La Audiencia de Vizcaya tilda de «fraude pseudocientífico» la tesis de que las madres lavan el cerebro a los hijos en procesos de separación
El síndrome también es referente habitual cuando los progenitores, durante la separación o el divorcio, se tiran los trastos a la cabeza en las peleas por la custodia de los críos. Por eso suena como un mazazo de esos de orden en la sala el fallo de la Audiencia de Vizcaya.
El SAP es un bluf, una patraña, un coladero con el que justificar casos de abusos. En este caso, la sentencia de 27 de marzo trata del pequeño K., hijo de separados, que a los cuatro años llegó a casa, después de estar unos días con el padre, y soltó una frase que incendió el salón, las cortinas y hasta el retrato de la cómoda. -¿Sabes? Papá jugaba a pasarme el pitilinchu por la cara y la tripa. Al principio, se suspendieron las visitas paternas. Cosas de abracadabra judicial, al final el padre acabó con la guarda y custodia del chico: el niño era víctima del SAP por culpa de la madre. Esta fue condenada a un año de prisión por desobediencia: la desobediencia del niño, que se negaba a ir a ver a su progenitor.
El fallo de ahora viene sólo al hilo de la cuestión penal y absuelve a la madre del delito de desobediencia.
La ponente, la magistrada Nekane San Miguel, afila la pluma contra un síndrome que no es tal, viene a decir, y que anda por ahí enredando mil historias como ésta. «El SAP no ha sido reconocido por ninguna asociación profesional ni científica, habiendo sido rechazada por la Asociación Americana de Psiquiatría y por la OMS», señala. «Términos tales como la alienación parental pueden ser usados para culpar a las mujeres de los miedos o angustias razonables de los niños hacia su padre violento».
La sentencia dice con rotundidad lo que ya venían proclamando los colectivos de mujeres, que esas siglas son el ábrete Sésamo por el que salen con buena cara padres que pintan en bastos en la intimidad. El fallo cita un informe en el que se dice que «la ideología que sustenta el SAP es pedófila y sexista», está «generando riesgo para los niños» y «provocando una involución en los derechos de menores y madres». A todo esto, K. sigue con su padre. Pero eso es otra historia. O la misma de muchas veces.
Por Pedro Simon
Fuente: Red Feminista Org
