El recrudecimiento del bloqueo en Cuba. Cubanas iluminan con dignidad un país a oscuras
Analizar el impacto de las medidas del gobierno norteamericano contra el pueblo y las mujeres cubanas, que profundizan las consecuencias del histórico bloqueo, nos permite constatar que a diferencia de otros países, en Cuba se sostiene una dignidad organizada, que hace de la resistencia un programa de solidaridad comunitaria. Sin embargo en los últimos meses las condiciones de vida se han agravado brutalmente, y requieren de una respuesta solidaria mundial.

Las labores de la vida diaria se organizan en torno a la doble jornada de trabajo, cuya carga cae específicamente en los hombros de las mujeres. Desinformémonos
El 7 de julio de 2026 Cuba denunció ante la Asamblea General de la ONU el recrudecimiento del bloqueo, que ahora incluye un cerco energético total, y amenazas militares. El Canciller cubano Bruno Rodríguez calificó el bloqueo como un “castigo colectivo”, un “crimen de lesa humanidad” y un acto de genocidio que “asfixia y mata de manera silenciosa”. En esa sesión, 136 países apoyaron abrir el debate; 9 votaron en contra (EE.UU., Argentina, Costa Rica, Israel, Marruecos, República Checa, Macedonia del Norte, Paraguay y Ucrania); y 30 se abstuvieron.
Yailin Orta Rivera, del Instituto de Información y Comunicación Social resume que desde el 1° de marzo de 2025 al 28 de febrero de 2026 el daño económico provocado por la agresión norteamericana fue de más de 8.000 millones de dólares (7% superior al año anterior). El daño acumulado desde 1962 es de 178.700 millones de dólares a precios corrientes. En cuanto al impacto humanitario, la mortalidad infantil aumentó de 4,0 a 9,9 por mil nacidos vivos. Esto equivale a 1.780 muertes evitables de recién nacidos, por falta de equipos y tratamientos. La supervivencia en cáncer infantil cayó del 85% al 65%, por la imposibilidad de acceder a medicamentos, tecnologías y tratamientos especializados. Más de 100.000 pacientes (incluidos 12.000 niños) esperan operaciones suspendidas por falta de electricidad. Los apagones y la falta de agua potable afectan hospitales, escuelas, producción de alimentos, transporte y distribución de ayuda humanitaria. Más de 3 millones de personas necesitan asistencia que no puede distribuirse por falta de combustible.

Cuba necesita (y merece) que el mundo sepa que el bloqueo brutal que sufre en la actualidad dejó al país a oscuras. Los paneles solares no alcanzan para abastecer energía al país, a sus centros educativos y de salud. Gentileza -, Gentileza -
La organización en torno a los cuidados
Estas situaciones afectan en especial a las mujeres cubanas que asumen mayoritariamente las tareas de cuidado de las familias y de la revolución. Osmayda Hernández Beleño, del secretariado de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), dice a Las12: “El bloqueo económico comercial, financiero, y el cerco energético, afectan con mayor fuerza al sector de la salud y a programas gratuitos y universales que el país ha priorizado durante más de seis décadas. Las carencias del sistema de salud pública repercuten de manera desproporcionada en pacientes oncológicos, embarazadas, personas sometidas a hemodiálisis, niños y niñas, así como en programas de reproducción asistida y atención materno infantil. La persecución a buques y empresas vinculadas al suministro de combustible ha agravado la crisis energética de la isla. Las consecuencias del bloqueo afectan de manera desproporcionada a los sectores más vulnerables de la sociedad, particularmente mujeres, niñas, niños y personas de la tercera edad. El bloqueo agudiza las manifestaciones de violencia estructural y de género en el país, pues el colapso energético traslada una carga desproporcionada de trabajo de cuidados y doméstico hacia las mujeres, quienes deben gestionar la supervivencia familiar sin electricidad para cocinar o conservar alimentos, vulnerando su derecho al desarrollo y a la salud mental. Existe desabastecimiento de alimentos, de medicamentos e insumos médicos. Las mujeres cubanas dedican en promedio más de 35 horas semanales a tareas domésticas, y son jefas de casi la mitad de los hogares del país”.
