enero 23, 2026

Ciencia, sexismo y la anatomía femenina: las nuevas femtechs toman la posta

Rambla Sur de Montevideo (archivo, diciembre de 2024).
Foto: Gianni Schiaffarino

Aunque las mujeres seamos el 50% de la población mundial, sólo el 1% de la inversión que se hace en investigación de la salud se destina a condiciones específicamente de las mujeres y feminidades. Es por eso que muchas de las enfermedades que afectan a este segmento de la población usualmente son subdiagnosticadas o están poco estudiadas, y muchas mujeres no puedan acceder a los tratamientos que necesitan.

Incluso hasta los años 90 todavía permeaba en la investigación médica la creencia de que las diferencias entre hombres y mujeres no eran lo suficientemente significativas como para incluirlas en trials médicos e investigaciones, porque como cuenta Ana Buera, del podcast de ciencia y tecnología Sumergidas en data, las fluctuaciones hormonales (el ciclo menstrual) les quitaba “homogeneidad” a los estudios. Esto afectó tanto los diagnósticos como la administración de medicamentos en los años venideros, ya que sólo se tomaba como referencia a los cuerpos de los varones. ¿Un ejemplo? Aunque las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en el mundo, el infarto en las mujeres suele pasar desapercibido ya que los síntomas que experimentamos nosotras son completamente diferentes a los de los hombres y esto está poco difundido. Incluso hoy en día la medicina se sigue basando en un “modelo neutro” que, si se observa de cerca, no es neutro, sino más bien masculino.


Mientras que la investigación y el financiamiento alrededor de temáticas o necesidades percibidas como “femeninas” históricamente retrasó descubrimientos por décadas, hoy, una nueva rama de investigación y femtechs –startups y empresas que usan tecnología para crear soluciones enfocadas en las necesidades de bienestar y salud femenina–, intenta revertir esta situación.

“Hay un caso muy conocido de la NASA que envió a una mujer al espacio por tres días y le mandaron 100 tampones. Si bien es divertida, esta anécdota dice mucho sobre el desconocimiento de las necesidades de las mujeres, de qué pasa con la salud femenina. En ese equipo de mentes brillantes de la NASA no había una sola mujer sobre la mesa que diga que es una ridiculez enviar a una mujer al espacio con 100 tampones. Esto se multiplica en cientos de casos, desde qué patologías se priorizan a muchas de las drogas que se comercializan actualmente y jamás fueron testeadas sobre nosotras. Por eso, aunque hay muchas dificultades, en salud es aún más importante romper con esas barreras”, explica Keila Barral Masri, parte de esta nueva camada de fundadoras que combinan experiencia personal, visión tecnológica y alto impacto, y cofundadora de Cromodata, startup que casualmente surge por la experiencia que Masri tuvo con la dificultad para el diagnóstico de una enfermedad crónica.
Una línea innovadora de investigación: la sangre menstrual

Si las mujeres, sus cuerpos y sus problemas de salud han sido poco estudiados debido a una combinación de exclusión en la investigación y su financiamiento, sesgos de género y estigma social en torno a ciertos asuntos considerados tabú, el estudio de la sangre menstrual se encuentra en el podio de insumos ignorados, o como propone un reporte reciente de The Guardian: “¿Es la sangre menstrual ‘la oportunidad más olvidada’ en la salud femenina?”.

Es así como en los últimos años algunas femtechs vienen recolectando muestras y analizando la sangre menstrual (rica en células madre) para desarrollar tests de diagnóstico rápido y no invasivos para diagnósticos generales y específicos como la endometriosis, enfermedad que afecta a más del 10% de las mujeres y cuyo descubrimiento puede llevar años. Algunas de estas pequeñas empresas emergentes de tecnología femenina, lideradas principalmente por mujeres, incluyen a NextGen Jane (NGJ), una startup estadounidense fundada en 2014, que ha juntado más de 2.500 muestras de sangre menstrual gracias a voluntarias que se ofrecieron a enviar sus tampones usados para su investigación.

La premisa con la que algunos de estos grupos de investigación trabajan es que si se analizan otros tipos de muestras (fecales, orina), ¿por qué no también un fluido que la mitad de la población mundial produce mensualmente durante gran parte de su vida? El objetivo es diagnosticar afecciones ginecológicas y reproductivas, aunque también podría utilizarse para el seguimiento hormonal, la detección de cáncer, el seguimiento de enfermedades como la diabetes y el impulso a la investigación con células madre. En resumen, la sangre menstrual, además de ser una fuente de muestra poco explorada, tiene un gran potencial clínico.

