mayo 08, 2010

Peligro y determinación en Papúa Nueva Guinea

En la provincia de Chimbu en Nueva Guinea, las mujeres están luchando por poner fin a la violencia endémica e invocando los derechos humanos para castigar a los instigadores.

Combates endémicos en Papúa Nueva Guinea

En estos tiempos, los países que se ven afectados por desastres naturales suelen recibir una amplia cobertura y muestras de apoyo abundantes, mientras que otros donde hay violencia y conflictos continuos o intermitentes quedan a la orilla del camino pues el público ignora su difícil situación o se siente fatigado por ésta. Tal es el caso de Papúa Nueva Guinea (PNG), un país del Pacífico con siete millones de habitantes donde por décadas ha habido guerra entre tribus,[1] que se ha intensificado a raíz de la introducción de armas sofisticadas.[2] El gobierno y las fuerzas policiales del país no han sido capaces de hacer mucho para garantizar la seguridad de la gente.

Las luchas entre tribus en PNG son endémicas, con disputas sobre la tierra, los recursos naturales, las mujeres, creencias religiosas e insultos percibidos y reales que generan violencia. La mayoría de sociedades tradicionales está ubicada en áreas rurales; sólo el 18 por ciento de la población vive en las principales ciudades de PNG. El país tiene por lo menos 850 sociedades tribales, muchas de las cuales son comunidades agrícolas pobres cuyo único sustento es la tierra. El desempleo alcanza hasta el 80 por ciento en algunos lugares. Los ingresos también provienen de la minería y a menudo los derechos a la producción de las minas son causa de luchas.

En abril de 2009, nueve años de paz en el altiplano de la provincia de Chimbu en PNG llegaron a su fin con un combate entre trece tribus que se disputaban una cantera arenosa. Durante los casi diez años de tranquilidad, una gran cantidad de armas fue introducida en el área, haciendo más letal que nunca este brote de violencia. Asimismo, los arduos esfuerzos por mantener la paz construyendo infraestructura, creando empleos y forjando relaciones entre tribus se desvanecieron en cuestión de meses a través de saqueos y destrucción.

Se desmorona la paz gestionada por las mujeres

La defensora de los derechos de las mujeres Mary Kini,[3] que es del Valle de Chimbu, ha trabajado desde 1999 en solidaridad con mujeres de otras tribus de la provincia por medio de Mujeres de Kup por la Paz (KWP)[4] con miras a mitigar el dolor de las madres (en papú: downim heavy belong all mama). Ella y otras mujeres de tribus ‘enemigas’ en Kup, un distrito de 18,000 habitantes en la provincia de Chimbu, se han arriesgado a morir debido a que trabajan juntas – rehuidas por gente de tribus en guerra – para poner fin a ciclos de violencia, incluyendo asegurar elecciones libres, justas y pacíficas en partes de la provincia.

Con apoyo de mujeres en todo el distrito de Kup, Kini y sus colegas habían gestionado una paz sin precedentes entre tribus – hasta abril de 2009, cuando un hombre joven de una tribu caminó por una cantera arenosa que era reclamada por otra tribu. El resultado fueron batallas.

Según la Coalición Internacional de Defensoras de los Derechos Humanos (WHRD IC), “debido a su trabajo, las mujeres [de KWP] se han convertido en blanco de agresiones. Personas han sido asesinadas; se han quemado cientos de casas por completo; hortalizas y cafetos han sido destruidos; ha habido matanza de cerdos; el centro de KWP, escuelas y centros de salud fueron destrozados, y grandes cantidades de armas han sido introducidas en el área. La mayoría de la gente ha huido y está viviendo en carpas y albergues temporales en las montañas o a lo largo del río Wahgi”.

Desde hace mucho tiempo, Kup fue declarada zona de combate por el gobierno federal. Las fuerzas policiales estuvieron presentes de manera intermitente en la provincia, pero no realizaron arrestos o frenaron la violencia.

Kini, quien conversó con AWID recientemente mientras se reagrupaba y buscaba asistencia y recursos en Port Moresby (la capital de PNG), dijo que numerosas mujeres habían sido violadas y muchas otras resultaron heridas de bala en los campos de batalla cuando estaban tratando de recolectar alimentos para sus familias. Las mujeres y las niñas son blanco en los combates, a menudo por venganza, como también para provocar y avergonzar al enemigo.

Las violaciones y asesinatos de mujeres en áreas de conflicto son parte de un continuo de violencia contra las mujeres, otro problema endémico en la provincia aun cuando no hay luchas entre tribus. Oxfam Nueva Zelanda ha documentado que las mujeres en Chimbu son el principal blanco de cacerías de brujas – a menudo se les acusa de brujería cuando alguien se enferma o muere, y son sometidas a tortura.[5] También la violencia doméstica es persistente, pero se la descarta como aceptable si se ha pagado una suma de dinero por la novia, afianzando así la percepción de que los hombres son ‘dueños’ de sus esposas.

