febrero 20, 2026

El Reina Sofía reescribe su colección con mirada feminista y más artistas mujeres

La nueva presentación “Colección. Arte Contemporáneo: 1975-Presente” ocupa la cuarta planta del Sabatini con 403 obras y sitúa el pensamiento feminista, los afectos y las disidencias sexuales en el centro del relato

 
El Reina Sofía reescribe su colección con mirada feminista y más artistas mujeres Museo Reina Sofía

El Museo Reina Sofía ha abierto el 18 de febrero la primera fase de una reordenación de su colección permanente que quiere contar medio siglo de arte desde España —de la Transición a la actualidad— con un giro de enfoque: menos linealidad cronológica, más lectura política del presente y una presencia femenina mayor que la habitual en el museo. La nueva presentación, titulada “Colección. Arte Contemporáneo: 1975-Presente”, ocupa por completo la cuarta planta del edificio Sabatini y despliega 403 obras de 224 artistas a lo largo de 21 capítulos. El director del museo, Manuel Segade, ha explicado que el objetivo no es “cerrar” una historia, sino abrir un relato móvil, con anacronismos y retornos que permitan mirar el pasado desde las preguntas actuales.

Los números funcionan aquí como declaración de intenciones. De esas 403 obras, 258 (64%) no se habían mostrado antes en este formato de colección permanente, un dato que el museo utiliza para subrayar que no se trata de un simple “cambio de colgado”, sino de una relectura con vocación de canon alternativo. La selección refuerza, además, el peso de la escena española: 173 artistas (77%) son de nacionalidad española, frente a 51 (23%) internacionales, con presencia destacada de creadores latinoamericanos, un eje que el Reina Sofía viene consolidando en los últimos años.NOTICIAS RELACIONADAS

El punto más sensible —y el que el museo reconoce como aún insuficiente— es el de género. En esta cuarta planta, las mujeres representan aproximadamente el 35% de los artistas incluidos, el porcentaje más alto alcanzado hasta ahora por el Reina Sofía en una presentación estable de sus fondos, aunque muy lejos de una paridad real. La cifra cobra relieve cuando se confronta con un dato estructural: históricamente, las colecciones del museo han tenido menos del 15% de artistas mujeres, lo que ayuda a entender por qué la “reordenación” no es solo narrativa, también es correctiva.

La subdirectora artística, Amanda de la Garza, ha defendido que el giro no consiste únicamente en “sumar nombres” sino en hacer visible el pensamiento artístico feminista como motor de transformación de lenguajes y de políticas de representación. En ese marco, el recorrido arranca poniendo en primer plano el lema histórico de la segunda ola —“lo personal es político”— y lo lee como una caja de herramientas estética: performance, body art, vídeo y prácticas conceptuales aparecen como territorios donde el cuerpo deja de ser objeto para convertirse en sujeto político. Esta apertura, además, dialoga con un presente en el que los debates sobre violencia sexual, enfermedad, consentimiento, deseo y control del cuerpo se han desplazado al centro de la conversación pública.

‘Picnic on the Esplanade, Boston’ (Picnic en el muelle, Boston), de Nan Goldin

La elección de la obra que abre el itinerario es significativa: Judy Chicago, una de las pioneras del arte feminista, aparece con el vídeo Women and Smoke (1971-1972), adquirido por el museo recientemente. El gesto no es inocente: Chicago funciona como genealogía internacional y como recordatorio de que el feminismo en el arte no es un “tema” añadido a posteriori, sino una tradición intelectual y formal que ha reconfigurado el modo de mirar. En paralelo, el museo sitúa esta perspectiva junto a otras luchas por la visibilidad: la historia de las disidencias sexuales, la emergencia de nuevos sujetos políticos y los repertorios LGTBIQ+ atraviesan varias salas como parte del tejido cultural de la democracia española.

La reordenación también pone el foco en el cuerpo como campo de conflicto, y ahí la perspectiva feminista deja de ser marco teórico para volverse material. De la Garza ha señalado explícitamente cómo ciertas obras abordan la violencia sexual y la cultura de la violación, o la experiencia de la enfermedad y los cuerpos no normativos en un contexto patriarcal. Esa línea conecta con una idea clave: la historia del arte contemporáneo no puede contarse sin las condiciones de vida que lo atraviesan, y en el caso de las mujeres —y de quienes han quedado fuera del centro— esas condiciones han implicado, durante décadas, desigualdad de acceso, precariedad de recursos y censuras visibles e invisibles.

