marzo 20, 2026

‘Menowashing’: cuando la menopausia se convierte en un nicho de mercado

Menowashing': cuando la menopausia se convierte en un nicho de mercado

En pocos años, la menopausia ha pasado de ser un tema apenas susurrado a ocupar un lugar visible en la conversación pública. Creadoras de contenido, memes y marcas de bienestar proliferan en redes sociales, rompiendo décadas de silencio, vergüenza y desinformación.

Este giro es, sin duda, un avance necesario. Sin embargo, hablar más no significa hablar mejor ni hacerlo desde marcos neutrales. La cuestión de fondo es otra: ¿qué ocurre cuando la visibilidad de la menopausia se convierte en un mercado? Pues que un problema colectivo empieza a abordarse como una elección individual.

En ese desplazamiento, surge el menowashing, es decir, el uso comercial del lenguaje del cuidado y el empoderamiento para vender productos no siempre respaldados por evidencia científica sólida.
Del bienestar al negocio

El desplazamiento del cuidado hacia el mercado no es casual. En los últimos años, el interés social por la menopausia ha impulsado lo que ya se denomina “menoeconomía”. Se trata de un ecosistema de productos, servicios y contenidos dirigidos, sobre todo, a mujeres a partir de los 45 años. Suplementos, cosmética específica, aplicaciones hormonales o programas de bienestar forman parte de una oferta diversificada que convierte esta etapa en un nicho de mercado.

Pero este fenómeno no es exclusivo de la menopausia. De hecho, la literatura científica sobre salud lleva décadas analizando la medicalización de procesos vitales, como la menstruación, el embarazo, el parto o la menopausia, y su conversión en oportunidades de negocio.

De este modo, las transiciones naturales pasan a presentarse como problemas a corregir o disfunciones a gestionar. Y, como resultado, se promueven productos, tecnologías o tratamientos que no siempre responden a una necesidad clínica real.

No consuma noticias, entiéndalas.Suscribirme al boletín

En el caso de la menopausia, la novedad no es el mercado, sino la rapidez de su crecimiento. La apertura de la conversación pública ha dado paso a una oferta creciente de soluciones comerciales para “transitar mejor” esta etapa.

En este contexto, el lenguaje del autocuidado y del empoderamiento cumple un papel clave. No solo acompaña la oferta comercial: también moldea la idea de lo que significa “estar bien” durante la menopausia.

De este modo, la responsabilidad del bienestar se desplaza hacia la esfera privada. Así, la conversación deja de centrarse en los apoyos sociales o sanitarios y pone el foco en soluciones individuales. Inevitablemente, el mensaje implícito es claro: estar mejor pasa por elegir correctamente. Y cuando el empoderamiento se desvincula de derechos e información rigurosa y se reduce al consumo, aparece el menowashing.

¿Cómo funciona?

El menowashing no se reconoce por un producto concreto, sino por la forma en que se presenta. Suele apoyarse en un lenguaje cercano, emocional y aparentemente liberador. Se habla de “volver a ser tú” o de “equilibrar tus hormonas”, a menudo sin aclarar qué evidencias respaldan esas promesas.

Esta estrategia resulta eficaz porque conecta con experiencias reales de malestar. Dificultades para dormir, concentrarse o regular las emociones forman parte de esta etapa. De hecho, la evidencia muestra que los síntomas del climaterio afectan tanto al trabajo como a la vida cotidiana.

En ese contexto, las soluciones rápidas y personalizadas se presentan como respuestas accesibles y atractivas, especialmente cuando otras vías de apoyo son poco visibles.

Sin embargo, no siempre existe un respaldo científico sólido detrás de estas ofertas. En ocasiones, los productos no difieren de otros genéricos. Simplemente se reempaquetan y se venden a un precio más elevado. Otras veces, se apoyan en estudios preliminares o en testimonios individuales presentados como prueba suficiente de eficacia.
Reenfocar la conversación

Cuestionar el menowashing no implica rechazar la visibilidad de la menopausia ni negar que algunos productos puedan ser útiles. Implica preguntarse quién define hoy los problemas y las soluciones en torno a esta etapa vital.

Cuando el bienestar se plantea casi solo como una elección individual, se refuerza una mirada medicalizada de la menopausia. Y, así, una etapa natural vuelve a presentarse como un problema a corregir o “normalizar”. Sin descuidar el sobrecoste económico de muchas de estas soluciones, no siempre accesibles ni justificadas desde la evidencia.

