julio 17, 2026

Ciudad de las mujeres: la planificación ignora aspectos cruciales para ciudades equitativas

Foto de David Marcu, vía Unsplash

Al monitorear los resultados de la construcción de una plaza en Porto Alegre, un dato llama la atención: después de los niños y niñas que juegan, son las mujeres que cuidan a la infancia las principales usuarias del espacio. La historia ocurrió en una región vulnerable de la ciudad y evidencia una actividad muchas veces ignorada por la planificación urbana: el cuidado.

El objetivo del monitoreo en el Loteamento Santa Terezinha era verificar el perfil de las personas usuarias y su percepción sobre el espacio y su equipamiento, recientemente mejorados por una serie de organizaciones, así como de las rutas escolares en su entorno. Realizada por WRI Brasil en alianza con la Fundación Grupo Volkswagen, la investigación mostró que los niños y niñas representan el 89% de quienes frecuentan la plaza, y que la cantidad de mujeres adultas que asisten al lugar supera en 4,5 veces a la de los hombres, en su mayoría acompañando a los más pequeños. 

¿Y por qué es esto importante? Porque el cuidado es un aspecto de la vida urbana frecuentemente ignorado. Si bien resulta reduccionista y violento encasillar a las mujeres únicamente en el ámbito doméstico, es cierto que su vida cotidiana en las ciudades se topa con obstáculos que parecen fruto de una planificación que pasa por alto sus necesidades. En promedio, las mujeres dedican más tempo a las actividades de cuidado, una acumulación de tareas que genera sobrecarga y afecta en especial a las mujeres más desasistidas y vulnerables.
La movilidad del cuidado

En Madrid, la investigadora y profesora de planificación urbana Inés Sánchez de Madariaga demostrócómo las actividades de cuidado parecían irrelevantes y fragmentadas en las encuestas de origen y destino. Ir al mercado, a la farmacia, llevar a los hijos e hijas al médico, a la escuela o a la plaza: estas actividades no remuneradas, denominadas "reproductivas", representan el 40% de los motivos de viaje de las mujeres en Madrid, frente a solo el 8% de los de los hombres.




Las investigaciones en movilidad y género demuestran que una gran parte de las mujeres tiende a realizar viajes encadenados: salen de casa, llevan a sus hijos e hijas a la escuela, van al trabajo, pasan por el supermercado y finalmente regresan a casa. A este patrón de desplazamiento, invisible debido a su fragmentación, Madariaga lo denominó "movilidad del cuidado", un concepto que invita a reflexionar sobre cómo la planificación urbana y de movilidad —al privilegiar, por ejemplo, la infraestructura para automóviles o la oferta de autobuses en los horarios de trayecto casa-trabajo— deja al margen a una amplia porción de la población.

Resulta necesario, entonces, pensar las ciudades para las mujeres. Pero ¿para qué mujeres?

Los enfoques interseccionales sobre el tema muestran que las precariedades en la vida cotidiana se agudizan cuando se suman marcadores socioeconómicos como el género y la raza. Un estudio de la Secretaría Municipal de Desarrollo Urbano de São Paulo advierte sobre esta situación. A partir de los datos de la encuesta de origen y destino, el organismo mostró cómo los modos de transporte y el comportamiento de viaje varían entre mujeres y hombres, y según el nivel educativo, los ingresos y la presencia de hijos e hijas de 5 a 9 años. Cuanto menores son los ingresos, más se desplazan las mujeres por motivos de educación (llevando a sus hijos e hijas a la escuela) y más caminan o viajan en autobús.
Ciudades que privilegian a los hombres

Planificar las ciudades para las mujeres, en especial para aquellas que residem en zonas periféricas, significa mejorar la calidad del transporte público y de la movilidad activa, así como también de las calles, áreas verdes, parques y plazas. Al fin y al cabo, la movilidad urbana no se refiere únicamente al transporte, sino que está vinculada de manera directa al espacio público y a la experiencia de quienes se desplazan. Esto evidencia que problemáticas como el acoso y la seguridad pública deben tomarse en cuenta, por ejemplo mediante una iluminación pública adecuada, para que el entorno urbano actúe previniendo y frenando las violencias cotidianas a las que están expuestas las mujeres.