“Nadie había considerado seriamente analizar el efluente menstrual –que contiene una mezcla de tejido del endometrio, sangre circulante y fluido vaginal– con fines de análisis médicos hasta mediados de la década de 2010, cuando el Proyecto Rose y empresas como NGJ entraron en escena”, explica el informe de The Guardian. En el caso de la menstruación, el estigma de que es algo sucio y desagradable o que da asco –ya sea que se trate de donantes o entre quienes la estudian– ha ralentizado la investigación.

Pero ¿acaso sorprende que se haya pasado por alto durante tanto tiempo este insumo si pensamos en nuestro vínculo histórico con la menstruación? Veamos el tratamiento que recibe la sangre menstrual en nuestra cultura, cuando durante años fue “escondida” hasta en los comerciales de toallitas y en los materiales educativos o de difusión sobre el ciclo, empleando un líquido azul que nada tiene que ver con la realidad. Un estigma que comenzó a revertirse de a poco gracias a los nuevos enfoques más naturales y conscientes, como el sangrado libre, las bombachas menstruales y la copita.Apoyá nuestro periodismo.
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María Milagros Kirpach es fundadora y directora ejecutiva de No Pausa y HDM (HablemosDeMenopausia), y consultora estratégica en salud y negocios enfocados en mujeres mayores de 40, y da cuenta de cómo gran parte de la investigación en salud femenina está lamentablemente infrafinanciada. “Creo que el sistema en sí nunca estuvo diseñado para mirar seriamente al cuerpo femenino como un territorio de inversión. Cuando mirás cómo se reparte el dinero en salud, es bastante evidente. La mayor parte del financiamiento histórico fue a patologías estudiadas desde el cuerpo masculino o a dos únicas dimensiones: cáncer y reproducción. Todo lo demás –hormonas, menopausia, enfermedades autoinmunes, salud mental– quedó fuera del radar durante décadas. Y si no hay data, si no hay investigación, si no hay estándares clínicos sólidos, si no hay track record, los fondos dicen ‘no es invertible’. Es un círculo vicioso”, señala Kirpach.

En ese sentido, lo que sucede antes y después de la vida reproductiva femenina, es decir, antes y después de la menstruación (con la perimenopausia y menopausia), es una temática que adquirió visibilidad los últimos años de la mano de comunidades como la de Kirpach o voces como la de la actriz Naomi Watts (quien habla regularmente en sus redes y entrevistas sobre bienestar sexual pos 40 y publicó el libro Me atrevo a decirlo. Todo lo que desearía haber sabido sobre la menopausia. “La innovación médica depende de la ciencia. Y la ciencia, en salud femenina, viene atrasada. No porque no importe, sino porque nunca fue prioridad. Por eso en menopausia hoy vemos miles de mujeres con síntomas reales, con impactos reales en su productividad, su energía, su salud y su calidad de vida [...] y muy pocas soluciones pensadas específicamente para ellas o recién ahora empezando a aflorar”, apunta Kirpach.

La endometriosis: ¿el santo grial?

Si hay un santo grial de la investigación médica en salud reproductiva femenina, es sin dudas la endometriosis. Es una enfermedad debilitante y no sólo no existe cura aún, sino que las opciones de tratamiento son limitadas y la única forma de confirmar el diagnóstico es de manera totalmente invasiva: mediante una cirugía laparoscópica con anestesia general. Dado que la endometriosis se presenta de forma diferente en cada persona y sus síntomas se asemejan a los de otras afecciones, puede llevar años llegar a un diagnóstico, lo que hace que desarrollar tests para su diagnóstico sea tan revolucionario.

El enfoque para las pruebas de endometriosis es celular en lugar de molecular: se buscan anomalías en las células vivas completas de la sangre menstrual de personas con la enfermedad, ya que existen diferencias en la cantidad y la forma de ciertas células entre las mujeres con endometriosis y las que no la padecen. También ha variado la forma en que se toman las muestras, y algunos estudios ya no utilizan tampones, sino directamente sangre recolectada con copas menstruales, ya que así se pueden obtener células vivas completas. Por último, el informe señala que, pese a su potencial, sólo el 0,25% de la investigación con células madre adultas en los últimos años ha involucrado células madre derivadas de la sangre menstrual.

Además de la endometriosis, la sangre menstrual podría ayudar a diagnosticar otras condiciones, incluyendo trastornos del endometrio como la adenomiosis y la endometritis crónica, así como fibromas, síndrome de ovario poliquístico y cánceres de ovario y endometrio.

El tabú del placer femenino y otros avances médicos

Otro campo de investigación y desarrollo que floreció en las últimas dos décadas es el trabajo con fármacos para la libido femenina, con personas como Cindy Eckert, directora ejecutiva de Sprout, la empresa responsable de Addyi (un medicamento recetado para tratar el trastorno del deseo sexual hipoactivo en mujeres premenopáusicas). Eckert está en la punta del iceberg en lo que se conoce hoy como economía de la menopausia, ya que mientras la “cultura” se pone al día, los inversores de Silicon Valley y las estrellas famosas empiezan a ver la veta comercial.

