La política exterior feminista frente al desmantelamiento institucional
El poder económico se convierte inevitablemente en poder político, por ende, la desigualdad no es un accidente ni un fenómeno natural; es resultado de un conjunto de decisiones políticas.
OXFAM, 2026
La política exterior feminista, más allá de ser una herramienta que busca reconfigurar los sistemas tradicionales de poder, representa un compromiso político con la transformación de estructuras de dominación que influyen en la concepción del mundo y las interacciones entre Estados. La política exterior y la diplomacia, desde su origen, se han construido sobre un pensamiento históricamente dominado por hombres. Esto no solo involucra a quienes diseñan y practican la política, sino que también depende de la estructura y el desarrollo del Estado. Por lo anterior, el feminismo en la política exterior es una manifestación mundial frente al desmantelamiento institucional que han promovido gobiernos antidemocráticos. La incomodidad del planteamiento está relacionada con el desconocimiento de su objetivo.
La propuesta de una política exterior feminista involucra un compromiso colectivo entre mujeres y hombres que plantean una reconfiguración de prioridades hacia la justicia social, la igualdad de género y la sostenibilidad. De ahí la importancia de analizar su origen, sus principales características, dimensiones analíticas y su relevancia estratégica frente a la crisis institucional contemporánea, particularmente desde la perspectiva de los estudios de desarrollo mundial.
Sin duda, las recientes transformaciones del sistema internacional se han caracterizado por una crisis institucional. Las divisiones geopolíticas y las polarizaciones que ponen en riesgo el multilateralismo ante la desconfianza y la percepción de instituciones ineficientes, además influyen en el incremento de las desigualdades estructurales. En este contexto, la política exterior feminista representa una propuesta innovadora que pretende replantear las actuales bases normativas y operativas de la política exterior.
Características e impulso
El origen de la política exterior feminista tiene sus raíces en tres importantes corrientes: 1) el feminismo en las relaciones internacionales de finales del siglo XX, donde autoras como Cynthia Enloe y J. Ann Tickner, Chandra Talade Mohanty, Gayatri Chakravorty Spivak y Trinh T. Minh-ha han cuestionado la invisibilización de las mujeres y las relaciones de poder en el sistema internacional. Este enfoque logró evidenciar cómo la política mundial reproduce estructuras patriarcales; 2) la agenda internacional de género, que va desde instrumentos como la Plataforma de Acción de Beijing (1995) y la agenda de Mujeres, Paz y Seguridad que impulsan la incorporación del enfoque de género en las políticas públicas internacionales, y 3) la institucionalización estatal, que hace referencia a la formalización de los Estados de la adopción explicita de la política exterior feminista como eje rector de las acciones en su actuar exterior, integrando la igualdad de género como un objetivo central.
Las características de la política exterior feminista se distinguen por priorizar los derechos humanos como eje fundamental de la acción exterior. Esto implicaría un cambio en las prioridades, donde el bienestar de las personas se antepone a los intereses estratégicos del Estado. Además, busca transformar las estructuras de poder que generan exclusión y desigualdad. Una de las contribuciones más relevantes es su enfoque interseccional, que reconoce que las desigualdades no se explican por cuestiones de género, sino por la interacción de múltiples factores como la clase, la raza, la etnicidad y la orientación sexual. Por lo anterior, es indispensable que exista una coordinación y coherencia de políticas, con el fin de orientar el actuar en la política exterior, incluyendo la diplomacia, la cooperación internacional, el comercio y la seguridad como pilares que sostienen el desarrollo mundial. Otro elemento clave es la incorporación de un sistema de cuidados que significa una transformación en la concepción de la seguridad y el desarrollo para restablecer la sostenibilidad de la vida sobre la competencia comercial y el control por el poder.
Las características de la política exterior feminista se distinguen por priorizar los derechos humanos como eje fundamental de la acción exterior.
Para comprender la complejidad de la política exterior feminista es importante analizar las distintas dimensiones que permitan identificar los valores y los principios que la sustentan. La dimensión normativa, por ejemplo, busca orientar los principios de la política exterior. Su implementación requiere capacidad institucional que incluya marcos legales, recursos y coordinación interinstitucional. Además, la voluntad política y el liderazgo son factores determinantes en su proceso de adopción y consolidación. La dimensión internacional posibilita evaluar el contexto mundial que condiciona la implementación, ya que factores como la geopolítica, el multilateralismo y las relaciones de poder influyen en su aplicabilidad. Estas dimensiones son claves para identificar sus resultados, así como su contribución en la construcción política por la igualdad de género y su impacto en el desarrollo mundial.