Sin embargo, esto no es lo que ocurre. Datos de la ANTP muestran que las inversiones y otros costos asociados a la infraestructura para automóviles, por ejemplo, superan en más de cinco veces la inversión en transporte público. En São Paulo, datos del Instituto Cordial revelan que el 40% de las aceras no cumplen con el ancho mínimo exigido por ley, una situación que se agrava en las zonas más alejadas del centro. Por regla general, los barrios periféricos también tienen menor acceso a áreas verdes, como parques y plazas, y peores condiciones de alumbrado. En todos estos casos, las mujeres resultan ser las más perjudicadas.

Por ciudades más equitativas y justas

El cuidado es una relación. Al centrarnos en las mujeres, miramos también a quienes ellas cuidan. Planificar la ciudad para las mujeres y el cuidado equivale a planificar para sus dependientes: niños, niñas, personas mayores y otras mujeres que se apoyan en redes comunitarias. Más allá de esto, se trata de una dimensión fundamental para el funcionamiento de las ciudades y de sus propias economías. ¿Alguna vez se ha preguntado cómo sería la economía si todo el trabajo reproductivo acumulado por las mujeres fuera remunerado?

La necesaria atención a las cuestiones de género requiere promover la equidad de representación en la planificación y la toma de decisiones en alcaldías y secretarías. Asimismo, exige formular propuestas y soluciones surgidas de debates colectivos que consideren los diversos usos que las personas hacen de la ciudad. Al fin y al cabo, si las ciudades pueden detenerse sin el trabajo de cuidado, esta es una responsabilidad colectiva —del Estado, la sociedad y las familias— y no solo de las mujeres.


Este artículo fue escrito por Andressa Ribeiro, Ariadne Samios e Paula Manoela dos Santos. La traducción fue realizada mediante IA.

Lee la versión original en portugués aquí.


Fuente: ArchDaily

julio 16, 2026

La Relatora de la ONU instó a los Estados a adoptar el modelo abolicionista para erradicar la violencia contra las mujeres en la prostitución



Fuente: ONU


La Relatora Especial de Naciones Unidas sobre la violencia contra las mujeres y las niñas, Reem Alsalem, publicó en 2024 una amplia serie de recomendaciones dirigidas a los Estados para abordar la prostitución desde los Derechos Humanos. En el informe Prostitution and violence against women and girls, reclama que las políticas públicas garanticen la igualdad, la dignidad, la libertad, la seguridad y el derecho de las mujeres y las niñas a vivir libres de violencia, tortura y tratos degradantes. Asimismo, insta a reconocer la prostitución y sus manifestaciones vinculadas, como la pornografía, como un sistema de explotación y violencia.

Entre las principales medidas propuestas se encuentra la adopción del modelo abolicionista, articulado alrededor de cinco pilares: la despenalización de las mujeres en situación de prostitución, la creación de servicios integrales y alternativas reales para abandonarla, la penalización de la compra de actos sexuales, la persecución de todas las formas de proxenetismo y la puesta en marcha de campañas de sensibilización dirigidas especialmente a los compradores. Para reducir la demanda, la Relatora plantea aumentar los obstáculos legales a la compra, reforzar su rechazo social e incluso valorar la inclusión de los compradores en registros de delincuentes sexuales.

El documento recuerda e insiste en que la despenalización debe ir acompañada de recursos suficientes. Recomienda garantizar, con independencia de la situación administrativa o migratoria de cada mujer, el acceso a una vivienda segura, atención psicológica especializada en trauma, servicios sanitarios, apoyo a la infancia, educación, formación profesional, generación de ingresos y acompañamiento para abandonar la prostitución. También propone crear un fondo de asistencia y reparación para las víctimas, cancelar los antecedentes derivados de su explotación y facilitar permisos de residencia, vías migratorias seguras y acceso al asilo ante situaciones de persecución por razón de género.

