Atentados contra la salud de las mujeres
Incluso se puede comparar, por ejemplo: la Organización Panamericana de la Salud (OPS) señala que para una mujer nacida en América Latina o el Caribe, las probabilidades de morir por complicaciones del embarazo son 27 veces mayores que para una mujer nacida en Estados Unidos.
Estas circunstancias son alteradas por las condiciones específicas de cada persona: Cuando se trata de alguien con una capacidad física distinta, su posibilidad de movilidad y atención inmediata habrá variado; cuando se encuentra en prisión; cuando habla una lengua, dialecto o idioma que dificulten su traducción; cuando se es indígena y padece discriminación; cuando es homosexual y le niegan el registro al seguro médico con su pareja, y otras condicionantes; también son factores que limitan la atención a la salud y la calidad de ésta.
Así mismo, estas desigualdades económicas, políticas, sociales y las condiciones de vulnerabilidad son atravesadas por la cuestión de género. El ser anciana, mujer, niña, discapacitada, lesbiana o mujer en prisión; no es lo mismo que ser anciano, hombre, niño, discapacitado, homosexual u hombre en prisión. No existe la misma disposición a atención, educación, acceso a recursos, redes familiares de apoyo, e, incluso, alimentación para unos que para otras, aún en una misma comunidad. De hecho, ni siquiera existe la misma oportunidad de nacer, pues hoy los abortos selectivos por sexo determinan el nacimiento del número de mujeres en distintos puntos del planeta.
Esta inequidad marca una distancia diametral en lo que se refiere al disfrute de salud. Encontrando aspectos que sólo a las mujeres atañen, afectando generalmente y de forma definitoria dicho disfrute.
En una primera instancia podemos considerar las que se refieren meramente al hecho biológico, es decir, enfermedades, afecciones e incluso etapas por las que atraviesa el cuerpo de la mujer como son las que tienen que ver con la maternidad, algunos tipos de cáncer, la forma concreta en que afectan algunas Infecciones de Transmisión Sexual y los ciclos de vida femeninos como la pubertad, ciclo menstrual, climaterio, menopausia y algunas de las alteraciones que conllevan.
Sin embargo, la salud de la mujer no sólo resulta condicionada por las realidades locales económico sociales, su estatus de vulnerabilidad y la biología, pues, además, es determinada por la cultura patriarcal dominante que la delimita desde lo cotidiano hasta lo institucional.
Comenzando por la alimentación: a niñas mujeres y ancianas, que no siempre y no en todas las comunidades es igual a la del varón:
- Para ti la patita del pollo y para tu hermano la pechuga, porque él trabaja más-
- Las actividades físicas que desde niñes se estimulan en un género y en otro.
-No corra mi hija, que eso no es de señoritas-
La presión social y mediática a ser delgadas, guapas, siempre jóvenes, siempre sofisticadas, siempre agradables; que se traduce en desordenes alimenticios, tabaquismo, alcoholismo y, para quienes tienen diferentes grados de ingreso: cremas, aparatos o cirugías que acerquen los cuerpos de las mujeres al modelo social esperado, dejando en un lugar muy secundario la forma en que es afectada la salud de cada una de ellas.
De acuerdo, con la articulista Concepción Salcedo de las personas que padecen bulimia, el 95% son mujeres. Igualmente de diez enfermos de anorexia nueve son mujeres.
En una segunda instancia, de magnitud profunda, la violencia cultural sobre la salud de las mujeres desde lo tradicional religioso:
Un ejemplo que desgarra, es la cifra de 135 millones de mujeres en el mundo que han sufrido ablación del clítoris.
- La mutilación o amputación genital, como también se le conoce, que se da en diversas formas, que varían de una pequeña incisión hasta la completa extirpación del órgano.
- Cifra que cada año aumenta en dos millones más.
Otra muestra, corresponde a las políticas de la iglesia católica que sigue poniéndose al uso de anticonceptivos para las mujeres de su feligresía, que lanzó en años anteriores campañas desprestigiando el uso del condón y que trabaja sin descanso haciendo activismo y cabildeando para evitar la despenalización del aborto. Mientras sigue ocurriendo que la fecundidad no deseada se traduce en abortos clandestinos y en condiciones insalubres, y ésta es la tercer causa de las muertes maternas en América Latina, de acuerdo con la FNUPA.[1]
Hasta el hecho de que exista en algunas comunidades oposición para permitir que un o una especialistas revisen el cuerpo femenino, dificultando el diagnóstico, puede ser un acto de sentencia sobre la atención oportuna.