La dirigente de la FMC realza sin embargo el ejemplo de resistencia: “En medio de las dificultades, las mujeres cubanas se levantan cada día con una fuerza admirable. Es madre, trabajadora, cuidadora, y muchas veces, el corazón que mantiene en pie a la familia. Con creatividad, paciencia y mucho amor, enfrenta los retos de la vida diaria. Donde parece haber escasez, ella encuentra soluciones, donde hay cansancio, saca fuerzas para seguir adelante. Su resiliencia se ve en los pequeños gestos: en la comida que logra poner en la mesa, en el abrazo que calma, en la esperanza que nunca deja morir. Las mujeres cubanas no solo resisten, también transforman. Convierten las dificultades en aprendizaje, y la adversidad en motivo para luchar por un mañana mejor. Porque detrás de cada hogar, de cada familia que sigue adelante, muchas veces hay una mujer sosteniendo el mundo con sus propias manos”.
Impactos de la violencia en la vida cotidiana
Para tomar conciencia de lo que esta situación significa en el día a día, nos dice Marilys Zayas Shuman, directora de la Editorial de la Mujer de la FMC: “Imagínense ustedes que una mujer cubana hoy pasa el día gestionando agua, cocinando con carbón, tratando de mantener una higiene mínima mensual. Levantándose a la madrugada, para que llegue un poquito de corriente, que puede durar una hora, 2, máximo 3, para garantizar la comida e intentar lavar algunas ropas. Esta embestida del bloqueo ha hecho cada día más difícil sostener la vida. La imagen es de las más difíciles que yo he vivido en más de 50 años en revolución. Cuba es un país sin combustible, que amanece y pasa todo su día a oscuras. No hay combustible para transportarse, tampoco para dar energía a las casas, o para bombear agua. Hay una situación sumamente crítica con el agua en todos los territorios, y en La Habana en los últimos 7, 8 meses, se lo está sintiendo con una fuerza descomunal. La falta de combustible detiene las comunicaciones, porque no hay manera de sostener la telefonía sin electricidad. A pesar de los ingentes esfuerzos que se hacen para poner paneles solares en lugares estratégicos, no es una acción que solucione la vida diaria y la cotidianeidad de las personas. Cuba es un país en el que hoy se vive a oscuras. Aquellos territorios que no tienen el gas de la calle manufacturado, que dependen de cocinar con electricidad o con gas licuado, no cuentan hoy con ese recurso, y esas familias han regresado a cocinar con leña y con carbón. Se hacen imposibles hasta los cuidados más mínimos de lavar las ropas, porque no hay electricidad y no hay agua. Esto es en cuanto a la vida cotidiana de las personas. Cuando nos ubicamos en la vida de las mujeres es terrible. Imagínese un país sin combustible, que hoy tiene detenidas más de 100.000 operaciones, entre ellas operaciones de niños, porque en los hospitales no hay para sostener la electricidad en salas de operaciones. Es un país que tuvo que terminar el curso escolar antes de tiempo, poniendo en riesgo la calidad de la graduación de sus estudiantes. También le hablo de un país en el que es sumamente difícil hoy encontrar medicamentos. Han llegado donaciones internacionales que han tratado de cubrir, por lo menos, los medicamentos en los intrahospitalarios, pero eso no resuelve el problema. Cuba es un país que exhibe hoy sus peores cifras en mortalidad materno-infantil. Esto tiene un motivo, y es que muchas de las embarazadas hoy no reciben el suplemento alimenticio que necesitan, ni los medicamentos complementarios. Además no se han tenido los reactivos para hacer pruebas tan imprescindibles como el alfa fetoproteína, que define cuándo un embarazo viene con riesgo como malformaciones, porque no hay electricidad para hacer los ultrasonidos de seguimiento que necesita el embarazo. Estamos hablando de una Cuba que hoy ha tenido que reducir, por ejemplo, la tirada de sus medios de comunicación, de sus periódicos, porque no hay papel ni tinta ni energía para lograrlo. Ha tenido que regresar con muchas personas al teletrabajo, a la reubicación laboral cerca de su centro, porque las personas tenían que caminar largas jornadas para poder llegar a su centro de trabajo.”
