enero 26, 2026

Cómo sobrevive un comedor. El hambre y el avance narco: la resistencia de las cocineras en la 1-11-14

A pesar de sostener la red de contención social en los barrios más vulnerables, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires persiste en no reconocer a las cocineras comunitarias como trabajadoras formales, otorgándoles apenas un subsidio mínimo que no cubre sus necesidades básicas. En este contexto de precarización extrema, el comedor “Guerreras” del Bajo Flores lucha por no cerrar sus puertas frente al aumento de los alquileres, la falta de alimentos y un entorno donde la ausencia del Estado le cede terreno al narcotráfico.


"Guerreras" es uno de los primeros comedores del Frente de Organizaciones en Lucha (FOL) (Gala Abramovich)


“Guerreras” es uno de los primeros comedores del Frente de Organizaciones en Lucha (FOL). Abrió sus puertas en 2018, en el corazón de la villa 1-11-14, en el barrio de Bajo Flores. Desde entonces, han tenido que mudarse de espacio en varias ocasiones porque los costos de los alquileres se volvieron imposibles de sostener. A pesar de las dificultades, el espacio creció y fundaron un bachillerato popular al que concurren los vecinos del barrio. Sin embargo, la crisis no da tregua: de los seis comedores que funcionaban en la organización, hoy quedan solo cuatro en pie. El principal escollo es la falta de presupuesto para sostener los locales.

Aunque reciben mercadería y alimentos del Gobierno de la Ciudad, el Estado continúa sin reconocer a las cocineras comunitarias como trabajadoras. Sus únicos ingresos provienen del programa Potenciar Trabajo, que es de apenas 78 mil pesos. “Estamos sobreviviendo. Tuvimos que cerrar muchos comedores y espacios como jardines y guarderías porque no podíamos pagar los alquileres, y de eso el Gobierno de la Ciudad tampoco se hace cargo. No pudimos solventar más los gastos. En los espacios que resisten, la remamos todos los días, pero a veces pensamos que no vamos a poder más porque pagamos casi un millón de pesos de alquiler”, relata una de las referentes.


Todo el trabajo se realiza a pulmón. Organizan rifas, bingos y diversas actividades para recaudar fondos; incluso, en ocasiones, las trabajadoras ponen dinero de sus propios bolsillos para evitar el cierre. La pelea es diaria y desigual.

El comedor abrió sus puertas en 2018, en el corazón de la villa 1-11-14 (Gala Abramovich)

Nuevos rostros en la fila del hambre

Desde la asunción del gobierno de Javier Milei, el perfil de quienes asisten al comedor cambió drásticamente. Antes, el lugar era frecuentado principalmente por vecinxs de la villa; hoy llegan personas de otros barrios, jubiladxs, personas con discapacidad y trabajadores con empleo formal que no llegan a fin de mes. “Muchos niños vienen con el informe social de la salita médica por cuadros de malnutrición; a ellos los tenemos que recibir sí o sí. Esto antes no pasaba. Éramos pobres, pero teníamos para alimentarnos bien. Ahora los niños se están alimentando demasiado mal”, cuenta una de las responsables del comedor, quien solicita preservar su identidad por temor a las represalias de los grupos narcos que operan en la zona.

La referente relata, además, que se acercan personas que votaron al actual presidente y hoy expresan su arrepentimiento: “He hablado con muchos jubilados que me decían: ‘Toda mi vida trabajé, pude vivir de mi sueldo y nunca pensé pisar un comedor’. Ahora están en la fila. Algunos lloran y otros sienten mucha vergüenza por haberlo votado”.

Para sostener la olla, las cocineras deben multiplicar sus esfuerzos, ya que todas tienen otros empleos informales. La jornada en el comedor comienza a las nueve de la mañana con la recepción de alimentos frescos y secos. A las 13 horas se inicia la cocción para entregar la merienda y la cena a unas 350 personas. Dependiendo del día, el equipo se compone de unas siete cocineras que sirven, según la disponibilidad, leche, té o mate cocido con galletitas y después la cena.

El Gobierno de la Ciudad continúa sin reconocer a las cocineras comunitarias como trabajadoras (Gala Abramovich)

El repliegue del Estado y el avance del narcotráfico

Mientras el Gobierno Nacional acusa a las organizaciones de gestionar “comedores fantasmas” y la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, mantiene frenada la entrega de alimentos —pese a los fallos judiciales en contra—, el territorio queda desprotegido. “El gobierno de Milei debería ponerse las pilas porque nos están ganando los narcotraficantes. Muchos compañeros y jóvenes que estudiaban y trabajaban acá se fueron. Estaban a punto de recibirse, algunos de enfermeros, pero se fueron porque no podían solventar sus vidas y regresaron a lo que nosotros llamamos ‘las malas andanzas’”, advierte la referente.

