abril 29, 2013

Reflexiones sobre el Foro Social Mundial en Túnez

Al concluir el Foro Social Mundial en Túnez, muchas personas coincidieron en que había regresado la vitalidad del pasado de este evento. Llevado a cabo en la Universidad El Manar en Túnez, entre los aún insatisfechos llamados a la dignidad y la justicia de los levantamientos árabes, el Foro contó con la participación de unas 54,000 personas que se unieron en sus esperanzas de un mundo mejor.

El Foro Social Mundial (FSM), más pequeño en números que lo usual, compensó su disminuido tamaño en energía pura, entusiasmo y diversidad. La Asamblea de Mujeres fue inaugurada con consignas, cantos y fuertes expresiones de solidaridad hacia las luchas por los derechos de las mujeres en la región. También representó un verdadero compromiso de abordar los derechos de las mujeres como esenciales al propósito de lograr un mundo mejor para todas las personas.

Con el paso de los años, la lucha por reconocer el patriarcado y los neoliberalismos como centrales para las luchas del FSM no ha sido fácil. Gina Vargas, que ha participado en el comité planificador del FSM desde su inicio en Porto Alegre en 2001, espera que el FSM esté en la senda correcta, pero reconoce que esto es algo que no se ha logrado plenamente, diciendo: “Fue muy impresionante ver cómo las mujeres tunecinas consiguieron poner asuntos de género en el centro de este foro desde el principio, ... pero es una batalla (por el pleno reconocimiento de cuestiones relacionadas con el patriarcado y de las dinámicas de poder) que aún debemos dar”. 


 

De hecho, siendo el más grande encuentro de movimientos sociales de todo el mundo, el FSM ofrece la oportunidad única de poner un espejo frente a nuestros movimientos y exigir un mundo mejor. Lo que se refleja es una inmensa energía, una esperanza indoblegable y una increíble diversidad. Pero también las desiguales dinámicas de poder, el patriarcado, los conflictos, así como tensiones y traumas históricos y contemporáneos internos. El campus de El Manar fue un mosaico de manifestaciones, exhibiciones artísticas, conciertos espontáneos y protestas en movimiento, con la política muy en juego.

Tensiones locales y regionales al frente y en el centro

Dada la ubicación del FSM, y el hecho de que más del 80 por ciento de sus participantes venía de Oriente Medio y el Norte de África (OMNA), el movimiento de solidaridad palestina contra la ocupación, y por una Palestina libre, fue quizás el más fuerte y ciertamente el contingente más visible y organizado entre los presentes. Desde la primera mañana del FSM, una enorme bandera palestina cubrió el edificio en la principal plaza del campus y sobre el suelo había una bandera de Israel que rápidamente fue llenada de grafitos por transeúntes. Entre los mensajes se leía “Estado fascista” y “Si no hay justicia, no hay paz. ¡Palestina libre!”, eslóganes que repercutieron durante todo el Foro.

La frustración respecto a Ennahda, el Partido del Renacimiento islamista actualmente gobernante en Túnez, también fue generalizada, con muchas personas sintiendo que la razón de ser de la revolución había sido traicionada. Dos años después de la Revolución de los Jazmines ha habido pocas mejoras en la calidad de vida de la gente, aparte de mayor libertad de expresión y participación política. La tasa de desempleo y el costo de productos tales como la gasolina son más altos que en tiempos del destituido ex Presidente Zine el-Abidine Ben Ali. Parecía haber más inseguridad e inestabilidad, y muchas personas dijeron sentir la creciente ola del islamismo tanto dentro como fuera de Túnez.

Asimismo, en todo Túnez hubo afiches, grafitos y concentraciones en protesta por el asesinato del líder de oposición y abierto crítico de Ennahda, Chokri Belaid, en febrero de 2013. Para algunas personas, este hecho simboliza lo que ha ocurrido con las esperanzas de justicia y dignidad luego de dos años. Muchas culpan totalmente al partido Ennahda, en el mejor de los casos, por crear las condiciones para que ese asesinato sucediera al no haber respondido ante las amenazas de muerte proferidas por islamistas y, en el peor de los casos, por emitir la orden. Mucha gente aludió a la creciente presencia de grupos salafistas y al uso del islam político por parte de Ennahda, todo lo cual crea condiciones para un mayor potencial de extremismo.