Circunscritas, costumbres de apariencia tan sencilla como el impedir la higiene durante la menstruación o el embarazo, con las consiguientes complicaciones que pueden acarrear.
La tercera instancia, parte de los actos de violencia concreta, en sus distintas formas. la violencia sexual, doméstica y local, llegando al feminicidio, que a pesar de ser las más visibles, de pronto la atención es radicada en el acto mismo, cuando es necesario resaltar sus consecuencias sobre la salud, que son de tipo físico y emocional:
Embarazos no deseados, ITS, adicciones, fibromialgia, fracturas, lesiones varias, miedo, fobias, adicciones, suicidios.
Todo lo anterior sumado a la limitación que la cuestión de género impone al acceso en sí a los cuidados y servicios de salud. Pues, menor índice educativo y de alfabetismo resultan en falta de información sobre autoprotección y atención a salud, a un mismo tiempo, que implican deficiente oportunidad laboral sumada al trabajo doméstico no remunerado y, por ende, deficiente poder adquisitivo de servicios de salud. Situaciones provenientes de roles tradicionales de género que se pueden sumar a otras, también impuestas desde estos roles, como falta de oportunidades para participación política, lo cual redunda desde en políticas públicas no específicas sobre estas necesidades, hasta la falta de autonomía sobre el propio cuerpo en donde no siempre es posible decidir sobre el número de hijos, espaciamiento en los nacimientos, sexualidad o, todavía, el derecho al goce.
Aún más, la línea entre cada rubro es muy delgada y en ocasiones inexistente pues condiciones biológicas se ven complicadas con condiciones de pobreza y, ambas a su vez, son determinadas por violencias varias en contra de las mujeres.
Ejemplificando: la maternidad, asunto biológico, no tendría que conllevar la muerte del mil 400 mujeres al año en México –cifras oficiales-. Son asuntos de violencia patriarcal como la penalización del aborto, la deficiente educación y distribución de anticonceptivos, la violencia física, la alimentación, el escaso acceso a la salud de calidad. "La muerte materna se puede prevenir, en más del 90 por ciento de los casos que se registran al año, porque no se trata de accidentes que suceden de repente, son la consecuencia de una mala atención…" Según afirmó la doctora Maricarmen Elú Cayado, secretaría técnica del comité promotor por una Maternidad sin Riesgo.[2]
La reciente feminización del SIDA a nivel mundial es otra problemática en que coinciden estas vertientes:
Por una parte, las características fisiológicas, pues la Organización Mundial de la Salud (OMS), estimó que en las relaciones sexuales las mujeres son de dos a cuatro veces más vulnerables que los hombres a la infección del virus del VIH. Pero, por otra parte, la recepción insuficiente de información, sumada a que muchas niñas y mujeres ya sea porque padecen violencia o tráfico sexual, son amas de casa en supuestas relaciones monogámicas o por diferentes circunstancias socio culturales o de autonomía, no pueden decidir sobre cómo y cuando ejercer su sexualidad y menos aún exigir a su compañero o compañeros sexuales practicas protegidas.
Entonces, encontramos que la violencia contra la salud de las mujeres es cotidiana, a niveles diversos y parecería parte del orden natural de las cosas. Pero, la pobreza y la existencia de países pobres no es un asunto natural; el que existan grupos sociales vulnerables, desprotegidos; el que condiciones fisiológicas sean complicadas por prácticas violentas desde las familias, las comunidades, las tradiciones y hasta las políticas religiosas: no son asuntos naturales. El impedir el paso hacia tecnologías e investigaciones, hacia medicamentos por intereses de los grandes industriales farmacéuticos, hacia atención a la salud que sea integral y de calidad, que debían ser para todos los humanos y humanas: No es natural. No hay forma de que le aceptemos como tal.
La tarea, entonces, es desnaturalizar esta violencia, desnudarla de su cotidianidad y combatirla. Detener estos atentados. Literalmente:
Nos va la vida en ello.