Denominado de manera errónea “Viagra femenino”, el nombre de la droga es flibanserina, y según detalla un perfil reciente que le hicieron en The New York Times, Eckert viene librando una batalla sin cuartel con la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) desde 2015 para aprobar la droga que ya lleva más de medio millón de recetas en el mercado. Uno de los problemas era que en los ensayos clínicos la flibanserina aumentaba el deseo y la actividad sexual de las mujeres y disminuía su angustia, pero también producía somnolencia y reducía la presión arterial, sobre todo si se mezclaba con alcohol. Esto hizo que los responsables de la FDA bloquearan el fármaco por años.

Pero lo que para muchos suele ser una sentencia de muerte, ser rechazados dos veces por la FDA, en el caso de la flibanserina, consolidó un movimiento feminista y de mujeres que creían que el rechazo era puramente sexista, ya que había un doble discurso en la forma en que los reguladores abordaban los riesgos asociados a los fármacos para la disfunción sexual masculina –el Viagra también tiene efectos secundarios–. Durante mucho tiempo, si las mujeres deseaban o disfrutaban de verdad las relaciones sexuales fue una pregunta que ni siquiera los médicos estaban capacitados para plantear. En la actualidad, Eckert está trabajando en una campaña de presión pública por la falta de paridad en la forma en que las aseguradoras cubren los medicamentos destinados a las enfermedades de las mujeres frente a las de los hombres.

Otros casos recientes y regionales de cómo la perspectiva femenina puede encontrar soluciones a problemas de larga data, o que simplemente nunca fueron considerados desde la mirada de una mujer, son el Mamoref y Lilium, el nuevo espéculo vaginal, dos ejemplos de cómo la incomodidad o el nivel de dolor que producían los estudios en mujeres hicieron reevaluar la aparatología.

Por un lado, un grupo de investigadores de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (Unicen) y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina desarrollaron el Mamoref, un mamógrafo que se distingue por su singularidad a nivel mundial, ya que no aplasta las mamas para el examen y es respetuoso con las diversas corporalidades. “Lo diseñamos pensando en el confort de la mujer para que no eviten esta instancia por el dolor o incomodidad”, dice Pamela Pardini, doctora en Física de la Unicen y una de las desarrolladoras. Por otro lado, el espéculo –un instrumento médico que no había cambiado desde el siglo XIX– fue repensado por ingenieras gracias a Ariadna Izcara Gual y Tamara Hoveling y ahora tiene nuevo diseño que busca reducir el dolor y el miedo que muchas experimentan durante los exámenes ginecológicos.

Un futuro con más mujeres y financiamiento

Estos ejemplos prueban que las nuevas femtechs, científicas y emprendedoras trabajando en este rubro tienen mucho para aportar, así como que estas temáticas continuarán creciendo en importancia en el futuro e impactando la salud y calidad de vida de millones de mujeres. Sólo falta que los inversores comiencen a notarlo. Para algunas, como Masri y Kirpach, la cuestión también tiene que ver con la inclusión y equidad profesional en los ámbitos académicos y de desarrollo e innovación.

“Ser una mujer emprendedora ya tiene desafíos, pero en salud puede ser que se note un poco más. La industria de la salud se caracteriza porque la mayoría de los líderes son hombres, y aunque el 70% de la fuerza laboral en salud son mujeres, los puestos de liderazgo no están ocupados por ellas. Es importantísimo que haya mujeres trabajando en salud, y la visión que una mujer puede traer a una problemática es crucial”, advierte Masri.

“Hay un problema estructural: quiénes toman las decisiones de inversión”, resume Kirpach: “La mayoría de los fondos grandes siguen estando formados por equipos que no viven en su propio cuerpo lo que significa atravesar una perimenopausia, una endometriosis o una disrupción hormonal. No es mala intención: es distancia. Y, cuando hay distancia, el riesgo se percibe como mayor y el mercado como más chico. Incluso cuando aparecen fondos enfocados en mujeres, muchas veces se les exige el doble de pruebas para obtener la mitad de recursos. El sector crece [...] pero crece más lento de lo que debería. Hay talento, hay startups, hay demanda, hay impacto social, hay potencial económico enorme. Lo que falta es una decisión estructural del sistema financiero de dejar de ver esto como algo ‘de mujeres’ y empezar a verlo como uno de los mercados de salud más grandes, desatendidos y estratégicos”.


Fuente: La Diaria.es

enero 22, 2026

Las muertes maternas se disparan en Ucrania, devastada por la guerra

 

La sala de maternidad del Hospital Multifuncional 25 de la ciudad de Járkov. Imagen: UNFPA Ucrania 

“Fue una cesárea de emergencia cuando la vida de la embarazada corría peligro. Realizamos la operación solo con linternas y sin agua, en un contexto de constantes explosiones”, recuerda el doctor Oleksandr Zhelezniakov, director del Departamento de Obstetricia del Hospital Clínico Regional de Járkov, en el este de Ucrania.