Pero en el FSM también abundaron grupos islamistas a favor de Ennahda que llenaron partes de la plaza con grafitos contra el partido laico, los cuales fueron rápidamente reemplazados por otros que decían “Ennahda terrorista”. Aunque sin nostalgia alguna por el retorno de Ben Ali, fue claro que, tal como se expresó en un afiche, “la democracia aún está descargándose” en Túnez.

Hubo tensión entre los dos grupos cuando simpatizantes del régimen de Bashar Al-Assad en Siria confrontaron al grupo que estaba planificando una reunión para discutir estrategias y futuras acciones contra el régimen sirio. Llenando la plaza principal, manifestantes a favor de Bashar Al-Assad gritaban: “Siria, Alá y Al-Assad” y la respuesta era “Siria, Alá y el pueblo”. Al final, los grupos se dispersaron mientras la aglomeración de participantes, medios de comunicación y policías observaba.

La perturbadora política en juego fue desplegada en varias formas. Una tienda de campaña exhibía orgullosamente fotografías de los “Luchadores del Mundo”, un peculiar grupo que incluía a Bashar Al-Assad, Gandhi, Mandela, Chávez y Ahmadinejad, entre otros. Mientras tanto, un estudiante, en un similar sentimiento contra Occidente, pintaba en letras brillantes el nombre de Saddam Hussein sobre su bolso del Foro. Un punto bajo del FSM fue ver los nombres de líderes genocidas proclamados héroes bajo la misma consiga antiimperialista junto a verdaderos íconos de la libertad tales como Gandhi y Mandela, además de un sentimiento nacionalista en el que algo ha fallado. Ello mostró agudamente cómo el discurso contra el neoliberalismo, anti-Occidente y antiimperialista puede con tal facilidad ser manipulado para hacer que las personas—incluso aquéllas a quienes consideramos camaradas en la izquierda—volteen su mirada acrítica hacia otro lado. ¿No deberíamos, por el contrario, visualizar un espacio que se trate de creatividad, posibilidades y alternativas; un futuro en el que no aceptemos, toleremos, condonemos o justifiquemos la violencia independientemente de quiénes sean los perpetradores?

Muestras de solidaridad

Fue conmovedor cuando se resaltaron las luchas más olvidadas en el Norte de África, incluidas las de quienes están viviendo en el campamento de Choucha, sobre la frontera entre Libia y Túnez, que se prevé será cerrado el 30 de junio y amenaza con dejar a centenares de personas sin un lugar adónde ir. Los nombres de 16,175 migrantes cubrieron el pasillo, en un rollo de papel aparentemente interminable, documentando las muertes de quienes han tratado de desplazarse desde el Norte de África hacia Europa.

Aunque predominaron las luchas de la región de OMNA, otros llamados también se escucharon fuerte y claramente. Las mujeres rurales en África, quienes pagan por las industrias extractivas con sus cuerpos y a través de su trabajo y sus medios de vida, así como personas indígenas, están exigiendo un cambio sistémico, el cual ven como la única manera posible de poner fin al dominio destructivo del sistema neoliberal. Hubo llamados a erradicar la violencia contra las mujeres, la violencia de la pobreza, los extremismos, el patriarcado y la misoginia.

En general, el FSM es un espacio único, con energía de posibilidad y esperanza de algo mejor: uno que reserva las conversaciones y experiencias más interesantes para las personas que están dispuestas a fluir con él y utilizar los espacios informales con el fin de intercambiar ideas y formar alianzas para posibles direcciones estratégicas a futuro.


Por Shareen Gokal
Fuente: Notas de los Viernes de AWID, 26 de abril de 2013. Título original: Reflections from the World Social Forum - Tunis. Traducción: Laura E. Asturias

Sí a la Diversidad Familiar!
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