abril 07, 2013

Los derechos económicos, sociales y culturales son centrales para el trabajo de las defensoras de los derechos humanos

Malala Yousafzai fue 
nominada para el premio Nobel de la Paz 2013.
Foto: www.asianews.it

Las defensoras de los derechos humanos (WHRD) trabajan en condiciones precarias, con frecuencia poniendo sus vidas en peligro al defender y proteger los derechos económicos, sociales y culturales de las mujeres en todo el mundo.

El 13 de junio de 2012, Yolanda Oquelí, una WHRD que trabaja para el Frente Norte del Área Metropolitana, el cual ha estado protestando contra los negativos efectos económicos y sanitarios de un proyecto minero en su comunidad, fue blanco de disparos cuando manejaba hacia su casa después de participar en una protesta afuera de la mina de oro El Tambor en San José del Golfo y San Pedro Ayampuc, en Guatemala.

Las activistas camboyanas Yorm Bopha y Tim Sakmony, defensoras de los derechos a la tierra y la vivienda, fueron arrestadas a principios de septiembre de 2012 por acusaciones dudosas. A finales de diciembre de 2012 fueron halladas culpables y sentenciadas por cargos sin fundamento en juicios separados. Las WHRD parecen ser blanco de las autoridades camboyanas que utilizan cargos aparentemente manipulados para intimidar a defensoras/es de los derechos humanos y activistas sociales en Camboya.

El 9 de octubre de 2012, Malala Yousafzai, de 14 años y defensora del derecho de las niñas a la educación en Pakistán, cuando iba en transporte escolar recibió un disparo en la cabeza por miembros de Tehreek-e-Taliban Pakistan. Una ola de ataques focalizados por los talibanes y otros grupos segaron las vidas de la activista Farida Afridi y el docente Zarteef Afridi, quienes también estaban trabajando en torno a la educación de mujeres y niñas en Pakistán.

Éstos son apenas algunos de los numerosos casos de WHRD que enfrentan serias amenazas y violencia debido a su promoción y defensa de una gama de derechos que son elementos esenciales de una vida con libertad y dignidad. A nivel mundial, las WHRD son ahora más visibles y participan activamente en diferentes movimientos, protestas y organizaciones de la sociedad civil, contribuyendo en particular a la defensa de derechos económicos, sociales y culturales (DESC) tales como trabajo, salud, educación, alimentos, agua, saneamiento, vivienda, tierra, seguridad social, un medio ambiente saludable y la cultura.

Defendiendo los derechos económicos, sociales y culturales de las mujeres

Los derechos económicos, sociales y culturales empoderan y son transformadores porque brindan a las mujeres control e independencia económica en el curso de sus vidas, facilitando el disfrute de otros derechos, incluidos los civiles y políticos. Una gran parte del aspecto transformador de los DESC es que pueden desafiar funciones, características y capacidades estereotípicas que se asignan a las mujeres y los hombres y determinan el alcance de las actividades que se les permite emprender en una sociedad dada.

Antes vista como periférica a las preocupaciones relacionadas con los derechos humanos, la indivisibilidad de todos los derechos de las mujeres (civiles, políticos, económicos, sociales y culturales) ha recibido cada vez más reconocimiento. Asuntos tales como la violencia contra las WHRD; la negación de la igualdad de derechos de las mujeres a la propiedad y la herencia; la discriminación contra mujeres y niñas en los campos de la salud, la educación, el empleo y la participación política; la negación de los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres; la experiencia de desalojos forzados de las mujeres; el impacto de la pandemia del VIH y el sida, además del acceso restringido de las mujeres al agua y la seguridad alimentaria, todos están fundamental e íntimamente conectados. Los DESC son indispensables para las vidas cotidianas de las mujeres, y las violaciones de estos derechos, así como la violencia que las WHRD enfrentan al defenderlos, afectan a las mujeres en formas que son específicas de su sexo y reafirman su desigual condición dentro de sus familias, comunidades y sociedades.

Según la definición de la Coalición Internacional de Defensoras de los Derechos Humanos (WHRD IC), las WHRD enfrentan riesgos tanto por quiénes son como por lo que hacen. El Informe global sobre la situación de las defensoras de los derechos humanos analizó el impacto de la globalización sobre los DESC y el correlacionado incremento de la exposición de las WHRD a la violencia y señaló que “el crecimiento continuo del poder y la influencia del sector privado, que es reforzado por el respaldo de los Estados para los propósitos del beneficio económico, plantea una serie de retos para las WHRD”.[1]