En esa misma lógica de condiciones materiales, el museo articula un capítulo dedicado a los “nuevos materialismos” y a la escultura, donde la presencia de creadoras adquiere un sentido específico: no solo porque haya más escultoras, sino porque la institución reconoce que durante buena parte del siglo XX el gran formato estuvo ligado a infraestructuras y economías de taller de las que muchas mujeres quedaron excluidas. La relectura, entonces, no solo exhibe obras: también sugiere una historia de obstáculos —estudios, materiales, financiación, legitimación crítica— y de cómo ciertas generaciones abrieron una brecha para que otras pudieran producir con ambición y escala.

El cambio de relato se acompaña de un cambio de dispositivo. La nueva presentación renuncia a una estructura puramente documental y apuesta por una museografía más legible, con un recorrido que busca aliviar el “efecto laberinto” históricamente asociado al museo, y con decisiones de sostenibilidad como la implantación de iluminación LED. El marco institucional también se hace visible: junto al museo, participaron en la presentación el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, y la presidenta del Real Patronato, Ángeles González-Sinde, en una puesta en escena que subraya que la colección permanente no es neutra, sino un instrumento público de memoria cultural.

Esta cuarta planta es solo el primer movimiento. El Reina Sofía prevé completar la reorganización global de sus colecciones en 2028, cuando las plantas superiores del Sabatini articulen los distintos relatos de la institución. De aquí a entonces, el museo se juega algo más que una nueva narrativa: se juega la coherencia entre discurso y política de adquisiciones. En 2025, el Reina Sofía y el Ministerio de Cultura ya habían anunciado una inversión relevante con un peso mayoritario de obras de mujeres dentro del gasto en compras, un dato que se lee como continuidad de este giro. La pregunta, ahora, es si el porcentaje del 35% será un techo provisional o el suelo de una corrección sostenida del canon.


Fuente: Artículo14

febrero 19, 2026

Antárticas: científicas del fin del mundo



Ubicada en torno al Polo Sur y rodeada de fríos océanos, se estima que la Antártida tiene una superficie de 14 millones de km2 cubiertos de nieve y un clima tempestuoso que puede alcanzar vientos mayores a 200 km por hora. Fue descubierta oficialmente a comienzos del siglo XIX, aunque existen pruebas de que algunos cazadores de focas ya frecuentaban el continente en silencio. Desde la firma del Tratado Antártico de 1959 el área quedó reservada para investigaciones científicas de interés mundial y con fines pacíficos. Dentro del sector argentino, encontramos 13 bases, algunas permanentes y todas a cargo del Comando Conjunto Antártico responsable de la logística, traslados, mantenimiento y provisiones en la zona.

En un contexto de cambio climático y problemas ambientales nunca antes visto, estas tierras adquieren hoy un valor incalculable como espacio de investigación. Para comprender e interiorizarnos de lo que ocurre en el continente, Feminacida habló con tres ambientólogas de la Universidad de Buenos Aires elegidas para viajar al sexto continente y aportar su granito de arena en la búsqueda de soluciones para los problemas actuales y futuros.

Natalia tiene 29 años, es docente de la UBA y trabaja en el Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, donde comenzó como guía y continuó como investigadora. Actualmente está terminando su doctorado en Biología, investiga la remediación del ambiente utilizando plantas que absorben y retienen contaminantes. Desde muy chica supo que le gustaba el "mundo verde", como lo llama, y fue así que terminó estudiando la carrera por la promesa de aprender un poco de todo: biología y soluciones a problemas ambientales. Tenía claro que no le alcanzaba con repetir información, ella quería crearla. Durante su paso como estudiante de la licenciatura descubrió la investigación y soñó por primera vez con publicar un paper con su nombre. 

Mariana (39), también investigadora y docente, estudia poblaciones de lobo marino antártico y los efectos del cambio climático en la dinámica de estos grupos. Como becaria del Conicet, la enseñanza es la única actividad profesional permitida por contrato, algo que limita sus posibilidades de desarrollo económico. 

Ambas viajaron dos veces a la Antártida, por un total de 100 días aproximadamente con diferentes temas de estudio pero el mismo foco: vivir la aventura de investigar en el continente blanco. Mientras Mariana supo desde su postulación a la beca que tarde o temprano le tocaría viajar a recolectar muestras, Natalia fue invitada durante un Congreso en Puerto Madryn, donde en una breve charla, su calidez, energía y entusiasmo habrán oficiado de anzuelo. El caso más llamativo es el de Maya, que con 23 años y sin experiencia laboral en el área, ya cumplió su sueño y logró viajar mediante una convocatoria de la universidad a la que se postuló como quien juega a la lotería. 

