febrero 08, 2018

¿Qué es lo que atrae a las mujeres al movimiento nacionalista budista de Myanmar?

© Melyn MckayUna mujer vende libros promocionales de MaBaTha, en la conferencia anual del movimiento de 2017 en Yangon

En el contexto de la transición hacia la democracia, en Myanmar está creciendo un peligroso movimiento nacionalista budista, en el que las mujeres están teniendo un papel fundamental.

En los campos de refugiados construidos apresuradamente en el estado de Rakhine, en la zona occidental de Myanmar, donde desde 2012 han sido internadas alrededor de 129.000 personas (en su mayoría rohingyas musulmanas), las expectativas son muy pocas. Sin libertad para trabajar fuera de los campos, la supervivencia de esta minoría largamente perseguida depende de la entrega de ayuda internacional y de permisos especiales para salir, que se conceden solo para emergencias médicas.

En agosto de 2017, el último estallido de violencia trajo nuevamente a escena, entre las comunidades étnicas de Rakhine (mayoritariamente budistas) de la región, los antiguos sentimientos antimusulmanes. Algunas de estas comunidades llegaron a impedir que la asistencia vital llegara a los campos y, de manera quizás sorprendente, a menudo se vieron mujeres liderando las acciones y las protestas dirigidas a evitar la ayuda humanitaria.

Según unx experimentadx representante de una organización de ayuda internacional que trabaja en el área, que habló con nosotrxs en forma anónima por temor a represalias del Gobierno, las mujeres «impiden activamente que mujeres rohingyas con embarazos avanzados lleguen al hospital más cercano. He trabajado en muchos lugares complicados, en todo el mundo, pero nunca viví algo parecido.»

En octubre de 2017, la líder del grupo Arakan Women’s Network [Red de Mujeres de Arakan], que realizó una sentada protesta contra el intento de otra ONG para brindar servicios de educación, higiene y sanidad a lxs refugiadxs rohingyas en los campos dijo que esta asistencia era «simplemente inaceptable». Declaró ante Reuters: «Tienen comida, tienen alojamiento donde vivir... No podemos aceptar este tipo de cosas excesivas para ellxs.»

Rakhine es el ejemplo más visible y descarnado de este extremismo en acción.

En Myanmar (o Birmania) existe un movimiento etnonacionalista en auge que ha obtenido amplio apoyo de las bases.

El núcleo de esta ideología radica en que el budismo birmano necesita ser «protegido», con nociones extremas de purismo étnico y xenofobia, y conceptos que justifican la violencia tales como la «autodefensa» contra las «amenazas» externas e internas que presentan las poblaciones musulmanas y lxs rohingyas en particular.

Junto con Sri Lanka, Myanmar es considerado por muchxs el último bastión del budismo en Asia. El estado de Rakhine, que limita con Bangladesh, es considerado por lxs miembrxs de la población budista del país como la «Puerta Occidental» a través de la cual se propagará el Islam, a menos que se tomen acciones para evitarlo. Esto a pesar del hecho de que apenas el 5% de la población de Myanmar (54 millones) es musulmana. .

Lxs nacionalistas budistas están capitalizando la afirmación, a menudo repetida, de que lxs rohingyas musulmanxs son «inmigrantes ilegales». Utilizan una retórica religiosa y racial para presentar sus argumentos. Algunxs sostienen la escalofriante idea de que lxs rohingyas son insectos y serpientes reencarnadxs, repitiendo el lenguaje de genocidio que se escucha en otras partes del mundo.

Por décadas, el millón de personas rohingyas de Myanmar han sido sistemáticamente marginalizadxs, lo que ha culminado en las «operaciones de limpieza» militares que comenzaron en agosto de 2017, cuando fueron asesinadas alrededor de 10.000 personas y brutalmente expulsadas más de 655.000.

Si bien la ONU ha denunciado estas acciones como limpieza étnica, un líder religioso budista birmano muy influyente se ha referido a un antiguo texto religioso para sostener que el asesinato de no budistas puede justificarse «en épocas de guerra» sobre la base de que éstxs no son completamente humanxs.

© Melyn MckayPegatinas promocionales en apoyo a Wirathe, uno de los líderes extramistas de la MaBaTha, que se repartían a monjas en un acto de campaña.

MaBaTha (Asociación para la Protección de la Raza y la Religión), una organización descentralizada de personas religiosas y laicas oficialmente establecida en 2013, es la pieza fundamental del movimiento nacionalista budista. Su enfoque parece ser estratégicamente multidimensional. Por un lado, existe una abierta incitación a la violencia, con la retórica extrema de algunas de sus figuras más populares como por ejemplo Ashin Wirathu, quien fuera calificado como «el rostro del terror budista»por la revista Time.

