octubre 24, 2012

Discriminan en Cuba a mujeres comediantes

Desde hace más de un año, la actriz humorística Aliannis Jáuregui, conocida en Cuba por su popular personaje Cuqui La Mora, intenta llevar a la pequeña pantalla un proyecto que visibilice nuevos rostros femeninos en el humor.

Si bien en los últimos meses la televisión nacional ha estrenado varios programas humorísticos, hasta llegar a uno diario, todos son protagonizados por varones.

Mientras, la propuesta de Jáuregui, titulada “Más mujeres”, con un enfoque novedoso y una investigación nacional en busca de talentos femeninos para la comedia, sigue sin ser aprobada.

“Mi interés es demostrar que existimos muchas con aptitudes para el humor, pero nuestras posibilidades son pocas y nos cuesta más el acceso, porque nos subestiman”, confesó a SEMlac la actriz y guionista, quien por ocho años se mantuvo en el elenco del programa de alta teleaudiencia “Jura decir la verdad”, y cultiva el humor escénico en teatros y clubes nocturnos.

El fenómeno se extiende a todas las manifestaciones del arte, pues tanto en el humor gráfico como en el escénico, cinematográfico o literario, ellas siguen siendo una minoría invisibilizada.

Así quedó como consenso en el debate organizado el 13 de septiembre por el espacio “Mirar desde la sospecha”, que convocan el Programa de Género y Cultura del grupo de Reflexión y Solidaridad Oscar Arnulfo Romero, y la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), con el apoyo de la embajada de Noruega y la Consejería Cultural de la embajada de España.

Coordinado por la académica Danae C. Diéguez y las periodistas Helen H. Hormilla y Lirians Gordillo los segundos jueves de cada mes, en la sede de la Uneac, el encuentro trajo a colación el tema de las mujeres en el humor, tanto en su rol de creadoras como desde la representación que de ellas ofrece la comedia.

Según Jáuregui, la desatención no proviene del público, pues “las lunetas se llenan y la gente recibe por igual el mensaje”. Sin embargo, quienes dirigen teatros y cabaret tienden a cuestionar el contenido de sus espectáculos, así como su capacidad de convocatoria.

“Te preguntan por cuánto tiempo puedes mantenerte en el escenario, si te hace falta compartir el espacio con un cantante u otro humorista, mientras a un hombre con la misma propuesta, aunque nadie lo conozca, no le ponen reparos. Me han preguntado incluso si estoy cantando o haciendo poemas, como si dudaran de que puedo mantener el show”, refirió.

¿TIENE GÉNERO LA RISA?

La débil presencia de mujeres humoristas resulta una tendencia internacional, pues por lo general el humor se ha mantenido en el patrimonio simbólico de la masculinidad.

Poco a poco se han ido rompiendo en el mundo estos esquemas, con mujeres que se arman de la burla como estrategia de resistencia para ridiculizar la discriminación; pero la isla aún dista de ese camino.

La caricaturista Miriam Alonso, con 43 años de experiencia en la gráfica, apuntó que el humor es un estilo trasgresor, satírico, desacralizador y, por tanto, rompe con el imaginario cultural de lo femenino, asociado a lo doméstico, a lo privado, al recato.

“Hay que ser muy valiente para, siendo mujer, desnudarse espiritualmente y no temer al ridículo, sobre todo cuando se hace humor de micrófono”, refirió por su parte la escritora Laidi Fernández de Juan.

A su juicio, la comedia requiere un distanciamiento emocional porque el humor piadoso no funciona. “El sentido práctico de la vida que nos obliga a las mujeres a desarrollar todo el tiempo, frente a la maternidad, el cuidado de la casa, la alimentación de la familia y otras agotadoras tareas, tal vez sea responsable de nuestra incapacidad para establecer distanciamientos emocionales, para ser implacables y lograr una burla demoledora”, refiere la escritora en su artículo “¿Acaso las mujeres ríen menos?”, publicado en 2009 por la revista digital La Jiribilla.

Sobre las que cultivan este estilo pesan siglos de estereotipos de género, indicó a SEMlac Fernández de Juan, autora de libros como “La hija de Darío” y “La vida tomada de María E.”. Todo reto a la norma tiene consecuencias y “a la mujer se le juzga también a partir de lo que se ha burlado”, añadió la anfitriona de la peña mensual “Miércoles de sonrisas”, dedicada al humor literario.

