La Iglesia Católica pasa su examen de igualdad de género
La decisión de la Iglesia Anglicana de abrir por fin los obispados a las mujeres vuelve a abrir la cuestión del sacerdocio femenino en la Iglesia Católica.
Dentro de la Iglesia Católica las mujeres se aglutinan en las congregaciones religiosas.
Son mujeres, son católicas y tienen una poderosa voz que alzan para reclamar más derechos, más igualdad y más poder dentro de la gigantesca máquina de la Iglesia Católica. Algunas de ellas exigen que el sacerdocio se abra definitivamente a la mujer, mientras que muchas otras lo que piden es una institución más acorde con las horas que vivimos, en la que la mujer tenga un papel principal y no el tradicional rol de segunda que lleva siglos jugando.
Ninfa Watt es religiosa teresiana, periodista y también una mujer comprometida. Ella demanda más pluralidad en la cúpula de la Iglesia "debe haber más mujeres, pero también más laicos que trabajen desde dentro. Cada uno puede aportar cosas muy diferentes. Esa igualdad es importante pero no como una cuestión de poder". Considera que el sacerdocio no tiene que ser necesariamente el camino para que la mujer tenga más visibilidad y sea más activa dentro de la institución.
Sin embargo, alcanzar el sacerdocio es una cuestión elemental para otras muchas. La teóloga Isabel Gómez Acebo considera que el cambio es un tema de puro sentido común, "tradicionalmente el sacerdocio estaba vetado a la mujer que socialmente era un ser de segunda categoría.
Eso hoy en día ha cambiado y por tanto no se puede mantener". En las congregaciones religiosas se aglutina el grueso del personal femenino de la Iglesia Católica, la mayoría de ellas con una vocación de entrega, servicio y trabajo a pie de calle que las hace se "más progres" que otros sectores católicos. Ellas son las que trabajan por los olvidados en el Tercer y en el Primer Mundo, ellas son, casi siempre, las más abiertas por eso una amplia mayoría de ellas se muestran a favor del sacerdocio femenino y están convencidas de que es sólo cuestión de tiempo.
A pesar de que la mayoría defienda el cambio, pocas son las que se atreven a defenderlo públicamente: las represalias son directas. Hay religiosas que han perdidos sus puestos de trabajo o que han sido literalmente marginadas por expresar abiertamente su defensa de una mayor igualdad. Los tiempos de la Iglesia son más lentos que los de la sociedad, nos dicen, también los métodos le son propios.
Por Pilar Bernal
Fuente: Telecinco