Por otro lado, el grupo realiza actividades comunitarias respetables, con las que obtienen el apoyo incluso de personas que se oponen a su discurso de odio.

Bajo la bandera de MaBaTha, los monasterios defienden la promoción de los «valores budistas», brindan asistencia a lxs pobres, y recaudan fondos para asistir a las comunidades afectadas por desastres naturales.

Para lxs jóvenes desfavorecidos, la escolarización monástica ofrecida por los monasterios afiliados a MaBaTha es su única posibilidad de acceder a la educación. Las escuelas dominicales budistas (escuelas de dharma) funcionan en todo el país con el apoyo de las activistas femeninas del grupo, que a menudo trabajan como docentes.

Si bien es difícil establecer cifras, Melyn McKay, una antropóloga que estudia la participación de las mujeres en el nacionalismo budista, nos dijo que solo en Yangon (la capital comercial del país y su ciudad más grande) existen entre 20.000 y 80.000 miembrxs de MaBaTha.

También nos dijo que la membresía formal de mujeres en MaBaTha es amplia y está creciendo. En el área central de Mandalay solamente, hasta 3.000 mujeres se han convertido en miembros formales de MaBaTha. Pero esta cifra puede no incluir «a muchas que participan en marchas y actividades similares» sin membresía formal.

Los roles de las mujeres dentro de MaBaTha son variados.

Algunas contribuyen en tareas administrativas, gestionando las donaciones y las comunicaciones, o llevando registros históricos. Otras enseñan en las escuelas de dharma, dan charlas en sus comunidades sobre la importancia de proteger las enseñanzas y los valores budistas, o ejercen sus profesiones. Quienes tienen formación legal, por ejemplo, dan apoyo ad honorem a casos identificados por MaBaTha.

En una sociedad en que las mujeres a menudo son marginadas en el hogar y en las instituciones poderosas (incluso en las instituciones religiosas), MaBaTha brinda oportunidades que no siempre encuentran en otro lado, según explicó McKay.

MaBaTha no solo permite que las mujeres estudien con algunos de los monjes más respetados del país: los líderes también «apoyaron una organización de monjas que reclamaban el derecho a presentarse en los exámenes de nivel superior para demostrar su conocimiento de dharma y aumentar su propio prestigio», nos dijo la investigadora.

El involucramiento de las mujeres en el movimiento también excede el ámbito religioso. Su participación política, permitida y alentada por MaBaTha, brinda «una poderosa plataforma... para promover las preocupaciones de las mujeres y dar visibilidad a las luchas que enfrentan en su vida diaria», agregó McKay.
© © 2005 Khin Maung Win | PhotoshareNiñxs asisten a clase en la escuela monástica de Hiegu, Myanmar. Cuando los padres no pueden permitirse las tasas de escolarización los envían a las escuelas monásticas donde los monjes budistas se encargan de enseñarles de forma gratuita

Según un informe del International Crisis Group (ICG), muchas mujeres miembras de MaBaTha mencionan específicamente al feminismo como razón para unirse al grupo. El informe describe su proyección a nivel comunitario, que incluye actividades para «informar a las mujeres budistas rurales sobre sus derechos de matrimonio y sus derechos de practicar su fe budista», así como las iniciativas para apoyar a mujeres en situaciones laborales o familiares abusivas.

En 2015, lxs nacionalistas budistas celebraron la aprobación gubernamental de un paquete de leyes conocido como las «Leyes para proteger la raza y la religión», que apuntan implícitamente a las mujeres musulmanas regulando, por ejemplo, la cantidad de hijxs que pueden tener y sus derechos matrimoniales. Estas leyes también restringen los derechos de las mujeres budistas que quieran casarse con hombres no budistas, y obligan a los hombres que no sean budistas a convertirse a esa religión para poder casarse con mujeres budistas.

Comentaristas internacionales, así como varios grupos de mujeres de Myanmar, han denunciado las leyes por ser discriminatorias hacia mujeres y personas no budistas. Sin embargo, muchas mujeres budistas las han aplaudido, y las mujeres miembras de MaBaTha organizaron campañas de recolección de firmas para apoyar estas leyes.

McKay dice que muchas mujeres budistas apoyan en particular una normativa que prohíbe la poligamia. Si bien esta prohibición obtuvo la atención de la comunidad internacional y de las organizaciones de derechos humanos del país por estar dirigida hacia las comunidades musulmanas, las mujeres que la apoyaban la presentaron como un evidente tema de derechos de las mujeres.