La mujer señala una transformación alarmante en la estructura delictiva del barrio: “Antes decíamos que había solo ‘soldaditos’. Ahora hay mujeres, mamás que trabajan para los narcos; algunas eran compañeras nuestras. Todos se están dedicando a eso porque es lo más fácil. Con esa plata ilícita pagan sus gastos lícitos: el alquiler, la comida, el calzado de sus hijos”.

La retirada del Estado deja a los comedores como el único espacio de contención, pero estos pierden fuerza ante la falta de recursos. “Acá te tenés que matar todo el día por un plato de comida porque no nos pagan un sueldo. Eso no te alcanza para comprarle zapatillas a tus hijos. Entonces se van por el lado malo. El avance es peligroso para toda la sociedad, no solo para el barrio. Hay más personas con problemas de consumo en la calle, incluso niños de 10 o 12 años. Es muy triste, la sociedad se está degradando totalmente”, lamenta.

La vocación de ayudar frente al sacrificio físico y emocional

El peligro no es solo social, sino también institucional. Algunos comedores de la zona ya han sido cooptados por grupos narcos que donan mercadería para ganar influencia. “Incluso jóvenes que trabajaban con nosotras y ahora están con los narcos quieren venir a ayudarnos con plata para que sigamos adelante, pero nunca aceptamos”, asegura la referenta.

El desgaste físico es otro factor determinante. De las 60 cocineras que supo tener el comedor, hoy solo queda la mitad. “Las que se quedaron son las que realmente aman ayudar y piensan en el prójimo. Es mucho sacrificio: te arruinás la columna cargando ollas pesadas. En invierno tenés que cortar pollos congelados y te duelen las manos por el frío y los problemas de huesos. Psicológicamente también afecta ver a jóvenes que habíamos logrado sacar adelante y que ahora retroceden. Es un dolor inmenso, a veces lloramos entre nosotras porque esas vidas ya no se recuperan”.

El único ingreso de las cocineras comunitarias es de 78 mil pesos del programa Potenciar Trabajo (Gala Abramovich)

La referente llegó a la Argentina hace 15 años desde Perú, escapando de la violencia de género de su ex pareja. “Si me quedaba allá, hoy estaría muerta”, confiesa. Con un hijo de 22 años que estudia arquitectura y otro de 10, ella trabaja como auxiliar de kinesiología y masajista profesional, haciendo malabares para cumplir con sus profesiones y su labor comunitaria.

Hoy, el comedor tiene una lista de espera de 100 personas. El problema no es solo la comida, sino la falta de manos: necesitan que el Gobierno de la Ciudad las reconozca como trabajadoras para sumar más cocineras. “Nosotros somos una organización social y al comedor llegan casos de violencia de género, de salud y de vivienda. Vienen madres con chicos con problemas de consumo o compañeros con alcoholismo. No es solo dar comida, es una contención integral. Lo que no hace el Estado lo hacemos nosotras, pero la situación empeora. Incluso entre nosotras, hay hijos de compañeras que están cayendo en la droga porque no hay trabajo ni changas para los hombres”.

El panorama que describen los jóvenes del barrio es el reflejo más crudo de esta realidad. La referente suele visitar las escuelas secundarias para escuchar a lxs adolescentes: “Es horrible escuchar a chicas de 14 o 15 años decir que a lo único que aspiran es a ser ‘la prostituta de un narco’, y los varones aspirar a ser ‘soldaditos’. Que no tengan visión de futuro ni deseos de estudiar me hace muy mal”.

La referente cuenta otra de las problemáticas que atraviesan: a la falta de trabajo se le suma la violencia policial hacia los sectores más humildes. Las cocineras comunitarias que trabajan en los comedores intentan subsistir vendiendo ropa en ferias o mercadería en la calle, pero denuncian constantes robos de la mercadería por parte de la Policía de la Ciudad. “Les quitan lo poco que tienen para vender. No los dejan trabajar, no podés ser mantero. Parece que los están empujando a que la única opción sea la delincuencia”, concluye.


