marzo 02, 2026

El nuevo código penal talibán legaliza la violencia contra las mujeres y las sitúa por debajo de los animales




Mujeres afganas caminan por una calle en Kandahar, Afganistán. EFE/EPA/QUDRATULLAH RAZWAN

La nueva normativa penal impuesta por el régimen talibán en Afganistán ilustra con crudeza el lugar que ocupan las mujeres en el país y consolida un modelo legal que institucionaliza el apartheid de género y legaliza la violencia de género: la violencia física grave contra una esposa apenas acarrea quince días de cárcel mientras obligar a animales a pelear se castiga con hasta cinco meses de prisión.

Esta diferencia, recogida en varios artículos del reglamento, simboliza, según denuncia un análisis del Georgetown Institute for Women, Peace and Security, una estructura legal diseñada para normalizar la subordinación femenina y convertir la violencia de género en una práctica impune.

El contraste más simbólico aparece al comparar sanciones previstas en distintos artículos: mientras el artículo 70 establece cinco meses de prisión para quien obligue a animales como camellos o aves a pelear, el artículo 32 fija una pena de apenas quince días de cárcel para el marido que golpee a su esposa hasta causarle fracturas o lesiones visibles, siempre que ella logre demostrarlo ante un juez.
Una código penal que legaliza la violencia machista

Para la autora del texto que publica Georgetown Institute for Women, Peace and Security, la investigadora Belquis Ahmadi, esta diferencia refleja una jerarquía legal que minimiza y justifica la violencia contra las mujeres.

"Esta desigualdad constituye discriminación por razón de sexo y socava el derecho de las mujeres a una protección igual ante la ley", señala el informe, que advierte de que rebajar jurídicamente la violencia doméstica contribuye a un patrón más amplio de persecución de género cuando se aplica como política de Estado.

La regulación, firmada el 7 de enero de 2026 por el líder supremo talibán y compuesta por 119 artículos, fue conocida públicamente semanas después tras su publicación en lengua pastún por la organización Rawadari.

Según el análisis difundido el 30 de enero por el instituto vinculado a la Universidad de Georgetown, el texto va más allá de una reforma procesal y consolida un sistema de control ideológico que afecta de forma directa a las mujeres, en un contexto marcado por años de restricciones crecientes.

En estos cuatro años, desde el 15 de agosto de 2021, los talibanes han impuesto una serie de restricciones que excluyen sistemáticamente a las mujeres de la vida pública y las despojan de todos sus derechos y libertades: han prohibido la educación secundaria y universitaria, el trabajo en ONGs, en la ONU y en la mayoría de sectores. También han impuesto el uso obligatorio del burka, prohibido la voz de las mujeres en público, restringido la movilidad sin tutor masculino y aplicado una estricta segregación por sexo.

A ello se suma la prohibición de la educación secundaria para niñas, que ha dejado a 2,2 millones fuera del sistema escolar en cuatro años.

Institucionalización del castigo por apostasía femenina

La nueva normativa penal también limita la libertad de movimiento de las mujeres. El artículo 34 considera delito que una esposa abandone su casa sin permiso del marido y prevé hasta tres meses de prisión tanto para ella como para los familiares que la acojan si se niegan a devolverla tras una orden judicial.

Otra medida especialmente severa aparece en el artículo 58, que establece cadena perpetua y diez latigazos cada tres días para las mujeres acusadas de apostasía con el objetivo explícito de forzarlas a aceptar el islam. El informe señala que esta disposición institucionaliza un castigo basado en el género, ya que solo se aplica a las mujeres, y podría facilitar detenciones arbitrarias, dado que las acusaciones de apostasía suelen apoyarse en pruebas débiles o interpretaciones subjetivas.


"En conjunto, estas disposiciones reducen a las mujeres a la condición de dependientes bajo el control masculino, les niegan autonomía sobre sus cuerpos, movimientos y creencias, e institucionalizan la violencia como herramienta de disciplina social. El reglamento no reconoce a las mujeres como titulares de derechos, sino como sujetos que deben ser controlados, castigados y devueltos, por la fuerza si es necesario", denuncia Georgetown Institute for Women, Peace and Security.

