marzo 26, 2026

Inteligencia artificial y género: cómo la IA puede ampliar la desigualdad laboral


La inteligencia artificial no decidirá por sí sola el futuro del trabajo. Lo harán las reglas que establezcamos y las prioridades que fijemos. Si la igualdad no forma parte del diseño, tampoco formará parte del resultado

La inteligencia artificial generativa ya está transformando el trabajo en todo el mundo. Pero lo está haciendo sobre mercados laborales que no son neutrales ni igualitarios. Y cuando una tecnología poderosa entra en un sistema desigual, rara vez corrige por sí sola las brechas existentes.

La IA no opera en el vacío. Se despliega en economías donde mujeres y hombres no tienen el mismo acceso a empleos, ingresos, estabilidad ni protección social. Sin una intervención deliberada, corre el riesgo de ampliar desigualdades que llevan décadas arraigadas.

Los datos lo confirman. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), a nivel mundial los empleos dominados por mujeres tienen casi el doble de probabilidad de verse afectados por la IA generativa que los dominados por hombres: 29 % frente a 16 %. Entre los puestos con mayor exposición, la brecha es aún más pronunciada: 16 % frente al 3 %.

Las razones no son tecnológicas, sino estructurales. Las mujeres siguen concentradas en puestos administrativos y de oficina —auxiliares de nómina, recepcionistas, personal contable— donde predominan tareas rutinarias, predecibles y codificables. Son precisamente esas tareas las que la automatización puede asumir con mayor facilidad.

Los hombres, en cambio, están sobrerrepresentados en construcción, manufactura y oficios manuales. Son actividades físicas, variables y menos estandarizadas, mucho más difíciles de sustituir con sistemas automatizados. Un chatbot puede redactar una carta en segundos; no puede reparar una turbina.

Incluso dentro de las mismas ocupaciones persisten diferencias. Las mujeres tienden a concentrarse en tareas rutinarias y posiciones de menor jerarquía, mientras que los hombres ocupan con mayor frecuencia funciones analíticas, de supervisión o toma de decisiones. Estos roles tienden a complementarse con la tecnología más que a ser reemplazados por ella.

Nada de esto es casual. Responde a discriminaciones históricas, normas sociales persistentes, una distribución desigual del trabajo de cuidados y políticas económicas que condicionan quién accede a qué ocupaciones y en qué condiciones. El resultado es claro: ante el cambio tecnológico, las mujeres parten de una posición de mayor vulnerabilidad.

La tendencia es global. En el 88 % de los países analizados por la OIT, las mujeres están más expuestas a la IA generativa que los hombres. En economías como Suiza, Reino Unido o Filipinas, más del 40 % del empleo femenino se encuentra en ocupaciones potencialmente afectadas.

La exposición también varía según el nivel de ingresos. En países de altos ingresos, el 41 % de los empleos están expuestos a la IA generativa, frente al 11 % en los países de bajos ingresos. Esta diferencia refleja estructuras productivas distintas y brechas en preparación digital, pero también plantea una pregunta incómoda: ¿estamos preparando a quienes más lo necesitan para la transición tecnológica?

La IA no solo transforma ocupaciones existentes; también crea nuevas oportunidades. Se prevé crecimiento en sectores intensivos en tecnología. Sin embargo, las mujeres siguen estando subrepresentadas en los campos que diseñan, desarrollan y regulan estos sistemas. En 2022 representaban alrededor del 30 % de la fuerza laboral mundial en IA, una cifra prácticamente estancada en los últimos seis años.

Cuando las mujeres no participan en los espacios donde se diseña la tecnología, pierden acceso a empleos estratégicos y bien remunerados. Pero el problema va más allá del acceso individual. Si los equipos que desarrollan IA no son diversos, los sistemas reflejan el mundo tal como es —con sus desigualdades— en lugar de contribuir a transformarlo.

Pensar que la IA es objetiva por definición es un error. Los algoritmos aprenden de datos históricos. Y los datos históricos reflejan un mercado laboral donde las mujeres han enfrentado barreras sistemáticas. Si no se corrigen esos sesgos, pueden reproducirse a gran escala.

Sistemas de contratación entrenados con decisiones pasadas pueden reforzar liderazgos masculinizados. Herramientas que fijan salarios en función de historiales previos pueden perpetuar brechas salariales. Para mujeres que enfrentan discriminación interseccional —por raza, discapacidad, estatus migratorio o clase social— los riesgos se multiplican.