Paris Hilton se une a Alexandria Ocasio-Cortez para impulsar restricción a pornografía no consensuada con IA


La representante Alexandria Ocasio-Cortez, demócrata de Nueva York, a la derecha, y Paris Hilton, a la izquierda, durante una conferencia de prensa bipartidista en apoyo a la Ley de Desafío en el Capitolio, en Washington, el 22 de enero de 2026. Foto Ap


Estados Unidos. La representante Alexandria Ocasio-Cortez, demócrata por Nueva York, se asoció con la celebridad Paris Hilton para impulsar una vez más su proyecto de ley para restringir la pornografía deepfake no consensuada generada por IA.

Ocasio-Cortez y Hilton realizaron una conferencia de prensa con la copatrocinadora republicana de Ocasio-Cortez, la representante Laurel Lee de Florida.

La legislación, llamada Ley DEFIANCE, establecería una causa de acción civil para las personas que sean objeto de pornografía de inteligencia artificial deepfake creada sin consentimiento.

“Desde el lanzamiento público de las herramientas de IA, hemos visto una explosión absoluta de imágenes generadas por IA utilizadas para acosar sexualmente a víctimas y niños”, dijo, señalando cómo una gran mayoría de deepfakes generados por IA son pornografía no consensuada.

“Yo, al igual que muchos otros aquí, hemos hablado de nuestra experiencia como blanco de pornografía deepfake generada por IA”, dijo. “No solo se trata de una coalición de legisladores, sino también de sobrevivientes de acoso sexual y, en algunos casos, de abuso y agresión”.

La legislación ya fue aprobada por el Senado a principios de este mes por unanimidad, con el líder de la minoría del Senado, Dick Durbin, y Lindsey Graham (RS.C.), a la cabeza. El presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, también ha respaldado la legislación.

Hilton, por su parte, contó lo similar que era la pornografía con inteligencia artificial deepfake a la filtración del video de ella teniendo relaciones sexuales cuando tenía 19 años en la década de 2000.

“Lo llamaron escándalo”, declaró Hilton a los periodistas. “No lo fue. Fue abuso. En aquel entonces no había leyes que me protegieran. Ni siquiera había palabras para describir lo que me habían hecho”.

Hilton dijo que las mujeres y las niñas enfrentan perspectivas mucho peores que las que ella experimentó en ese momento.

“Antes, alguien tenía que traicionar tu confianza y robar algo real”, dijo. “Ahora, solo se necesita una computadora y la imaginación de un desconocido”.

Hilton afirmó que existen más de 100 mil imágenes deepfake suyas en línea. Ocasio-Cortez también ha hablado sobre haber sido víctima de pornografía deepfake con inteligencia artificial .

Pero la legislación propuesta se ha estancado en el pasado. En 2024, el Senado la aprobó por unanimidad, incluso antes del cierre del último Congreso.

Ocasio-Cortez ha dicho que ha hablado con Johnson sobre la legislación y dijo a los periodistas que se estaban enfrentando a un tiempo limitado en el último Congreso.

Fuente: La Jornada

enero 25, 2026

Virginia Woolf, la escritora que defendió la independencia intelectual y económica de las mujeres

La vida de Virginia Woolf estuvo marcada por la inestabilidad emocional y por varios intentos de suicidio. Al final, la autora acabó con su sufrimiento en 1941, tras arrojarse a las aguas del río Ouse.

Foto: CordonPress

Considerada como una de las escritoras referentes del modernismo vanguardista del siglo XX y del movimiento feminista, a Virginia Woolf, nacida en Londres como Adeline Virginia Stephen el 25 de enero de 1882, le tocó vivir en un mundo de hombres. En una de sus obras, Una habitación propia, la autora llegó a preguntarse: "¿Qué necesitan las mujeres para escribir buenas novelas? Independencia económica y personal, o sea, una habitación propia".

La infancia de Virginia estuvo rodeada de intelectualidad por los cuatro costados. En su casa se respiraba arte, política y un ambiente tan liberal como complejo.

Escritores sin Nobel

A pesar de esto, fueron sus hermanos varones los únicos que pudieron estudiar en la Universidad, ya que se consideraba que las mujeres de la familia debían quedarse en casa para cuidar de su padre y, por lo tanto, ser educadas por un tutor.

Los recuerdos de infancia de Virginia se enmarcan en sus visitas veraniegas a la zona de Cornualles donde su familia se trasladaba en verano. La casa familiar tenía unas fantásticas vistas a la playa y al faro, algo que posteriormente, en 1927, la autora reflejaría en su obra Al faro, cuya portada estaría ilustrada por su hermana Vanessa, una de las introductoras del impresionismo en Inglaterra.