Además de las restricciones directas contra las mujeres, el reglamento introduce un sistema jerárquico que agrava la discriminación social. El artículo 9 clasifica a la población en cuatro categorías (eruditos religiosos, élites, clase media y clase baja) y establece sanciones más duras, incluidos azotes y amenazas, para quienes se sitúan en los niveles inferiores.

El artículo 15 reconoce expresamente la existencia de personas "libres o esclavizadas", lo que, según el análisis, contradice principios fundamentales del derecho internacional.
Vigilancia constante contra mujeres y niñas

El texto también amplía el alcance del control social al permitir que cualquier musulmán castigue con pistola eléctrica o tasser lo que considere un "pecado" en nombre de la prevención del vicio. Del mismo modo, los esposos tienen la facultad explícita de castigar a sus esposas.

Esta delegación de poder, combinada con artículos que penalizan a quien no denuncie reuniones consideradas subversivas, crea un entorno de vigilancia constante que afecta especialmente a mujeres y niñas, al aumentar el riesgo de denuncias y represalias en la vida cotidiana.

Por su parte, la ONG afgana Rawadari ha denunciado que el documento "no es compatible con ninguno de los estándares básicos de un juicio justo", al vulnerar principios como la igualdad ante la ley, la presunción de inocencia, la prohibición de la tortura o el derecho a una defensa efectiva.

"El contenido es sumamente preocupante y está en claro conflicto con las normas internacionales de derechos humanos y los principios fundamentales del juicio justo, porque según este documento se han oficializado y legalizado la discriminación contra las minorías religiosas y la supresión de las libertades fundamentales de las personas, incluidas las violaciones de la dignidad humana, las violaciones de la libertad de expresión y de pensamiento y las detenciones y castigos arbitrarios", lamentan.


Fuente: Efeminista 

marzo 01, 2026

Sólo 4 directoras que han ganado el Goya en 40 años: Alauda Ruiz de Azúa señala la brecha de género en los premios


Alauda Ruiz de Azúa con su Goya 2026



La ganadora del Goya a Mejor dirección en estos premios destaca cómo, en las cuatro décadas de historia de los Goya, sólo hubo otras tres mujeres en recibir este galardón. 

Los domingos de Alauda Ruiz de Azúa se ha convertido en la máxima sensación de la 40 edición de los Premios Goya, que se celebraron anoche en Barcelona. La cinta llegó a alzarse con cinco galardones, de las 13 nominaciones de las que partía siendo la favorita de la gala.

Entre ellos, Los domingos se llevó el Goya a: Mejor actriz de reparto para Nagore Aranburu, Mejor actriz principal para Patricia López Arnaiz, Mejor película y Mejor guion original para Alauda Ruiz de Azúa, quien también ganó el premio a Mejor dirección.

Durante su discurso recogiendo el Goya a Mejor dirección, Alauda Ruiz de Azúa hizo un repaso a la historia de la gala, que cumplía 40 años este 2026, y estacaba un dato sorprendente para la industria de nuestro país:

"En 40 años de Goyas solo habían ganado tres mujeres en la categoría de dirección: Pilar Miró, Icíar Bollaín e Isabel Coixet -esta última en dos ocasiones-”.

Estas son las 4 directoras que han ganado el Goya en 40 años

Pilar Miró fue la primera mujer en ganar un Goya a mejor dirección por El perro del hortelano (1996), seguida por Icíar Bollaín con Te doy mis ojos (2003) e Isabel Coixet con La vida secreta de las palabras (2006) y La librería (2018).

Ahora, Alauda Ruiz de Azúa se suma a esta irregular lista de las únicas mujeres ganadoras del Goya a Mejor dirección con Los domingos, tras haber triunfado en 2022 como Mejora directora novel en los premios por Cinco lobitos.

Con el Goya en la mano, Alauda Ruiz de Azúa agradeció el premio “a todas las personas que han entendido que el talento no entiende de género, pero que las oportunidades, históricamente, sí”, y también quiso dedicárselo “a las personas que trabajan para que esa desigualdad quede atrás”.


Fuente:Hobby Consolass

febrero 28, 2026

Margaret Mead, la antropóloga que demostró que los roles de género son una construcción cultural

Cuando la ciencia defendía que las diferencias entre hombres y mujeres eran biológicas, viajó al Pacífico para observar otras formas de vida y lo que encontró, transformó el debate: los roles masculinos y femeninos no eran universales, sino culturales.