Las tres "antárticas" iniciaron el camino científico desde su amor por la naturaleza y los animales, ya sean mamíferos marinos o insectos de jardín. Mariana de chica soñaba con trabajar en contacto con este mundo y logró desempeñarse siete años en un centro de rescate de fauna silvestre, otro tanto como cuidadora en el antiguo zoológico de la Ciudad de Buenos Aires e incluso trabajar con pingüinos de magallanes en Chubut.

Natalia siempre supo que quería ayudar a los seres vivos que estaban en problemas, como en aquella publicidad de detergente donde limpiaban pingüinos empetrolados y que, recuerda, la dejó marcada.

Maya, por su parte, quiere dedicarse a la investigación de nuevas tecnologías para remediación del ambiente. Su lema: "problemas modernos, soluciones modernas". A su corta edad es muy clara en su discurso y sus objetivos. 

Para lograr viajar, se debe pasar un extenso proceso de chequeos sanitarios previos: clínicos, cardiológicos, ginecológicos y psicológicos. Además de recibir indumentaria técnica como botas, pantalones de nieve y camperas. Dependiendo el caso, también alguna capacitación sobre las condiciones en las bases, como ser sobre la separación de residuos o las poblaciones de animales y sus comportamientos. Y es que en la Antártida se está completamente vulnerable a la naturaleza, sin chances de controlar nada. 

A lo largo de las entrevistas, todas coinciden en algo: nunca sabés bien ni cuándo ni cómo llegás. Maya, por ejemplo, tenía fecha de viaje para el mes de febrero y terminó volando el 11 de marzo en un periplo que incluyó un vuelo en un Hércules, un tipo de avión de la fuerza aérea utilizado para logística, una noche en un refugio militar, un segundo vuelo, una semana en el rompehielos Irizar, un cambio inesperado de barco en medio de la noche, un viaje en gomón y finalmente el arribo a la base Esperanza. 

El día a día en las bases, sin embargo, es bastante rutinario aunque también sorprendente. Algunas veces el trabajo consiste en emprender un viaje a pie a través de 5 km de nieve, rodeado de animales salvajes, para llegar a las zonas de muestreo. Otras, hacer una cadena humana para descargar las provisiones desde un barco anclado en la costa, donde pasan mano a mano las proteínas de origen animal, protagonista en la dieta antártica.

Por otro lado, el trabajo ocurre en un entramado de conocimientos que se traspasan de unos a otros, como por ejemplo en la búsqueda de suelo firme para las largas caminatas que suele representar todo un desafío. Natalia recuerda cómo sus compañeros le explicaban lo que necesitaba aprender, por ejemplo, maniobrar una jeringa para sacar muestras de sangre. Ahí aprendió todo el expertise necesario, desde cómo funciona el lugar donde viven hasta a agarrar un pingüino. El conocimiento proviene del grupo de trabajo, algo que genera fuertes vínculos entre colegas, que antes de subirse al avión para comenzar la travesía son completos desconocidos. 

Dentro de las complicaciones se destacan la escasez de recursos, la hostilidad del clima y la falta de confort. Cuestiones que parecieran obvias, pero en caso de emergencia, de riesgo de congelamiento o falta de insumos de higiene básicos como el papel higiénico, la supervivencia se vuelve difícil. Una de ellas exige: "Deberían mandar más recursos a un lugar donde hay gente haciendo patria en circunstancias tan hostiles, personas que dejan su vida para quedarse todo el año trabajando”. Sin embargo, el lado B es que estar en la Antártida puede ser de mucho crecimiento personal. Es así que algunas veces, cuando sale el sol y la temperatura alcanza unos tímidos 2 grados, todo parece cambiar de color. Otras veces, cuando las ganas de irse abundan en la mente, un atardecer fascinante hace recordar el privilegio de estar ahí. 

Según las entrevistadas, en las bases antárticas hay entre un 10 y 35 por ciento de mujeres, en su mayoría civiles. Maya, además de ser la más chica, sentía que ser mujer era algo fuera de la norma y recuerda a sus compañeras de estancia por sus profesiones: periodista, ingeniera, bioquímica, odontóloga, doctora y meteoróloga. Todas las entrevistadas, además, coinciden en que la presencia masculina se hace sentir y puede volverse más intimidante aún considerando que es una base militar aislada en el medio del fin del mundo. Pensada con un foco racionalista, la distribución de espacios deja poco lugar a las emociones y a la privacidad. Y en paralelo, como reza el refrán, pueblo chico infierno grande. Todos parecen saber todo de todos y ante la falta de buena conexión a internet, el chisme consigue volverse un pasatiempo. 