Esto no implica que la IA vaya a provocar una destrucción masiva de empleo femenino. La evidencia sugiere que el impacto afectará más a la calidad que a la cantidad del trabajo. La IA puede intensificar ritmos, aumentar la supervisión o reducir la autonomía. Pero también puede aliviar cargas administrativas, mejorar la productividad y facilitar la conciliación.

El efecto no está predeterminado. Dependerá de cómo se introduzca la tecnología y de quién tenga voz en ese proceso.

La IA ya puede utilizarse para promover la igualdad: detectar lenguaje sesgado en ofertas de empleo, analizar brechas salariales o prevenir la violencia y el acoso en el trabajo. Si se diseña de forma inclusiva y se regula de manera responsable, puede convertirse en una herramienta para fortalecer el trabajo decente.

Pero eso no ocurrirá automáticamente. Requiere políticas que reduzcan la segregación ocupacional, amplíen el acceso de las mujeres a competencias digitales —programación, alfabetización de datos, trabajo con sistemas automatizados— y garanticen su presencia en los equipos que diseñan y regulan la tecnología.

Requiere también fortalecer las instituciones del mercado laboral y el diálogo social, para que trabajadoras y trabajadores participen en las decisiones sobre cómo se implementa la IA en sus sectores.

La inteligencia artificial no decidirá por sí sola el futuro del trabajo. Lo harán las reglas que establezcamos y las prioridades que fijemos. Si la igualdad no forma parte del diseño, tampoco formará parte del resultado.

La pregunta no es si la IA transformará el empleo. La pregunta es si permitiremos que consolide brechas históricas o si la utilizaremos, por fin, para empezar a cerrarlas.


Fuente: El Diario.es 

marzo 25, 2026

OIT: Largas jornadas y sobrecarga de cuidados profundizan desigualdades en América Latina

El nuevo informe técnico de la OIT Cono Sur analiza evidencia de siete países de América Latina y muestra cómo las encuestas de uso del tiempo permiten comprender mejor la relación entre jornada laboral, cuidados, traslados y bienestar, aportando insumos clave para el diseño de políticas laborales y de igualdad de género.




Tiempo de trabajo y bienestar: aportes de las encuestas de uso del tiempo al análisis del mercado laboral en América Latina


La Oficina de la OIT para el Cono Sur presentó el informe técnico “Tiempo de trabajo y bienestar: aportes de las encuestas de uso del tiempo al análisis del mercado laboral en América Latina”, que analiza evidencia de siete países de la región y entrega nuevos insumos para el debate sobre jornada laboral, cuidados y bienestar.

El estudio recalca la importancia de incorporar información de las Encuestas de Uso del Tiempo (EUT) en el debate del tiempo de trabajo. A partir de los datos más recientes de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Paraguay y Uruguay, muestra cómo estas encuestas permiten comprender no solo cuánto se trabaja, sino también cómo se distribuye el tiempo entre empleo, tareas domésticas, cuidados, traslados y ocio según distintas características demográficas y socioeconómicas.

“El tiempo es un recurso limitado y su distribución tiene efectos directos en la calidad de vida. Cuando aumentan las horas de trabajo remunerado, disminuye el tiempo disponible para el descanso, el cuidado y la vida personal”, afirmó Sonia Gontero, Especialista en Salarios y Tiempo de Trabajo de la OIT Cono Sur.

Largas jornadas y extensos traslados

El informe muestra que en América Latina el tiempo destinado al trabajo remunerado sigue siendo elevado, especialmente entre los hombres. A esto se suman largos tiempos de traslado en las grandes ciudades, que reducen aún más el tiempo disponible para otras actividades y afectan el bienestar físico y emocional de las personas trabajadoras.

En la región no solo trabajamos muchas horas, sino que además dedicamos largos períodos a trasladarnos. Esto tiene impactos en salud, productividad y conciliación. La organización del tiempo de trabajo y la mejora de los servicios públicos de transporte, son elementos clave del debate sobre trabajo decente.Sonia Gontero, OIT Cono Sur

“En la región no solo trabajamos muchas horas, sino que además dedicamos largos períodos a trasladarnos. Esto tiene impactos en salud, productividad y conciliación. La organización del tiempo de trabajo, la mejora de los servicios públicos de transporte y de infraestructura vial, son elementos clave del debate sobre trabajo decente”, señaló Gontero.
Distribución desigual del trabajo no remunerado

Uno de los principales hallazgos del estudio es la persistencia de brechas de género en el uso del tiempo. Las mujeres continúan asumiendo una proporción significativamente mayor del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.