Marilys pone el acento en el impacto de esta situación en la vida de las mujeres: “¿Cómo lo viven las mujeres? Después de estar toda la madrugada haciendo labores del hogar, regresan a acompañar la salida de la familia para el trabajo. Ahora mismo, en tiempos de verano, se intenta inventar motivos y excusas para que las niñas y los niños no sientan la crueldad de un proceso tan difícil. Yo he hecho varias entrevistas sobre este tema, pero no deja de emocionarme, y de sentirme muy mal, porque son procesos que estamos viviendo en carne propia, y que son muy dolorosos. En Cuba están aumentando las personas vulnerables, cada día son más. Porque hay un alto índice de envejecimiento, de personas que se han quedado solas, adultas y adultos mayores, porque sus hijos y sus hijas han migradoporque sienten que es la posibilidad que tienen de ayudar a su familia. Hoy son viejitas y viejitos solos en su casa. Necesitan otros tipos de apoyo que no siempre lo tienen”.Iniciativas comunitarias para resolver la falta de recursos básicos.
La creatividad al poder
A partir de estos análisis la FMC promueve la organización desde las comunidades, desde las organizaciones, para aportar al barrio que más lo necesita. “Desde la Federación se atienden temas tan fuertes como el de la violencia, porque nuevamente las mujeres están regresando al hogar y a los espacios privados, por el teletrabajo y por otros motivos, porque incluso aquellas mujeres que no trabajaban en la calle, lo hacían solo en el hogar, tenían la posibilidad de salir a hacer gestiones y eso ahora es imposible. Entonces nos vamos organizando en atención a los temas de violencia, en mejorar el trabajo de las consejerías de la Federación, en organizar un proyecto muy hermoso que se llama Mi barrio por la Patria, en el que se unen la Federación de Mujeres Cubanas, los Comités de Defensa de la Revolución, la Central de Trabajadores de Cuba, la Unión de Jóvenes Comunistas, y con proyectos que se generan en las comunidades se trata de sostener la vida, porque solo a través de la unidad podemos hacerlo. También se impulsan proyectos como el No más, dirigido fundamentalmente a la violencia de género, a fortalecer el trabajo de las consejerías de violencia, a mejorar el tratamiento desde los medios de los temas de violencia, que ha desarrollado, por ejemplo, una campaña para niñas, niños, jóvenes y adolescentes por adolescencias libres de violencias machistas. Los jóvenes que participan de ella se han dedicados a socializarla, porque se han apropiado de ella y de sus herramientas. Se realizan ferias comunitarias, ferias de salud, para dar la oportunidad a las mujeres creadoras de vender sus artesanías, y de hacer la comercialización de sus productos a las mujeres agropecuarias. Promovemos las casitas comunitarias, que son prolongaciones de los hogares de alimentación comunitaria, pero como los hogares eran uno por municipio, se decidió hacer casitas por comunidades más pequeñas, entonces hay mujeres que están brindando su casa para dar alimentación, desayuno, almuerzo y comida a las personas vulnerables. Se han estado haciendo otras experiencias, como talleres “gente con swing”, para adolescentes en tiempo de verano, para hablar de temas disímiles, porque la idea es generar espacios donde las niñas, niños y adolescentes puedan estar, aunque sus padres no tengan las condiciones de llevarlos a otros lugares”.
