La ayuda a domicilio no es suficiente: necesitamos centros dignos para los cuidados
La ayuda a domicilio es necesaria, pero no suficiente. Lo he vivido en carne propia.
Con mi hijo, que tiene autismo severo y un 95 % de discapacidad, necesitaba que hasta cuatro personas distintas entraran en mi casa. Eso convierte los cuidados en un segundo trabajo, además del empleo remunerado que muchas veces ya tenemos. Las mujeres que realizan estas tareas deberían cotizar y ser remuneradas dignamente. Sí, los hombres también cuidan, pero la infraestructura sigue siendo profundamente opresiva para las mujeres: son ellas quienes mayoritariamente se quedan en casa y sostienen la vida. Aunque la situación cambia, ese sigue siendo el patrón dominante.
Nancy Fraser, en Capitalismo caníbal, 2023, lo expresa claramente:
“Nuestro sistema social drena las energías requeridas para atender a las familias, mantener los hogares, sostener las comunidades, alimentar amistades, construir redes políticas y forjar solidaridad. Estos trabajos de cuidado son indispensables para la sociedad: recobran a los seres humanos diariamente y generacionalmente, y preservan los lazos sociales”.
Los cuidados son esenciales para la vida, y sin embargo son un trabajo mal pagado, feminizado y precarizado. La ayuda a domicilio forma parte de la solución, pero no basta.
Amaia Pérez Orozco, en Subversión feminista de la economía, 2014, recuerda que:
“La economía feminista saca a la luz todo el trabajo no remunerado. Aparece una esfera económica enorme donde las mujeres han estado históricamente presentes. La pregunta central es cómo lograr una redistribución equitativa tanto de los trabajos remunerados como de los no remunerados”.
El buen vivir, según Pérez Orozco, requiere redistribuir y valorar los trabajos de cuidados, evitando su feminización. La vida incluye vulnerabilidad —vejez, enfermedad, tristeza, muerte— y su gestión debe ser colectiva, no desigual ni explotadora.
La infraestructura del cuidado también son los centros: residencias, centros de día, espacios comunitarios
Necesitamos hablar de algo fundamental: la infraestructura del cuidado.
Residencias, centros de día específicos, centros para menores, recursos para personas con discapacidad… Todos ellos son esenciales. No siempre hay familia, y cuando la hay, no siempre puede cuidar.
Sin embargo, no se está dando suficiente importancia a estos recursos. Aquí se cruza también el problema de la vivienda. Algo ocurre cuando construimos casas y cuando construimos centros: parece que requieren demasiado dinero público, y eso asusta. Me preocupa que el proceso de privatización al que estamos siendo empujados provoque que cada vez se construyan menos centros públicos, justo cuando más los necesitamos.
Y, mientras tanto, tenemos casas vacías. En Asturias, por ejemplo, existen zonas con viviendas antiguas que podrían convertirse en micro-residencias, espacios comunitarios y adaptados para personas que no pueden o les cuesta integrarse socialmente. Muchos de estos hogares podrían ser autosuficientes: energía solar, proximidad al agua, cultivos, animales… Actividades terapéuticas que fortalecen la vida sin generar conflicto social.
Tenemos esas casas: podríamos usarlas, reutilizarlas y ponerlas al servicio de quienes más lo necesitan.
Centros, hogares colectivos y construcción pública: una apuesta por la vida
No creo solo en la ayuda a domicilio. Creo en centros, casas colectivas, construcciones públicas adecuadas, donde se trabaje con dignidad y donde el cuidado sea una labor humana, no una cadena de montaje.
Esto no solo genera empleo: genera vida vivible.
Ya hemos visto lo que ocurrió con casos como el de Noelia Castillo y otras situaciones denunciadas en centros de menores. Quienes cuidamos y quienes sostenemos la vida somos esenciales. No podemos permitir que la deshumanización ocupe nuestro lugar. Nuestro trabajo es fundamental para la vida, y el avance de la privatización —que pone el ánimo de lucro por encima del bienestar— no ayuda a construir las infraestructuras que necesitamos.
Los cuidados son esenciales, sostienen la vida.
Profesora de secundaria de Filosofía especializada en lengua y literatura.
Fuente: Tribuna Feminista
