noviembre 27, 2009

Las mujeres necesitan derechos al agua, no sólo tecnologías

En comunidades pobres, las tecnologías suelen ser publicitadas como panaceas para la pobreza. Por ejemplo, las que les posibilitan a las mujeres acarrear y almacenar agua pueden hacerles más fáciles las tareas diarias en sus roles productivos y reproductivos. Sin embargo, ¿aseguran realmente esas tecnologías los derechos de las mujeres?

Las tecnologías alivian algunas cargas cotidianas

Cada día se desarrollan y están disponibles para uso público nuevas tecnologías que van desde aparatos altamente tecnológicos como iPhones hasta otros de baja tecnología como bombas de agua y plásticos. Diversas partes interesadas – incluyendo gobiernos, el sector privado y el ámbito de la filantropía – apoyan estos desarrollos con fondos y visibilidad, en ocasiones afirmando que las tecnologías pueden transformar las vidas de la gente y ser un remedio para la pobreza. Cuando están fácilmente disponibles, son asequibles y fáciles de usar, algunas tecnologías sí ayudan a las personas a realizar tareas cotidianas, especialmente en entornos donde las labores básicas implican un trabajo intenso.

Tomemos, como ejemplo, el caso del agua. Muchas de las mujeres del mundo son responsables de obtener agua para el consumo personal diario de sus familias, para cocinar, lavar y atender las necesidades agrícolas. Algunas de ellas tienen que caminar numerosos kilómetros para conseguirla, a menudo por terrenos difíciles o peligrosos, acarreándola en grandes contenedores sobre sus cabezas. Incluso aquéllas que tienen cierto acceso al líquido en un pozo o por tubería podrían no contar con un suministro constante y confiable o agua potable libre de agentes contaminantes y patógenos.

En la última década, varias innovaciones tecnológicas han aliviado algunas de las cargas asociadas al acarreo y almacenamiento de agua. Por ejemplo, el Hippo Water Roller,[1] un tonel plástico que se hace rodar de manera parecida a una maleta con rodillos, puede transportar agua suficiente para una familia de cinco a siete personas que le durará más o menos una semana. Esto significa que una mujer pasa varias horas por semana, en lugar de varias cada día, caminando para obtener agua y no tiene que llevar la pesada y gran carga sobre la cabeza.

Para quienes tienen agua debajo del suelo pero no tubería o pozos para acceder a ella, la bomba de agua con pedales[2] extrae el líquido desde fuentes subterráneas y permite a personas agricultoras regar pequeñas parcelas. Les resulta particularmente útil a agricultores a pequeña escala – que en su mayoría son mujeres – porque muchísimas de estas personas carecen de acceso a medios para irrigación como tuberías, tanques o un acuificador [capa subterránea de roca permeable, sedimento o suelo de la cual puede extraerse agua utilizando un pozo].

En lugares donde los pozos son la principal fuente de agua, la bomba a lazo[3] permite a la gente extraer agua subterránea y elimina la necesidad de almacenarla. La bomba es de fácil manejo y no requiere viajar para conseguir el líquido. Las mujeres sacan el agua que necesitan sin pasar mucho tiempo transportándose ni arriesgar su vida en ello.

Obstáculos: asequibilidad del agua y acceso a ésta

Aunque algunas personas pueden suponer que tales tecnologías a menudo facilitan las vidas de las mujeres, lo cierto es que raras veces son una panacea para la pobreza, sobre todo porque el agua es cada vez más escasa y cara.

Junto a la vida silvestre, los ecosistemas, la agricultura y las industrias, 6.7 mil millones de personas comparten menos de 1 por ciento del agua fresca del mundo que es potable y accesible para ser usada. Y esta pequeña cantidad se está agotando rápidamente debido al cambio climático, más contaminación y la creciente necesidad de agua para uso diario de personas, granjas e industrias.[4]

Mientras tanto, los gobiernos, muy necesitados de recursos que les permitan proporcionar bienes públicos, están recurriendo al sector privado para la provisión de agua. Plenamente consciente de que el agua es más preciosa que el petróleo, el sector privado ha estado sacando provecho de la necesidad de agua. Bancos e inversionistas ven el agua como una inversión segura, con ingresos estables y activos financieramente líquidos, y ahora están tratando de recuperar sus pérdidas en los sectores de finanzas y bienes raíces a expensas de las personas usuarias de agua.[5]

La creciente escasez y privatización del agua tienen varias implicancias para las mujeres. En primer lugar, a medida que empresas privadas adquieren derechos de propiedad sobre fuentes de agua fresca, a las mujeres que antes podían caminar hacia éstas para obtener el líquido ahora se les está impidiendo hacerlo o incluso se les cobra por ello.[6] En segundo lugar, las empresas que compran las fuentes embotellan el agua para venderla porque esto es más lucrativo, en vez de permitirle a la gente de la localidad el acceso al agua. Aun cuando las empresas construyen grifos y los ponen a disposición de municipalidades locales, venden el agua a precios tan altos que son prohibitivos, sobre todo para las mujeres pobres.[7] Dado que el agua no tiene sustituto y es absolutamente necesaria, cuando no existen regulaciones las corporaciones pueden cobrar por ella lo que quieran y la gente no tiene más alternativa que pagar, si es que puede hacerlo.