La creatividad es sello de las organizaciones populares, y también de iniciativas individuales. “Los paneles solares comprados son donados a lugares estratégicos, en los hospitales, en las salas de terapia intensiva, en los bancos, para conservar alimentos, es decir, en lugares que son para uso de las comunidades, de las personas, de las familias, hospitales, pero es un movimiento todavía lento. Las personas, desde el punto de vista particular, también están haciendo acciones. Hoy hay un alto incremento de motos eléctricas de triciclos, que son los que mueven a la población con un costo tremendo, porque es muy difícil cargar un triciclo con 2, 3 horas de energía. El estado está preparando lugares estratégicos, solidarios, para garantizar la carga de estos medios de transportes. Nosotras estamos presentando un proyecto de cooperación que es crear de manera piloto, una comunidad energética cuidadora. Eso pasa porque a la propia editorial lleguen paneles solares, pues ahí es imposible trabajar porque nunca hay corriente para que pueda seguir cumpliendo con su objeto social, pero que además, esa editorial iluminada pueda dar servicios a la comunidad que está a su alrededor. La propuesta es que haya un espacio que sea de trabajo colaborativo para mujeres, por ejemplo, que están en teletrabajo, que no lo pueden hacer desde su casa y lo pueden hacer ahí. Que sea un espacio donde las niñas, o los jóvenes puedan ir a estudiar, hacer sus tareas, hacer sus deberes durante un tiempo. Que además podamos incluir una casita comunitaria, que pueda tener también una potabilizadora de agua para la comunidad, y que pueda contar con otros servicios, como tal vez una lavandería, que pueda tener algunas 2, 3 lavadoras que puedan darle servicio, por ejemplo, a las personas más vulnerables, y que, además, pueda dar trabajo a las personas. Ahora también hay un serio problema en Cuba por la falta de energía con el tema de la recogida de desechos sólidos. Hay una propuesta que se llama Ecomujeres, que es que mujeres puedan, entre ciclos, recoger desechos sólidos y cobrar a la comunidad donde ellas brindan servicio, con cursos sobre reciclaje y demás. Es una cultura que nos está faltando hace mucho tiempo. Estamos fortaleciendo los patios y la siembra incluso, en las terrazas, en los balcones. Es un proyecto que la Federación lleva hace muchos años, pero que tenemos que hacer con más fuerza para poder brindar cerquita del barrio algún consumo, aunque sea de plantas medicinales. La propuesta nuestra es que haya un espacio de trabajo colaborativo para mujeres, por ejemplo, que están en teletrabajo, que no lo pueden hacer desde su casa y lo pueden hacer ahí. Que sea un espacio donde las niñas, o los jóvenes puedan ir a estudiar, hacer sus tareas”.
La dignidad cubana no tiene precio. Pero el esfuerzo de las mujeres requiere reconocimiento como un gesto de heroísmo colectivo, de revolución de la vida cotidiana. El inhumano ataque de los EE.UU. no puede resultarnos indiferente. En las calles de Nuestra América, tendremos que frenar el genocidio, y abrazar a quienes lo enfrentan, desde Cuba a Palestina.
Cubanas bajo la tormenta
Por Arleen Rodríguez Derivet, desde La Habana
La oscuridad pesa como el plomo y en el muy caliente y húmedo verano de Cuba 2026, se ha convertido en el factor más estresante de nuestras vidas. El apagón no es una novedad para quienes, como yo, contamos los mismos años de la Revolución que, por cierto, en 1959 no encontró a la Isla iluminada y divertida como la pintan sus adversarios.
“Cuba es La Habana y lo demás paisajes”, se decía en la época capitalista. Para entonces sólo el 56 por ciento de los hogares contaba con servicio eléctrico, y de ese total, el 87 por ciento estaba localizado en las ciudades. En las zonas rurales, sólo el 9 por ciento de las familias iluminaba sus noches con luz eléctrica. Dos décadas y media después, en 1985, testimonié como periodista, la llegada de ese servicio al 95 por ciento del archipiélago cubano, incluidas las serranías. Hoy ese beneficio alcanza al 99,9 de la población total del país, incluyendo las zonas aisladas a las que se llega con kits de energía solar y otras alternativas. El problema hoy es que, a diferencia de los prósperos años 80, no existe un campo socialista que aporte el combustible ni las piezas y equipos imprescindibles para sostener la vitalidad de esa elevada electrificación. Existe, en cambio, un bloqueo reforzado con el peso acumulado de seis décadas de cerco financiero. 240 medidas o sanciones adicionales y el bloqueo energético: una orden ejecutiva de Donald Trump en enero de 2026, imponiendo sanciones a todo el que se atreva a vender combustible a Cuba. En 6 meses solo un barco con 100 mil toneladas de petróleo ruso entró a puerto cubano. Suficiente para 15 días de servicio de la llamada generación distribuida, un sistema de micro plantas generadoras que no pueden usar el pesado crudo cubano, es decir entre 1400 y 1600 MW en capacidad de generación indisponible que bajarían extraordinariamente el elevado déficit diario de poder echarse a andar.