Recuerda lo que, según él, fue uno de los procedimientos médicos “más difíciles” en los que ha participado desde el inicio de la invasión rusa a gran escala de su país.

Pero no fue la única vez que tuvo que trabajar en condiciones extremas mientras su ciudad era bombardeada por los rusos. De hecho, afirma, se ha convertido en algo habitual para él y sus colegas.

“La realidad actual es que, dado que estamos en una ciudad en primera línea, trabajamos así casi a diario, porque las alarmas nunca cesan y escuchamos explosiones casi a diario”, explica a IPS.

“Simplemente hacemos lo que tenemos que hacer para salvar una vida, para salvar el futuro. En momentos como estos, solo pensamos en salvar una vida. Trabajamos [en estas condiciones] porque la vida siempre debe prevalecer”, afirma.

El hospital de Zhelezniakov, al igual que muchos otros centros médicos en Ucrania, ha sufrido repetidos ataques y daños desde el inicio de la guerra. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha documentado más de 2700 ataques contra centros de salud ucranianos desde el 24 de febrero de 2024.

Estos ataques incluyen más de 80 centros de atención materna, con consecuencias devastadoras para la salud materna, como demuestran datos publicados recientemente.

Según un análisis del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), publicado en diciembre, se ha producido un marcado aumento del riesgo de muerte durante el embarazo o el parto en Ucrania a medida que el conflicto se prolonga.

La agencia afirma que los repetidos ataques a hospitales y el colapso de los servicios esenciales están obligando a las mujeres a dar a luz en condiciones cada vez más peligrosas.

El personal sanitario ha advertido que una combinación de violencia, estrés crónico, desplazamiento e interrupción generalizada de la atención materna está provocando un aumento repentino de las complicaciones del embarazo y muertes evitables.

Su análisis de datos nacionales muestra un aumento de 37 % en la tasa de mortalidad materna entre 2023 y 2024, el año completo más reciente con datos nacionales disponibles.Personal observa el inicio de la construcción de una instalación con búnker en el Hospital Multifuncional 25 de la ciudad de Járkov. Imagen: UNFPA Ucrania

En 2023, Ucrania registró 18,9 muertes maternas por cada 100 000 nacidos vivos. En 2024, esa cifra ascendió a 25,9. La organización afirma que la mayoría de estas muertes son evitables, lo que refleja un sistema sanitario que opera bajo una presión extrema.

También indicó que se han observado fuertes aumentos en las complicaciones graves del embarazo y el parto. Las rupturas uterinas, una de las emergencias obstétricas más peligrosas, han aumentado 44 %. Los trastornos hipertensivos del embarazo han aumentado más de un 12 %, mientras que la hemorragia posparto grave ha aumentado casi 9 %, entre 2023 y 2024.

Los retrasos en el acceso a la atención, el estrés, el desplazamiento y la interrupción de las vías de derivación son factores contribuyentes clave.

Mientras tanto, la situación en las regiones de primera línea es particularmente grave. En Jersón, los nacimientos prematuros casi duplican la media nacional, y la región registra la tasa más alta de mortalidad fetal del país, según el UNFPA.

Entre los factores que contribuyen a esta situación se incluyen el estrés, la inseguridad y las dificultades para acceder a la atención médica, que pueden provocar partos prematuros y rotura prematura de membranas.

Otro indicador de la sobrecarga del sistema es la tasa de cesáreas. A nivel nacional, esta tasa excede ya 28%, superando ya los niveles recomendados. En las regiones de primera línea, las cifras se encuentran entre las más altas de Europa: 46 % en Jersón y aproximadamente 32 % en Odesa, Zaporiyia y Járkov.

Estas altas tasas suelen reflejar la necesidad de que los médicos y las mujeres programen los partos en periodos cortos de relativa seguridad y, además, pueden indicar una mayor tasa de complicaciones del embarazo que requieren intervención quirúrgica, según funcionarios del UNFPA.

“Los ataques [a centros de salud, incluyendo maternidades y neonatología] han tenido consecuencias graves y mensurables para la salud materna. Ucrania entra en otro invierno en condiciones que aumentan drásticamente los riesgos para las mujeres embarazadas, los recién nacidos y el personal sanitario que los atiende”, declaró a IPS Isaac Hurskin, jefe de Comunicaciones del UNFPA en Ucrania.

A principios de diciembre, un hospital de maternidad en Jersón, un centro apoyado por el UNFPA, fue alcanzado por fuego de artillería.