El ambiente antártico solía ser un espacio machista, según nos comparte una de las científicas. Pero ella, que trabajó con lobos y elefantes marinos, focas, ballenas y delfines, quiere desterrar la idea de que este ambiente inhóspito, de tareas duras, no es apto para mujeres. Por eso, cree que debe haber un cambio de conciencia y comenzar a valorar más a las mujeres en la ciencia y sobre todo en la Antártida. Este espacio, ocupado tradicionalmente por hombres, también puede ser un lugar de crecimiento profesional. Como fue en su caso, que se encontró no solo con muchas amigas, sino también amigos, incluso de generaciones anteriores, con otra cabeza, que se abrieron a compartir su conocimiento. Y si bien reconoce que la primera vez llegó con cierto prejuicio, se sorprendió al encontrar que además de machismo, hay otras formas de pensar más colaborativas. Por eso, insiste que es importante no dejarse llevar por los comentarios y prejuicios, y que las pibas deben seguir involucrándose, en este y otros espacios aún vedados. Pero reconoce que la paciencia y el entendimiento son la clave para sortear las diferencias que podrían aparecer

Cuando hablamos sobre el futuro, todas ellas tienen un gran interrogante. Como es propio de la realidad de la Argentina, dedicarse a la investigación implica inestabilidad laboral. El anhelo de mayor financiamiento y mejoras de condiciones está latente. Los sueldos de los becarios son bajos y las condiciones hacen que algunas profesionales como Natalia se sientan forzadas a irse del país si no consiguen renovar sus becas con el panorama actual de recortes. Por eso, aclara con dolor, que las personas que hacen ciencia en Argentina tienen como motivación principal el amor por lo que hacen. Como Maya, que ya está planeando su próxima campaña y supo hacerse de todos los contactos necesarios para volver y continuar estudiando el pasto antártico. 

Natalia está convencida que quiere ser científica en nuestro país, así tenga que trabajar un tiempo afuera mientras sigue publicando. Por su parte, sabe bien que tiene mejores posibilidades en el sector privado, pero no es su camino. Por eso, insiste en no permitir que la situación actual “nos saque las ganas”.


Fuente: Feminacida

febrero 18, 2026

Reem Alsalem "Colapso del derecho internacional provoca profundas consecuencias para las mujeres"

Colapso del derecho internacional provoca profundas consecuencias para las  mujeres | SemMéxico

Foto: Laura Lovera / El Sol de MéxicoReem Alsalem, relatora especial de la ONU advierte sobre nuevas formas de violencia contra niñas y mujeres

Llama a los Estados a asumir sus responsabilidades

Las mujeres y las niñas experimentan profundas consecuencias por el colapso del derecho internacional que experimenta una profunda regresión, afirmó hoy la relatora Especial sobre la Violencia las Mujeres y las Niñas sus causas y consecuencias, Reem Alsalem.

Durante una ponencia magistral realizada en la Cámara de Diputados se refirió a la forma en que los cuerpos de las mujeres son los campos de batalla en los conflictos armados, a las 30 mil mujeres asesinadas en el 2024 por sus parejas íntimas o familias, a las fuerzas patriarcales que pretenden normalizar un discurso de explotación mediante la prostitución, así como la capacidad reproductiva de las mujeres y a los vientres de alquiler.

Durante el Encuentro Internacional para la Erradicación de la Violencia contra las Mujeres y las Niñas, que inauguró la presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Kenia López Rabadán, Reem Alsalem afirmó que la violencia y la discriminación contra mujeres y niñas no es un asunto privado, como se reconoce en derecho internacional, sino constituyen violaciones a sus derechos humanos que comprometen la responsabilidad de los Estados obligados a la debida diligencia de prevenir, investigar procesar y sancionar la violencia, así como proporcionar recursos efectivos y reparaciones.

Hay avances, pero también regresiones alarmantes. Avances logrados por incansables acciones de los movimientos feministas, sobrevivientes y defensoras de derechos humanos, sin embargo, la paradoja es que la violencia contra las mujeres es epidémica en todo el mundo.

En 2024, 30 mil mujeres fueron asesinadas en el mundo, 60 por ciento por parejas intimas y familiares, significa que 137 mujeres y niñas cada día, fueron asesinadas por sus parejas o familiares y aseguró que hay un grave subregistro fuera del ámbito doméstico, incluidos aquellos vinculados al crimen organizado, las desapariciones forzadas, la violencia armada, que están ligadas a las redes de trata.