La Relatora reclama, además, una profunda transformación de la respuesta policial y judicial. La persecución del proxenetismo y de la compra de actos sexuales no debería depender de que las víctimas demuestren previamente una situación de trata. Los Estados deben investigar las desapariciones y muertes de mujeres en contextos de prostitución, valorar su clasificación como feminicidios, combatir la corrupción y la impunidad, reducir las barreras para denunciar y garantizar periodos de reflexión y mecanismos efectivos de protección de testigos. Las políticas deberían diseñarse mediante una coordinación interinstitucional que incluya la voz de las organizaciones especializadas y lideradas por supervivientes, asegurándoles una financiación estable y protección frente a ataques y difamaciones.

Las recomendaciones también sitúan la prevención en la educación, los medios de comunicación y el entorno digital. Se propone educar desde la escuela en derechos humanos, igualdad, respeto mutuo y relaciones afectivo-sexuales saludables; ofrecer oportunidades educativas y económicas a las niñas más vulnerables; y promover una cobertura mediática que no estigmatice a las víctimas y coloque la responsabilidad sobre compradores, proxenetas y demás explotadores. Respecto a las plataformas digitales, se insta a responsabilizar a las empresas que obtienen beneficios de la explotación sexual, cerrar páginas que faciliten la trata o anuncien prostitución y desmantelar sus modelos de negocio. 

El informe es muy claro: mientras comprar el cuerpo de una mujer siga considerándose una opción aceptable, la igualdad seguirá siendo una promesa incumplida. Las recomendaciones de la Relatora interpelan directamente a los Estados, pero también al conjunto de la sociedad: proteger a las mujeres y las niñas, exige dejar de legitimar a quienes se benefician de su explotación, garantizar alternativas reales y cuestionar una cultura que permite esta forma de violencia. Abolir la prostitución no significa perseguir a las mujeres, sino situar por fin la responsabilidad sobre quienes compran, explotan y obtienen beneficios de su vulnerabilidad.


Fuente: El Diario Feminista

julio 15, 2026

Más allá de corregir sesgos: una red feminista busca transformar la inteligencia artificial en América Latina


Foto: Ignacio Dotti

Para la coordinadora de la Red Feminista de Inteligencia Artificial de América Latina y el Caribe, el feminismo constituye un “marco y una praxis” para interpelar las asimetrías de poder que moldean el desarrollo tecnológico.

Mientras gobiernos y empresas compiten por desarrollar modelos de inteligencia artificial (IA) cada vez más potentes, una red de investigadoras y activistas de América Latina plantea otra discusión: no solo cómo funciona esta tecnología, sino quién la diseña, con qué objetivos y para beneficiar a quién.

Para la Red Feminista de Inteligencia Artificial de América Latina y el Caribe, la discusión sobre cómo evitar que los algoritmos reproduzcan sesgos contra las mujeres es apenas el punto de partida. Su propuesta va más allá de corregir prejuicios: plantea transformar la forma en que se concibe, desarrolla y gobierna la IA.

“La perspectiva feminista aporta una mirada sobre la IA que interpela la matriz del poder y que se pregunta cómo la tecnología contribuye a reproducir la injusticia y la desigualdad. Por eso pensamos que la mirada feminista sobre la IA es fundamental. No es una tecnología neutra, no es una tecnología objetiva, es una tecnología que al servicio del capital, el patriarcado y la reproducción de las relaciones neocoloniales, reproduce la violencia a escala”, dijo a la diaria la investigadora mexicano-ecuatoriana Paola Ricaurte, coordinadora de la Red Feminista de Inteligencia Artificial en América Latina y el Caribe, profesora del Departamento de Medios y Cultura Digital del Tecnológico de Monterrey e investigadora asociada del Berkman Klein Center for Internet & Society de la Universidad de Harvard.