Durante el ataque, el personal del hospital trasladó a las parturientas y a los recién nacidos a una sala de maternidad blindada, una de las muchas instalaciones de este tipo construidas por el gobierno con la ayuda de organizaciones como el UNFPA para proteger a las madres y a sus bebés durante las hostilidades activas.

Si bien todas sobrevivieron al ataque y una niña nació en el búnker durante el bombardeo, Hurskin afirmó que era «un claro ejemplo de las condiciones en las que se producen actualmente el embarazo y el parto, condiciones que ninguna mujer ni profesional de la salud debería tener que afrontar jamás».

Sin embargo, la devastación causada por la guerra en Ucrania también está afectando la salud reproductiva en general.

IPS ha hablado con mujeres en Ucrania que han admitido que evitan embarazarse debido a la preocupación por su capacidad para acceder a la atención médica materna de forma segura, pero también por las condiciones en las que podrían tener que criar a un bebé.

Las mujeres en zonas afectadas por conflictos tienen necesidades reproductivas específicas. Es muy difícil satisfacerlas cuando un hospital de maternidad es bombardeado con regularidad o cuando la infraestructura energética es atacada, lo que limita la funcionalidad de los hospitales y obliga a las embarazadas a alojarse en albergues sin equipamiento.

«Una mujer que esté considerando quedarse embarazada debe tomar una decisión basándose en estos factores: si el hospital es seguro, si puede acceder a los servicios y si puede cuidar a su hijo después, sin electricidad, calefacción ni agua en casa”, dijo a IPS Uliana Poltavets, coordinadora del Programa de Defensa Internacional y Ucrania de Médicos por los Derechos Humanos (PHR).

Zhelezniakov acotó que “esta es una tendencia que se observa”.

“Las mujeres temen no solo por su vida y la de sus hijos no nacidos durante el parto bajo los bombardeos, sino también por un futuro incierto: la falta de vivienda segura, trabajo y condiciones normales para criar a un hijo. Este es un temor racional en las condiciones irracionales de la guerra. Es una de las razones del marcado descenso de la tasa de natalidad”, dijo.

Pero añadió que, por el contrario, los efectos de la guerra estaban afectando la capacidad de las mujeres para concebir.

“El estrés crónico, los altos niveles de cortisol, la ansiedad y los trastornos del sueño afectan directamente el equilibrio hormonal y la función reproductiva. El estrés constante también provoca desequilibrios hormonales (disfunción del eje hipotálamo-hipofisario-ovárico)», afirmó.

Añadió que «esto genera un aumento de los casos de infertilidad secundaria, insuficiencia ovárica prematura y endometriosis. Ya estamos observando un aumento en el número de menopausias patológicas en mujeres jóvenes”.

Estas amenazas a la fertilidad y la salud materna se producen en un momento en que Ucrania se enfrenta a una crisis demográfica.

Según el UNFPA, desde 2014, cuando Rusia se anexionó ilegalmente Crimea y apoyó a movimientos paramilitares separatistas en el este de Ucrania, el país ha perdido aproximadamente 10 millones de personas debido al desplazamiento, la mortalidad y la migración. La fecundidad ha caído por debajo de un hijo por mujer, una de las tasas más bajas del mundo.

El UNFPA señala que el aumento de las muertes maternas, el incremento de las complicaciones y la incertidumbre generalizada sobre la seguridad del parto se refuerzan mutuamente, con consecuencias a largo plazo para las familias, las comunidades y la recuperación nacional.

«Esto no es solo una emergencia humanitaria. Es una crisis demográfica con implicaciones que se extenderán mucho más allá del fin de las hostilidades. Proteger la salud materna es fundamental para la recuperación a largo plazo de Ucrania y su estabilidad futura», afirmó Hurskin.

De hecho, ejemplos de otros conflictos recientes donde se ha producido una destrucción generalizada de la atención médica han demostrado los efectos a largo plazo de la guerra en la salud materna y reproductiva mucho después de su finalización.

Desde problemas para reconstruir las instalaciones dañadas y destruidas, el desplazamiento continuo y la continua escasez de personal médico, son solo algunas de las barreras que impiden a las mujeres acceder a los servicios.

“Miren a Siria, por ejemplo. El sistema de salud se está reconstruyendo, al igual que las instalaciones, las cosas están mejorando, pero tomará décadas volver a donde estaba antes», dijo a IPS un experto en atención médica en zonas de guerra que trabaja para una organización internacional de derechos humanos.

Hablando bajo condición de anonimato por razones de seguridad, agregó: «Y la atención materna tiende a ser relegada a un segundo plano tanto durante como después de un conflicto; los recursos tienden a destinarse a otras áreas, como la atención de emergencias y traumatología. Las mujeres en Siria tendrán problemas para acceder a la atención materna durante años”.

Zhelezniakov admite que el agravamiento de la crisis demográfica en Ucrania es inevitable.