Reem Alsalem reconoció que no hay datos desagregados, sigue la corrupción, la impunidad y las respuestas judiciales con competencia de perspectiva de género no están garantizadas, por eso la CEDAW en su examen en 2025, reconoció que hay un aumento de la violencia contra mujeres y niñas perpetrado por actores estatales o no del Estado, así como desapariciones persistentes de mujeres y deficiencias en la investigación ni apoyo a las buscadoras.

La relatora especial de la ONU dijo que la impunidad sigue siendo una barrera fundamental para reducir la violencia contra mujeres y niñas, las sobrevivientes enfrentan revictimización, retrasos procesales, insuficiencia de financiamiento a instituciones, estereotipos graves, discriminación, así como la autonomía de los órganos y medición de resultados, particularmente grave para mujeres indígenas, rurales e indígenas y aquellas que viven en pobreza o enfrenta discriminación interseccional, por lo que llamó a los Estados a cumplir sus obligaciones.

La militarización intensifica la violencia contra las mujeres

Dijo que la militarización, la multiplicación de las crisis y las políticas de austeridad adoptados por los Estados pueden explicar la intensificación de la violencia, aunado a la exacerbación de la desigualdad estructural, la pobreza, el crimen organizado.

Fenómeno mundial que se observa por el desvío de fondos públicos para la militarización o por presiones globales, que han resultado en recortes graves para refugios para mujeres, asistencia jurídica, servicios de protección que debilitan a las organizaciones civiles de mujeres y defensoras de derechos humanos, “son decisiones políticas para elegir otras prioridades”.

Se dijo preocupada por la regresión del derecho internacional humanitario por las consecuencias sobre las mujeres y las niñas, “hoy presenciamos una regresión por un franco desprecio a la población civil, más ataques a la infraestructura civil, como hospitales y salas de maternidad, el hambre como método de guerra y despliega violencia sexual contra mujeres y niñas que soportan consecuencias desproporcionadas con este colapso.

Recalcó que la violación y la violencia sexual son utilizados como herramientas de guerra, sometimiento y un terror inexplicable; la violencia reproductiva se utiliza para el embarazo forzado, el aborto forzado, la negación de la atención materna e incluso para cometer genocidio y destruir comunidades. Como ejemplo, citó lo que sucede en Afganistán, donde las mujeres y las niñas son destruidas por su sexo.

La regresión de derecho internacional agregó, los cuerpos de las mujeres se convierten en campos de batalla y advirtió la normalización de este tipo de violencia que calificó como grave.

Reem Alsalem también señaló que hay un aumento de ataques a mujeres que juegan un rol visible en la sociedad, en específico se refirió a las periodistas y las defensoras contra quienes se utiliza un lenguaje violento y sexualizado, “no es casualidad, es intencional, para intimidar y silenciar” lo que sucede tanto en el mundo físico como virtual, como un ejemplo para el resto de la sociedad, una forma de asegurarse que se van a callar y un mal ejemplo para niñas y adolescentes, “no está bien, no es normal”.

Explotación de los cuerpos

Dijo que en años recientes ha visto un cambio en el rostro del patriarcado que han generado nuevos tipos de violencia contra las mujeres y niños, ataques misóginos, más agresivos, a través de discursos que legitiman la explotación, mercantilización, pornificación, sexualización y deshumanización de las mujeres y las niñas.

Sostuvo que como relatora tiene la obligación de entender y aclarar las responsabilidades internacionales de prevenir estas nuevas formas de violencia a través de la eliminación del sexo biológico. “La eliminación del sexo y la categoría jurídica de mujer y de todos los términos del lenguaje dedicados a las mujeres”.

Explicó que se utilizan de manera intercambiable los términos de sexo y género, “confundir el sexo con el género y el termino de identidad de género distorsiona las estadísticas criminales y socava la formulación de políticas basadas en evidencia, mezclar las dos, puede debilitar la protección de mujeres y niñas en refugios, también las políticas en las prisiones, en el deporte”, por ello sostuvo que es muy importante saber el sexo de un o una paciente para dar mejor servicio de salud, para registrar correctamente en las estadísticas el sexo biológico, como otras relevantes como la edad, religión, origen étnico o lo que sea, porque los derechos humanos no pueden ir contra los científicos y la realidad.

