febrero 22, 2026

El bordado colectivo como herramienta política en América Latina

Durante siglos, el bordado fue relegado al ámbito doméstico y asociado al silencio y la sumisión. Sin embargo, en América Latina, la aguja y el hilo han sido históricamente herramientas de denuncia, memoria y resistencia y, lejos de ser un gesto pasivo, el bordado colectivo y el arpillerismo -surgido en los años setenta en Chile como forma de resistencia frente a la dictadura militar- ha permitido a mujeres y disidencias narrar violencias y construir comunidad frente a las negligencias del Estado.

En Ecuador, esta práctica ha cobrado fuerza en los últimos años como forma de activismo feminista que recupera la memoria y colectiviza a las experiencias de mujeres atravesadas por distintas formas de violencia.

En entrevistas a Efeminista, varias organizaciones del país describen el bordado como un espacio de sanación colectiva, donde lo importante no es la perfección de la puntada, sino generar dinámicas políticas horizontales de cuidado y escucha.


"Sentíamos que necesitábamos un espacio donde las mujeres pudiéramos sentirnos seguras y resistir juntas", indica María Mercedes Ojeda, integrante de Bordadoras Autoconvocadas, un colectivo surgido en 2022 en la ciudad de Cuenca.

En este contexto, diversas organizaciones ecuatorianas impulsan encuentros de bordado colectivo, como el reciente organizado por Bordar la Ternura en memoria de las personas desaparecidas durante la dictadura argentina, una jornada en la que que también se han denunciado feminicidios y otras violencias persistentes en Ecuador, enlazando así las luchas del continente.
Bordar como acto político y de memoria

La actividad, titulada 'No me olviden' y bajo el lema "30 mil agujas por los desaparecidos", se ha realizado en coordinación con el colectivo argentino Bordando Luchas y ha consistido en el bordado colectivo de imágenes textiles y nombres de personas desaparecidas, en el marco de las conmemoraciones por los 50 años del golpe de Estado militar en Argentina.

El encuentro, con amplia participación de estudiantes de la Facultad de Comunicación de la Universidad Central del Ecuador, ha incluido un acto en el que se han leído nombres de personas desaparecidas tanto en Argentina como en Ecuador.


Personas que participan en una actividad de bordado denominada 'No me olviden', en conmemoración por los 50 años del golpe de Estado en Argentina, en la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Central del Ecuador, en Quito (Ecuador). EFE/ José Jácome

La integrante de Bordar la Ternura, Erandi Villavicencio, ha explicado en una entrevista con Efeminista que el bordado ha sido considerado durante mucho tiempo una práctica menor, asociada a la domesticación de las mujeres, pero ha recordado que en América Latina se ha utilizado también como una herramienta política y de memoria.


"En el arpillerismo y el bordado latinoamericano encontramos relatos de mujeres que contaban lo que estaba sucediendo durante las dictaduras a través de una gráfica textil", señala.
Origen del arpillerismo latinoamericano

Villavicencio ha aclarado que el arpillerismo es "un formato que cuenta historias", capaz de narrar distintas coyunturas políticas y sociales, y ha recordado que surge en Chile, en contextos de fuerte represión.

"Es una técnica que desarrollaron sobre todo las mujeres en condiciones de dictadura, cuando no podían enviar mensajes escritos. Entonces narraban lo que estaba sucediendo en sus comunidades e incluso en las cárceles", relata.

Esa memoria histórica es retomada hoy por distintos colectivos de bordado en la región, como Bordadoras Autoconvocadas, un colectivo radicado en la provincia de Azuay, al sur de Ecuador. Desde allí, María Mercedes Ojeda ha recordado en una entrevista con Efeminista que conocieron a Bordar la Ternura en 2024, durante un encuentro plural de sanación en Quito.

"Ahora seguimos conectadas como una red activa, compartiendo convocatorias y acciones", añade Ojeda, que también destaca que el trabajo actual de los colectivos se nutre de la experiencia de las arpilleras chilenas, que utilizaron el bordado como forma de resistencia durante la dictadura de Augusto Pinochet.


"Conocíamos esa experiencia y sentíamos que también era una forma de ocupar el espacio público, de sostenernos y de resistir desde otro lugar", afirma.

Para la integrante de Bordadoras Autoconvocadas, estos encuentros de bordado generan dinámicas horizontales y abiertas, en las que no se requieren conocimientos previos ni resultados específicos.

"No necesitas experiencia, no necesitas saber bordar, no tiene que salir perfecto. Es un espacio de denuncia, pero también de cuidado colectivo", concluye.

 
Personas participan en una actividad de bordado denominada 'No me olviden', en conmemoración por los 50 años del golpe de Estado en Argentina, en la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Central del Ecuador, en Quito (Ecuador). EFE/ José Jácome

El bordado colectivo como espacio de reencuentro

Villavicencio subraya que el bordado colectivo no busca únicamente la creación de una obra artística, sino la reconstrucción de vínculos y la organización comunitaria.


"Es muy importante reconocer que lo político no está buscando solo una obra de arte, sino el reencuentro de los vínculos, la organización entre mujeres y entre diferentes participantes", aclara.

