marzo 08, 2008

'El Día Internacional de la Mujer me ocasionó un trabajo agobiante'

Así escribía Clara Zetkin a uno de sus hijos el 7 de marzo de 1928. Y añadía, a los 70 años, que estaba agotada. Su otro hijo, Máximo, protestaba por esto diariamente y ella, con un tanto de malicia e ironía, comentaba: 'No hubiera tenido que 'inventar' en 1910 el Día de la Mujer'.

Así era Clara Zetkin. En las cartas a sus hijos y amigos más íntimos no ocultaba nada, expresaba sus emociones momentáneas. ¿Quién no ha tenido instantes en los que en medio de un trabajo dedicado íntegramente al progreso de la sociedad, se pregunta: '¿Será necesario todo ésto?', Y que en un resuelto 'sí' encuentra nuevas fuerzas para continuar. Esto le ocurrió a Clara Zetkin ese 7 de marzo de 1928, cuando innumerables compromisos abrumaban a la creadora del Día Internacional de la Mujer. Pero una vez más encontró energías para proseguir como siempre la lucha por la igualdad de los derechos políticos y sociales de la mujer; para alertar a las mujeres del mundo entero ante la amenaza de la guerra imperialista y conquistarlas para la lucha activa por la paz.(…)

(…) Clara Zetkin dedicó casi cuarenta años a la lucha por la formación de un potente movimiento femenino internacional de las trabajadoras y de todas las fuerzas democráticas y pacíficas. Cuántas veces habrá recordado aquel Congreso Internacional de Trabajadores, de julio de 1889, en París, donde como delegada de las obreras berlinesas pronunció su primer gran discurso sobre el problema femenino.

Defendió apasionadamente el derecho de las mujeres al trabajo y a la independencia económica, el derecho de las obreras a participar en la lucha de su partido. Estaba enormemente emocionada, y es probable que ignorara que era ese un momento histórico, el comienzo de una importante parte de su obra: la lucha por la organización del movimiento femenino socialista alemán e internacional.

Cuando en el otoño de 1900 participó nuevamente en París junto con Rosa Luxemburgo en el Congreso Internacional Socialista, ya se sentía mucho más segura y tenía cabal conciencia de que era preciso oponer a la peligrosa alianza mundial de la reacción imperialista la alianza internacional de los trabajadores. En ésta no debían faltar los jóvenes ni las mujeres. Con el imperialismo de comienzos de siglo aparecía el fantasma del genocidio, que constituía una amenaza para la felicidad de los pueblos, para millones de familias, para el desarrollo de la mujer como personalidad con plena igualdad de derechos, para la salud de la infancia, la vida y el porvenir de la juventud.(…)

(…) ¡Ser más eficaces!... era la tarea más importante para Clara Zetkin en la labor entre las masas trabajadoras femeninas, para lograr una mayor participación de las mujeres en la lucha mundial por la paz, la democracia, el progreso social, la independencia nacional y la solidaridad internacional. “Hagan amistad con una obrera de mente abierta en una fábrica”, decía Clara Zetkin a las organizadoras...'que hable con sus amigas. Trabajen sistemáticamente en esa dirección. Convoquen luego a una reunión de un departamento, de un taller, de una fábrica ... no se asusten si al principio sólo concurren unas pocas. ¡Continuen!'. Las socialistas de entonces siguieron su consejo. Fueron a las fábricas y a las casas de la trabajadoras. Fueron también a ver a las esposas de los pequeños comerciantes, donde las trabajadoras hacían sus compras, a las esposas de los panaderos y zapateros.

La agitación en los talleres fue desarrollándose, fueron créandose comisiones reivindicativas en las cuales las obreras podían plantear sus problemas. Se formaron comisiones para la protección de la infancia; grupos de estudio, llamados 'veladas literarias', donde las mujeres y las jóvenes discutían problemas políticos, así como acontecimientos corrientes, y en los que podían familiarizarse con la literatura y el arte. Empezaron a elaborarse principios para la educación de los niños. Las mujeres comenzaron a integrar los comités de huelga, a participar en las asambleas y en los piquetes de huelga. Pese a estar prohibido, acudían a las puertas de las fábricas con sus hijos, ayudando a interceptar el paso, a detener a los rompehuelgas, distribuyendo volantes.

Todo lo que entonces propusieron y comenzaron a realizar Clara Zetkin y sus compañeras sigue teniendo vigencia hoy para el movimiento femenino internacional en la lucha por la igualdad de derechos, la paz y la de0mocracia, la independencia nacional y el progreso social. Así como la proclamación del Día Internacional de la Mujer fue precedido por el trabajo incansable y minucioso de miles de combatientes por los derechos de la mujer, hoy cada Día Internacional de la Mujer, en cada país, sólo puede ser una jornada de lucha y conmemoración para las mujeres del mundo entero como resultado de una acción permanente y constante, como lo demuestra la experiencia de las organizaciones nacionales afiliadas a la FDIM que atraen a las mujeres a la lucha por sus derechos por medios y formas específicas.

“Hay que llegar a cada una de ellas teniendo en cuenta sus propios intereses, sus peculiaridades”, decía Clara Zetkin en 1920 y escribía: “Incorporar a la mu­jer a la sociedad y para la sociedad significa duplicar las fuerzas productivas. Mucho más: la libre participa­ción de la mujer en todas las es­feras de la vida social significa una más rica y más variada calidad de las conquistas... La vida social no sólo ganaría en amplitud sino también en variedad, en profundidad y perfección, si la mujer puede actuar, participar como personalidad libremente desarrollada en todos los terrenos” .

