Julieta Suárez-Cao @jujuchi , coordinadora de la Red de Politólogas: “La violencia política tiene como objetivo desarmar a las mujeres, disciplinarlas, decirles que este no es tu lugar”

A fines de febrero, la candidata a constituyente Emilia Schneider mostró vía redes sociales una serie de mensajes con ofrecimientos sexuales que ha recibido mientras hace campaña. “Una sigue enfrentándose día a día a la misoginia y la transfobia de algunos”, escribió.
Esta es una de las formas de violencia de género y política que viven las mujeres candidatas en tiempos de elecciones, una realidad soterrada en nuestro país, pero que ha sido investigada en países como México y Panamá, país en donde hace unos días, se promulgó una ley que penaliza la violencia política hacia mujeres. “La verdad es que es un tema que está bastante invisibilizado en Chile», reconoce la Coordinadora de la Red de Politólogas, Julieta Suarez-Cao, en entrevista con el Observatorio de Género y Equidad (OGE).
La violencia política hacia las mujeres y las disidencias se acentúa “en épocas de elecciones y también en contextos, en que después de leyes de cuota y de leyes de paridad, ya tienes más mujeres ya compitiendo”, explica la académica Universidad Católica. Esto, debido a que existe mayor visibilidad de sus roles en la política, por lo tanto, la violencia contra ellas no se puede seguir escondiendo.
A pesar de que durante las campañas electorales aparece la violencia política de forma transversal hacia las diversas candidaturas, para Julieta Suárez-Cao es importante destacar que la violencia contra mujeres y disidencias “tiene unas peculiaridades bastante fuertes” cuando es una violencia política en razón de género: “Es una violencia, cuyos emisores son de la sociedad, como redes sociales, violencia presencial, cuando las candidatas están en una feria haciendo campaña. Pero también, muchas veces es violencia desde sus propios compañeros de organización, de partido y en ese sentido hace que también venga de muchos lados distintos. Es una violencia que tiene conductas específicamente dirigidas contra las mujeres por ser mujeres, contra las disidencias sexo genéricas por no ajustarse a la norma, para que no se metan en política, para que renuncien a ser candidatas, para que dejen su lugar”.
Disciplinamiento político
Para Julieta Suárez-Cao la violencia política de género tiene un enfoque en el disciplinamiento de mujeres y disidencias que se escapan de la “regla” tradicional de la política y que se hace más visible en épocas de elecciones. “En el caso de la violencia política, tiene como objetivo también desarmarlas, hacerlas que salgan de la política, bajarles el perfil. En sí, disciplinarlas, decirles: ‘Este no es tu lugar’”.
“No tengo datos respecto a Chile de esto. Pero mi impresión sería que hay una especie de violencia basal constante contra las mujeres en política, como el «Iceberg de Violencia» creado por Amnistía Internacional. Creo que en épocas electorales vemos las cosas más fuertes o se vuelve más evidente, hasta ahora no hemos tenido casos -que yo sepa- en Chile, pero toda esta discusión empieza con el asesinato de una concejala en Bolivia en el año 2012 (Juana Quispe). Hablamos de feminicidio contra las mujeres en política, tenemos feminicidios de candidatas en México, tenemos violaciones, amenazas de violaciones, esto es realmente la punta del iceberg”.
La “violencia basal” o constante de género en la política no pasa necesariamente -según la académica- por una violencia de evidente carácter físico, sino por una constante desvalorización de estos roles en el quehacer político. Desde chistes machistas, hasta la presión para renunciar, en el caso de las primeras elecciones tras la aprobación de leyes de cuotas. “Los partidos cumplían las leyes de cuotas, pero después sacaban a las mujeres electas y las cambiaban por hombres”, dice la politóloga.
“No me acuerdo qué diputado (Marco Antonio Núñez, PPD) llamó a una diputada “Ricardini”, eso es violencia, obviamente no es lo mismo que una amenaza de violación o un femicidio, pero es violento, es para ubicarte en tu lugar. Le dijo: ´estás aquí porque eres bonita’”, Esto tiene una fuerza estructural muy fuerte, esa violencia simbólica que se hace pasar como chiste”.
La contra ola de violencia
La irrupción de las manifestaciones feministas desde el 2018, junto a la llegada de más mujeres a espacios de poder político que trajo consigo la aprobación de la Ley de Cuotas aplicada en las elecciones parlamentarias de 2017 (que significó tener 9 mujeres más en cargos en el Congreso) gatilló una respuesta de “contra ola” de violencia política que haría más visible la violencia de género con fines políticos.
“Esa violencia rebasa a las propias organizaciones y se encuentra en las redes sociales, con mensajes más machistas y misóginos, disciplinantes de las mujeres en la esfera pública”, explica Julieta Suárez-Cao, coordinadora de La Red de Politólogas.
