mayo 20, 2008

Venezuela: Ser ama de casa, "como estar fuera de la sociedad"

"De tanto pasársela limpiando y fregando, una llega a pensar que no sirve mas que para eso. Una se siente como un trapito sucio", dice Lizardi Prada, quien de ama de casa "nata", como ella misma se define, pasó a presidir el Sindicato Único de Amas de Casa que, en el estado de Mérida, al oeste de la capital venezolana, reúne a más de mil afiliadas.

Son amas de casa que demandan al Estado pensión, ayuda económica temporal y permanente y prestaciones sociales, porque "las amas de casa tenemos derecho a salario, a prestaciones sociales, a organizarnos y a formarnos políticamente, somos parte de este país y tenemos derecho a que se nos tome en cuenta", resume Lizardi con voz decidida.

En Venezuela, el trabajo doméstico está reconocido constitucionalmente como un aporte a la economía nacional. El artículo 88 es resultado de la demanda de mujeres organizadas que, en la Constituyente de 1999, lograron incorporar un artículo pequeñito, de cinco renglones apenas.

Con ellos, se ha generado la creación de la Misión Madres del Barrio, programa encargado de hacer operativo dicho artículo; la formación de organizaciones como el sindicato presidido por Lizardi, y propiciado un debate sobre la importancia social del trabajo doméstico, su pago y su socialización.

Históricamente invisible para las economías nacionales y poco o nada reconocido por la sociedad en su conjunto, el inacabable y agotador quehacer de la casa y el cuidado de las y los hijos es también ignorado por sus protagonistas: "no trabajo, soy ama de casa", suelen responder, no sólo en Venezuela.

"Nosotras llegamos a creer que estamos no-haciendo nada", cuenta Lizardi. "Si no genera dinero, si al cabo de un día, la casa está igual de sucia, ser ama de casa es como no ser nada, como vivir mantenida y sin derecho a opinar, porque estar dentro de la casa es como estar fuera de la sociedad".

El Sindicato, que ella contribuyó a formar, asume al Estado como patrón. Él es quien debe responder por los derechos de estas mujeres, afirma la entrevistada.

Y enumera: estamos demandando una pensión para las amas de casa que se dedicaron a ello toda su vida y para las que ya son mayores de 60 años; una ayuda económica temporal para las más jóvenes; acceso a la salud, a la educación, a la vivienda, a otros empleos remunerados, así como formación política y derecho a organizarnos.

"Lo que estamos pidiendo es que se nos trate como ciudadanas que hacemos un trabajo importante para la sociedad, no estamos pidiendo que nos deje de mantener el marido y que ahora nos mantenga el Estado", remarca.

Sobre las prestaciones sociales, como acceso a la educación y a la salud, Lizardi reconoce que hay un cumplimiento gubernamental, "no sólo para las amas de casa, sino para las mujeres en general".

Hay misiones educativas con las que cualquier persona puede estudiar de manera gratuita: Misión Robinson-primaria para adultos, Misión Ribas-bachillerato, y Misión Sucre-Universidad. En mi experiencia, yo, que era una simple ama de casa, pude volver a la escuela. Retomé el bachillerato y después la universidad. Hoy soy licenciada en administración y estoy sacando mi maestría, menciona con orgullo.

Mientras, desde el gobierno federal la Misión Madres del Barrio, con dos años trabajando con amas de casa que viven en extrema pobreza, está proporcionando una asignación económica temporal a más de 300.000 mujeres de todo el país, beneficiarias tras un censo y un proceso de elección en el que participan los barrios populares en los que viven las mujeres.

De acuerdo con los objetivos de este programa, la asignación económica temporal tiene el fin de reducir su extrema pobreza, así como propiciar su integración al ámbito socio-productivo. Es decir, proporcionar un 'techo económico' que permita a las mujeres estudiar, capacitarse o realizar cualquier otra actividad, además del trabajo doméstico.

En la segunda etapa, proporciona capacitación técnica para las beneficiarias y las voluntarias (amas de casa que participan en Madres del Barrio sin recibir ayuda económica) que se organizan en cooperativas o Unidades Económicas Asociativas.

A poco de arrancar el programa de financiamiento, son casi mil los proyectos financiados. Para la directora fundadora, Gioconda Mota, el objetivo último es que las amas de casa accedan también a formación sobre sus derechos y a una formación política que las integre como ciudadanas plenas a la sociedad venezolana.

