agosto 26, 2012

La crisis política en Mali y el aumento de los fundamentalismos

Un golpe de Estado y la ocupación de la zona norte de Mali han dejado a muchas personas buscando respuestas a una crisis cada vez más aguda. AWID conversó con la Directora de Cooperación en la Embajada de los Países Bajos en Mali, To Tjoelker, y la antropóloga social Lalla Mariam Haidara, originaria de Tombuctú y especialista en derechos de las mujeres en Mali, para conocer mejor la situación.
 
Mali es un país sin salida al mar en África Occidental y cuya población, de unos 14.5 millones, está concentrada primordialmente en el sur, mientras que entre 1.5 y dos millones de malienses viven en la región del norte. La población de las provincias norteñas de Tombuctú, Kidal y Gao es un mosaico de clanes tradicionales, entre ellos songai (el grupo más grande), tuareg, árabes y peúl.
 
La mayoría de malienses es musulmana y la ciudad de Tombuctú, con sus mezquitas históricas, sitios sagrados y universidades, ha jugado un rol central en la propagación del islam en la región. Según Haidara, “el islam de Tombuctú...es un islam tolerante y pacífico que interpreta la fe como una relación singular con Dios” y hasta hoy el islam sufista continúa teniendo una profunda influencia en la población mayoritariamente sunita. Aun así, un Alto Consejo Islámico predominantemente salafista ha influido de manera significativa en el Código de Familia de 2011 que, pese a un intenso cabildeo de grupos por los derechos de las mujeres a favor de un Código más progresista, elimina la protección y perpetúa la discriminación en las áreas de herencia, matrimonio y custodia infantil en el país.
 
Los actores involucrados
 
La población tuareg es un grupo nómada del norte de Mali. Sintiéndose marginado del sud, el pueblo tuareg ha exigido una mayor autonomía desde el periodo de la colonización francesa. Tras los levantamientos del pueblo tuareg en las décadas de 1960 y 1990, un acuerdo de paz de 1995 que fue negociado por separatistas tuareg y el Gobierno de Mali condujo a una quema ceremoniosa de armas y al compromiso de proporcionar servicios e inversión en el norte. Aunque estas promesas se han realizado parcialmente, la pobreza y sequía en el país, la limitada accesibilidad de la vasta tierra desértica en el norte y una población maliense que vive principalmente en el sur han creado retos para satisfacer las demandas del pueblo tuareg, reviviendo los levantamientos en torno a las elecciones de 2005 y hasta la fecha.
 
En tiempos de Khadafi, el Gobierno de Libia tuvo sólidos vínculos con los tuareg y muchos de ellos lucharon para defender al ahora fallecido dictador. Con el derrocamiento de éste, el retorno de unos 2,000-4,000 combatientes fuertemente armados trajo de vuelta tanto armas como a insurgentes para fortalecer el Movimiento Nacional de Liberación del Azawad (MNLA), liderado por los tuareg. Aunque el MNLA es seglar, se le han unido el grupo islámico Ansar Dine (Defensores de la Fe), Al-Qaida en el Magreb Islámico (AQIM), el Movimiento por la Unidad y la Yihad en África Occidental (MUJAO) y Boko Haram para conquistar el norte. Haidara agrega: “También parece ser que Arabia Saudí y Qatar se han aliado en cuanto a financiamiento”, lo que exacerba la dinámica político-religiosa del conflicto.
 
Un golpe de Estado y el aumento de los fundamentalismos islámicos
 
Después de independizarse de Francia en 1960, Mali ha sufrido sequías, rebeliones, golpes de Estado en 1968 y 1992, 23 años de dictadura militar y las subsiguientes elecciones democráticas realizadas en 1992. Luego de su transición desde la dictadura, este país ha sido considerado un modelo regional de democracia pero, según Haidara, “por más de diez años, los políticos de Mali estuvieron satisfechos con un sistema en el que nadie rendía cuentas. Los políticos abusaron de un sistema caracterizado por corrupción y amiguismo, así como lucro para unos cuantos”.
 
El 22 de marzo de 2012, soldados malienses amotinados protagonizaron otro golpe de Estado en respuesta a la inacción del Gobierno a la rebelión tuareg separatista del MNLA en el norte.
 
Aprovechando la situación, rebeldes tuareg junto al grupo Ansar Dine vinculado a Al-Qaida tomaron control del norte de Mali, apoderándose del nuevo estado de Azawad. Desde entonces, un MNLA debilitado y desorganizado ha permitido que los grupos islamistas tomen el control, liderando una campaña agresiva para implementar interpretaciones fundamentalistas del islam en todas las esferas sociales, económicas y culturales en el norte.
 
Al igual que en muchos escenarios de conflicto, el campo de batalla incluye cuerpos de mujeres. El ataque en el norte fue asociado a violaciones masivas y el rapto de mujeres y niñas por parte de los rebeldes. Haidara compartió reportes de que “en el caso del matrimonio con mujeres indígenas, tres y hasta cinco hombres estuvieron presentes para ‘consumar’ las nupcias, lo cual no es otra cosa que violación organizada”.
 