La economía ha venido también a jugar su papel, refirió Alonso. En el humor gráfico, la poca remuneración y la falta de publicaciones han llevado a que muchas caricaturistas emigren hacia otras modalidades de las artes plásticas.

Por el contrario, el trabajo de humoristas en centros nocturnos garantiza una buena retribución, pero a las mujeres les cuesta el doble contratarse. “Se crea un círculo que es difícil romper, aunque se necesiten nuevas figuras y enfoques”, opinó Jáuregui.
ALERTA CON EL SEXISMO

Otra arista candente resulta de la representación femenina en el humorismo. “Mujeres maniquíes”, “histéricas”, “peleoneras”, “tontas”, “objetos del deseo” e “interesadas” son algunos de los clichés socorridos en los espectáculos de este corte.

Lo mismo sucede con las páginas humorísticas de publicaciones como la revista Bohemia y el periódico Juventud Rebelde, donde siguen reforzándose los estereotipos de la belleza física femenina, la infidelidad, el interés económico, y se abordan de manera irrespetuosa asuntos complejos como la violencia de género, la maternidad y el aborto.

Según Jáuregui, las mujeres se convierten en comodines en los espacios humorísticos. Esta realidad contrasta con lo percibido en las pasadas décadas de los 60, 70 y 80, cuando en la radio, la TV y el teatro aparecían destacadas actrices humorísticas en roles protagónicos.

Eloisa Álvarez Guedes, Rosario Carmona, María de los Ángeles Santana, Consuelo Vidal, Aurora Basnuevo y Natalia Herrera son algunas de las que interpretaron personajes muy bien delineados y con alta popularidad, sin necesidad de construirlos desde el estereotipo.

La calidad de los guiones de entonces, pródigos en situaciones hilarantes conducidas con inteligencia y personajes bien delineados dramatúrgicamente, resultaba garantía de una comedia efectiva.

Por el contrario, en la actualidad escasean los buenos libretos de este corte para la televisión, el cine y el teatro, un aspecto medular en la acendrada crisis del humor cubano.

La periodista Lirians Gordillo llamó la atención sobre la actual tendencia a naturalizar los roles tradicionales y discriminadores por parte de las actrices que los encarnan. “Es muy preocupante cuando esa ideología sexista pasa sin conflictos a las nuevas generaciones de creadoras”, opinó.

“Lo peor es que el público femenino también se ríe de lo que las discrimina, porque se ha naturalizado”, añadió Danae C. Diéguez, otra de las coordinadoras del debate.

Implementar estrategias para sensibilizar en temas de género a quienes tienen la responsabilidad de decidir sobre lo que se proyecta o se publica es una cuestión urgente, señaló la realizadora Magda González Grau, pues son muchos años de cultura patriarcal mediando en las valoraciones.

“Siento que hay un retroceso en este sentido, porque si recorres la parrilla humorística de la televisión, las mujeres son las malas, las que acaban con los hombres, las suegras, las tontas, y nadie levanta su voz para denunciarlo”, expresó.

Sin perder de vista que el humor no permite guante de seda; la autenticidad, lo diverso y la inteligencia constituyen claves para escapar de las tradicionales y estereotipadas imágenes femeninas.

Recurrir al chiste machista, racista, homofóbico o discriminador de las minorías denota falta de profesionalismo para tomar con destreza el látigo con cascabel que ha representado la comedia, históricamente, con respecto a los males de toda sociedad.

Tornar la mirada hacia ellos, echando mano al estereotipo para subvertirlo, viene a ser una de las posibilidades aprovechada por Jáuregui en sus presentaciones para llamar la atención sobre asuntos como la maternidad, la distribución de la vida cotidiana, la desigualdad de roles y el sexismo en el reguetón.

“También queremos decir cómo vemos y nos imaginamos a los hombres, algo novedoso para el humor y que puede llegar a ser mucho más simpático”, indicó.

Para la escritora Laidi Fernández de Juan, la palabra fundamental sigue siendo respeto. “Que nos vean tal como somos, sin encasillarnos y sin tener que distinguirnos de los hombres para poder competir sin ser cuestionadas por lo que hacemos, puesto que ellos no lo son”, sentenció.

Cimacnoticias/SEMlac

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