La académica explica que en el estudio “Cuando hacer política te cuesta la vida”, editado por Flavia Freidenberg y Gabriela del Valle Pérez, queda en evidencia que es mucho más probable que las mujeres políticas reciban ataques anónimos en Twitter, Instagram y Facebook, y que éstos siempre vienen de la mano con un disciplinamiento de carácter sexual, con el fin de poner a las mujeres en un lugar subordinado.
“Me da la impresión de que esta explosión de mujeres en la esfera pública, lo que trae aparejado es esta contra ola de violencia pública, en particular en redes sociales. No sé qué hubiese pasado en un año menos pandémico, si hubiésemos visto casos también de violencia presencial cara a cara, sabemos que las redes sociales permiten otras prácticas, por el anonimato, por ejemplo. Pero ahora, yo creo que para cualquier persona que siga en Twitter a políticos y políticas, puede ver fácilmente la diferencia de los tipos de violencia que recibe una mujer política a un hombre político. Esta esfera de violencia más pública viene de la mano de tener más mujeres visibles y compitiendo por espacios de poder”, dice Julieta Suárez-Cao.
Como esta violencia tiene el objetivo de “disciplinar a mujeres que salen de sus roles estereotipados de género” en el caso de las mujeres trans, como Emilia Schneider, estarían más expuestas a ser vulneradas. Según la académica de la Universidad Católica, “la cultura ha tolerado durante muchos años estas cosas, y este disciplinamiento. Si bien yo no he visto datos al respecto, mi impresión es que cuando estas candidatas son parte de la diversidad sexual se vuelven como un doble target, un target por ser mujeres y un target por ser disidencias sexo genérica”.
Para la coordinadora de la Red de Politólogas, en el caso de mujeres lesbianas, la violencia política también se ve incrementada: “Las amenazas de violación son casi constantes, si sigues alguna candidata abiertamente lesbiana, vas a ver que reciben un montón de esos comentarios y también de comentarios indignados de ‘¿Por qué dices que eres lesbiana? ¿A quién le importa?’ Creo que en ese sentido, mi impresión, es que están todavía en una posición más vulnerable que las mujeres cis y las mujeres cis hétero, que también están en una posición vulnerable, pero la diversidad sexual, en este sentido, creo que tiene como una interseccionalidad de vulnerabilidades, varios sistemas de opresión que están funcionando a la vez”.
Más allá del punitivismo
El 8 de marzo de 2021, el gobierno de Panamá modificó las leyes sobre violencia contra la mujer y de prevención de actos discriminatorios, con el objetivo de sancionar la violencia política contra las mujeres. La iniciativa busca hacer más expedita las investigaciones en caso de discriminación o acoso sexual (plazo de tres meses para la investigación) y reconoce la violencia política contra la mujer, venga desde individuos o el Estado.
Para la cientista política Julieta Suárez-Cao es fundamental que los cambios no se queden sólo en el punitivismo, en una ley que sancione, sino que se debe ir más allá. Explica que hay algunos casos, como la microviolencia, en que es difícil sancionar y juzgar a las personas responsables.
“Las violencias más duras son materia de justicia penal, una violación, un asesinato, un femicidio, bueno Chile no tiene todavía ley de femicidio. Todavía hay mucho por hacer en ese aspecto, pero esas son cuestiones penales. Lo que otros países han hecho es traspasar a la autoridad electoral la posibilidad de poner sanciones. Imagínate sancionar estos comentarios que tienden a denigrar a las mujeres, estarían todos sancionados, si en las elecciones pasadas decían: ‘buscamos escort, una acompañante’, para cumplir las cuotas de las elecciones”, reclama.
Para la Coordinadora de la Red de Politólogas es importante que haya dos carriles distintos, uno penal y otro de carácter sancionatorio que dependa de la autoridad electoral: “Debería incluirse la posibilidad de sancionar y regular conductas que tengan como objetivo amedrentar, desincentivar, sacar a las mujeres, a las candidatas, de las políticas. Y después algo más general, que me parece que Chile está al debe en este aspecto; que sea la solución más efectiva a largo plazo y que tiene relación con la educación sexual integral, para que dentro de la cultura sea cada vez menos permitido socialmente determinadas conductas, micro agresiones, machismos cotidianos”.
Este cambio cultural a través de una Ley de Educación Sexual traería consigo la creación de espacios más seguros para las mujeres en toda la vida social, más allá de la política. “Veo en esos dos caminos, un cambio cultural mucho más profundo, que a mi entender parte desde el colegio y tiene que ver con enseñar a les niñes cómo vivir en una sociedad plural y diversa, y la posibilidad de que se empiece a tener en cuenta que la violencia política en razón de género no debería ser tolerada, como no deberían ser toleradas las campañas electorales fuera de periodo, ambas debieran ser sancionada por la autoridad”, concluye la cientista política Julieta Suárez-Cao.
Por Macarena Segovia Quinteros
Fuente: Observatorio de Género y Equidad