A los trece años, Virginia sufrió un duro golpe del cual no se recuperaría jamás. El 5 de mayo de 1895 su madre murió repentinamente a causa de una fiebre reumática. Este hecho provocó en Virginia su primera crisis depresiva. A esto se unió, dos años más tarde, la muerte de su hermana Stella. Pero esto no fue lo único por lo que tuvo que pasar Virginia.

En una obra autobiográfica, la autora desliza que tuvo que soportar abusos sexuales por parte de dos de sus hermanastros (hijos de un matrimonio anterior de su madre) y que a raíz de ello jamás pudo dejar de sentir desconfianza hacia los hombres y desarrolló una visión romántica de las mujeres.

En 1905, su padre murió de cáncer, y antes de que Virginia hubiera cumplido los 23 años ya se había intentado suicidar. A pesar de no haberlo conseguido, sufrió una fuerte crisis nerviosa por la que tuvo que ser ingresada durante un tiempo.

EL CÍRCULO DE BLOOMSBURY

Tras la muerte de su padre, Virginia y tres de sus hermanos, Vanessa, Adrian y Thoby, se trasladaron a Bloomsbury, en la zona oeste de Londres. Convertida en centro de reunión para un grupo elitista de intelectuales británicos, por su casa pasaron figuras de la talla del economista John Maynard Keynes, los filósofos Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein, escritores como T. S. Eliot o la líder del movimiento sufragista Emmeline Pankhurst.

Todos ellos formaron el grupo conocido como "Círculo de Bloomsbury". Las reuniones que se llevaban a cabo en la casa abrieron un nuevo mundo para Virginia, que de pronto se vio rodeada de ideas sobre la igualdad, el feminismo, la aceptación de la homosexualidad y la bisexualidad, el amor por el arte, el pacifismo y el ecologismo.


Hoy en día se considera que Virgina Woolf padeció un trastorno bipolar con fases depresivas severas. A pesar de que la inestabilidad mental de la joven era importante, en agosto de 1912 se casó con el teórico político, escritor, editor y antiguo funcionario público británico, Leonard Woolf. Los trastornos más graves que padeció Virgina los sufriría entre los años 1913 y 1915. El 9 de septiembre de 1913, Virginia ingirió cien gramos de veronal, en otro intento por quitarse la vida.

En 1925, Virginia lograría un gran éxito con la publicación de su novela La señora Dalloway. La obra nos cuenta un día en la vida londinense de Clarissa, una dama de alta alcurnia casada con un diputado conservador y madre de una adolescente.


La historia comienza una soleada mañana de 1923 y termina esa misma noche, cuando empiezan a retirarse los invitados de una fiesta que se celebra en la mansión de los Dalloway. Aunque en el transcurso de la jornada sucede un hecho trágico: el suicidio de un joven que había vuelto de la guerra psíquicamente perturbado.

Lo más destacable de la obra radica en el modo de narrar la historia, ya que los hechos se cuentan desde el punto de vista de los personajes de un modo íntimo. Ese año, Virginia conoció a la también escritora Vita Sackville-West, con la que mantuvo una relación amorosa. Vita también estaba casada y aunque la relación entre ellas acabó sin que se separasen de sus respectivos maridos, la amistad entre ambas mujeres se mantendría durante el resto de sus vidas.
Foto: CordonPress

OBJETIVO DE LOS NAZIS

En el marco de la Operación León Marino, por la cual el ejército nazi iba a invadir Gran Bretaña, Hitler redactó una lista negra en la que se encontraban los nombres de autores tan carismáticos como Aldous Huxley, H.G. Wells y la propia Virginia Woolf. Virginia ignoraba que existiera tal lista, pero en el caso de que Alemania acabara invadiendo Gran Bretaña, el matrimonio sabía que tarde o temprano los nazis irían a por ellos, puesto que Virginia era una renombrada intelectual y su marido Leonard era judío.


Llegado el caso, la pareja tenía planeado suicidarse en su garaje aspirando los gases del tubo de escape de su vehículo. Además, Leonard guardaba bajo llave un frasco con una dosis letal de morfina que le había proporcionado Adrian, el hermano psiquiatra de Virginia, por si se complicaban las cosas.

Aunque las circunstancias personales de la escritora afectaron a su forma de encarar la existencia, algunos de los personajes de ficción de Virginia dejan pistas acerca del estado psicológico de su autora, como por ejemplo la ansiedad y el delirio.