“La evidencia es clara: incluso las mujeres que trabajan a jornada completa dedican muchas más horas al trabajo no remunerado, lo que a su vez limita sus oportunidades laborales, la disponibilidad de tiempo para formación y desarrollo profesional y profundiza desigualdades”, explicó la especialista.
Pobreza de tiempo y bienestar

El documento también aborda el concepto de “pobreza de tiempo”, es decir, la falta de horas suficientes para el descanso, el ocio o el autocuidado debido a cargas excesivas de trabajo. Las estimaciones para la región muestran que esta situación afecta con mayor intensidad a mujeres y a hogares de menores ingresos, lo que resalta la necesidad de coordinar políticas de organización del tiempo de trabajo y de cuidados para redistribuir el tiempo y reducir desigualdades. 

Además, el análisis incorpora información sobre satisfacción con el uso del tiempo y conciliación entre vida laboral y personal, evidenciando que extensas jornadas laborales reducen la percepción de bienestar. Esto demuestra que “el equilibrio entre el tiempo dedicado a distintas actividades es un determinante esencial del bienestar integral de los trabajadores y, por ende, de su rendimiento en el ámbito laboral, un aspecto de suma importancia para la competitividad de las empresas”.

Evidencia para políticas públicas

Para la OIT, las encuestas de uso del tiempo constituyen un complemento clave de las estadísticas laborales tradicionales, ya que permiten integrar en una misma medición el trabajo remunerado y el no remunerado, así como el tiempo destinado a traslados y actividades personales.

“Medir el tiempo destinado a distintas actividades permite diseñar políticas que integren diversas áreas. Si queremos avanzar en igualdad de género, productividad y bienestar, necesitamos entender cómo se organiza la jornada en la vida real de las personas”, concluyó Gontero.

Medir el tiempo destinado a distintas actividades permite diseñar políticas que integren diversas áreas. Si queremos avanzar en igualdad de género, productividad y bienestar, necesitamos entender cómo se organiza la jornada en la vida real de las personas.Sonia Gontero, OIT Cono Sur

En un contexto regional marcado por debates sobre el tiempo de trabajo, sistemas de cuidados y conciliación, el informe aporta evidencia técnica para fortalecer políticas orientadas a una distribución más equilibrada del tiempo y a la promoción del trabajo decente en América Latina.

Fuente: OIT

Un nuevo informe de políticas de la OIT destaca que el género debe ser una consideración fundamental en el diseño y la implementación de los planes de protección social en materia de salud

La igualdad de género requiere políticas de protección social en materia de salud que sean inclusivas y reactivas

 


Una nueva nota de políticas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) muestra que la protección social en materia de salud es fundamental para garantizar el acceso efectivo de las mujeres a una atención sanitaria de calidad y apoyar la seguridad de sus ingresos durante la enfermedad y la maternidad.

La nota, titulada Social health protection for gender equality, se publicó en el marco del Día Internacional de la Mujer y ofrece orientaciones prácticas para el diseño de políticas de protección social en materia de salud que beneficien a las mujeres.

El Día Internacional de la Mujer de este año —bajo el lema Derechos. Justicia. Acción. Para TODAS las mujeres y niñas — llega en un momento clave, ya que los retrocesos en el acceso a los servicios de salud y reproductivos afectan a las mujeres en varios países, y muchas mujeres siguen enfrentándose a obstáculos para acceder a la atención esencial sin dificultades, a pesar de los avances en la ampliación de la cobertura sanitaria en algunas partes del mundo.

La nueva nota de la OIT sostiene que las políticas de protección social y salud deben situar la igualdad de género en el centro de sus prioridades para proteger los derechos de las mujeres y obtener resultados significativos para las mujeres y las niñas de todo el mundo.

La seguridad social y la salud son derechos humanos fundamentales. Sin embargo, incluso en los casos en que las leyes y reglamentos garantizan la igualdad de acceso a la atención sanitaria para mujeres y hombres, las desigualdades en el mercado laboral contribuyen a que, en la práctica, las mujeres no se beneficien de la misma protección. Las mujeres asumen una parte desproporcionada del trabajo de cuidados no remunerado, tienen más probabilidades que los hombres de trabajar en el sector informal en muchas partes del mundo y ganan salarios más bajos, factores que pueden limitar su acceso efectivo a la protección social en materia de salud y que influyen en las diferencias de resultados sanitarios.