Por Marta Cuadras

Margaret Mead (1901-1978) fotografiada con una colección de máscaras, en 1928.Granger NY/Album

Cuando Margaret Mead comenzó sus investigaciones en el Pacífico Sur en los años veinte, la ciencia occidental estaba convencida de que las diferencias entre hombres y mujeres respondían a la biología. El temperamento masculino parecía inseparable de la agresividad, el liderazgo o la ambición; el femenino, de la ternura, la dependencia o el cuidado. Sin embargo, Mead fue una de las primeras voces en cuestionar esa supuesta evidencia natural. Sin utilizar todavía el término “género” en su sentido actual, sus estudios sentaron las bases de una idea revolucionaria: los roles masculinos y femeninos no son universales, sino construcciones culturales.


Durante buena parte del siglo XX, Mead se convirtió en una de las intelectuales más influyentes de Estados Unidos. Antropóloga, divulgadora y figura pública, logró acercar el estudio de las culturas humanas al gran público como pocas científicas de su época. A su muerte, en 1978, era la antropóloga más famosa del mundo y una de las mujeres más conocidas del país. Pero su legado va mucho más allá: transformó la manera en que Occidente pensaba sobre la adolescencia, la sexualidad y las diferencias entre los sexos.

UNA VIDA DEDICADA A COMPRENDER OTRAS CULTURAS

Margaret Mead nació en Filadelfia en 1901, en el seno de una familia profundamente ligada al mundo académico. Su padre era profesor de economía y su madre había sido maestra con formación en sociología. Creció en un entorno intelectual que estimuló su curiosidad desde muy joven. Tras iniciar sus estudios universitarios en DePauw University, se trasladó al Barnard College y más tarde ingresó en la Universidad de Columbia, donde se formó bajo la influencia de Franz Boas y Ruth Benedict, dos figuras fundamentales de la antropología cultural.


Boas defendía que no existe una única forma correcta de organizar la vida social: cada cultura debía comprenderse desde sus propios valores y no desde los prejuicios occidentales. Mead adoptó esa perspectiva y la aplicó a uno de los temas más debatidos de su tiempo: la adolescencia.

SAMOA Y EL MITO DE LA ADOLESCENCIA TURBULENTA

En 1925, con apenas 24 años, Mead viajó a la isla de Tau, en Samoa, para estudiar a un grupo de jóvenes mujeres en plena transición hacia la vida adulta. Su objetivo era responder a una pregunta que parecía científica, pero que en realidad escondía un profundo conflicto cultural: ¿es la adolescencia una etapa inevitablemente tormentosa?

Margaret Mead durante su estancia en Samoa, en 1926.


Library of Congress

En Estados Unidos se había popularizado la idea de que la juventud era, por naturaleza, un periodo de crisis, rebeldía y angustia. Psicólogos como Stanley Hall defendían que esos conflictos eran biológicos e inevitables. Mead sospechaba lo contrario: quizá esas tensiones no pertenecían a la naturaleza humana, sino a la sociedad industrial moderna.

El resultado fue Adolescencia, sexo y cultura en Samoa (1928), un libro que se convirtió en un éxito editorial. Mead describía una adolescencia muy distinta a la occidental: en Samoa, las jóvenes crecían en un ambiente comunitario, flexible y poco obsesionado con la competencia. La familia no era una unidad cerrada, sino una red extensa de parientes donde los conflictos podían diluirse sin dramatismo. La sexualidad, además, no estaba rodeada del mismo silencio moralista que en Occidente. Las experiencias afectivas y sexuales prematrimoniales eran comunes y no generaban culpa ni trauma.


Para Mead, la conclusión era clara: la adolescencia no era necesariamente una etapa de crisis biológica. Podía ser serena o conflictiva dependiendo del entorno cultural. Lo que Occidente consideraba “natural” era, en realidad, el resultado de unas condiciones sociales concretas.