Hay que conocer esos datos e identificar bien las culpas para no irritarse cuando la corriente “se va” y demora hasta más de un día en volver, minando de incertidumbre a todas las familias. Ahí es cuando el coraje de las cubanas sale a dar batalla. No puede explicarse de otra manera el milagro de los niños saliendo con sus uniformes limpios y planchados en los días de clases, las fiestas de 15 y de fin de curso que se mantienen como las más importantes celebraciones de los jóvenes y de toda la familia y, especialmente, las batas blancas, muy blancas todavía, al brazo de médicas y médicos que esperan en las esquinas por un transporte solidario cuando la solución del estado (microbuses solo para personal de la Salud) no da abasto para la elevada demanda en el país de los médicos.
Como en los viejos tiempos, como en los duros años del llamado Período Especial que se concibió en los 90 del siglo pasado para enfrentar el anterior plan de asfixia de Estados Unidos, la familia ha vuelto a conversar al apagarse los equipos de televisión; los muchachos empiezan a hacer deporte en el barrio, donde algunos emprendedores ponen luz de plantas o de paneles solares, hay bares y restaurantes iluminando espacios en medio de la oscuridad más profunda y hay mucho invento cubano para resistir desafíos nuevos como la emergencia de desigualdades y la creciente inflación que ha expandido la brecha hasta hace poco casi desconocida en Cuba, entre quienes parecen tenerlo todo y quienes empiezan a no tener nada.
Los Estados Unidos de Trump y Rubio tienen una amenaza y una medida coercitiva para Cuba cada semana. El plan es guerra económica con guerra psicológica, para cumplir con el sueño de los antiguos dueños de Cuba, para que ninguna otra nación del traspatio se salga del redil y para vengar a los mafiosos que lo perdieron todo con la Revolución de los humildes.
La presión externa está llegando a los extremos y su efecto sobre muchos que no soportan más, es el ruido de los calderos rompiendo la pesada oscuridad de los apagones. Todos saben que nada cambiará con eso, porque el conmutador de la luz nacional corre bajo la cubierta de los casi 50 barcos que debían entrar a puerto en seis meses, pero no se atrevieron.
Mientras, la pelea por la vida sigue isla adentro con mujeres en el epicentro de casi todas las escenas, incluso donde no se ven ellas, porque “no están para fotos” y las cubanas son presumidas: les gusta lucir bien hasta en medio de la tormenta.
Nota original: https://www.pagina12.com.ar/2026/07/10/cubanas-iluminan-con-dignidad-un-pais-a-oscuras/
Fuente: Las/12



Francine Evhe, una partera del centro de salud de Kigonze apoyado por el UNFPA en Bunia, provincia de Ituri, asiste un parto sin complicaciones en un campamento de desplazados. © UNFPA RDC/Junior Mayindu
Trabajadoras de la salud llevan kits de dignidad del UNFPA para mujeres embarazadas a un centro de tratamiento del ébola en Bunia. Las mujeres embarazadas corren riesgos especialmente graves ante el ébola. Estos kits les proporcionan artículos esenciales de higiene y de uso personal durante el aislamiento y la atención médica. © UNFPA RDC/Junior Mayindu
Los puntos de lavado de manos y control de temperatura a la entrada de una clínica móvil en el campamento de desplazados de Kigonze ayudan a mantener en funcionamiento los servicios de salud y a limitar la propagación del ébola © UNFPA RDC/Junior Mayindu 