Reconociendo estas realidades, la nota de políticas de la OIT insta a que el género sea una consideración fundamental en el diseño y la aplicación de las políticas y los planes de protección social en materia de salud. Este objetivo incluye la formulación de paquetes de prestaciones que reflejen las necesidades de salud de las mujeres a lo largo del ciclo de vida, la prestación de servicios de calidad cerca de los lugares de residencia de las mujeres y el fortalecimiento de las medidas de protección financiera basadas en una amplia mutualización de riesgos. Al responder tanto a las necesidades sanitarias específicas de las mujeres como a los determinantes sociales de la salud, la protección social en materia de salud puede desempeñar un papel fundamental en la promoción de la igualdad de género en términos de acceso a los servicios sanitarios y de resultados en materia de salud.

Las políticas de protección social deben apoyar a las mujeres en todas las etapas de la vida, incluyendo la atención a sus necesidades durante la maternidad y más allá. En la vejez, por ejemplo, muchas mujeres se enfrentan a mayores riesgos de pobreza, mala salud y necesidades de cuidados insatisfechas debido a menores ingresos a lo largo de su vida y a las diferencias en las pensiones. Además, la nota aborda cómo la armonización de la protección social con las políticas de seguridad de ingresos y de cuidados puede proporcionar una protección sólida, contribuyendo a promover la dignidad y el bienestar a lo largo de la vida de las mujeres.

El informe está disponible aquí.






Fuente: OIT

marzo 24, 2026

Pruebas de VPH en casa: una nueva opción para las mujeres


Los expertos esperan que esta nueva opción aumente el número de mujeres que se someten a pruebas de detección y salve más vidas. VANGUARDIA

La prueba casera de VPH de alto riesgo es una opción para mujeres mayores de 30 años con riesgo promedio de cáncer de cuello uterino

Privado. Cómodo. Conveniente. Probablemente estas no sean palabras que la mayoría de las mujeres asociarían con la prueba de detección del cáncer de cuello uterino, que hasta hace poco siempre se realizaba en el consultorio del médico y generalmente implicaba colocar los pies en estribos como parte de un examen pélvico.

Pero ahora existe otra opción. En enero de 2026, el Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos (HHS) publicó directrices para la detección del cáncer de cuello uterino que, por primera vez, incluyen la opción de que las mujeres se realicen una prueba casera de detección del virus del papiloma humano de alto riesgo (VPH-AR). Esta prueba detecta las cepas del virus del papiloma humano (VPH) que causan aproximadamente el 95% de los casos de cáncer de cuello uterino.

Los expertos esperan que esta nueva opción aumente el número de mujeres que se someten a pruebas de detección y salve más vidas. Según la Sociedad Americana contra el Cáncer, en 2026 se diagnosticarán aproximadamente 13.490 nuevos casos de cáncer de cuello uterino invasivo en mujeres estadounidenses, y otras 4.200 mujeres fallecerán a causa de esta enfermedad.

La prueba casera de VPH de alto riesgo es una opción para mujeres mayores de 30 años con riesgo promedio de cáncer de cuello uterino. Las mujeres con antecedentes recientes de una prueba de Papanicolaou anormal, una prueba de VPH positiva, síntomas como sangrado vaginal o flujo anormal, o que hayan recibido tratamiento previo para un problema ginecológico, deben continuar realizándose pruebas de detección en el consultorio.

“Dar a muchas mujeres la posibilidad de realizarse esta prueba en casa podría aumentar las tasas de detección precoz. Ya se está haciendo con éxito en otros países”, afirma la Dra. Tien Ly, ginecóloga obstetra del Hospital General de Massachusetts, afiliado a Harvard.

Cambio de enfoque

Introducida en 2024 como una opción en los consultorios médicos, la prueba de automuestreo forma parte de un modelo cambiante de pruebas de detección del cáncer de cuello uterino en los Estados Unidos.

Durante muchas décadas, las pruebas de detección se centraron en la prueba de Papanicolaou. Para realizar una prueba de Papanicolaou, un médico introduce un hisopo largo en la vagina durante un examen pélvico para raspar células del cuello uterino. La muestra celular se envía a un laboratorio para buscar anomalías.

En los últimos años, la misma muestra también se ha utilizado para detectar el VPH; este análisis dual se denomina prueba combinada. Sin embargo, los científicos han descubierto que la prueba del VPH por sí sola, que se puede realizar de forma más sencilla simplemente frotando las paredes de la vagina, predice mejor el cáncer de cuello uterino futuro en comparación con la prueba de Papanicolaou por sí sola.