Doctora en Ciencias del Lenguaje, Ricaurte ha dedicado su trayectoria al análisis feminista y anticolonial de las tecnologías digitales. Además, integra el grupo de expertos en ética de IA sin fronteras de la Unesco, es cofundadora de Tierra Común –una iniciativa para la descolonización de los datos–, autora del Manifiesto de la Inteligencia Artificial Descolonial y fue incluida por la revista Time en la lista Time100 AI 2025 dentro de las 100 personas más influyentes del mundo en IA con enfoque feminista y en derechos humanos.

Para Ricaurte, hablar de una inteligencia artificial feminista significa cuestionar quién define qué problemas merece resolver la tecnología, quién controla los datos y la infraestructura digital y qué intereses orientan la innovación.

“La lucha por tecnologías libres, desde nuestra perspectiva, es una lucha política. [...] Para nosotras implica cuestionar todos los supuestos bajo los cuales hoy se construye la tecnología y eso implica quién puede construirla, cómo, para qué, por qué, partiendo por supuesto de la pregunta sobre qué tecnologías son las que necesitamos”, remarcó, señalando que en América Latina existe un “enorme potencial” para imaginar una IA que no responda al “modelo de negocio extractivista”.

En ese contexto, el feminismo funciona como “marco y una praxis que permite interpelar las asimetrías de poder”. “No estamos hablando únicamente de género. Desde la perspectiva interseccional y sistémica, queremos hacer visibles todos esos mecanismos de opresión [...] que, de manera interconectada, hacen que ciertos grupos humanos sean excluidos de la sociedad”, afirmó.
¿Cómo nació la Red Feminista de Inteligencia Artificial en América Latina y el Caribe y qué necesidad buscaba cubrir en la región?

La red surge como una iniciativa internacional para abordar el problema estructural de la IA tanto como una industria que se encuentra concentrada en unas pocas corporaciones como de los sistemas de IA que reproducen las desigualdades a lo largo de su ciclo de vida. Comenzamos a idear el proyecto en 2020 y lo arrancamos en 2021 con nodos en tres regiones del Sur global: América Latina y el Caribe, Norte de África y Medio Oriente y Sudeste Asiático. Desde entonces hemos realizado cuatro convocatorias para incubar proyectos de IA feminista en la región. Un aprendizaje de estos años es que en la región existe un enorme potencial en posibilidades de imaginar la inteligencia artificial que no responda a la lógica ni al modelo de negocio extractivista de la IA hegemónica.Apoyá nuestro periodismo. Suscribite por $245/mes
¿Quiénes integran actualmente la red y qué perfiles profesionales o territoriales confluyen en ella?

Actualmente hay aproximadamente 80 personas y organizaciones integrantes de la red. Tenemos perfiles de distintas disciplinas, pero también de trayectorias: es decir, no solamente hay personas académicas, sino también activistas, artistas, profesionales de distintos campos, porque pensamos que para construir una IA feminista necesitamos de todas las miradas. Existen personas de distintos países, solamente que también hemos tenido desafíos para integrar personas del contexto caribeño y centroamericano, que refleja las desigualdades existentes también en América Latina y el Caribe. Durante esta fase, uno de los propósitos es buscar extender tanto los proyectos como las integrantes de estas regiones.
¿Qué diagnóstico hacían sobre el desarrollo de la IA en América Latina cuando decidieron crear este espacio?

Desde el inicio hemos sido muy críticas con la industria de la IA en su actual expresión. Existe una concentración de poder, recursos, datos, conocimiento, infraestructura que reproduce las asimetrías entre los países y las regiones. América Latina y el Caribe ocupa una posición subordinada en la cadena de valor de la IA: entregamos nuestras tierras, nuestra mano de obra, nuestros datos, con un alto costo humano y ambiental. A cambio recibimos productos por los que pagamos caro, aunque pensemos que son gratuitos, porque en realidad contribuyen a profundizar la relación de dependencia económica, tecnológica, política y de conocimiento de nuestra región.

¿Por qué es clave tener una mirada feminista de la tecnología y más concretamente de la IA?