NUEVA GUINEA: CUANDO LOS ROLES SE INVIERTEN

Pocos años después, Mead amplió esta línea de investigación al terreno de los roles de género. En la región del Sepik, en Nueva Guinea, estudió tres sociedades y publicó Sexo y temperamento en tres sociedades primitivas (1935). Lo que encontró desafiaba los supuestos occidentales. Entre los arapesh, hombres y mujeres compartían un temperamento cooperativo y pacífico. Entre los mundugumor, ambos sexos eran descritos como agresivos y competitivos. Y entre los tchambuli (hoy llamados chambrí), los papeles parecían invertidos respecto al modelo occidental: las mujeres ocupaban posiciones dominantes y organizadoras, mientras los hombres mostraban mayor dependencia emocional

.

Margaret Mead con su esposo, Gregory Bateson, trabajando cerca de Sepik River, en Nueva Guinea, donde realizaban estudios sobre la población de Iatmul.


Library of Congress

A partir de estas observaciones, Mead sostuvo que los rasgos considerados “masculinos” o “femeninos” no eran inherentes al sexo biológico, sino patrones culturales variables. No existía una única forma “natural” de ser hombre o mujer. El patriarcado, por tanto, no podía presentarse como una consecuencia inevitable de la biología, sino como una organización social específica. Esta distinción entre sexo biológico y género como construcción social fue revolucionaria para su tiempo. Aunque el término “género” aún no estaba plenamente teorizado, Mead anticipó debates que décadas más tarde se volverían centrales en los estudios feministas.

UN LEGADO VIGENTE

Su trabajo abría la posibilidad de imaginar otras configuraciones sociales y cuestionar la supuesta universalidad de la dominación masculina. No faltaron críticas. Algunos contemporáneos consideraron que sus conclusiones estaban excesivamente alineadas con su marco teórico. Más tarde, el antropólogo Derek Freeman cuestionó la exactitud de sus observaciones en Samoa. Sin embargo, más allá de los debates metodológicos, el impacto de Mead fue indiscutible: situó la cultura en el centro de la explicación del comportamiento humano.

Mead no fue una investigadora encerrada en la universidad. A lo largo de su vida combinó el trabajo científico con una intensa vocación divulgativa. Escribió en revistas, dio conferencias, apareció en televisión y aplicó su mirada antropológica a cuestiones contemporáneas como la crianza, la moral sexual, los derechos de las mujeres o la política estadounidense.


Margaret Mead murió en 1978, pero sus preguntas siguen vivas. Si la adolescencia no es inevitablemente conflictiva, si la sexualidad no se vive igual en todas partes, si la masculinidad y la feminidad cambian según el contexto, entonces muchas de las jerarquías que se presentan como naturales son, en realidad, construcciones culturales.




Por Marta Cuadras
Fuente: National Geographic

febrero 27, 2026

Detrás de Breakfast at Tiffany's: la vida de Hepburn como activista

Hollywood la convirtió en ícono, pero antes y después del glamour, Audrey Hepburn fue espía, sobreviviente del nazismo y defensora de la infancia en el mundo.

Desde hace un par de años, en redes sociales corría el rumor de la posible realización de una película basada en la vida de la actriz belga-británica, Audrey Hepburn. 

Entre fan casts y debates sobre quién debía interpretar al personaje, el nombre de Lily Collins se posicionó durante años como el favorito. No solo por sus habilidades actorales, sino también por el notable parecido físico señalado por las y los aficionados. Hoy, esa expectativa dejó de ser un deseo, pues este 23 de febrero, la propia Collins anunció que protagonizará una película basada en la vida de la actriz.

“Tras casi 10 años de desarrollo y toda una vida de admiración y adoración por Audrey, finalmente puedo compartir esto. Honrada y extasiada, no alcanzan para expresar lo que siento…”, dijo Lily Collins en una publicación en Instagram. 

Esta nueva producción no es un remake ni una biografía tradicional de Audrey Hepburn, sino que se basa en un guión de Alena Smith, que retoma el libro de no ficción Fifth Avenue, 5 A.M.: Audrey Hepburn, Breakfast at Tiffany’s and the Dawn of the Modern Woman, escrito por el autor Sam Wasson.

