Las Ciencias Sociales: En Cuerpo de Mujer y con Voz de Hombre
Hoy es difícil negar que los movimientos de mujeres y los feminismos, hayan influenciado el constante crecimiento del acceso de las mujeres a la Universidad y a los mundos de las ciencias sociales en particular. Pero resulta muy polémica la idea de que la participación de más mujeres en la educación superior y en la producción científica haya producido cambios en los modos en que se ejercen las prácticas académicas y de producción de conocimiento o en redefiniciones de los contenidos del conocimiento científico.
Tampoco es evidente que más mujeres estudiando o haciendo ciencia, signifiquen la reorientación de la investigación hacia temas que tomen en cuenta problemas formulados a partir de una experiencia marcada por la diferencia sexual.
Desde hace 5 años vengo desarrollando un trabajo académico y político con perspectiva de género en una Facultad de Ciencias Sociales. He acompañado a las estudiantes durante un ciclo completo de su formación, es decir, desde que ingresaron al primer semestre de sus programas de educación superior, hasta ahora, que están terminando sus trabajos de grado. Varios de ellos fueron elaborados con perspectiva de género.
Durante este lapso de tiempo hubo una situación particular que llamó mi atención: gran parte de las estudiantes encontraban dificultad para conciliar los modos aprendidos de hacer ciencias sociales, con los modos de pensar desde género. Aquellas estudiantes que formulaban un problema de investigación a partir de la problematización de sus experiencias de género, al trabajarlo con las herramientas conceptuales y metodológicas que les da su formación profesional, terminaron perdiendo la perspectiva, extraviándose en los vericuetos de la búsqueda de la verdad científica occidental.
Ello no debería resultar extraño, dado que los conceptos que conforman a las ciencias sociales al parecer no constituyen un lenguaje capaz de nombrar aquellas experiencias que las estudiantes consideran de relevancia para el género. Si bien durante los cinco años de mi ejercicio de la docencia en ciencias sociales, he sido testigo del constante y progresivo aumento del número de mujeres que ingresan a la educación superior, junto a ello, he presenciado el progresivo silenciamiento de las voces autorreflexivas que habíamos logrado en el trabajo con las estudiantes.
Durante los semestres que duró la elaboración de sus trabajos de grado, las estudiantes parecían ser capturadas por unos modos de pensar los problemas, por unas metodologías de investigación y por algunos procedimientos institucionales, que de alguna forma vaciaban el potencial político que movilizaban sus trabajos.
Dichos proyectos, que al comienzo del proceso habían comprometido vitalmente a las estudiantes con sus relaciones de género, redujeron progresivamente el horizonte de observación al mismo tiempo que avanzaban en su formación epistemológica en ciencias sociales. Podría afirmarse que las formas de percibir, significar y representar las realidades de género eran colonizadas en sus imaginarios (concepto que ya ha sido usado en las ponencias durante este evento*).
Fue así como en nuestro equipo de trabajo emergió la inquietud de si podría estar ocurriendo que una formación en ciencias sociales fuese condición de imposibilidad para pensar el género, es decir que la epistemología y las metodologías de las ciencias sociales colonizaran y neutralizaran las potencialidades subversoras del campo de género.
Un recurso alegórico para entender esta problemática lo encontramos en un relato mitológico, el de Piral, quien tiene cuerpo de mujer y voz de hombre. Debido a su ambigüedad corporal es condenada al destierro y enviada hacia una ciudad cuyos habitantes eran ciegos. Allí logra destacarse durante años en la vida pública, debido a su habilidad como oradora, llegando a desempeñarse como respetada consejera. Años después, los habitantes del pueblo recuperan la visión, y al enterarse de que aquella voz que daba consejos coincidía con el cuerpo de una mujer, entran en cólera y la someten a juicio, condenándola a quedar sin voz, despojada de su lengua y su boca. Así mismo establecieron que los consejos e ideas, tantos años aceptados y reconocidos eran un engaño y formaban parte de un plan para destruir su cultura.
La presente ponencia pretende hacer un ejercicio autorreflexivo desde las ciencias sociales y propone algunos puntos para el análisis y el debate de las situaciones antes señaladas. Además promueve algunas perspectivas frente a un problema en el que creemos se juega la integración o la separación radical entre hacer y conocer.