El Informe global subraya que “las políticas económicas dentro de la agenda de la globalización han incrementado la producción intensiva en mano de obra en países con protección mínima para las trabajadoras y mala remuneración, ya que una mano de obra barata es la llamada ‘ventaja económica’ del país”.[2] En Filipinas, por ejemplo, la marginación y violencia contra WHRD indígenas por defender sus tierras ancestrales en el marco del desarrollo de megaproyectos mineros son exacerbadas al combinarse con el fracaso de la democracia en cuanto a exigir cuentas a los actores económicos. Cada vez más, las WHRD han defendido una serie de asuntos laborales como el derecho de las trabajadoras a una remuneración justa y equitativa, el derecho a sindicalizarse y los derechos a mejores condiciones en el trabajo.[3]

Mecanismos internacionales para exigir los DESC

El sistema internacional de los derechos humanos brinda un marco común de valores, normas y jurisprudencia reconocidas universalmente tanto para responsabilizar por violaciones a los Estados y cada vez con más frecuencia a actores no estatales como para movilizar esfuerzos colectivos a favor de la justicia económica y social, la participación política y la igualdad. Los DESC están consagrados en el derecho internacional de los tratados a nivel universal y regional. La Declaración Universal de Derechos Humanos reconoce la interdependencia e indivisibilidad de todos los derechos humanos: una visión que garantiza la libertad civil y política de las personas, así como su bienestar económico y social.

El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC) es el principal mecanismo dentro del sistema de derechos humanos de las Naciones Unidas (ONU) que protege los DESC. El PIDESC crea obligaciones legalmente vinculantes para los Estados que lo ratificaron o se han adherido a él. El Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturalesvigila la implementación del PIDESC y supervisa la adherencia a los estándares. El Protocolo Facultativo del PIDESC establece un mecanismo para aceptar comunicaciones individuales o grupales, propiciando que víctimas de violaciones de los DESC busquen justicia dentro de la ONU.

Mayor reconocimiento de las WHRD, su función y la necesidad de protección

La violencia e intimidación continuas y en curso contra las WHRD sirven para subrayar el importante rol que ellas juegan en la defensa, protección y disfrute de los DESC de las mujeres y acontecimientos recientes en espacios clave de la ONU han enviado el mensaje claro de que las WHRD deben ser apoyadas y protegidas.

Este año, la 57a. Sesión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW 57)[4] fue un gran logro para las WHRD, quienes por primera vez en la historia fueron reconocidas de manera formal en el lenguaje de las Conclusiones Convenidas, específicamente exigiendo a los Estados “apoyar y proteger a las personas comprometidas con la eliminación de la violencia contra las mujeres, incluyendo a defensoras de los derechos humanos en este respecto, quienes enfrentan riesgos particulares de sufrir violencia”. La WHRD IC señaló que tal “reconocimiento es esencial porque las WHRD son seleccionadas debido tanto a su activismo como a su sexo. Las WHRD son activistas en todos los asuntos de derechos humanos, incluidos los derechos civiles, culturales, económicos, políticos y sociales. Hacen contribuciones vitales para los derechos humanos en todo el mundo”.[5] Desafortunadamente, sin embargo, el lenguaje no es suficiente para exigirles a los Estados asegurar que las WHRD puedan llevar a cabo su trabajo en defensa de los derechos humanos sin temor a represalias, coerción, intimidación o cualquier ataque de esta índole.

En su más reciente periodo de sesiones (22o.), también el Consejo de Derechos Humanos de la ONU adoptó por consenso una resolución histórica sobre la protección de defensores de los derechos humanos, enfatizando que el uso y abuso de las leyes nacionales para mermar, restringir y criminalizar el trabajo de quienes defienden los derechos humanos contravienen el derecho internacional y deben terminar. Muy importantemente, la resolución también exhorta a todos los Estados a apoyar el trabajo de defensoras/es de los derechos humanos y protegerles contra el acoso, amenazas y ataques.

Aunque estos recientes compromisos de la ONU son vitales para generar conciencia sobre la violencia específica que las WHRD enfrentan y son pasos importantes hacia el reconocimiento de su trabajo y de los riesgos a que están expuestas, hay mucho por hacer para convertir estos compromisos en acciones e implementar medidas de protección concretas a fin de propiciar un ambiente seguro para que las WHRD trabajen sin temor a persecución, criminalización, estigma, amenazas de muerte, asesinatos y violencia sexual.

Recurso útil:

Notas:
Kaavya Asoka, Global Report on the Situation of Women Human Rights Defenders, Coalición Internacional de Defensoras de los Derechos Humanos, enero de 2012, pág. vi.
Ibíd., pág. 43.
En 2012, un total de 4,191 casos fue recibido y resuelto por el Movimiento de Mujeres Trabajadoras y Desempleadas “María Elena Cuadra” de Nicaragua por violación de los derechos laborales de trabajadoras que fueron despedidas sin remuneración, por quejas de malos tratos y salario desigual, entre otros motivos.

Por Katherine Ronderos
Fuente: Notas de los Viernes de AWID, 5 de abril de 2013. Título original: Economic, Social and Cultural Rights Are Central to the Work of Women Human Rights Defenders. Traducción:Laura E. Asturias

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