Añade que estos espacios permiten conectar la creación artística con lo emocional y lo colectivo, y abrir lugares seguros para la conversación frente a contextos de violencia, discursos conservadores y agendas antiderechos.

Desde Bordadoras Autoconvocadas, Ojeda hace énfasis en que uno de los principales objetivos del colectivo es la creación de "espacios feministas y transfeministas horizontales".


Una mujer participa en una actividad de bordado denominada 'No me olviden', en conmemoración por los 50 años del golpe de Estado en Argentina, en la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Central del Ecuador, en Quito (Ecuador). EFE/ José Jácome

"Queríamos crear un espacio donde no te pregunten cuántos libros has leído ni cómo defines el feminismo, sino donde puedas estar, aprender y sentirte acompañada", señala.

Según explica, el propio nombre del colectivo responde a una apuesta política por la autogestión y la ausencia de jerarquías: "Nos llamamos Bordadoras Autoconvocadas porque creemos en una organización sin jerarquías, autónoma y autogestionada", defiende.

Ojeda subraya además el carácter "intergeneracional e interseccional" de estos encuentros, en los que "el bordado se vincula con la defensa del territorio y del agua".


Foto de una arpillera bordada por el colectivo Bordadoras Autoconvocadas. Imagen cedida por Bordadoras Autoconvocadas

Denunciar la violencia feminicida

Durante el acto celebrado en la Facultad de Comunicación Social, Villavicencio ha enfatizado que, en los últimos años, el bordado también se ha convertido en un espacio para nombrar a personas asesinadas y sobrevivientes de violencia.

En ese sentido, ha hecho referencia a una manta colectiva en la que bordan los nombres de mujeres víctimas de feminicidio en Ecuador, un trabajo que recoge cerca de diez años de violencia registrada y que el colectivo elabora desde hace aproximadamente cuatro años, sin haber logrado aún completar todos los nombres.

"Es muy interesante cómo muchas mujeres del movimiento feminista en Ecuador han bordado en esta manta. Todas se unen para cargarla y la llevamos en las marchas. Siempre hay manos para sostenerla, porque es larguísima", explica.


Mujeres bordando una manta colectiva de feminicidios en Ecuador, en el Centro Histórico de Quito (Ecuador). Imagen cedida por el colectivo Bordar la Ternura

Durante el acto ha tomado la palabra Ruth Montenegro, madre de Sofía Valentina Cosíos Montenegro, niña de 11 años víctima de feminicidio en 2016, quien ha recordado que su hija fue reportada como desaparecida sin que se activaran protocolos de búsqueda.


"Nos negamos a silenciarnos, nos negamos a olvidar y mantenemos viva la memoria de nuestras hijas y la exigencia de justicia", defiende.

Montenegro ha subrayado que la memoria es una herramienta política frente a la impunidad y que, en el caso de Valentina, esa lucha impulsó en 2016 el primer grito de 'Ni una menos' en Ecuador.
Reparación emocional y empoderamiento

En distintos territorios del sur global, el bordado colectivo se ha consolidado como una herramienta de reparación emocional para sobrevivientes de violencia.

Así lo explica Tami Tocagón Pijal, psicóloga de la Fundación Adelante Comunitario Ecuatoriano, una organización con más de veinte años de trabajo social en el país que, desde 2022, acompaña de manera integral a víctimas de violencia machista en la ciudad de Cayambe, al norte de Ecuador.

Según Tocagón, uno de los principales factores que perpetúan los ciclos de violencia es la dependencia económica: "La mayoría de personas que viven o conviven en ciclos de violencia lo hacen por la situación económica, porque son dependientes de sus parejas sentimentales", indica.


Una mujer participa en una actividad de bordado denominada 'No me olviden', en conmemoración por los 50 años del golpe de Estado en Argentina, en la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Central del Ecuador, en Quito (Ecuador). EFE/ José Jácome

Por ello, el trabajo que realizan combina el acompañamiento emocional con el fortalecimiento de habilidades que permitan a las mujeres generar ingresos de forma autónoma, y en ese proceso, el bordado se ha convertido en una herramienta central.


"Sentimos que el bordado es una forma de empoderamiento", afirma.

En 2023 iniciaron el proceso 'Bordando nuestra memoria', un espacio de bordado colectivo orientado hacia la sanación de historias personales y colectivas, que reúne a mujeres de distintas procedencias.

Finalmente, Tocagón subraya que la reparación no puede limitarse únicamente a lo emocional: "Para nosotras es importante no quedarnos solo en las reuniones, sino garantizar una reparación de los derechos vulnerados", afirma, y destaca que el trabajo de la fundación abarca áreas sociales, legales y comunitarias.

 

Foto de mujeres que participan en el bordado colectivo de una manta de feminicidios en Cayambe, al norte de Ecuador. Imagen cedida por Tami Tocagón Pijal, psicóloga de la Fundación Adelante Comunitario Ecuatoriano.
Link de la nota: https://efeminista.com/bordado-colectivo-herramienta-politica-america-latina/


Por Lucía Rubio Marcos 
Fuente: Efeminista

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