“Se prevé que la situación empeore. La destrucción del sistema de salud materna solo agrava los problemas existentes causados ​​por la guerra: la migración de mujeres y niños al extranjero, la pérdida de vidas, la inestabilidad económica y la presión psicológica”, afirmó.

Pero añade que incluso ahora se pueden tomar medidas para mejorar la atención médica materna, incluyendo el fortalecimiento de la atención primaria y la mejora de la digitalización (sistemas de salud electrónica).

También se pueden activar acciones en cuanto a la inversión en prevención, los programas de apoyo a la salud mental, la mejora del medio ambiente, la regulación legislativa y la sensibilización sobre la salud reproductiva para reducir la mortalidad y la discapacidad, entre otras.

También sería útil desarrollar la cooperación internacional mediante la creación de centros médicos en regiones relativamente seguras con el apoyo de socios internacionales, como el UNFPA y la OMS, para garantizar los servicios.

“Incluso durante las hostilidades activas, podemos y debemos trabajar para adaptar el sistema”, afirmó.

También promete que, pase lo que pase, él y el resto del personal médico no detendrán su trabajo, recordando la cesárea de emergencia realizada con linterna mientras los proyectiles caían sobre Járkov.

“El nacimiento de un niño en estas condiciones es siempre un milagro y un poderoso incentivo para seguir trabajando, a pesar de todo”, sentenció.


Por Ed Holt
Fuente: IPSNews

enero 21, 2026

Las mujeres tardan más en recibir el visto bueno a un artículo científico


Un laboratorio, en una fotografía de archivo / JORDI OTIX / EPC

Un estudio publicado este martes vuelve a evidenciar la brecha de género en el ámbito científico, concretamente en la investigación biomédica. El análisis de casi 8 millones de publicaciones revela que las mujeres sufren periodos de revisión por pares más largos que los hombres.

Realizado por tres investigadores de la Universidad estadounidense de Nevada, entre ellos el español David Alvarez-Ponce; el análisis que publica la revista PLoS Biology apunta a que los manuscritos enviados por mujeres a las revistas científicas experimentan tiempos de revisión más largos que los que mandan los hombres.

Con este tiempo se refieren al periodo trascurrido desde que uno o varios investigadores presentan un artículo a una revista científica y este es aceptado para su publicación.

Alvarez-Ponce y su equipo han puesto el foco en los artículos sobre temas biomédicos, que en total representan un 36 % del total de las publicaciones científicas publicadas anualmente en todo el mundo y en todos los campos de la investigación.

Según explica a EFE el investigador, para su análisis han recurrido a los más de 36,5 millones de artículos publicados en más de 36.000 revistas de biomedicina desde el año 1900 que contiene la base de datos PubMed.

De esos 36,5 millones de artículos, en 7,8 millones se indicaba cuánto tiempo han estado en revisión hasta ser publicados y han servido de referencia para comprobar que los textos enviados por mujeres tienen un periodo de revisión entre un 7,4 % y un 14,6 % más largo que los enviados por hombres.

Brecha generalizada

"La brecha de género es generalizada y afecta a la mayoría de las 124 disciplinas estudiadas, independientemente de la representación de las mujeres en cada una de ellas; aunque hay algunas materias, las menos, en las que la brecha no existe o incluso se invierte", señala Alvarez-Ponce.

Entre las áreas de investigación biomédica en las que las mujeres salen mejor paradas en el tiempo de revisión están la biología, biología molecular, química, biofísica, hospitales, salud de las mujeres, genética, servicios de salud, salud ambiental y biología computacional.

Los resultados se mantienen consistentes tras tener en cuenta la fecha de publicación, la longitud del artículo, su legibilidad, el número de coautores, el campo de estudio, el país o territorio en que se hizo la investigación, o incluso todos estos factores combinados.

Causas

El biólogo español señala que la discrepancia entre los tiempos de revisión experimentados por las investigadoras y los investigadores puede deberse a varios factores, como un posible sesgo por parte de los editores y revisores de las revistas científicas, tal y como sugieren estudios anteriores.

"Este efecto podría mitigarse mediante el uso de revisiones por pares 'doble ciego', un sistema de revisión de artículos científicos en el que los revisores desconocen la identidad de los autores", apunta.

Otros factores no pueden corregirse con tanta facilidad, señala, como una mayor carga de responsabilidades domésticas o mayores obligaciones docentes o de gestión en el caso de las mujeres, en comparación con sus homólogos masculinos, tal como se ha documentado en otros trabajos anteriores.

"Nuestro hallazgo ayuda a entender por qué las mujeres están infrarrepresentadas en la Academia, especialmente en los puestos altos. Una de las causas es que las mujeres consiguen publicar menos que los hombres", agrega.

Las publicaciones son un factor clave para los investigadores que solicitan plazas y financiación para poder continuar con sus investigaciones.