Las mujeres nacionalistas están ahora en alerta para oponerse a una ley cuyo objetivo es limitar la muy extendida violencia contra las mujeres. El borrador de la ley de violencia contra las mujeres y las niñas todavía no ha sido publicado ni se ha establecido una fecha para su debate, pero lxs nacionalistas planean impugnarla sobre la base de que puede debilitar ciertas partes de las «Leyes para proteger la raza y la religión», si no prohíbe explícitamente la poligamia y las conversiones religiosas forzosas.


«Lxs nacionalistas tomarán esto como señal de que la NLD [Liga Nacional para la Democracia, el partido gobernante de Myanmar] está dispuesta a sacrificar imperativos morales y religiosos, de modo de parecer tolerante y apaciguar a lxs musulmanes a expensas de la mayoría, y de las mujeres budistas en particular», dijo ICG.

Las mujeres involucradas en el movimiento nacionalista parecen no percibir la disonancia entre su idea de estar luchando por la igualdad de las mujeres y su compromiso en un movimiento enormemente discriminatorio. «Consideran que su trabajo para la promoción de los intereses de las mujeres es complementario de aquel para proteger la religión», explica McKay.

La utilización de los temas de las mujeres para obtener apoyo bien podría ser una estrategia deliberada del movimiento nacionalista budista. Esto no se limita a Myanmar: una investigación reciente realizada por grupos por los derechos de las mujeres muestra una tendencia mundial a la cooptación del lenguaje progresista de los derechos y la justicia, que incluye a los derechos de las mujeres, por parte de las agendas fundamentalistas y anti-derechos.

«Los movimientos fundamentalistas y fascistas a menudo operan de esta forma aparentemente paradójica», dice Shareen Gokal de la Asociación para los Derechos de las Mujeres y el Desarrollo (AWID por sus siglas en inglés), que viene liderando el trabajo sobre derechos de las mujeres y fundamentalismos desde hace más de una década.

«Son patriarcales, propugnan normativas de género opresivas, y perpetúan la discriminación y la violencia. Pero, al mismo tiempo, ofrecen a las mujeres involucradas oportunidades para experimentar alguna forma de empoderamiento a través de la acción política, la participación e incluso el liderazgo (aunque los límites pueden variar), siempre y cuando su involucramiento esté al servicio del movimiento y de la ideología», nos dijo Gokal.

En lo que respecta a las ideologías en las que el sentimiento anti-musulmán es central, como en Myanmar, los argumentos por los derechos de las mujeres adquieren otro estrato de significado, agregó.

«Para varios grupos fundamentalistas y fascistas con una agenda anti-musulmana (ya sean supremacistas blancos europeos o nacionalistas hindúes de India), la idea de que las comunidades musulmanas son singularmente opresivas hacia las mujeres es movilizada en forma consistente, para ampliar su base de sustento...

Encontramos que quienes nunca han tenido interés en la igualdad de género de pronto están hablando en el lenguaje de los derechos de las mujeres para justificar sus ideologías plenas de odio.»
Detrás de las motivaciones individuales de las mujeres miembras de MaBaTha existe un trasfondo político complejo.

Las ideas nacionalistas budistas de ninguna manera son nuevas, pero las cosas se han acelerado, en los últimos años, a medida que el país realiza su transición hacia la democracia después de décadas de régimen militar. Al abrir sus fronteras al comercio extranjero, la neoliberalización de la economía de Myanmar ha exacerbado la pobreza y la desigualdad, que a su vez estimulan el papel de chivos expiatorios de las personas no budistas, y en especial de lxs musulmanxs y lxs rohingyas.

El control estatal de los medios también ha distorsionado las percepciones nacionales de las minorías étnicas, sosteniendo el sentimiento anti-musulmán. Algunxs analistas han sugerido que ciertos intereses económicos están alimentando la reciente y extrema violencia en Rakhine, y que el proyecto de un nuevo oleoducto y gasoducto de varios miles de millones de dólares entre China y Birmania puede estar conectado con la expulsión de lxs rohingyas del estado y la subsiguiente expropiación de las tierras.

El movimiento nacionalista budista no muestra señales de desaceleración en el corto plazo. Actualmente, parece que la hostilidad hacia la población rohingya es una de las pocas cosas que mantiene la unión entre la LND (el partido de Aung San Suu Kyi), el ejército que antes se le oponía, y la mayoría del pueblo de Myanmar. Cualquiera sea la dirección que tome el movimiento en el futuro, es probable que las mujeres sigan estando en su vanguardia.


Por Isabel Marler y Macarena Aguilar
Fuente: Awid