Con todo, el verdadero empoderamiento no pasa por comprar más: pasa por garantizar información rigurosa, atención especializada y entornos que reconozcan la menopausia como una cuestión de salud pública. El reto ya no es hablar de menopausia, sino que hacerlo sirva para cuidar mejor y de forma colectiva.


Profesora Agregada en los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC - Universitat Oberta de Catalunya, UOC - Universitat Oberta de Catalunya
Cláusula de Divulgación

Fuente: The Conversation

marzo 19, 2026

Manzanas del Cuidao. Del trabajo invisible a la autonomía: una nueva oportunidad para las cuidadoras en Ecuador

Del trabajo invisible a la autonomía: una nueva oportunidad para las  cuidadoras en Ecuador

El trabajo no remunerado sigue ampliamente sostenido por las mujeres en Ecuador, que dedican tres veces más tiempo que los hombres a los cuidados y tareas invisibilizadas que les impiden desarrollarse educativa y económicamente, una situación que un proyecto local busca revertir y que les ha dado una nueva oportunidad para salir adelante.

Una de esas mujeres es María de los Ángeles Pezo, quien vive en Nueva Prosperina, una de las zonas más violentas de Guayaquil, la ciudad más poblada de Ecuador, y que cuenta a EFE que hasta mediados de 2025 pasaba sus días en casa, cuidando de sus hijos y vendiendo comida hasta que llegó al sector una Manzana del Cuidado.

Se trata de un programa gratuito de la Prefectura del Guayas, la provincia cuya capital es Guayaquil, que desde 2023 ofrece a las mujeres la oportunidad de invertir el tiempo que dedican al cuidado en estudiar para terminar el bachillerato o aprender oficios para que puedan emprender, mientras sus hijos quedan a cargo de profesionales y dejan su ropa en la lavandería.

"Esto nos ha abierto la puerta a muchas madres de familia. Trabajamos y llevamos con orgullo ese dinerito extra a casa y podemos decirle a nuestros hijos que, ante la adversidad del mundo, no nos rendimos", señala Pezo.

Relata que en muchos trabajos "desplazan" a las mujeres que son madres y que tienen "muchas complicaciones", lo que le ha impedido tener una estabilidad económica, lo que sí, dice, ha empezado a encontrar tras ingresar a este proyecto.

Un grupo de mujeres recibe clases en una Manzana del Cuidado, en el norte de Guayaquil (Ecuador). EFE/ Mauricio Torres

Nueva oportunidad para cuidadoras en Ecuador

Ella es una de las 16.189 mujeres que se han registrado en las nueve 'manzanas' establecidas en seis municipios de Guayas, cuatro de ellas en sectores vulnerables de Guayaquil, donde también hay altos índices de violencia machista, explica a EFE Nancy Menéndez, coordinadora del proyecto.

"La iniciativa nace para contrarrestar estas alarmantes cifras que señalan que más del 75 % del trabajo no remunerado es realizado por mujeres. Reconocemos el trabajo de cuidado y promovemos la autonomía económica de las mujeres", señala.

Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) de Ecuador, publicados en septiembre pasado, las mujeres dedican semanalmente en promedio 28,7 horas a actividades de trabajo no remunerado en comparación a las 11,4 horas dedicadas por los hombres.

En 2023, el valor agregado bruto del trabajo no remunerado alcanzó los 24.964 millones de dólares, lo que, pese a estar invisibilizado en las cuentas económicas tradicionales, representó el 21 % del producto interno bruto (PIB), superando el aporte de las principales industrias.

Cada hora adicional de trabajo de cuidados no remunerado reduce en un 38 % las posibilidades de una mujer de acceder a un empleo pagado y en un 34 % sus opciones de acceder a la educación superior, de acuerdo a cifras de ONU Mujeres.

Mujeres juegan con niños mientras sus madres aprenden oficios en una Manzana del Cuidado, en Guayaquil (Ecuador). EFE/ Mauricio Torres

Romper el ciclo de la violencia y pobreza

Además de los oficios, en las Manzanas del Cuidado las mujeres reciben asesoría psicológica y legal, donde les enseñan de amor propio y derechos, lo que contribuye a que empiecen a "romper el ciclo de la violencia" y de la pobreza, dice Menéndez.

"Ellas llegan a la 'manzana' porque necesitan ayuda y ven en este espacio una esperanza. Eso se puede ver en sus rostros", añade.

A estos sitios también acuden abuelas que se han dedicado a cuidar por años sin tener otra opción disponible. "No tenía empleo, sobre todo por mi edad, pero cuando escuché de estos talleres se me alegró la vida, el alma, todo", recuerda Emma Reyes.

