noviembre 16, 2014

Las pruebas médicas durante el embarazo: cómo torturar a una preñada.

En pleno festival de pruebas genéticas, hay un momento en que te preguntas: ¿Realmente quiero saber si mi bebé tiene síndrome de Down o si no es “normal” en el más heteronormativo y patriarcal sentido de la palabra? Yo personalmente eché de menos que alguien me lo preguntara.


Ilustración: Ana Elena Pena

Comencemos con una pregunta sencilla que me tiene loca: ¿por qué se siguen realizando amniocentesis en este país si existen pruebas que proporcionan los mismos resultados sin arriesgar la vida del feto? Yo sinceramente, no lo sé, ¿intereses económicos tal vez? Especulo. Lo importante, hombre con útero embarazado o mujer con bombo o transgénero preñado, es que sepas que tienes alternativas a esa prueba, así que no te dejes engañar por la institución médica. Puedes hacer un test genético en laboratorio privado por unos 700 euros. Pero si prefieres guardarte tus eurillos para mejores menesteres, puedes hacer una ecografía morfológica, que te costará, por privado otra vez, unos 150 euros, y te ofrecerá unos resultados igualmente fiables. Y lo mejor de todo, al instante, sin tener que esperar las tres semanas del test genético. Porque la amniocentesis tiene un riesgo de infección de útero y aborto del 1%. Y sucede, claro que sucede. Pregunta sobre el tema y verás cómo te encuentras con mujeres a las que les ha pasado.

Una vez te han metido el miedo en el cuerpo, pues a pasar por la aguja, como la amniocentesis. Así que es importante que estés bien informada, para que puedas acceder a pruebas no invasivas

¿Y todo este festival de pruebas genéticas a qué se debe? Posiblemente si no has estado preñado no sabes de qué carajo estoy hablando. Así que te lo voy a explicar. Aproximadamente en torno a los tres meses de gestación se realizan unas pruebas para determinar si el bebé tiene síndrome de Down y otras anomalías, como intersexualidad por ejemplo. Primero se hace lo que se llama triple screening, que es una prueba estadística de más que dudosa efectividad y que yo creo que debería estar prohibida. Si estás cerca de los 40 posiblemente te saldrá “mal”, porque uno de los índices que se toman para calcular las probabilidades de que tengas un bebé con problemas es la edad de la madre. Una vez te han metido el miedo en el cuerpo, pues a pasar por la aguja, que es la prueba de la amniocentesis, aunque a veces pueden hacerte también otra prueba, como la biopsia de corion, también invasiva y muy peligrosa para tu salud y la de tu criatura. Así que es importante que estés bien informada, para que puedas acceder a pruebas no invasivas como las que te he contado si así lo deseas.

Pero hay un momento en que te preguntas: ¿Yo realmente quiero saber si mi bebé tiene síndrome de Down o que no sea “normal” en el más heteronormativo y patriarcal sentido de la palabra? Yo personalmente eché de menos que alguien me lo preguntara. De hecho en un principio me negué al dichoso triple screening, porque yo sentía que no deseaba tener esa información. Pero no escuché a mi instinto, que es al único al que tienes que hacerle caso cuando estás preñada (¡y cuando no lo estás!), aunque mis venas lo tenían claro y la enfermera tuvo que pincharme 3 veces porque no había manera.

No estoy diciendo que no se hagan pruebas a quienes quieran hacérselas, faltaría más. Pero no me parece bien que por sistema te obliguen a hacer una serie de pruebas que tendrían que ser de libre elección. Porque hay muchas maneras de obligar, y una es meter miedo

Para mí hubiera sido todo un reto tener un bebé con Down, porque he tenido que sostener a varios familiares con enfermedades mentales y era una jugada del destino que no sé cómo hubiera llevado. La maternidad es un salto mortal sin colchoneta de seguridad. Y ojo, que yo no estoy diciendo que no se hagan pruebas a quienes quieran hacérselas, faltaría más. Lo que estoy diciendo es que no me parece bien que por sistema te obliguen a hacer una serie de pruebas que tendrían que ser de libre elección. Porque hay muchas maneras de obligar, y a una mujer preñada es muy fácil meterle miedos, y ese parece el deporte médico nacional. Cuando se sabe, científicamente, que la salud emocional de la mujer preñada es fundamental para la saludable evolución del embarazo. Es una contradicción, lo sé.

Todo el sistema médico es una institución patriarcal y debemos ser conscientes de ello. Si te haces un test genético y te sale XY, ten cuidado, porque el cromosoma Y no siempre quiere decir que vas a tener a un pequeño bio hombre. Y tampoco un XX que vas a tener a una pequeña bio mujer. La realidad es mucho más complicada, y la identidad sexual es consecuencia del conjunto de nuestro mapa genético y no de un par de cromosomas. Sí, existen mujeres que tiene el cromosoma Y en su ADN. Supéralo. Porque no solo existen hombres y mujeres sino que hay una realidad tan o más frecuente como ser pelirrojo que se llama intersexualidad y que hace que la casilla “chico” y “chica” de tu partida de nacimiento sea un sinsentido. Tantos sinsentidos en la medicina actual. Tantas casillas que rellenar para ser una personita heteronormativa come il faut. Pero la realidad es compleja y variada y plural y rica y jugosa. Menos mal.

Tenemos que pelear para no ser víctimas de una espiral de pruebas en lo que se llama diagnóstico prenatal y debería más bien llamarse tortura psicológica a la preñada. Claro que los avances médicos nos ofrecen una serie de ventajas, como poner fin a un embarazo no deseado de forma segura, por ejemplo. Pero existe una moral patriarcal dentro de la institución médica que se empeña en decirnos lo que tenemos que hacer con nuestros cuerpos. Hace falta mucho feminismo en la maternidad.

Para seguir leyendo sobre intersexualidad (en inglés):
Por María Llopis
Fuente: Pikara Magazine