Muchas corporaciones también continúan extrayendo el agua disponible para producción comercial, contaminan los suministros hídricos con desechos industriales y agotan las fuentes de agua subterránea y fresca, dejándolas inservibles. Además, las corporaciones tienen otra herramienta para asegurar la demanda de ‘su’ agua en el mercado: la contaminación de pozos.[8] Así, las tecnologías para acarreo y almacenamiento resultan ser irrelevantes si, para empezar, las mujeres no pueden acceder al agua ni pagarla. Pero hay otro obstáculo formidable.


Agua: ¿mercancía o bien común?

Los problemas con el acceso y la asequibilidad son síntomas de uno más grande: el hecho de que el agua ahora es vista como una mercancía, en vez de un derecho fundamental. Y en ocasiones los formuladores de políticas operan con la suposición de que la promesa de las tecnologías puede reemplazar los propios derechos. Dicho de otra manera, mientras las mujeres tengan accesorios, ¿por qué necesitan derechos?

Las Naciones Unidas[9] y la Organización Mundial de la Salud,[10] trabajando conjuntamente con innumerables ONG, han estado luchando por asegurar que todas las personas tengan un acceso asequible a agua potable y, siempre que sea factible, un suministro administrado por las comunidades, no por burocracias estatales o la empresa privada. La administración del agua por parte de la comunidad a menudo reduce su dependencia de los gobiernos centrales y del sector privado para cubrir esta necesidad fundamental y convierte a las personas de la localidad – no a burocracias gubernamentales o intereses comerciales – en las principales beneficiarias.

Modelo de esto es una tecnología antigua. Con la captación de agua pluvial,[11] la gente – más a menudo las mujeres – “cosechan” y almacenan agua durante la estación lluviosa para usarla durante todo el año. Además de involucrar a las comunidades locales en evaluar las necesidades de agua y construir sistemas de captación apropiados, la captación de agua pluvial reduce el trabajo diario de acarreo de agua que recaen en las mujeres, conserva ingresos que de otra manera se destinarían a comprar el líquido, mejora las condiciones de la salud y el saneamiento e incrementa los ingresos derivados de la agricultura.

Éste es un ejemplo de una tecnología que es participativa y se presta para un enfoque basado en los derechos. A través de su propia experiencia de la tecnología, y contando con capacitación y apoyo de ONG locales, la gente participa en procesos de políticas públicas que influyen no sólo en el manejo de los recursos sino también en otros asuntos relacionados, como los cuidados de salud, el saneamiento y las políticas agrícolas y comerciales. Para las mujeres en particular, esas tecnologías participativas guardan la promesa de proteger los derechos y generar bienestar. De esta manera, la tecnología es un medio propiciador, y una carga cotidiana puede convertirse en una oportunidad para participación y transformación.


Referencias:


1. The Hippo Water Roller.
2. Smith, Peter, ‘A water pump for the people’ [‘Una bomba de agua para la gente’]. The Christian Science Monitor, 23 de julio de 2008. Ver también: Tecnologías en Aguas, ‘Bombas de agua en África accionadas por niños jugando’. 25 de agosto de 2008.
3. Bomba de agua a lazo, Resource Development International – Camboya
4. Yang, Jo-Shing, ‘Why Big Banks May Be Trying to Buy up Your Public Water System’ [‘Por qué los bancos podrían estar intentando comprar tu sistema público de agua’]. AlterNet, 31 de octubre de 2008.
5. Ibíd.
6. Shiva, Vandana. Water Wars: Privatization, Pollution and Profit [Guerras por el agua: Privatización, contaminación y ganancias]. Boston: South End Press, 2002.
7. Ibíd.
8. Ibíd.
9. Decenio Internacional para la Acción, ‘El agua, fuente de vida, 2005-2015’, material de referencia (en inglés). Ver también el Informe del Secretario General, Medidas adoptadas para organizar las actividades del Decenio Internacional para la Acción, “El agua, fuente de vida”, 2005-2015 (A/60/158), 25 de julio de 2005.
10. Organización Mundial de la Salud, ‘El derecho al agua’. Ginebra: OMS, 2003 (disponible sólo en inglés).
11. Captación de agua pluvial (en inglés). Ver también: Organización Panamericana de la Salud (OPS), Guía de diseño para captación del agua de lluvia (OPS/CEPIS/04.122), 2004. Más información relacionada con el agua está disponible en la Biblioteca Virtual de Desarrollo Sostenible y Salud Ambiental de la OPS.


Por Masum Momaya
Fuente: Notas de los Viernes de AWID
Traducción del inglés: Laura E. Asturias
Título original: Women Need Water Rights, Not Just Technologies

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