Tendencias Epistémicas Neoliberales
Desde hace más de diez años, en América Latina, el campo de las ciencias sociales ha sido escenario del despliegue de tendencias epistémicas neoliberales. Tales tendencias se identifican con la mirada de un hombre/blanco, masculino/heterosexual, capitalista/patriarcal militar.
Si bien es cierto que tales condiciones de producción del conocimiento social fueron asumidas e institucionalizadas por las Universidades desde hace varios siglos y que ya habían entrado en crisis por las críticas provenientes desde los feminismos y desde los paradigmas de los estudios literarios y culturales de tendencia posestructuralista, no podemos dejar de advertir el hecho de que desde la década de los 90 del siglo XX, en las facultades de ciencias sociales en Latinoamérica se reactualizan y fortalecen ciertas condiciones de pensamiento fundadas en la división binaria de la realidad. Tal reactualización es entendida aquí como parte del despliegue de cierta globalización extendida a los campos de la universidad y de las ciencias sociales.
Dichas epistemes han logrado reposicionarse como hegemónicas mediante la repetición de un doble ejercicio de poder. El primer movimiento al suplir el lugar de enunciación, ocultándose así la localización corpo/política del sujeto y por ende sus marcas de raza lengua, clase, edad, sexo/género etc. Simultáneamente autoproclamándose como única racionalidad capaz de ordenar el mundo y con autoridad para juzgar a cualquier otra.
De esta forma, el canon del pensamiento binario reposicionó en las universidades latinoamericanas esa mirada del mundo, colonizada por las reglas dualistas que sostienen al patriarcado epistémico. Este naturaliza dicho modo de ver, conformándose como dispositivo principal de pensamiento social y a partir del cual se establecen criterios para financiar la investigación y cuyos resultados son la base para dar forma a la política pública.
Actualmente tal regreso latinoamericano a los paradigmas científicos del siglo 19, se legitima a través de la implementación de sistemas nacionales de ciencia y tecnología. Estas entidades se encargan de medir los currículos de los investigadores y de ubicarlos en una escala que privilegia a aquellos que producen conocimientos útiles para ser circulados según la lógica del mercado académico y editorial. De esta forma, se desplaza a la investigación en campos como el del género, que moviliza intereses distintos a los de las meta-narrativas empleadas como “ciencia para el progreso, ciencia para el desarrollo, ciencia para la paz y hasta ciencia para la igualdad de género”.
Así mismo, tales instituciones ordenan e implementan las políticas de investigación en ciencias de nuestros países. (No creo que en Cuba, pero…) En síntesis, desde instituciones articuladas a intereses económicos globales se da forma a los criterios que determinan qué, para qué y quiénes investigan en ciencias.
No deja de ser sospechoso que en algunas regiones de América Latina, como Colombia, el correlato político de dichas tendencias epistémicas se expresa hoy a través de la omnipresencia de su figura presidencial, encarnada en un líder que habla el código de un hombre/blanco, masculino/heterosexual, capitalista/patriarcal militar, cuyo discurso político recicla los temas del siglo 19 latinoamericano como son la paz, la patria, el orden, la obediencia a la autoridad, el cumplimiento del deber, la familia patriarcal como núcleo social y revive para la mujer los valores del “ángel del hogar”, imagen que reactivó en mi país las prácticas más reaccionarias en términos de género.
Paradójicamente, en Colombia no dejamos de sorprendernos cuando se conoció que fueron las mujeres quienes determinaron la reelección del actual gobierno y quienes con más vehemencia idealizan la figura presidencial, cuyo gobierno instaló un régimen social paramilitar, expandido regionalmente a través de las prácticas más machistas que yo haya conocido en el continente y quizás en el mundo. En efecto, justo en el momento en que Colombia pareciera entrar en la línea de lo políticamente correcto en términos de género y justo cuando las mujeres parecieran estar ocupando espacios sociales antes vedados, es cuando se fortalecen cultural y epistémicamente las tendencias patriarcales mas arraigadas.
- Artículo Integro
Por Miguel Gil
Fuente: Rebelión
*Con este artículo continuamos una temporada de reflexiones sobre el tema de género y violencia, con trabajos presentados en la pasada edición del Coloquio Internacional Violencia / Contraviolencia en la cultura de mujeres latinoamericanas y caribeñas, organizado, como cada año, por el Programa de Estudios de la Mujer en la Casa de las Américas.