Mecanismos para la justicia

Ahora, aunque la violencia se ha reducido un poco en los últimos dos meses, individuos que portan armas le infunden temor a la mayoría de residentes. Muchas de estas personas han huido del área en busca de seguridad. Las escuelas y los hospitales han cerrado y no hay lugares donde tratar a la gente herida.

Kini y sus colegas de KWP están trabajando con aliados en Oxfam Internacional, el Centro de Mujeres de Fiyi para Atención de Crisis y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), junto a la única mujer diputada del Parlamento de PNG, Carol Kidu, a fin de formular e invocar mecanismos legales de derechos humanos y la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de la ONU para llevar a los instigadores ante la justicia. Kini explicó que los combates entre tribus se han vuelto tan normales que la gente piensa que es una manera aceptable de resolver disputas. Más aun, dice, en vista de que los instigadores no reciben castigo alguno por los asesinatos, violaciones sexuales, daños a la propiedad, saqueo de alimentos, penurias económicas, desplazamiento y pérdida de hogares que han causado, es más que probable que vuelvan a hacerlo.

Agnes Sil, colega de Kini en KWP, está pidiendo que se investigue por qué las fuerzas policiales no han arrestado a nadie por los crímenes. Explica que con frecuencia los agentes de la policía tienen relación con los instigadores y no hacen nada aunque son testigos de las atrocidades. “Cada agente de policía es a menudo suegro o primo de alguien por matrimonio”, dice Sil, y agrega: “Cuando la policía no hace nada, la gente actúa por su propia cuenta”. Ella también asevera que los líderes tribales están descuidando sus responsabilidades: “se supone que deben comprender y explicarle a su gente asuntos como la propiedad de las canteras arenosas, y no instigarla a pelear”.

Adicionalmente, Kini explica que, en su mayoría, los líderes en el gobierno nacional, incluyendo a ministros y diputados, no están haciendo nada respecto a esta situación y no representan o ayudan a las personas a quienes deben servir por haber sido electos o nombrados para hacerlo. Dice que “tienen mucho poder, ejercen control como les place y no rinden cuentas”.

En la actualidad, Oxfam Nueva Zelanda está apoyando a las mujeres de KWP para reubicar sus operaciones en la vecina ciudad de Kerowagi, donde ellas brindarán servicios a mujeres víctimas del conflicto y la violencia. Aun así, necesitan fondos inmediatos de socorro para que el personal y las voluntarias puedan pagar las cuotas escolares y conseguir alimentos mientras no puedan regresar a sus hogares. KWP también está trabajando con Oxfam para realizar un análisis de costo-beneficio de la violencia y espera convocar una conferencia que reúna a activistas por los derechos humanos de toda PNG y los países vecinos.

La autora agradece el apoyo que para este artículo brindaron Tara Chetty, de la Coalición Internacional de Defensoras de los Derechos Humanos; Edwina Kotoisuva, del Centro de Mujeres de Fiyi para Atención de Crisis; y Naeemah Khan, del Movimiento por los Derechos de las Mujeres de Fiyi.
Por Masum Momaya
Foto: KWP Founders Agnes Sil, Mary Kini and Angela Apa
Crédito Fiji Times

Notas:

‘Tribu’ y ‘tribal’ fueron términos utilizados por entrevistadas de Mujeres de Kup por la Paz al comunicarse en inglés con la autora, por lo que son usados en este artículo. Para averiguar sobre los usos problemáticos de ‘tribu’ y ‘tribal’ en los reportajes periodísticos, ver los análisis del Comité de Periodistas Preocupados y de Justicia y Rigor en las Noticias.
Si quieres leer más sobre cómo la introducción de armas está incrementando los conflictos y poniendo en riesgo a las mujeres, lee ‘Sexed Pistols Points Barrels at Cultures of Violence’ [‘El libro Pistolas sexuadas apunta sus cañones a las culturas de violencia], por Masum Momaya, Notas de los Viernes de AWID, 26 de febrero de 2010.
Ver la entrevista a Mary Kini: ‘Mujeres que hacen la paz cuentan la historia’, por Daniel Cowley, Comunidad Segura, 31 de octubre de 2009.
Para averiguar cómo puedes apoyar a Mujeres de Kup por la Paz, lee ‘Appeal: Papua New Guinea: Please help the brave women of Kup’ [‘Apelación: Por favor ayuda a las valientes mujeres de Kup’], Coalición Internacional de Defensoras de los Derechos Humanos, 13 de abril de 2010.
Oxfam Nueva Zelanda, Downim heavy belong all mama [Mitigando el dolor de las madres].

Nota: Este artículo es parte de la serie semanal Notas de los Viernes de AWID, que analiza asuntos y eventos importantes desde una perspectiva de derechos de las mujeres. Para suscribirte a este boletín, pulsa aquí.

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in