Discurso normalizador del patriarcado

La relatora especial sobre la Violencia las Mujeres y las Niñas sus causas y consecuencias, Reem Alsalem, advirtió que el patriarcado y fuerzas que tienen recursos quieren normalizar el discurso de la explotación de los cuerpos de las mujeres y su capacidad reproductiva a través de varias formas, una de ellas la prostitución que es violencia perpetuado por hombres contra mujeres, en un sistema donde los hombres son los compradores, las mujeres y niñas las personas exploradas y donde terceros se benefician de las ganancias que obtienen.

La terminología y el lenguaje describe a las mujeres y niñas como prostitutas, hay quienes intentan calificarlo como trabajo, lo que no se ajusta al derecho internacional, pero ellas mismas rechazan que sea un trabajo porque las manipula sociológicamente y minimiza la violencia que sufren. Además, es una forma de normalizar la prostitución.

“El derecho internacional reconoce que el consentimiento carece de valor en situaciones de explotación y abuso”, dijo la relatora quien señaló que hay Estados que han adoptado políticas y dijo que la mejor política para tratar la prostitución es el modelo nórdico, porque es hoy en día la única política que ha podido reducir la demanda por la compra de actos sexuales.

Este modelo trata a las mujeres y a las niñas como víctimas, proporcionándoles apoyo integral y vías de salida, además de penalizar la compra de actos sexuales y aplicar sanciones estrictas contra el proxenetismo.

En cambio, recalcó que las políticas que han legalizado la prostitución tienen como resultado explotación y un incremento de tráfico de mujeres y niñas. Dijo que las mujeres prostituidas son mujeres pobres, migrantes y refugiadas, “las cifras hablan por sí misma”, no se trata, añadió, de mujeres blanca.

Pornografía una herramienta de opresión

Calificó la pornografía como una prostitución filmada, una herramienta de opresión que refuerza la violencia y profundiza la desigualdad entre hombres y mujeres. Normaliza y exacerba la violencia física que se presenta como algo normal, exacerba la violencia y señaló que existen datos que los hombres y adolescentes que recurren a ella se vuelven más violentos en sus vidas cotidianas.

Instó firmemente a los Estados a reconocer la pornografía como un sistema de explotación y violencia en contra de las mujeres y las niñas, en consonancia con las normas internacionales en derechos humanos, mediante regulaciones integrales dirigidas al contenido pornográfico, “tienen que penalizar expresamente su consumo, producción, posesión o alojamiento, pues vulnera los derechos fundamentales a la vida y a la dignidad”.

Dijo que no se debe seguir permitiendo que las plataformas digitales continúen generando ganancias a través de esta explotación.

Vientres de alquiler o explotación de la reproducción

Enfática la relatora sostuvo que los vientres es una forma de explotación de las capacidades reproductivas de las mujeres y lamentó que América latina sea hoy el destino para la industria de la gestación subrogada. 

“La subrogación explota a las mujeres, particularmente a aquellas en situación de pobreza. Y las somete a coerción y violencia psicológica y económica a través de contratos abusivos” y aseguró que los niños separados de sus madres biológicas de forma inmediata enfrentan muchos problemas de salud física y de su capacidad de crecer de manera normal, además del riesgo frente al crimen de trata.

“¿Saben ustedes que se puede comprar un niño, sin ningún requisito ni investigación previa a tu perfil? Soltó en el auditorio Heberto Castillo la relatora especial de la ONU, quien dijo que el comprador podría ser un pedófilo, una persona que mata niños, que los vende, que extrae órganos.

Consideró que hay niñeces de las que nada se sabe, como también hay una cantidad enorme de mujeres que están en situación de esclavitud, que no tienen la oportunidad de salir, que son como esclavas, y esto sucede en países que han regularizado la subrogación y en lo que no lo hicieron.

Señaló que legalizar los vientres de alquiler no significa erradicar los riesgos ni las violaciones, se trata de actos comerciales donde las mujeres actúan por pobreza o necesidad económica, mientras los compradores tratan este tema como el Amazon de la reproducción.

Señaló que quienes compran bebés lo hacen fuera de sus países “por eso vienen a América Latina, a Colombia, México, India y otros países donde pueden comprar lo que quieren si mucho cuestionamiento”.

En su intervención la presidenta de la Mesa Directiva, Kenia López Rabadán dijo que erradicar la violencia contra las mujeres y niñas es un desafío que requieren leyes eficaces, presupuestos suficientes y políticas públicas sostenidas y, sobre todo, datos confiables y transparentes, que permitan dimensionar con precisión el problema y orientar decisiones responsables.

Reconoció que, pese a los avances normativos, que calificó de “robustos”, existe la exigencia legítima de paz y seguridad en nuestro país, y esa inseguridad también golpea con particular fuerza a mujeres y niñas.