Ella asiste desde hace seis meses junto a su hija y nieta y ha pasado por cursos de cuidado de adultos, de informática, de belleza y ahora forma parte de un grupo de mujeres que, tras aprender de panadería, ganan dinero haciendo panes para empresas privadas.

En diciembre vendieron 15.000 panes de pascua, lo que les permitió ganar entre 400 y 800 dólares, y animó a algunas a unirse para planificar la apertura de una cafetería.

"Nunca pensé que podía especializarme en algo porque no tenía quién me cuidara a los bebés y el sector donde vivo queda lejos de todo. Aquí he encontrado esta oportunidad porque es cerca y dejo a mi hijo. Uno está viendo a los niños y aprendiendo a la vez", reivindica Cristina Garaví, quien está en un curso de corte de cabello.

Menéndez agrega que el proyecto ha crecido porque son las mismas mujeres quienes animan a otras en sus barrios para que también acudan a aprender. "Ellas no solo han podido transformar sus vidas sino también las de sus familias", destaca.

Por Cristina Bazán
Fuente: Efeminista

marzo 18, 2026

CSW70: Los conflictos están agravando las barreras para la justicia de mujeres y niñas


S
Sima Bahous, directora ejecutiva de ONU Mujeres, interviene en el 70 período de sesiones de la Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer. Imagen: Evan Schneider / ONU


La 70 sesión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW70) ha reunido a líderes mundiales, defensores de la igualdad de género y representantes de la juventud en la sede de las Naciones Unidas (ONU) para impulsar los esfuerzos destinados a fortalecer los mecanismos de justicia, igualdad y representación de las mujeres y las niñas en todo el mundo.

Dado que los retos son especialmente pronunciados en las zonas de conflicto, el tema prioritario de este año —»garantizar y fortalecer el acceso a la justicia para todas las mujeres y niñas»— se centra en derogar las leyes discriminatorias y abordar las barreras estructurales persistentes que impiden que las mujeres y las niñas sean plenamente escuchadas, representadas y tratadas en igualdad de condiciones.

En la apertura de la sesión de 10 días, el 9 de marzo, la CSW adoptó sus Conclusiones Acordadas, que hacen hincapié en la necesidad de mejorar el acceso a la justicia para las mujeres y las niñas, tras una semana de animados debates entre los Estados miembros.

Durante esos debates, varios países, entre ellos Estados Unidos, Argentina, Arabia Saudí y Rusia, presentaron objeciones en las que pretendían modificar el lenguaje que apoyaba firmemente estas reformas y revisar disposiciones de acuerdos anteriores.

Estas iniciativas provocaron una fuerte reacción por parte de otros Estados miembros, que argumentaron que tales objeciones socavarían años de avances en las reformas en materia de igualdad de género. La presidenta de la CSW decidió finalmente mantener algunos elementos fundamentales de acuerdos anteriores, al tiempo que incorporaba cambios progresistas.

Cuando la Comisión se reunió para adoptar el documento final, Estados Unidos presentó iniciativas para detener estos cambios, argumentando que las disposiciones incluían cuestiones «controvertidas» e «ideológicas». Estas iniciativas fracasaron finalmente, ya que solo obtuvieron el voto de Estados Unidos. Otros Estados, entre ellos Egipto y Nigeria, pidieron que se aplazara el proceso de votación para dar tiempo a que continuaran las negociaciones.

«En un momento de fuerte retroceso en materia de derechos humanos y multilateralismo, la adopción de Conclusiones Acordadas que salvaguardan las normas de igualdad de género de larga data es una señal poderosa de que los compromisos globales siguen siendo importantes y de que los intentos de dar marcha atrás no quedarán sin respuesta», afirmó Agnès Callamard, secretaria general de Amnistía Internacional.

«Aunque la pérdida del consenso es decepcionante, un texto debilitado —o la ausencia total de resultados— habría enviado una señal especialmente preocupante a las mujeres y las niñas que siguen enfrentándose a barreras para acceder a la justicia, así como a múltiples formas de discriminación que se entrecruzan», añadió.

Por ello, Callamard dijo que «en un clima marcado por la impunidad generalizada, Amnistía reitera su llamamiento a los Estados para que intensifiquen la resistencia frente a los ataques contra la justicia de género».

En la actualidad, las mujeres solo gozan de aproximadamente 64 % de los derechos legales que se conceden a los hombres, y las «leyes discriminatorias y las normas patriarcales» siguen obstaculizando el avance hacia la justicia. Estas disparidades son especialmente pronunciadas en situaciones de conflicto, donde las mujeres y las niñas se enfrentan a un mayor riesgo de sufrir violencia, desplazamiento y exclusión de la justicia, las oportunidades y la toma de decisiones.