Para Clara Zetkin un ejemplo positivo y la mejor prueba era el desarrollo de la personalidad femenina de las más diversas nacionalidades en la Unión Soviética, que era la primera en iniciar, en condiciones tan difíciles y adversas, la construcción de una nueva sociedad. “Para que la mujer tenga plena igualdad de derechos sociales con el hombre -de hecho y de derecho y no sólo en la letra muerta de las leyes-, para que igual que el hombre tenga todas las oportunidades de un libre desarrollo y del ejercicio total de su condición humana deben darse dos premisas primordiales: la propiedad privada de los medios de producción debe ser sustituída por la propiedad social; las mujeres deben ser incorporadas a la producción social en un régimen libre de explotación y esclavitud”.

“Sólo el complimiento de esas dos condiciones garantizarán que la mujer pueda participar -con amplia energía y capacidad en todos los aspectos- como trabajadora y creadora con iguales deberes y derechos en una comunidad de trabajadores y creadores con iguales deberes y derechos y que su actividad profesional y su maternidad se complementen en la realización de una vida plena”.

Clara Zetkin era muy realista y conocía profundamente la vida y las opiniones de las mujeres, así como los problemas de su organización internacional como para presentar esta perspectiva científica de la emancipación de la mujer esquemáticamente, como único lema en la lucha práctica de todos los días. La experiencia le decía que debía tenerse en cuenta esta perspectiva para decidir las tareas concretas de todos los días. Cada Día Internacional de la Mujer, cada paso requería un análisis concreto de los factores objetivos y subjetivos específicos para el trabajo concreto de las mujeres en la lucha por su emancipación, lucha que debía ser estimulada por consignas justas, en el justo momento, de manera de avanzar paso a paso hacia la meta.

La paz y el derecho de voto para la mujer, ni más ni menos, estaban inscritos en las banderas, cuando Clara Zetkin 'inventó' el Día Internacional de la Mujer. Fue en Copenhague, el 26 y 27 de agosto de 1910, cuando se reunieron más de cien delegadas de 17 países en la IIa. Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, antes de que iniciara sus trabajos el Congreso de la Internacional Socialista. Un punto culminante de la Conferencia fue la adopción por unanimidad de una resolución presentada por Clara Zetkin, Kate Duncker y otras, que terminaba con las siguientes palabras:

“De acuerdo con las organizaciones de clase, políticas y sindicales del proletariado en sus respectivos países, las mujeres socialistas celebrarán anualmente el Día de la Mujer, dedicándolo en primer término a la agitación en favor del derecho de la mujer al voto. Esta demanda debe debatirse en su interrelación con todas las cuestiones femeninas, conforme al enfoque socialista. El Día de la Mujer debe tener carácter internacional y ser minuciosamente preparado”.

Ese fue el origen del Día Internacional de la Mujer. Su promotora, Clara Zetkin, veía en él una magnífica oportunidad para movilizar a gran número de mujeres en la lucha por sus derechos, el bienestar de la infancia y la paz mundial. Su proclamación fue el resultado de múltiples experiencias de las trabajadoras a lo largo de décadas de conflictos de clase entre el capital y el trabajo, de las experiencias también de las sufragistas. Las mujeres norteamericanas, por ejemplo, de acuerdo con el informe del Comité Nacional Femenino del Partido Socialista de los EE.UU. ante al Congreso de Copenhague habían comenzado a celebrar todos los años, el último domingo de febrero, un día dedicado al sufragio femenino.(…)

(…) Este acontecimiento, lo mismo que las numerosas acciones celebradas en marzo de cada año, es parte del tradicional espíritu del Día Internacional de la Mujer. A lo largo de todos estos años(…), las mujeres han luchado por sus propios derechos, ligándolos siempre a la lucha general de sus pueblos por el progreso social y la paz mundial. El Día Internacional de la Mujer ha sido de más en más una jornada de amistad y solidaridad entre todas las mujeres del mundo. Hoy son ya incontables los millones y millones de personas que anualmente participan en la forma más diversa en la celebración del 8 de Marzo. En los países socialistas esta fecha es un verdadero día de fiesta para las mujeres.(…)

(…) Al mismo tiempo brillará con más claridad que nunca la imagen de Clara Zetkin, como exhortación y estímulo. (…) Luis Aragón le dedica en su novela Las Campanas de Basilea estas conmovedoras palabras: 'Habla. Habla pero no como una mujer aislada, como una mujer que ha adquirido conciencia ella misma de una gran verdad (...) Habla, por el contrario, como una mujer, para las demás mujeres, para expresar lo que pien­san todas las mujeres de una clase. Habla como una mujer cuyo espíritu se ha forjado en la opresión, en medio de su clase oprimida. No es una excepción. Lo que ella dice tiene va­lor porque miles, millones de mujeres lo dicen junto con ella (...) 'Es la mujer de mañana o, más bien, digámoslo: es la mujer de hoy'.

*Revista MUJERES DEL MUNDO ENTERO (1974). Federación Democrática Internacional de Mujeres (FDIM).


Fuente: Artemisa Noticias/www.mujergeneroyclase.com.ar

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in