Destacó que el Encuentro abre el diálogo con la sociedad organizada, en tanto, la Cámara de Diputados asume su papel como actor activo en la agenda internacional de derechos humanos.

La abogada Patricia Olamendi Torres, cofundadora de «Nosotras Tenemos Otros Datos» y de la “Red de Mujeres en Plural”, refirió que México es uno de los países con más altos índices en pornografía y prostitución infantil, sobre todo en zonas turísticas, señaladas como focos para este “negocio” del crimen organizado. Agregó que en el último año se han duplicado los casos en materia de trata de personas.

Manifestó su preocupación por quienes insisten en legalizar la prostitución y lo consideran un trabajo, ya que es una forma de explotación donde nadie puede ser dignificado. “Tienen que saber que están volviendo empresarios a tratantes y proxenetas, lo que nos parece gravísimo”.

Llamó a reflexionar sobre la sociedad que están construyendo, las atrocidades que se están validando y para exigir respeto a la vida, libertad y seguridad de las mujeres.

Por Soledad Jarquín Edgar
Fuente: SemMéxico

febrero 17, 2026

Las parteras ofrecen un rayo de esperanza en medio del horror y el duro invierno de Gaza


Rana con su hijo recién nacido, que vino al mundo sano y salvo en el Hospital de la Sociedad Benéfica de Amigos del Paciente, en Gaza, recientemente renovado por el UNFPA. © UNFPA Palestina/Hardy Skills


Cuando Rana se enteró de que estaba embarazada, su alegría se vio rápidamente eclipsada por otro sentimiento: el miedo. 

Para Rana, al igual que para muchas de las 55.000 mujeres embarazadas de Gaza que buscan atención médica, la cuestión no era si su bebé nacería sino dónde y si sobrevivirían al parto. “Pensé que tendría que dar a luz en una tienda de campaña”, afirmó. 

Tras dos años de ataques incesantes, el sistema sanitario de Gaza ha quedado destrozado. Solo una pequeña parte de los centros de salud siguen en funcionamiento y muy pocos pueden proporcionar atención obstétrica y neonatal de emergencia. Los trabajadores sanitarios se han visto desplazados, los medicamentos escasean y las unidades neonatales están desbordadas y funcionan muy por encima de su capacidad, con muy pocas incubadoras y sin apenas personal cualificado.

“A medida que se acercaba la fecha del parto, estaba aterrorizada. No sabía cómo podría traer un niño al mundo en esas condiciones”, declaró al UNFPA, el Fondo de Población de las Naciones Unidas, la agencia de la ONU para la salud sexual y reproductiva. 

Como la mayoría de los 2,1 millones de habitantes de Gaza, Rana se encuentra desplazada y vive en una tienda de campaña improvisada, expuesta a las duras condiciones invernales y a las fuertes lluvias. Las recientes inundaciones han arrasado los refugios, destruido las pertenencias y dejado a las familias expuestas al frío, empapadas y propensas a contraer enfermedades, con un aumento considerable del riesgo de infecciones respiratorias, diarrea, hepatitis e hipotermia. 

Las mujeres embarazadas, las nuevas madres y los recién nacidos se encuentran entre los grupos de mayor riesgo como se ha podido comprobar trágicamente en Khan Younis, donde un bebé de dos semanas murió recientemente por hipotermia.

Nabila Masaoud brinda atención materna y neonatal en el Hospital de la Sociedad Benéfica de Amigos del Paciente en la ciudad de Gaza. © UNFPA Palestina/Hardy Skills

Un salvavidas cuando más se necesitaba

En un momento en que el sistema sanitario de Gaza ha superado sus límites, las parteras cualificadas y los centros de salud en funcionamiento son fundamentales para garantizar la supervivencia de las mujeres y los bebés durante el parto y el delicado periodo del posparto.

Para Rana, esto significó poder dar a luz no en una tienda de campaña inundada, sino en un hospital en funcionamiento, rodeada de personal sanitario y con el equipo necesario para un parto seguro. 

Afortunadamente, pudo dar a luz en el Hospital de la Sociedad Benéfica de Amigos del Paciente, en la ciudad de Gaza. Este hospital, junto con el Hospital Al Khair de Khan Younis, ha sido recientemente rehabilitado en su totalidad gracias al apoyo del UNFPA y a la financiación del Reino de Arabia Saudita a través del Centro Rey Salman de Socorro y Acción Humanitaria (KSrelief).


hermana de Rana camina entre hileras de tiendas de campaña en un campamento para personas desplazadas en la ciudad de Gaza. © UNFPA Palestina/Hardy Skills

En el hospital, la partera Nabila Masaoud estuvo con Rana durante todo el parto. Describió lo precarias que eran las condiciones antes de que se rehabilitara el centro. “Había muy pocos trabajadores sanitarios y gran parte del equipo estaba dañado”, explicó al UNFPA. 