La política exterior feminista se ha consolidado como una tendencia emergente en la gobernanza global, adoptada por un número creciente de países con distintos enfoques y niveles de análisis, no depende de un modelo único, ya que su impacto lo determinan las capacidades y la voluntad política de los Estados. Su potencialidad depende de la articulación a agendas de desarrollo y justicia social. Es un fenómeno relativamente reciente que surge formalmente en Suecia en 2014 y se ha expandido a distintas regiones del mundo. Los países que han declarado oficialmente una política exterior feminista como eje rector son Noruega (2016), Canadá (2017), Luxemburgo (2019), Francia (2019), México (2020), España (2021), Alemania (2022), Países Bajos (2022), Chile (2022), Colombia (2023), Eslovenia (2023) y Mongolia (2023).
Cabe destacar que existe un grupo importante de Estados que no utilizan el término explícito de “feminista”, pero han incorporado enfoques a favor de la igualdad de género como Argentina, Bélgica, Bolivia, Brasil, Costa Rica, Irlanda, Sudáfrica, Suiza y Nueva Zelanda. Estos países en su mayoría participan en el grupo internacional de política exterior feminista, que trabaja en los esfuerzos multilaterales para la promoción de los derechos humanos y la consolidación de las políticas exteriores feministas.
La política exterior feminista frente al panorama internacional
Las acciones de la política exterior feminista en su mayoría están ancladas a espacios específicamente en materia de género como el Consejo de Derechos Humanos, el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer, así como la Comisión de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Lo anterior no significa que sean temas que deban abordarse de forma aislada. El actual contexto internacional exige su vinculación a temas considerados “prioritarios” en la agenda internacional, como la seguridad y el desarrollo económico. La Agenda 2030 es un claro ejemplo de la transversalidad del tema en los asuntos mundiales del desarrollo sostenible.
Los debates actuales sobre la funcionalidad del sistema de la ONU son ejemplo de la emergencia internacional para reconfigurar estructuras que no significan que no funcionen, sino que requieren de una reorientación política y compromiso internacionales. Los cambios de gobierno permiten reflexiones sobre las oportunidades para replantear objetivos y metas comunes de alcance mundial, como el cambio climático, que pone en riesgo el desarrollo de la humanidad y que, a su vez, impacta de forma diferenciada. Las actuales candidaturas a la Secretaría General de la ONU implican asumir retos complejos en el desarrollo institucional. Latinoamérica cuenta con cuatro postulaciones que, en gran medida, reflejan el potencial compromiso en la política internacional. Además, ponen en evidencia su falta de integración en la región. El gobierno de México tuvo la oportunidad de apoyar a la excanciller Alicia Bárcena en su postulación como posible candidata a la Secretaría General, pero no lo hizo. Las acciones de la política exterior feminista se construyen con coordinación y coherencia para asumir compromisos internacionales.
En conclusión, más allá de una agenda de género, la política exterior feminista constituye un marco transformador que redefine las relaciones de poder y la gobernanza global desde una perspectiva centrada en las personas. La política exterior feminista, más que una herramienta para enfrentar la crisis institucional, permite identificar las causas estructurales de la desigualdad sistémica, además de contribuir a un orden internacional más justo. Por lo que redefinir la seguridad es un reto complejo que requiere de herramientas estratégicas para abordar amenazas mundiales, como la pobreza, la violencia de género, la guerra y el cambio climático.
Por Cecilia Romero García
Maestra en Relaciones Internacionales y Derechos Humanos por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), así como miembro del Comité Académico de Género Interseccionalidad Teorías Feministas y Queer de la Asociación Mexicana de Estudios Internacionales (AMEI-GIFQ), y doctorante en Estudios de Desarrollo Global en la Facultad de Economía y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC). Contáctela en el correo electrónico cecilia.romero.garcia@uabc.edu.mx.
Una colaboración del Centro de Enseñanza y Análisis sobre la Política Exterior de México (CESPEM)
Fuente: Revistafal