Muchas de nosotras venimos de una larga trayectoria de participación en movimientos por la defensa de los derechos digitales, de una internet libre y democrática, por la justicia global. La lucha por tecnologías libres, desde nuestra perspectiva, es una lucha política. Si lo pensamos, no puede haber democracia sin tener control de las infraestructuras, el conocimiento, los datos. Y tal como vemos que opera la industria, solamente está sirviendo para que la acumulación de poder y riqueza en pocas manos se haga mayor. La perspectiva feminista aporta una mirada sobre la IA que interpela la matriz del poder y que se pregunta cómo la tecnología contribuye a reproducir la injusticia y la desigualdad. Por eso pensamos que la mirada feminista sobre la IA es fundamental. No es una tecnología neutra, no es una tecnología objetiva, es una tecnología que, al servicio del capital, el patriarcado y la reproducción de las relaciones neocoloniales, reproduce la violencia a escala.

¿Qué significa exactamente hablar de una IA feminista?

Para nosotras implica cuestionar todos los supuestos bajo los cuales hoy se construye la tecnología y eso implica quién puede construirla, cómo, para qué, por qué, partiendo por supuesto de la pregunta sobre qué tecnologías son las que necesitamos. Hay muchas narrativas asociadas con el desarrollo de la IA, la eficiencia, la productividad, la optimización, la objetividad y, si lo pensamos, son todas narrativas que responden a los principios fundamentales del capitalismo: qué necesitamos para acumular más capital. Otras de las narrativas son la escala, la velocidad, el tecnosolucionismo. Nosotras no buscamos tecnologías de IA que sean universales, ni rápidas, ni a gran escala. Buscamos tecnologías que sirvan a sus comunidades, que sean gobernadas y de propiedad de las comunidades, que sean sustentables, pertinentes a cada contexto y que no busquen un beneficio económico, sino el bien común. Ninguno de estos objetivos está en el interés de la industria.

Algunas personas asocian el feminismo únicamente con cuestiones de género. ¿Por qué consideran que también es una herramienta útil para pensar la tecnología?

Nosotras pensamos en el feminismo como un marco y una praxis que permite interpelar las asimetrías de poder. No estamos hablando únicamente de género. Desde la perspectiva interseccional y sistémica, queremos hacer visibles todos esos mecanismos de opresión –instituciones, formas de producción de conocimiento, formas de autoridad, regulaciones, prácticas socioculturales, formas de organización y clasificación social, tecnologías, relaciones de mercado, captura de recursos, control del trabajo, los cuerpos y los territorios– que, de manera interconectada, hacen que ciertos grupos humanos sean excluidos de la sociedad.

¿Qué aportes puede hacer el feminismo a debates sobre transparencia, datos, privacidad y gobernanza algorítmica?

Pienso que desde los distintos movimientos feministas hemos hecho y estamos haciendo múltiples contribuciones, desde el cuestionamiento a las grandes narrativas, el diseño de políticas, la innovación, la imaginación, la regulación, que permiten situar la discusión sobre aspectos específicos de transparencia, datos, privacidad y gobernanza algorítmica desde una mirada sistémica. Afortunadamente hay múltiples colectivos, organizaciones y personas que han aportado a la discusión en todos los niveles, mostrando cómo es necesario tener una perspectiva transversal a los problemas de desigualdad, discriminación y violencia reproducida por estos sistemas, que, como está demostrado, afectan de manera desproporcionada a los grupos históricamente marginalizados.

¿Qué proyectos están impulsando actualmente y cuáles consideran que han tenido mayor impacto?

Hace dos meses arrancamos con una nueva cohorte de siete proyectos de la región. Todos ellos están orientados a responder ante una necesidad específica de sus comunidades: comunidades indígenas, jóvenes afrobrasileños del Amazonas, personas trabajadoras sexuales trans, personas con discapacidad, así como distintos ámbitos: la memoria cultural, la preservación de la lengua, los derechos humanos, la violencia política contra las mujeres, el estrés hídrico. Todos los proyectos muestran distintos aspectos que son relevantes para que las personas y comunidades puedan acceder a una vida digna, sean reconocidas como sujetos productores de conocimiento y desplieguen su capacidad de agencia colectiva en la defensa de sus derechos.

