julio 23, 2008

Frances Kissling visita Chile para hablar de aborto, como un tema de la conciencia de cada mujer

Frances Kissling, fundadora de Catholics for Choice, de Estados Unidos, realizará talleres sobre Comunicación y Aborto, invitada por la Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe, en el contexto de su proyecto “Formación de Redes Ciudadanas para la Despenalización del Aborto Terapéutico en Chile”, que impulsa en cinco regiones del país con apoyo de Safe Abortion Action Fund/IPPF.

Frances Kissling es, probablemente, una de las personas que más tiempo y compromiso ha dedicado a defender el acceso de las mujeres al aborto legal y seguro y, especialmente, para visibilizar que aun siendo católicas, ellas pueden tomar la decisión de abortar de acuerdo a su conciencia y capacidad moral. Y no por ello deben sentirse excluidas de su iglesia y de su fe.

Dirigió en los años 70 una de las primeras clínicas de aborto legal en Estados Unidos, luego del dictamen Roe vs. Wade, y en 1982 fundó Catholics for Choice, CFC, un referente en el mundo en temas de sexualidad y reproducción desde una perspectiva ética, de justicia social y derechos humanos. El año 2007 dejó la presidencia de CFC, luego de 25 años a su cargo.

Con la misma fuerza, Frances ha trabajado por borrar el estigma que en el lenguaje cotidiano tiene el aborto, donde comúnmente se le cataloga como un crimen, y en consecuencia, a la mujer que aborta, como una criminal. Para remontar esta barrera cultural, desde el ámbito de CFC se han editado un sinnúmero de documentos que abundan en este aspecto, desmitificando el aborto como un hecho constitutivo de pecado, y centrándolo más bien en la realidad de vida de las mujeres que deciden interrumpir una gestación, relevando cómo hay razones sociales, sanitarias, éticas y personales que pueden perfectamente justificar una determinación de este tipo. En este sentido, ha sido clave poder comparar la postura oficial de la jerarquía eclesiástica católica con lo que ha sido en realidad la historia del aborto en la iglesia, la que revela que no todo está dicho ni resuelto. De tal forma que la mujer, si examina cuidadosamente su conciencia y decide que un aborto es el acto moralmente más aceptable para ella en un momento en particular, no estaría cometiendo un pecado y no debería ser excomulgada si decide hacerlo.

Otro aspecto que ha sido prioritario en el trabajo de Frances Kissling y de CFC, ha sido develar la actitud de las personas que se reconocen católicas frente a temas tales como reproducción, sexualidad, uso de anticoncepción, entre otros. Es así como en distintos períodos, dicha organización condujo encuestas en varios países para indagar cómo la mujer y el hombre católico deciden al respecto. Fue relevante la publicación del año 2004 –Panorama Mundial. Actitudes Católicas hacia el Comportamiento Sexual y la Salud Reproductiva– que parte por reconocer la existencia de más de 1.000 millones de fieles de la Iglesia Católica en el mundo, que América Latina y el Caribe es la región con el porcentaje más elevado, pero que, al mismo tiempo, se observa una paulatina disminución en este número de fieles, fenómeno que preocupa al Vaticano que ha definido la necesidad de “salir a buscar fieles, a evangelizar”. El estudio en cuestión deja en claro que existe una brecha abrumadora entre los dictados oficiales sobre anticoncepción moderna y la opinión de las mujeres católicas que son, en primer y último término, quienes deciden sobre su uso y sobre sus cuerpos. Encuestas recientes en Estados Unidos confirman también esta distancia, demostrando que las parejas católicas prefieren, en una abrumadora mayoría, la anticoncepción moderna prohibida por la Iglesia Católica.

La defensa del condón para prevenir el SIDA fue otro de los hitos en la defensoría desplegada por CFC a nivel mundial, en especial considerando que el anterior Papa Juan Pablo II llamó a los católicos a no utilizar este dispositivo, aludiendo especialmente a la población de África Subsahariana, pese a que las tasas de contagio del VIH/SIDA son allí de las más altas del planeta. Por ello Juan Pablo II fue acusado de promover una suerte de genocidio. La campaña de CFC –Condoms4Life– hizo historia y tuvo un impacto notable. Al igual que la Campaña See Change, destinada a impulsar una demanda internacional para que a la Santa Sede se le retire el estatus de Estado ante Naciones Unidas. Bien sabemos lo mucho que ha entorpecido las discusiones de conferencias que han sido trascendentales para la condición de las mujeres, entre ellas, la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (El Cairo, 1994) y la Conferencia Mundial de la Mujer (Beijing, 1995). Acción obstaculizadora que se traslada permanentemente a los escenarios nacionales, donde las jerarquías católicas interfieren cotidianamente con la vigencia de los Estados laicos y con las políticas públicas más progresistas.

Sobre todo esto y mucho más, reflexionará Frances Kissling en su visita a Chile, que comienza el 15 de julio hasta el 21 del mismo mes. Ofrecerá talleres de capacitación sobre comunicación en aborto a organizaciones chilenas que bregan por cambiar el estatus legal de una práctica que hoy está totalmente prohibida y penalizada. Y rodeada, además, de una estigmatización impuesta desde la iglesia y desde sectores conservadores, en oposición a las actitudes ciudadanas frente a estos temas, que son cada vez de mayor apertura.

Y no podemos olvidar los hechos reales: las mujeres en Chile siguen abortando, se estiman que son más de 160 mil las que abortan cada año, mujeres adultas, adolescentes, casadas, solteras, estudiantes, amas de casa, profesionales, obreras, campesinas, trabajadoras domésticas, mujeres violadas, mujeres que no pueden asumir una maternidad, mujeres que no tuvieron acceso a los métodos para prevenir un embarazo, por ejemplo, la anticoncepción de emergencia, mujeres que cursan embarazos con fetos inviables.

¿Es justo para ellas mantener esta situación? No lo es.

Es necesario, por lo tanto, hablar del aborto como una problemática de derechos humanos, justicia social y sanitaria, y no como un crimen. Es necesario trabajar contra la invisibilización de sus causas reales, muchas veces ligadas a la pobreza, a la falta de políticas de regulación de la fecundidad, a la falta de acceso a métodos, a la violencia sexual. Es necesario, además, denunciar la campaña orquestada del Vaticano a nivel mundial contra el aborto, que en estos momentos se dirige específicamente a impedir avances en países latinoamericanos tales como Ecuador, Brasil, Uruguay, Argentina, Chile, Honduras, El Salvador, México y Colombia, entre otros. Y a endurecer más la situación en Nicaragua, donde la derogación del aborto terapéutico ya ha significado la muerte de centenares de mujeres, la mayoría de ellas pobres.

El cuerpo, la sexualidad y la reproducción de las mujeres son ámbitos de ejercicio de derechos humanos. Es necesario prepararnos para que sean reconocidos y protegidos como tales.



Fuente: RSMLAC

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in