Sobre el dilema entre salario o socialización, Lizardi afirma que será la organización y la fuerza política de las amas de casa las que definirán el rumbo del reconocimiento social del trabajo doméstico. "Primero tenemos que combatir el estereotipo de que es la mujer quien debe realizarlo y empezar por la organización entre nosotras, tener una formación política", indica.

Pero mientras tanto, afirma, urgen apoyos económicos, sobre todo para las que están en extrema pobreza.

Con sus 48 años y tres hijos, Lizardi siente que su vida se ha transformado. "Tuve la suerte de asomar la cabeza fuera de mi casa". Y eso, dice, es lo que peleamos en el sindicato, que las amas de casa seamos también ciudadanas activas con reconocimiento social, "y no es sólo que nos paguen, sino que todo el mundo mire y acepte lo importante que es este trabajo", concluye.


Nicaragua: Mini mamás que cuidan a los hermanos
Por Sylvia Torres

Managua, mayo.- Dice un popular refrán nicaragüense que "el trabajo de los niños es poco, y el que no lo aprovecha, es un loco". Con esta filosofía, junto al creciente impacto de la migración económica de hombres y mujeres, el trabajo de cuidar niños y niñas queda bajo la responsabilidad de las abuelas o de hermanas que no pasan de los 15 años de edad.

Un estudio cualitativo sobre las circunstancias en que se desarrolla esta actividad fue realizado por Kjerstin Dahlblom, investigadora de la universidad sueca Umea y del Instituto de Investigaciones Demográficas de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, en León.

Una de las novedades de la investigación es que se toma como sujeto a las propias niñas, de manera que los resultados reflejan las representaciones que ellas tienen de sí mismas. La especialista encontró que, a pesar de la dureza de esa responsabilidad, el sentimiento dominante en ellas es el de orgullo por el apoyo que brindan a sus familias y la satisfacción de sentirse útiles.

Un día ordinario en la vida de una menor que vela por sus hermanos más chicos implica una jornada apretada que incluye limpiar la casa, cocinar, bañar a los pequeños bajo su cuidado, asistir a clases y realizar tareas escolares. Kjerstin observa que balancear estas actividades implica mucho estrés y requiere de habilidades organizativas y capacidad de tomar decisiones.

Según una de las participantes en el estudio, ella tiene un "trabajo duro", pues desde que se levanta tiene que hacer desayuno a sus sobrinos, los sienta a ver televisión hasta que termina de cocinar —que es ya a la mitad de la mañana— y luego los baña, los alimenta y los envía a clases. Más tarde hace sus tareas escolares y cuida de que el sobrino de cinco años le ayude a barrer. Su tarde termina con la limpieza de la casa y la preparación de las camas.

En otros países, especialmente en los desarrollados, el cuidado de la niñez corresponde a las madres o a otras personas adultas. La investigadora cita, no obstante, que ya desde 1971 una encuesta realizada en 186 naciones encontró que en el 80 por ciento tal responsabilidad recaía en las progenitoras.

Sobre los efectos del trabajo infantil, Kjerstin menciona el abandono de la escuela. Casi la mitad de la población nicaragüense, unos dos millones de personas, son menores de 15 años. En estas circunstancias, según estadísticas de 2006, 18 por ciento de todos los niños y niñas nicaragüenses entre cinco y 17 años desarrolla algún tipo de trabajo productivo.

Estudios de 2002 de la Organización Internacional del Trabajo señalan que el cansancio es el principal factor para que niños y niñas trabajadores abandonen la escuela. Los pequeños empiezan a bajar sus calificaciones y a aplazar el año, hasta que el sistema los saca después de muchas repeticiones, o ellos mismos se retiran por frustración.

En las autovaloraciones recogidas en la investigación, algunas niñas se identifican con el rol de madres. Un aspecto para explorar, a partir de estos resultados, es la relación entre esta temprana socialización en la crianza y el elevado índice de embarazos en niñas y adolescentes que hay en el país.

La especialista reconoce que las y los niños que cuidan a sus hermanos tienen poco espacio para escoger, pues sobrevivir es duro en Nicaragua, y lo poco que pueden hacer es obedecer y cumplir las tareas que les encomiendan.

Mientras tanto, corresponde al Estado realizar acciones concretas, tanto para cumplir compromisos internacionales, referentes a la protección de la niñez, como con los propósitos trazados en los Objetivos del Milenio. Esto, por supuesto, pasa por crear fuentes de trabajo.


Fuente: Semlac

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in