliff regresa años después convertido en un hombre rico y dedica su existencia a destruir a quienes lo humillaron.
- El ciclo de violencia heredado: la crueldad se extiende a la siguiente generación hasta que, parcialmente, se rompe con la relación entre la joven Cathy y Hareton.
- La novela no idealiza el amor: lo exhibe como una fuerza capaz de volverse posesión, castigo y aniquilación.
Emily Brontë: la mujer detrás del mito
Emily Brontë nació en 1818 en una casa parroquial rodeada de páramos. Fue una mujer reservada, marcada por la muerte temprana de su madre y de dos de sus hermanas mayores. Charlotte Brontë describía a Emily como alguien en cuyos sentimientos no se podía “inmiscuir sin permiso”, de acuerdo con el artículo Amor portentoso, más allá de la muerte. 175 años de extrañar a Emily Brontë de Isabel del Valle.
Como muchas escritoras del siglo XIX, Emily publicó bajo un nombre masculino para ser tomada en serio. Murió a los 30 años por tuberculosis sin saber que su única novela se convertiría en un clásico incómodo, radical y profundamente político.
Desde la crítica literaria, investigadoras como Beatriz Dávilo, en su tesis Subjetividad femenina y literatura en la Inglaterra decimonónica. Una lectura de Cumbres Borrascosas, sostienen que Brontë dio un “colosal salto en el vacío” frente a sus contemporáneos al otorgarles a sus personajes femeninos el derecho de narrarse y explorar una subjetividad desgarrada.
Una relectura feminista: el amor como dispositivo de poder
Pensar Cumbres Borrascosas hoy implica dejar de entender el amor solo como una emoción intensa y empezar a mirarlo como una estructura que organiza la vida, los cuerpos y las jerarquías. La escritora Aura García-Junco propone en Cuando hablamos de amor que el amor funciona como un “dispositivo de organización social”, una arquitectura invisible que distribuye poder.
En ese sentido, Coral Herrera advierte en Lo romántico es político que el mito del “amor que todo lo puede” opera como una religión: promete salvación mientras oculta desigualdades, dependencias y violencias. Brigitte Vasallo nombra las consecuencias de estos modelos con una imagen brutal: vínculos que dejan “cadáveres emocionales”.
Leída desde aquí, Cumbres Borrascosas no cuenta una historia romántica, sino el despliegue de un modelo de amor basado en posesión, sacrificio, dependencia y crueldad.
Esta es nuestra relectura feminista de la novela: una mirada que no separa a los personajes, sino que los entiende como parte de un mismo entramado de violencias, jerarquías y resistencias.
Catherine Earnshaw suele leerse como una heroína romántica caprichosa, pero vista hoy aparece más bien como una mujer atrapada entre deseo y supervivencia. Sabe que amar a Heathcliff implica pobreza y exclusión, y que casarse con Edgar le garantiza estabilidad.
Como señala Beatriz Dávilo, su famosa “traición” no es moral, sino estructural: es el resultado de una sociedad que no ofrece a las mujeres autonomía económica. Su rebeldía —su carácter feroz, su vínculo con los páramos, su negativa a ser dócil— es una forma de resistirse al molde que intenta domesticarla.
Isabella Linton encarna la parte más brutal de ese mismo sistema. Cree que el amor puede salvarla y huye con Heathcliff, solo para descubrir que es utilizada como instrumento de venganza. Su historia muestra cómo el matrimonio puede convertirse en una trampa legalizada de abuso y aislamiento. Que Isabella escape y críe sola a su hijo no es un detalle menor: es uno de los gestos más claros de ruptura con el destino que se le había asignado.
Masculinidades rotas
La novela también deja al descubierto cómo el patriarcado no solo oprime a las mujeres, sino que fabrica masculinidades atravesadas por la violencia.
Heathcliff es construido desde el inicio como el otro: un niño racializado, sin linaje ni pertenencia, despojado de educación y tratado como animal. Desde la lectura ecofeminista de María Isabel Romero-Pérez en “El modelo del amo en Cumbres Borrascosas de Emily Brontë: una lectura ecofeminista”, encarna la figura del esclavo frente al amo.
Cuando adquiere poder, no rompe el sistema que lo violentó: aprende sus reglas. Usa la ley, la propiedad y el dinero para vengarse, y termina convirtiéndose en un nuevo tirano. Su historia muestra cómo la violencia estructural produce sujetos que reproducen aquello que los destruyó.
Hindley Earnshaw, hermano de Catherine, encarna otra expresión de esta masculinidad: la del hombre incapaz de tramitar el dolor. Tras la muerte de su esposa, se hunde en el alcohol y descarga su frustración sobre Heathcliff y sobre su propio hijo, Hareton. Su figura deja ver cómo el patriarcado genera hombres emocionalmente mutilados, que transforman la pérdida en crueldad.
Edgar Linton representa una cara distinta del mismo sistema: la del privilegio respetable. Es educado, correcto y aparentemente amable, pero su poder descansa en la herencia, el dinero y el estatus. Su vínculo con Catherine está atravesado por la expectativa de que ella encaje en el ideal de esposa dócil, ordenada y contenida.
Esta lógica no es exclusiva del siglo XIX. En esta nota, Luz Galindo y Tania Meléndez analizan la masculinidad como una construcción social basada en mandatos de género que legitiman la violencia y exigen una profunda desconexión emocional. Las autoras explican que la sociedad organiza un sistema binario donde lo masculino ocupa un lugar de superioridad, creando relaciones de dominación que vuelven “normal” el ejercicio de la violencia.
Al respecto, Jorge Zetina, responsable de prevención en GENDES —organización que trabaja con hombres para construir relaciones igualitarias—, señala en esta nota que esta supresión emocional no es accidental: es una herramienta que sostiene al sistema patriarcal y que moldea desde edades tempranas la forma en que los hombres aprenden a sentirse y a vincularse.
La masculinidad hegemónica funciona, así, como una especie de “arte de no sentir”: a los varones se les enseña a desechar sus emociones para mostrarse fuertes, invulnerables, dominantes y agresivos. Quienes se salen de ese guion —los etiquetados como “afeminados” o “poco hombres”— enfrentan sanciones sociales que van desde la burla hasta la exclusión y la violencia directa.
Entonces, ¿cómo mirar la nueva película?
Cuando vayas a ver la adaptación de Emerald Fennell, tal vez convenga no buscar un romance gótico, sino una historia sobre deseo, rabia, clase y supervivencia.
Cumbres Borrascosas no es una fantasía de amor eterno. Es el retrato de lo que ocurre cuando el amor se confunde con posesión en un mundo profundamente desigual.
Y quizás por eso, casi dos siglos después, sigue siendo tan incómoda.
Link de la nota: https://lacaderadeeva.com/moda/cuando-se-estrena-en-cines-cumbres-borrascosas/16228
Fuente: La Cadera de Eva