Alvarez-Ponce espera que los resultados de este nuevo estudio, considerados en el contexto del conocido lema 'publicar o perecer', "contribuyan a impulsar cambios que reduzcan la brecha de género en el mundo académico".

Los autores también han detectado que los investigadores de países en desarrollo tienden a experimentar tiempos de revisión más largos que en los países ricos.

Fuente: El Periódico

enero 20, 2026

El trampantojo del machismo hacia las trabajadoras del hogar: “El permiso de residencia te permite denunciar”


No hay cifras oficiales sobre cuántas empleadas domésticas han sufrido acoso o violencia sexual. Especialistas señalan la necesidad de desarrollar un protocolo de actuación para estos casos o cambiar la legislación de extranjería.



El pasado martes 13 de enero, se hizo pública una investigación periodística que afirma que aquel que se autodenominaba cantando “truhan” es también un presunto agresor sexual. Dos exempleadas de las mansiones de Julio Iglesias en República Dominicana dieron un paso al frente para relatar una serie de abusos psicológicos y sexuales que, según sus testimonios, serían el pan de cada día de las trabajadoras domésticas del cantante en el país caribeño. Ahora, el artista enfrenta denuncias por trata, grupo criminal y varios delitos sexuales, de lesiones y contra los derechos de los trabajadores.
El juicio contra Julio Iglesias busca sentar precedente y proteger a las trabajadoras del hogar, pero ¿cuán grande es el problema, la violencia sexual contra este colectivo?

Eliana Alcalá de Ávila, abogada de la organización que lleva el caso de las dos mujeres, se ha referido al proceso contra Julio Iglesias como litigio estratégico: asegura que tomar acciones legales como la que está en manos de la Fiscalía de la Audiencia Nacional y acompañar a las supervivientes de violencia sexual “puede desencadenar cambios sistémicos” con el objetivo de proteger a todas las trabajadoras del hogar del Sur global que se ven sometidas a violencia. Pero ¿cuál es la situación de las trabajadoras del hogar en España con respecto a la violencia sexual?

No hay una única cifra de incidencia de la violencia sexual aceptada por todos los actores

Las violencias sexuales que sufren las empleadas domésticas han sido objeto de mucho interés en los últimos años y varios estudios se han lanzado a investigar cuán común son el acoso o las agresiones sexuales en el sector. Sin embargo, las cifras varían mucho entre investigaciones y hacen imposible tomar una sola como cierta. Uno de los estudios que expone mayor prevalencia es el realizado por la asociación Por ti mujer en 2020 exclusivamente a trabajadoras del hogar migrantes: del centenar de respuestas, un 53% contestó haber sufrido acoso o violencia sexual y el 91% afirmó no haber denunciado.

Por el contrario, el informe que menor porcentaje recoge es el presentado por investigadoras de la Universidade da Coruña en 2021: un 4% de las empleadas que trabajan sin contrato afirmaron haber sufrido abusos sexuales, cifra que bajaba al 1% en el caso de las trabajadoras con contrato. En el punto medio, un estudio de la Universitat Autònoma de Barcelona cuantificaba el acoso sexual como sufrimiento del 18% del total de 305 encuestadas. Eso sí, este último trabajo se refería solo a trabajadoras de los servicios públicos de atención a la dependencia, no a mujeres contratadas por empleadores privados.

El primer problema para investigar la frecuencia de las violencias machistas en el empleo doméstico es la práctica ausencia de denuncias por este motivo, según Araceli Sánchez, integrante de Territorio Doméstico, que achaca esta falta de puesta en conocimiento de las autoridades a la vulnerabilidad de muchas trabajadoras y al gran porcentaje de empleadas en la economía sumergida.
Araceli Sánchez: “Si queremos que se hable de violencia sexual, tendremos que ser nosotras quienes alcemos la voz, al igual que se valoró nuestro trabajo cuando salimos a la calle”

Las instituciones serían incapaces de localizar a las trabajadoras que no están de alta en la Seguridad Social y estas son “mayoría”, razona Sánchez, que a pesar de las dificultades técnicas considera que el motivo por el que no hay un gran estudio que siente cátedra sobre el tema se debe mayormente a la “falta de voluntad política” de las instituciones. “Si queremos que se hable de violencia sexual, tendremos que ser nosotras quienes alcemos la voz, al igual que nunca se ha reconocido la importancia de nuestro trabajo hasta que salimos a la calle”, asegura la activista.

Isabel Otxoa, integrante de la Asociación de Trabajadoras del Hogar – Etxeko Langileen Elkartea (ATH-ELE), analiza las cifras con cautela: cree que la incidencia real de las violencias sexuales se encuentra en la parte baja de la horquilla de los estudios, según su experiencia en las asesorías que la asociación realiza todos los lunes en su local de Bilbao. “Es cierto que las trabajadoras vienen por despidos, reclamaciones de cantidades y otras consultas laborales, pero cuando ha habido un tema [de violencia sexual] suele salir”, explica la también exprofesora de Derecho del Trabajo en la Universidad del País Vasco (UPV-EHU), que cree que la disparidad en los resultados de las investigaciones se debe a “problemas de [tamaño de] muestra y conceptualización”.