Ella agrega: “En las tres regiones del norte, las poblaciones que cuentan con medios para hacerlo se han reubicado y la mayoría de mujeres ha abandonado las ciudades, donde ahora es sumamente peligroso movilizarse”. La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) informó la semana pasada que hay casi 174,000 personas desplazadas internamente (PDI) en Mali (105,000 en el norte), además de 261,624 personas refugiadas en países fronterizos tales como Níger, Burkina Faso y Argelia. La gente que ha permanecido en el país es particularmente vulnerable; como Haidara explica: “los convoyes de alimentos enviados por Mali y sus aliados están llegando de manera intermitente debido a los asaltos islamistas”. Asimismo, un reciente informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) denunció que grupos armados en el norte continúan reclutando a niños como combatientes.
 
La sharia en el norte
 
Aunque el MNLA se identifica como un grupo seglar, en gran medida ha sido desplazado por Ansar Dine y sus aliados (AQIM y MUJAO), que están aplicando interpretaciones extremas y retrógradas de la ley sagrada islámica (sharia) en los territorios ocupados. Las medidas fundamentalistas recibieron una amplia atención internacional en junio de 2012, tras el arrasamiento de antiguos sitios sagrados sufistas y una mezquita del siglo XVI en Tombuctú, ciudad designada como patrimonio del mundo por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO); los rebeldes declararon esos sitios como “haram” (contrarios al islam) por alentar la adoración de ídolos.
 
Además de destruir los sitios sagrados en Tombuctú, los islamistas han instado a que se adopten códigos de vestuario para las mujeres y se implemente una interpretación extrema de la sharia. Hasta la fecha se han reportado en el norte la lapidación a muerte de un hombre y mujeres acusadas de adulterio, así como azotes contra parejas no casadas y mujeres que no usan el velo.
 
Respuestas gubernamentales y resistencia civil
 
La violencia en curso y un Gobierno de transición han provocado que muchas personas en Mali se sientan frustradas por la situación. Según Haidara, “un Gobierno impotente emite, a través de los medios, comunicados de prensa que condenan las acciones... UNESCO en particular, así como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Corte Penal Internacional (CPI), han establecido sus propias medidas pero nada parece detener a los islamistas en este momento”. Agrega, sin embargo, que “organizaciones de la sociedad civil y otras organizaciones del Norte han respondido por medio de condenas, plantones y marchas de protesta”.
 
En un caso, se nos informó que mujeres tuareg en el norte se han hecho visibles ellas mismas y su desafío a los edictos fundamentalistas movilizándose por las ciudades en sus motocicletas, mientras que centenares de manifestantes se reunieron para impedir que a un ladrón le amputaran la mano en Gao[1] y decenas de miles de personas han hecho manifestaciones a favor de la paz en el país.
Haidara agrega: “Muchas organizaciones, notablemente COREN (Colectivo Ciudadano del Norte, que incluye a la sociedad civil de Mopti, Gao, Kidal y Tombuctú), han realizado plantones. El Colectivo de Políticos Electos del Norte (conformado por parlamentarios/as, alcaldes y representantes comunitarios/as nacionales) también es muy activo y ha organizado conferencias de prensa regulares y marchas. Asimismo, estuvieron presentes en la Unión Europea para responderles a representantes del MNLA. Decenas de integrantes del Colectivo de Mujeres del Norte y de grupos nacionales de mujeres están a la vanguardia del conflicto, rebatiendo lo que consideran una falta de interés”.
Aunque hay una fuerte resistencia pacífica, “otras organizaciones han sido creadas y se les asocia a las milicias civiles (Gandakoy y Gandaizo) que actualmente están entrenándose para defender al ejército rebelde”, dice Haidara. Mientras tanto, una fuerza militar de tres mil elementos de ECOWAS (Comunidad Económica de Estados de África Occidental) espera, para un posible desplazamiento, la aprobación de la ONU y una solicitud formal del nuevo Gobierno de Mali, formado esta semana en Bamako. Desde entonces, el Gobierno de la unidad nacional, conformado por 31 ministros de todo el espectro político (incluyendo a cuatro mujeres), ha declarado que recuperar el norte es una prioridad principal, aunque no están claros los planes para combatir la ocupación islamista.
 
Una situación que plantea retos
 
En general, muchas personas en Mali apoyan las negociaciones como un medio para salir del conflicto. Pero persisten las preguntas: ¿con quiénes? y ¿a qué precio?
 
Parece haber una ventana de oportunidad para excluir del proceso de negociación a AQIM como “actor externo”, pero continúan sin resolverse los retos que plantean tanto el MNLA como Ansar Dine. El MNLA tiene un control limitado en la región y un acuerdo de paz con Ansar Dine podría depender de ceder ante demandas fundamentalistas particulares, como la aplicación de una interpretación extrema de la ley islámica, agresiones continuas contra las mujeres y violaciones de derechos. Si las partes interesadas aceptaran negociar los derechos humanos de mujeres, niñas, minorías y la población general del norte de Mali en detrimento de estos grupos, difícilmente podría llamarse paz a semejante arreglo.
 
Nota:
 
Por Ani Colekessian
Fuente: Notas de los Viernes de AWID, 24 de agosto de 2012. Título original: ‘Political Crisis in Mali and the Rise of Fundamentalisms’
Traducción: Laura E. Asturias
 
 

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