«Nos reunimos en un momento de múltiples crisis globales, la paz se nos escapa y el mundo está extremadamente y cada vez más fragmentado. Y la desigualdad de género se ve agravada por los males de la guerra y el conflicto, desde Afganistán hasta Haití, pasando por Irán, Myanmar, Palestina, Sudán del Sur, Sudán, Siria, Ucrania, Yemen y más allá», afirmó la directora ejecutiva de ONU Mujeres, Sima Bahous, durante la 70 sesión de la CSW, que concluye el jueves 19.

«Cuando se niega justicia a las mujeres y las niñas, el daño va mucho más allá de un solo caso: afecta al tejido mismo de nuestras sociedades y al buen gobierno. La confianza pública se erosiona, las instituciones pierden legitimidad y el propio Estado de derecho se debilita. Un sistema judicial que falla a la mitad de la población no puede pretender defender la justicia en absoluto», añadió.

Las protecciones legales contra la discriminación y la explotación, así como el acceso a los servicios esenciales, se están erosionando rápidamente, mientras que las defensoras de los derechos humanos son objeto de ataques cada vez más frecuentes.

Los derechos de salud sexual y reproductiva también están retrocediendo, y la ONU ha registrado un aumento de 87 % en los casos de violencia sexual relacionada con los conflictos en los últimos dos años. Las mujeres y los niños en las zonas de conflicto siguen soportando la carga más pesada de la violencia y el desplazamiento.

Actualmente, el número de mujeres y niñas que viven a menos de 50 kilómetros de un conflicto mortal se encuentra en su nivel más alto en décadas.

Con motivo de la CSW70, IPS habló con Anna, una activista ucraniana de 20 años y miembro del Grupo Asesor Global de Líderes Jóvenes de Unicef que participó en la 70 sesión de la CSW.

Esta iniciativa reúne a 14 jóvenes líderes de todo el mundo que trabajan para garantizar que las perspectivas de las mujeres y las niñas estén representadas en la toma de decisiones a nivel mundial, y presentan recomendaciones directamente a la Junta Ejecutiva de Unicef.

Anna era una adolescente que estudiaba en el extranjero cuando Ucranía sufrió la invasión a gran escala de Rusia, en febrero de 2022, y no pudo regresar a casa con su familia, cerca de la frontera.

Desde entonces, ha tenido que hacer frente a importantes dificultades como consecuencia de la guerra, agravadas por el acceso limitado a servicios esenciales, como la educación y el apoyo psicosocial, muchos de los cuales se han visto interrumpidos o sometidos a una gran presión por la guerra.

«Cuando comienza la guerra, los cambios en la sociedad son inmediatos y visibles», dijo Anna. «Las líneas del frente se desplazan, las ciudades quedan destruidas y millones de personas se ven obligadas a abandonar sus hogares. Cuando muchos hombres se van al frente, las mujeres suelen convertirse en los pilares que mantienen unidas a las comunidades: dirigen iniciativas locales, lideran redes de voluntariado, gestionan negocios y sostienen a las familias», añadió.

Estos cambios también traen consigo dificultades estructurales, ya que muchas mujeres se ven obligadas a abandonar sus hogares y desplazarse con sus hijos o familiares mayores. Este desplazamiento puede provocar soledad e incertidumbre, explicó Anna.

Aunque las mujeres asumen más responsabilidades, la desigualdad no desaparece.

«Las mujeres siguen enfrentándose a brechas salariales, estereotipos sobre el liderazgo y la expectativa de que deben reconstruir la sociedad y, al mismo tiempo, asumir en silencio la carga emocional de cuidar de todos los demás. Pararse a asimilarlo todo puede parecer imposible, porque inmediatamente surge otra responsabilidad, otra tarea u otra crisis», dijo Anna.

Anna interviene en un evento apoyado por Unicef dedicado a debatir los retos y las soluciones para las niñas y las jóvenes de Ucrania que no estudian, no trabajan ni reciben formación. Imagen: Serhii Piriev / ISAR Ednannia

En la Ucrania actual, que sigue sumida en la guerra, aproximadamente 32 % de las mujeres de entre 20 y 24 años y casi 49 % de las mujeres de entre 25 y 29 años se quedan sin acceso a la educación, el empleo o la formación, en comparación con alrededor de 16,4 % y 12,2 % de los hombres de los mismos grupos de edad, respectivamente.