EI VPH se presenta en más de 200 cepas, dos de las cuales son responsables de más del 70% de los casos de cáncer de cuello uterino. Las pruebas de VPH de alto riesgo se centran en 14 cepas de alto riesgo. “Realizar pruebas para el grupo de alto riesgo es mejor que hacer solo una citología vaginal”, afirma la Dra. Ly, “y realizar primero la prueba de VPH de alto riesgo es igual de eficaz que realizar ambas pruebas”.

Proceso de pruebas caseras

Para realizar una prueba casera de VPH, la mujer separa los labios vaginales, introduce un hisopo de plástico (de tamaño similar a un bolígrafo), lo frota por las paredes vaginales y lo retira. A continuación, coloca inmediatamente el hisopo en un vial y lo envía a un laboratorio para su análisis. Los resultados estarán disponibles en una semana.

Según la Dra. Ly, los estudios que comparan la auto-toma de muestras con la toma realizada por un médico no muestran diferencias en la precisión. Esto probablemente se deba a la facilidad con la que se pueden recolectar las células infectadas con VPH. “EI VPH se encuentra en el cuello uterino, la vagina y la vulva”, afirma. “Está por todas partes”.

Las mujeres que den positivo en la prueba del VPH recibirán orientación de sus médicos sobre los pasos a seguir, que podrían incluir una prueba de Papanicolaou o una colposcopia, procedimiento que utiliza un microscopio especializado para examinar el cuello uterino y la vagina en busca de células anormales. Las mujeres que den negativo en la prueba del VPH no tendrán que repetirla durante tres años.

¿Está considerando realizarse una autoprueba?

La Dra. Ly cree que más mujeres se someterán a pruebas de detección de cáncer de cuello uterino si pueden tomar el control del proceso por sí mismas. Un análisis reciente genera dudas sobre esta idea, aunque aún ofrece algunos atisbos de esperanza.

Según un estudio publicado en marzo de 2026 en la revista Obstetrics and Gynecology, en el que participaron cerca de 4500 mujeres de entre 21 y 49 años, solo el 43 % afirmó preferir realizarse la prueba por sí misma, mientras que el 28,5 % preferiría que la realizara su médico. Sin embargo, el 28% indicó no tener preferencia, lo que significa que un total del 71 % se muestra receptivo a la idea de realizarse la prueba por sí mismo, según explica la Dra. Ly.

Cabe destacar que alrededor del 18 % de las encuestadas nunca se habían sometido a una prueba de detección de cáncer de cuello uterino o no se habían sometido a una prueba adecuada, y el 54 % de estas mujeres indicaron que preferirían la auto-recolección de muestras. “Creo que esa es la cifra más importante en la que debemos centrarnos, porque son las pacientes a las que queremos llegar”, afirma.

Sin embargo, la autoprueba no elimina la necesidad de que las mujeres consulten a su ginecólogo y se sometan a exámenes pélvicos periódicos, que también permiten detectar otras afecciones, señala la Dra. Ly.

¿Quién puede dejar de someterse a pruebas de detección de cáncer de cuello uterino a los 65 años?

Las guías de detección del cáncer de cuello uterino recomiendan que las mujeres comiencen a realizarse la prueba a los 21 años y pueden dejar de hacerlo a los 65 años, si se cumplen ciertos criterios. En los 10 años anteriores, una mujer debe haber tenido alguna de las siguientes condiciones:

1. tres pruebas de Papanicolaou negativas

2. dos pruebas combinadas negativas (VPH y Papanicolaou)

3. dos pruebas de VPH de alto riesgo con resultado negativo realizándose las dos más recientes entre los 60 y los 65 años.

Según la Dra. Tien Ly, ginecóloga obstetra del Hospital General de Massachusetts, tampoco deben haber sido diagnosticadas nunca con displasia grave (anomalías) de las células cervicales.

Una vez que cumple con esos criterios, una mujer de 65 años o más se considera de bajo riesgo de cáncer de cuello uterino. Sin embargo, cualquier mujer mayor con sangrado vaginal, independientemente de los resultados de pruebas anteriores, debe someterse a una prueba de detección. “Entonces ya no se la considera de riesgo promedio”, afirma la Dra. Ly.

Por Maureen Salamon
Fuente: La Vanguardia

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