Fruto de sus crisis, las ideas y las palabras fluían como un río agitado. Durante los primeros brotes de su enfermedad, la escritora llegó a afirmar que había oído cantar a los pájaros en griego, escena que años más tarde reproduciría en sus obras La señora Dalloway y Los años.

VENCIDA POR SUS FANTASMAS

Virginia se veía reflejada en los personajes de sus obras, que rezuman depresión y escepticismo, y en los cuales la idea del suicidio y el miedo a la gente son recurrentes. A Virginia le aterraba la soledad, era muy autocrítica y se sentía invadida a menudo por un sentimiento de culpa. También sufría terribles dolores de cabeza e insomnio.

Algunos médicos que la trataron, atribuyeron a la escritura sus problemas de salud. Algunos le recomendaron incluso que lo dejara, ya que los brotes más fuertes que sufría, que en su diario ella definía como "la ola" y "el horror", se producían tras el gran esfuerzo que le suponía escribir.

A pesar de estas recomendaciones, Virginia siguió escribiendo, aunque a veces tuvo períodos de inactividad. Gracias a que no dejó de hacerlo, nos ha legado una obra sorprendente, vasta y original.


Algunos médicos que trataron a Virginia atribuyeron a la escritura sus problemas de salud.

A pesar de ello, la escritura fue la tabla de salvación de Virginia ante el naufragio de su existencia. Pero el 28 de marzo de 1941, incapaz de hacer frente a la desesperación que la envolvía, se puso el abrigo y despojándose de su bastón, llenó los bolsillos de piedras y se adentró en el río Ouse, dejándose llevar por "las aguas que corren".


Antes de tomar esta trágica decisión, Virgina dejó dos cartas, una para su hermana Vanessa y otra para su marido, Leonard Woolf, las dos personas más importantes de su vida. Virginia cumplió así con lo que narraba en su premonitoria obra Fin de viaje.

En la carta de despedida de su querido esposo no sólo se percibe su padecimiento, tristeza y profundo dolor, sino también la gratitud y el gran amor que sentía hacia él. Su cuerpo fue encontrado tres semanas después, y Leonard hizo incinerar sus restos y esparció sus cenizas en el jardín de La Casa del Monje (Monk's House), su propio hogar.

Virginia Woolf creía que era necesario que cada vez hubiera más mujeres que escribieran, e incluso llega a hacer una apología de las diferencias entre sexos: "Sería una lástima terrible que las mujeres escribieran como los hombres, o vivieran como los hombres, o se parecieran físicamente a los hombres, porque dos sexos son ya pocos, dada la vastedad y variedad del mundo; ¿Cómo nos las arreglaríamos, pues, con uno solo? ¿No debería la educación buscar y fortalecer más bien las diferencias que no los puntos de semejanza?"


Fuente: National Geographic 

enero 24, 2026

KAY, la artista que visibiliza la violencia sexual en la Amazonía peruana a través de sus performances




Performance de KAY 'Sombra de las Amazonías', realizada en 2025 en el Museo del Quai Branly - Jacques Chirac, en París. Foto: Misha Zavalny / Kay Zevallos

En la Amazonía peruana todos han escuchado hablar del bufeo colorado, un delfín rosado que habita y es guardián en las aguas del río más largo y caudaloso del mundo, pero que, de repente, se transforma en un hombre blanco con un sombrero que "seduce" a mujeres y se las lleva, para luego devolverlas embarazadas. Un mito muy arraigado y ancestral, pero que se ha distorsionado, según denuncia la artista Kay Zevallos Villegas, conocida como KAY, quien visibiliza a través de sus performances la violencia sexual hacia las mujeres perpetuada por medio de leyendas como estas.

"Cuando una es niña crece con esta idea de que el bufeo viene y te seduce. Cuando hay, por ejemplo, niños que tienen un colorcito más rosado se dice: 'Es hijo del bufeo'. O sea, es hijo del extranjero porque blanquea un poco la piel y de alguna manera eso maquilla la violencia o la violación que hay en las mujeres, y que también se fueron transmitiendo en las memorias orales de los pueblos", explica a Efeminista la artista, que resalta que su experiencia es desde la llamada Amazonía urbana y ribereña.

Esos extranjeros con sombreros empezaron a llegar a los pueblos amazónicos especialmente en la época del auge del caucho, que comenzó en 1879, y quienes, según KAY, eran los jefes y dueños de las haciendas en donde "se maltrataban y esclavizaban a mujeres".