En tiempos de conflicto, las mujeres suelen ser las primeras en perder estas oportunidades y las últimas en recuperarlas. La educación de las niñas suele ser la más afectada, ya que las familias se ven desplazadas y los conflictos hacen que las niñas tengan que asumir responsabilidades adicionales para sus familias y contribuir a los ingresos del hogar. Muchas se ven obligadas a abandonar la escuela para mantener a flote a sus familias.

«Mi propia trayectoria educativa ha estado profundamente marcada por la guerra. Primero fui desplazada a Polonia y, cuando regresé a Járkov para cursar mi último año, continuar con mis estudios no fue nada fácil», dijo Anna. «Me considero increíblemente privilegiada. Contaba con una familia que me apoyaba, que creía en mí y me ayudó a seguir adelante. Pero no todas las niñas tienen ese tipo de sistema de apoyo: alguien que las sostenga cuando empiezan a quedarse atrás», agregó.

Además, la tensión psicosocial derivada del conflicto y la violencia a menudo deja a las niñas mal preparadas para participar en estudios o programas de formación. Con los mecanismos de justicia, sanación y empoderamiento para las mujeres y las niñas bajo ataque, estos desafíos a menudo pasan desapercibidos, y persiste la impunidad ante la violencia y el abuso sexuales, lo que deja a las niñas cargando con una carga significativa de trauma, ansiedad, depresión y miedo.

«Las niñas en situaciones de crisis suelen cargar con una especie de peso psicológico que es a la vez invisible y personal: no es solo la exposición directa a la violencia, sino la forma en que la guerra se instala silenciosamente en la vida cotidiana y en el cuerpo», planteó Anna.

«Para muchas mujeres y niñas que viven cerca de zonas de conflicto, la salud mental se ve marcada por la proximidad constante a la violencia. Te despiertas, miras las noticias, oyes otra sirena y sientes lo que en ucraniano llamamos un ‘ком в горлі’, o un nudo en la garganta», agregó.

La violencia sexual es especialmente rampante cerca de las zonas de conflicto, y Anna señala un persistente «clima de miedo que afecta a todas las mujeres que escuchan la historia».

Añadió que muchas niñas en Ucrania crecen sabiendo que sus cuerpos pueden convertirse en blanco de la violencia. Mientras las niñas están en la escuela, estudiando para los exámenes o haciendo voluntariado, muchas son conscientes de que las mujeres de su entorno han sufrido «una violencia inimaginable».

Según un informe de la ONU para la CSW70, casi 54 % de los países encuestados indicaron tener leyes que no vinculan la violación con el consentimiento, y aproximadamente 75 % de los países encuestados cuentan con leyes que permiten el matrimonio forzado de niñas. Además, 44 % de los países carecen de leyes que garanticen la igualdad salarial para las mujeres y las niñas.

Se estima que podrían hacer falta 286 años para eliminar estas brechas.

«La justicia que las mujeres y las niñas merecen, y que les corresponde por derecho, no puede esperar. Debemos perseguirla colectivamente, aquí en las Naciones Unidas, en nuestras leyes y políticas nacionales, en sus tribunales y en los mecanismos tradicionales de justicia», afirmó Bahous.

Con ese fin, planteó la directora ejecutivo de ONU Mujeres, «debemos involucrar a toda la sociedad, incluidos los hombres, los niños y los jóvenes, para que contribuyan a nuestro esfuerzo colectivo en pro de la igualdad».

Fuente: IPSNews

marzo 17, 2026

Trabajo decente y seguridad social en la institucionalización del cuidado



Esta nota examina el papel clave del cuidado en la sostenibilidad de la vida, la igualdad de género y el futuro del trabajo, destacando que constituye un trabajo fundamental para el funcionamiento de las economías y las sociedades.


Detalles de la publicación

Archivos para descargar PDF 382.38 KB


Esta nota rescata cómo el componente de ahorro individual ha pasado de ser el pilar único y principal del sistema de jubilaciones y pensiones a uno dentro de un esquema complementario de componentes para avanzar la cobertura, suficiencia, sostenibilidad y también mayor equidad en el sistema.

La nota también resalta cómo las reformas han ido perfeccionando los mecanismos de competencia y elección y cómo estos procesos de cambio deben considerarse tanto procesos técnicos como políticos con una visión de largo plazo para asegurar que efectivamente van en beneficio de fortalecer al sistema de jubilaciones y pensiones y las condiciones de vida de trabajadores y personas mayores.

Más detalles

Autores Guillermo Montt, Especialista en Protección Social, OIT Cono Sur

Referencias DOI: https://doi.org/10.54394/00033389

Fuente: OIT

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in