“Si una mujer sufría complicaciones durante el parto, existía un riesgo real de que no sobreviviera. Ese apoyo ha cambiado la situación. Pudimos traer de vuelta a los trabajadores sanitarios, cubrir sus salarios y reemplazar el equipo que habíamos perdido durante la guerra”.

Estas y otras iniciativas han dado resultados inmediatos para las mujeres y niñas más necesitadas de Gaza, de las cuales unas 240.000 ya han accedido a servicios esenciales de salud reproductiva, incluyendo la planificación familiar y la atención materna, y se espera que muchas más puedan acceder a ellos.

“Todas las mujeres merecen un parto seguro”, afirmó la partera Nabila. 

La lucha por el primer aliento

Con menos de 2.000 camas hospitalarias para más de dos millones de personas en Gaza y escasez de respiradores para recién nacidos, los bebés prematuros comparten cunas e incubadoras y los tubos y monitores que los mantienen con vida funcionan con electricidad inestable. 

La partera Heyam ha sido desplazada varias veces en los últimos dos años, pero sigue trabajando en unidades de maternidad sobrecargadas allá donde va

Esta madre de seis hijos describió días llenos de partos incesantes, sin apenas descanso, y mujeres llegando agotadas, malnutridas y sin haber tenido acceso a atención prenatal: “Se ha producido un aumento notable de los casos de malnutrición y anemia entre las mujeres en el posparto, así como de desnutrición y bajo peso al nacer entre los recién nacidos debido a la mala alimentación de las madres”.

La partera Heyam tras terminar su turno atendiendo a mujeres y recién nacidos en una unidad de maternidad desbordada en Rafah, antes de su traslado a la ciudad de Gaza. © UNFPA Palestina/ Sociedad Palestina de Socorro Médico

Recientemente se ha trasladado a la ciudad de Gaza, donde trabaja en un centro de atención primaria en Tal Al Hawa, gestionado por la Sociedad Palestina de Socorro Médico. Ella y otras parteras cuentan con el apoyo de la Oficina Humanitaria de la Unión Europea (ECHO) y el UNFPA.

“Aunque llevo muchos años ejerciendo de partera, este año ha sido el más difícil”, declaró. “La escasez de medicamentos y suministros médicos se ha convertido en parte de mi realidad cotidiana. A menudo ni siquiera disponemos de los artículos más básicos”.

Un salvavidas en tiempos de oscuridad

Los recién nacidos comparten cunas e incubadoras en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales del Hospital de Maternidad Al-Helal Al-Emirati, en Rafah, Gaza. ©UNFPA Palestina/Bisan Owda

Cada día nacen unos 150 bebés en Gaza, pero escasean productos básicos como el agua, el jabón y la electricidad. Las habitaciones están abarrotadas de mujeres que deberían ser monitoreadas por si surgen complicaciones, pero en cambio se ven obligadas a dar a luz sin privacidad. Para muchas, el viaje al hospital es en sí mismo un riesgo aterrador tras los repetidos ataques contra las instalaciones médicas.

El transporte es otro gran desafío, como explicó Heyam. “A menudo tenía que caminar largas distancias entre las casas y los centros de salud, bajo el sol o bajo la lluvia. Con cada paso, me decía a mí misma que esa mujer me estaba esperando y que tenía la responsabilidad de salvar la vida de una madre o un niño”.

Pero incluso en circunstancias tan difíciles, estas parteras han estabilizado a madres que sufrían hemorragias potencialmente mortales, han realizado reanimaciones neonatales con equipos limitados o inexistentes y han ayudado a mujeres a encontrar la fuerza para dar a luz cuando sentían que no la tenían.

Nabila, Heyam y sus colegas dependen de una formación específica y de suministros esenciales para seguir haciendo su trabajo y salvando vidas. Eso es lo que les permite continuar con su labor e intervenir cuando una incubadora está llena o una madre se está desvaneciendo por el agotamiento.

Como explicó Heyam: “Las parteras son la primera línea de defensa para la vida de las madres y los recién nacidos y deben recibir apoyo y empoderamiento para llevar a cabo su misión”.

“Nosotras, las que trabajamos sobre el terreno, representamos la esperanza para las mujeres en medio de esta oscuridad”.

Fuente: UNFPA

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in