Recuerda que a ella le prohibían ir al río a bañarse, especialmente cuando llegaba la menstruación. "Porque si te ibas al río el bufeo podía venir y raptarte. Cuando tú eres niña creces con esto, con un miedo a entrar en los ríos, lo que para mí ya es una mutilación hacia nuestras aguas, porque nosotros estamos muy conectados con los ríos", menciona.

KAY afirma que este mito también se utiliza para ocultar violencias que provienen desde la misma familia. "A veces es tu padre, tu tío o alguien cercano de la comunidad que se hace pasar por un bufeo. Hay toda una maquinaria de utilizar el mito, que fue tergiversado del original, para manipular y ejercer una violencia contra las mujeres amazónicas".

La artista KAY durante una de sus performance en un río de Iquitos, Perú. Foto: Leoncio Ramírez / Kay Zevallos

La violencia sexual en la Amazonía peruana

La artista menciona que en Iquitos, del departamento peruano de Loreto, en la Amazonía, donde creció, hay "elevados índices de violencia sexual infantil". Una reciente campaña del Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa) señala que en la Amazonía de ese país "la violencia sexual ha marcado generaciones". Más de 1.800 casos se reportan cada año en comunidades Awajún, un pueblo indígena amazónico de Perú.

Conversó de este tema con mujeres cercanas y de su familia, como su madre o amigas, para saber cómo había llegado a ellas este mito, estudió e investigó sobre el tema y un día decidió "enfrentar ese miedo" y hacer una performance en el río Itaya, en Iquitos, durante los días en los que tenía la menstruación.

KAY lleva años investigando sobre lo que ha sucedido en su tierra desde la época del auge del caucho, y señala que en la bibliografía que hay sobre este tema "se trabaja mucho sobre el genocidio que hubo en los pueblos originarios, la explotación, pero muy poco se habla de la violencia hacia la mujer".


"Para mí ha sido una manera de confrontar mi propia historia, de ser una mujer amazónica peruana, de haber crecido en una ciudad donde todo el mundo me dijo que en la época del boom del caucho fue la mejor, que éramos mucho mejor que Lima. Y ya de grande empezar a cuestionar toda la violencia que ha habido y también todos los relatos a los que yo les tenía miedo cuando era pequeña, y decir que estos relatos se tienen que cambiar", señala.

En 2023, realizó una performance en la Galería Nacional de Praga denominada Sombra de las Amazonías, en la que pone en el centro la leyenda del bufeo colorado, una presentación que replicó hace unos meses en el Museo del Quai Branly, en París.

"Los abusos contra las mujeres persisten aún hoy en la memoria y los mitos de la región. El caucho es la fuente y el motor de la expropiación colonial. Las membranas de caucho natural pigmentadas con achiote se convierten en el punto nodal donde se encuentran los dos mundos: el explotador y el autóctono, el humano y el anfibio, lo profano y lo sagrado. El mundo bajo el río, universo cultural subacuático, es el del bufeo, de la leyenda y de sus reescrituras", se señalaba en la descripción de la muestra realizada en 2023.

Fotografía de la performance 'El río, antes de nadar, nos enseñó a observar', en Isla Santa Rosa, Perú. Foto: Leoncio Ramírez / Kay Zevallos

Visibilizar de forma colectiva memorias individuales

KAY indica que busca constantemente, por medio del arte, cuestionar los mitos, leyendas y memorias orales de su región y cómo estos violentan a las mujeres y a las niñas.

"Lo que yo intento con mi arte es visibilizar de forma colectiva memorias individuales", afirma, al tiempo que añade que cada performance, exposición u obra teatral que realiza lleva una "investigación profunda" sobre la violencia contra las mujeres en su tierra.

La artista cree que es importante rescatar la memoria de los pueblos, pero "no la tergiversada", pues esa "hay que cuestionarla". "La idea no es matar al mito, la idea es desmistificarlo, es volver al mito original, al que no tiene sombrerito y zapatos de charol", añade.

"El mito original es un guardián y no viola, no rapta. El mito original de nuestros pueblos cuida, protege. Por lo que la idea es llegar a nuestros mitos originales y cuestionar esos que todavía pasan de generación en generación, que son huellas de un colonialismo que a nosotras las mujeres nos han siempre puesto como víctimas", dice.

Asegura que no va a "descansar" hasta que "las niñas no sigan amando este bufeo, y hasta que en algún momento estos relatos se corten y digamos que eso no existe, que el bufeo no se transforma", concluye.


Por Cristina Bazán
Fuente: Efeminista 

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in