La distribución del tiempo: el próximo reto de la igualdad
En la última semana se han puesto sobre la mesa tres conflictos sociales aparentemente distintos que, en realidad, comparten un disparador común: la distribución del tiempo. En Baleares, el Govern ha destinado ayudas económicas y de horas para facilitar la conciliación familiar dentro las empresas. En Galicia las familias se ha quejado del desgaste emocional que suponen los cuidados y cómo el envejecimiento de la población convierte a los cuidados en una cuestión pública y, en La Rioja, las trabajadoras de las residencias han denunciado la falta de personal y la dificultad para garantizar su descanso. Las tres noticias rebelan un mismo problema: la carga de tiempo recae sobre determinadas personas, mayoritariamente mujeres, que están asumiendo un trabajo extra donde el sistema no llega.
La mayoría de las políticas de igualdad se han centrado hasta ahora en dos grandes objetivos: garantizar los derechos y reducir las diferencias económicas. La brecha salarial, por ejemplo, refleja la desigualdad entre hombres y mujeres a la hora de tener las mismas oportunidades laborales, ser promocionadas o acceder a puestos directivos, pero no repara en la otra cara de la misma moneda: la desigualdad en el acceso al tiempo.
No todas las personas disfrutamos de las mismas horas para formarnos, descansar, participar en la cultura y la política, hacer deporte, desarrollar proyectos personales o simplemente tener ocio. Y esa desigualdad tiene un fuerte componente de género, ya que los cuidados recaen más sobre las mujeres. Según datos citados en El Parlamento, las mujeres dedican 17 horas semanales más que los hombres al trabajo de cuidados no remunerado, lo que equivale a dos jornadas laborales, o de formación o de ocio.
En España, un estudio realizado por EAE Business School a finales de 2025 afirmaba que el 70,2% de las excedencias por cuidados las solicitan mujeres, el 16,5% de las mujeres trabaja a tiempo parcial debido a responsabilidades familiares, frente al 3,4% de los hombres y el 47% de las mujeres declara que la maternidad ha afectado a su carrera profesional, frente al 8% de los hombres.
Políticas de igualdad orientadas a redistribuir el tiempo
Observando esta variable, que está íntimamente ligada a la desigualdad económica y a la falta efectiva de derechos, las administraciones publicas podrían poner en marcha estrategias para medir y combatir la pobreza de tiempo. No planteándolas como ayudas puntuales a las personas que asumen una carga extra de cuidados, sino planteándolas como un reto público necesario para lograr la igualdad y el bienestar de toda la sociedad. Para ello sería necesario estudiar y medir esas diferencias de gestión del tiempo entre hombres y mujeres y situar los cuidados en un lugar central.
También sería conveniente proponer medidas concretas que puedan liberar a las mujeres de asumir esas cargas. Ampliando, por ejemplo, el acceso a escuelas infantiles de 0 a 3 años. Ofreciendo más servicios públicos de cuidados para mayores y personas dependientes y otorgando más incentivos para los permisos de paternidad.
Poder disponer con libertad de nuestro tiempo, al igual que nuestros compañeros, también es necesario para lograr la igualdad real.
Fuente: Artículo14