La red cuestiona los modelos dominantes de innovación impulsados por grandes corporaciones tecnológicas. ¿Cuáles son las principales preocupaciones detrás de esa crítica?

Nos parece que el modelo dominante de desarrollo tecnológico sirve para la acumulación de poder y riqueza por unos pocos que nos coloca en una posición de subordinación y dependencia. No es sustentable, habilita la reproducción de la violencia a escala y no responde a las necesidades de nuestras comunidades y territorios. Además, hay que recordar que estas corporaciones tecnológicas estadounidenses responden también a una alianza con el complejo industrial militar y siguen el mandato de Donald Trump de dominación tecnológica, expresado en sus órdenes presidenciales. Es decir, que también esta industria habilita de manera directa el autoritarismo. Lo que vivimos hoy es una forma de tecnofascismo.

¿Existe el riesgo de que América Latina quede relegada a ser únicamente proveedora de datos y recursos para la industria de IA?

Sí, es un riesgo real, porque actualmente ese es justamente el rol que estamos ocupando en la cadena de valor de la IA. Proveedores de recursos naturales, tierra, agua, minerales críticos, mano de obra barata, conocimiento, datos y dinero, porque pagamos caro el uso de estas tecnologías.

¿La soberanía tecnológica debería formar parte de las agendas feministas contemporáneas?

Yo soy partidaria de hablar de soberanía tecnológica, porque podemos alinearla con los principios feministas y comunitarios de autonomía y autodeterminación. Sin embargo, también somos conscientes de los desafíos que implica materializar esa agenda a nivel regional y las contradicciones que existen al interior de los estados-nación con respecto a sus poblaciones. Por eso me gusta pensar en formas de soberanía comunitaria también, que disputen el poder al Estado-nación que también es reproductor de la violencia.

¿Quién decide qué problemas merece resolver la inteligencia artificial y quién queda fuera de esa decisión?

Justamente esas son las preguntas que nos hacemos desde los feminismos. Y lo que buscamos con nuestro trabajo es hacer visible que esas respuestas las tienen que dar las propias comunidades, no los señores multimillonarios blancos y privilegiados de las corporaciones de Silicon Valley ni los gobiernos autoritarios y bélicos del mundo. Nunca en la historia ha existido una mayor acumulación de riqueza y una mayor desigualdad. Y mucha de esa riqueza está anclada a los actores de esta industria y a estas tecnologías cuyo modelo de negocio se basa en el extractivismo y el despojo a escala global.

¿La IA tiene potencial para transformar las desigualdades de nuestras sociedades?

La IA hegemónica reproduce las desigualdades a todos los niveles. Hoy no existen contrapesos gubernamentales que pongan suficiente freno a la industria en nuestra región. Por una parte, necesitamos regulaciones que pongan los derechos humanos y las comunidades más vulnerables al centro. Necesitamos gobiernos firmes, que entiendan lo que está en juego en el presente y para el futuro. La IA es una industria que también está contribuyendo al colapso ambiental, que afecta principalmente a las poblaciones menos privilegiadas. La única manera en que la IA no reproduzca esas desigualdades estructurales es transformar la matriz de poder, en todos sus ámbitos, que generemos los mecanismos para que podamos defendernos ante el abuso de las corporaciones y que las comunidades históricamente excluidas tengan las condiciones para que sean ellas mismas las que gobiernen, desarrollen y utilicen los sistemas artificiales en sus propios términos y en función de sus necesidades.


Fuente: La Diaria.es

julio 14, 2026

Recortes de ayuda internacional privan de asistencia a las mujeres


Mujeres reciben ayuda de organizaciones asistenciales en Afganistán. Los programas dirigidos a mejorar las condiciones de vida de las mujeres en países con situaciones de crisis se resienten de la caída de la financiación internacional, y en primera línea están las propias organizaciones desarrolladas y dirigidas por mujeres, según un nuevo reporte de las Naciones Unidas. Imagen: Osman Khayyam / Unicef

Desde enero de 2025 al menos un millón de mujeres y niñas han perdido acceso a servicios esenciales, como consecuencia del mayor descenso anual registrado en la asistencia oficial para el desarrollo, indicó un nuevo informe de la entidad de las Naciones Unidas ONU Mujeres.