“Tener un permiso de residencia te da la posibilidad de denunciar porque sabes que tu estancia en España no depende de ese empleador”, explica Sánchez.

Para Sánchez, las condiciones en las que se ejerce el trabajo doméstico hacen más probable sufrir machismo que en otros sectores: el hecho de que el centro de trabajo sea un lugar inviolable como el domicilio, el empleo como interna o no tener TIE agravan su situación. “Tener un permiso de residencia te da la posibilidad de denunciar porque sabes que tu estancia en España no depende de ese empleador”, explica la trabajadora, que añade como otra clave “tener derechos laborales, como el paro, para poder salir de ahí”.

A finales del año pasado había 378.000 personas trabajadoras del hogar dadas de alta en la Seguridad Social. El doméstico es un trabajo con una gran proporción de empleadas en la economía sumergida. La “mayoría”, mencionaba antes Sánchez. Oxfam Intermón no comparte la estimación de Territorio Doméstico y asegura que en España trabajan en el sector doméstico 565.718 personas en 2024, de las cuales el 87% son mujeres y dos de cada tres son extranjeras o tienen doble nacionalidad. El Estado español es el primer empleador de Europa en el sector doméstico; una de cada tres empleadas del hogar europeas trabaja en España.

Existen derechos que las empleadas tienen complicado ejercer por su situación vulnerable

“¿Sabes lo que pasa con los matrimonios? Que cuando la mujer se mete en la cama el hombre empieza a buscarte así, por la espalda, y te acaricia y… pero ¿sabes lo que pasa? Que no se lo puedes decir a la familia porque dice que tú te lo estás inventando y, al final, pierdes el trabajo, pero no puedes aguantar estas cosas”. Así se expresa una mujer rumana de 51 años que trabajaba como empleada doméstica en régimen interno en el estudio de la Universidad de Salamanca En territorio hostil, publicado en 2022 y que cuenta con 34 empleadas del hogar cuyas historias se escucharon entre 2015 y 2016.

El informe recopiló varios testimonios de tocamientos no consentidos, comentarios con connotaciones sexuales y proposiciones de mantener relaciones a cambio de dinero. Ninguna de las empleadas afectadas denunció. Tania Paniagua, autora del paper, recoge como factores de riesgo para sufrir violencia (no solo sexual) en el empleo doméstico el estatus administrativo irregular, el desconocimiento del idioma o variedad lingüística de un idioma ya conocido y la falta de experiencia en el sector. Como factores de protección, lista mantener redes sociales extensas y que el proyecto migratorio se organice en torno a la promoción profesional más que a la necesidad económica o reencuentro familiar.

Un Real Decreto aprobado en 2024 exigía la redacción de un protocolo ante la violencia sexual que aún no se ha elaborado.

Más allá de cuestiones individuales, Sánchez y Otxoa señalan una medida institucional para paliar el machismo que sufren las empleadas del sector doméstico: cumplir el Real Decreto 893/2024. En su disposición adicional segunda, este reglamento recoge el derecho “a la protección frente a la violencia y el acoso, incluida la violencia, el acoso sexual […]” y, más concretamente, mandata al Instituto Nacional de la Seguridad y la Salud en el Trabajo la elaboración, en el (ya caducado) plazo de un año, de un “protocolo de actuación frente a situaciones de violencia y acoso en el servicio del hogar familiar”.

Eso sí, la integrante de Territorio Doméstico asevera que “no es tan fácil como hacer un protocolo”. “Muchas no tienen red para apoyarlas y como mujeres migrantes no nos podemos permitir el lujo de estar en los juzgados cada vez que nos citen [por haber denunciado al empleador]”, cuenta Sánchez. Sin obviar el elefante en la habitación: “Este es un trabajo en continuo contacto con tus empleadores; si denuncias, te quedas sin trabajo. Pregunte a las mujeres si tienen opción de renunciar a un trabajo de un día para otro”, añade la trabajadora, para quien el mayor problema es la Ley de Extranjería. “Sin permisos de residencia hay precariedad”, advierte Sánchez.

Con respecto al caso que ha captado gran parte de la atención mediática en España en la última semana, la activista de Territorio Doméstico denuncia la revictimización de las mujeres que han denunciado, especialmente las palabras de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quitando credibilidad a las exempleadas. “Nos señala que nos va a ser complicado denunciar porque ya de entrada no nos van a creer”, dice Sánchez.


Sí a la Diversidad Familiar!
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