La película explorará el detrás de cámaras de la película de 1961, Breakfast at Tiffany’s (Desayuno con Diamantes), detallando desde los conflictos de producción hasta las decisiones creativas que definieron el filme, pues en él, se narran las tensiones que surgieron al inició de la producción, como el hecho de que Truman Capote, autor de la novela original, quería que Marilyn Monroe protagonizara la cinta en lugar de Hepburn.

Esta noticia, aunque en un comienzo emocionó a las y los seguidores de Audrey Hepburn, también puso al centro de la conversación un posible sesgo en la película: la invisibilización de su trabajo como activista y estratega durante la Segunda Guerra Mundial. 

Por ello, y para que no se te pase, aquí te contamos cómo es que Audrey Hepburn dedicó su vida al activismo. 


Espía y estratega durante la Segunda Guerra Mundial

Más allá de su estatus como ícono de Hollywood, la vida de Audrey Hepburn estuvo profundamente marcada por su experiencia durante la Segunda Guerra Mundial y su posterior labor humanitaria, la cual se convirtió en su principal propósito tras retirarse de la actuación.

Audrey nació en Bruselas en 1929, hija de una baronesa holandesa y un banquero británico. A pesar de que sus padres fueron simpatizantes del fascismo en la década de 1930, un hecho que ella nunca perdonó a su madre, Audrey se convirtió en una ferviente colaboradora de la resistencia holandesa tras la invasión nazi en los Países Bajos.

Su convicción fue tan grande que desempeñó actividades como espía, y es que, debido a su apariencia supuestamente inofensiva causada, en parte, por la desnutrición, solía entregar mensajes, comida y dinero a las tropas aliadas, ocultando notas incluso en sus calcetines. 


Tal fue, no solo su compromiso, si no su necesidad de sobrevivir, que en una ocasión, evitó ser descubierta por soldados alemanes fingiendo ser una niña indefensa y ofreciéndoles flores.

Durante su tiempo como aliada, utilizó sus habilidades como bailarina para organizar conciertos clandestinos con el fin de recaudar fondos para la resistencia, actuaciones se realizaban en casas con las ventanas cerradas y el público no podía aplaudir para evitar ser detectados por los nazis.

Audrey Hepburn fue víctima del fascismo arrasador de la época; durante los años de 1944 y 1945 una severa hambruna causada por un bloqueo alemán arrasó en los Países Bajos, territorio ocupado por nazis durante la Segunda Guerra Mundial, dejando a más de 20 mil personas en situación de muerte debido a la escasez crítica de alimentos y combustible.

Durante esos años, Hepburn sufrió de anemia severa debido a la falta de comida. Esta debilidad física hizo que su sueño original de convertirse en una bailarina de ballet profesional no se convirtiera en realidad, lo que finalmente la llevó a dedicarse a la actuación.

Más allá de Breakfast at Tiffany's: una vida de activismo

La conocemos por su trabajo en algunas de las películas más emblemáticas del Hollywood clásico como Vacaciones en Roma (1953), Sabrina (1954) y My Fair Lady (1964), sin embargo, detrás de las películas y la extravagante industria del cine estadounidense, Hepburn dedicó su vida al activismo y la filantropía. 

Realizó numerosos viajes de campo a regiones afectadas por la sequía, el conflicto civil y la pobreza, visitando países como Etiopía, Sudán, Vietnam, El Salvador y Bangladesh. Hepburn se involucraba activamente en proyectos de alfabetización femenina, vacunación contra la polio y suministro de agua potable.


Utilizó su fama para testificar ante el Congreso de los Estados Unidos y participar en la Cumbre Mundial en favor de la Infancia pues defendía que quienes poseen recursos tienen la obligación moral de ayudar a quienes no tienen nada. A lo largo de su vida, trabajó con la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y en 1988 fue nombrada Embajadora de Buena Voluntad de UNICEF, cargo que ocupó hasta su muerte.

En 1992, a pesar de estar ya enferma de cáncer, continuó viajando a Kenia, Somalia y Francia para cumplir con sus compromisos humanitarios. Ese mismo año recibió la Medalla Presidencial de la Libertad, el honor civil más alto de los Estados Unidos, antes de fallecer en Suiza en enero de 1993.

Así, la vida de Audrey Hepburn trasciende las pantallas del cine y deja un legado como una aliada de los derechos humanos.


Fuente: La Cadera de Eva

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in