La caída en la financiación de la ayuda internacional es marcada desde que Estados Unidos retiró su contribución a decenas de programas, apenas asumió por segunda vez la conducción de su gobierno el presidente Donald Trump, en enero de 2025

Organizaciones lideradas por mujeres se han visto obligadas a reducir o suspender servicios esenciales en algunos de los contextos humanitarios más graves del mundo, en los que están afectadas millones de familias, mujeres y niñas.

Sofía Calltorp, jefa de Acción Humanitaria de ONU Mujeres, destacó que “las organizaciones de mujeres que hoy corren el riesgo de desaparecer están en la primera línea de algunas de las peores crisis humanitarias del mundo”.

Esas organizaciones “trabajan en países como Afganistán, la República Democrática del Congo o Haití, llegando adonde no llegan los actores internacionales y manteniéndose sobre el terreno mucho después de que el mundo dirija su atención a otro asunto”, expuso Calltorp.

“Cada dólar retirado a las organizaciones de mujeres es un dólar retirado a las sobrevivientes de la violencia sexual relacionada con los conflictos, a las madres desplazadas, a las niñas que han tenido que dejar la escuela y a las comunidades que luchan por sobrevivir”, añadió.

El informe, basado en las respuestas de 855 organizaciones lideradas por mujeres en 52 países afectados por conflictos y crisis, muestra que casi nueve de cada 10 organizaciones ya no pueden responder al nivel actual de necesidades, mientras que 84 % afirma que la demanda de sus servicios continúa aumentando.

Dos de cada cinco organizaciones encuestadas prevén cerrar temporal o permanentemente durante el próximo año si la financiación continúa disminuyendo.


“Cada dólar retirado a las organizaciones de mujeres es un dólar retirado a las sobrevivientes de la violencia sexual relacionada con los conflictos, a las madres desplazadas, a las niñas que han tenido que dejar la escuela y a las comunidades que luchan por sobrevivir”: Sofía Calltorp.

Además, 65 % mantiene sus actividades gracias a personal que trabaja sin recibir salario y casi la mitad informa de un aumento del agotamiento entre sus equipos.

Al mismo tiempo, 88 % señala un deterioro de la salud mental entre las mujeres y niñas a las que presta apoyo.

ONU Mujeres advierte que la reducción de recursos coincide con un aumento de la violencia de género.

De las organizaciones encuestadas, 86 % reporta un incremento de este tipo de violencia en las comunidades donde trabaja, y 62 % afirma que los espacios seguros para mujeres y niñas han desaparecido o se han reducido considerablemente.

La mitad de las organizaciones ha comenzado además a establecer listas de espera o a rechazar nuevas usuarias debido a la falta de capacidad. El 92 % observa un aumento de la pobreza entre las mujeres a las que atiende, y 82 % informa de un mayor abandono escolar entre las niñas.

Según el reporte, las primeras afectadas son las mujeres y niñas que viven en comunidades remotas, zonas de conflicto o lugares de difícil acceso.

Casi dos terceras partes de las organizaciones ya redujeron servicios en esas áreas, donde las alternativas son escasas o inexistentes. El informe subraya que detrás de las cifras hay refugios que cierran, clínicas de salud cada vez más lejanas, y familias que dejan de recibir alimentos o asistencia básica.

Una de cada cinco organizaciones ya suspendió programas destinados a fortalecer el liderazgo de las mujeres y promover la igualdad de género. Más de la mitad también observa una disminución de la participación femenina en espacios de liderazgo comunitario y en la toma de decisiones locales.

El informe cierra con un llamado de ONU Mujeres a mantener la inversión en las organizaciones lideradas por mujeres, a las que considera actores esenciales para responder a las crisis, defender los derechos de la mujer y contribuir a la recuperación y la construcción de la paz.

Fuente: IPS

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in