
El 8 de marzo ha llegado a constituir en nuestro medio, al igual que en decenas de países más, un espacio para la conmemoración, la reflexión, el balance, el accionar y la celebración. Se conmemoran las luchas que desde la segunda mitad del siglo diecinueve, miles de obreras en Europa y Estados Unidos, libraron para denunciar las infames condiciones laborales en las fábricas donde, a semejanza de las maquilas de hoy, eran obligadas a trabajar largas jornadas, en lugares insalubres, por míseros salarios.
Esa conmemoración está vinculada, históricamente, con el clima efervescente de las luchas socialistas y sindicalistas de mujeres y hombres que develaron el carácter depredador del capitalismo cuyo afán expansionista se ha basado, desde sus orígenes, en la explotación como método de acumulación de riqueza, en la alienación como mecanismo para reproducir el sistema y en la declaración de guerras, como la primera y segunda guerras mundiales, como forma de imponer sus poderes de dominio.
El Protagonismo de las Obreras
En 1909 se realiza una gran huelga de obreras de la Compañía de Blusas Triangle, en la ciudad de Nueva York. Este paro, que se conoce como la "sublevación de las 20.000" (por el número aproximado de trabajadoras de diversas fábricas que prestaron su apoyo), tuvo una enorme repercusión, tanto dentro de la opinión pública como en los círculos sufragistas. En 1911, el 25 de marzo, en esa misma fábrica ocurrió un incendio donde murieron más de 140 jóvenes trabajadoras, la mayoría inmigrantes italianas y judías, Este suceso tuvo grandes repercusiones en la legislación laboral de los Estados Unidos, y en las celebraciones posteriores del Día Internacional de la Mujer.
Ana María Portugal/Unifem
En ese contexto las mujeres fueron incorporadas como mano de obra barata, situación contra la que se rebelaron sistemáticamente como lo atestiguan las frecuentes huelgas, protestas y marchas que protagonizaron, muchas veces en alianza con las sufragistas feministas de clases medias. Las consignas políticas de las obreras abarcaban la reivindicación de sus derechos laborales, su oposición a la guerra y la petición del sufragio femenino. Posturas que no pocas veces las enfrentaron con sus mismos correligionarios, por lo que resulta ilustrativo el llamado de Flora Tristán, precursora de las ideas socialistas, a los ideólogos de los primeros movimientos obreros:
“Dad un gran ejemplo al mundo (...) y mientras reclamáis la justicia para vosotros, demostrad que sois justos, equitativos; proclamad, vosotros, los hombres fuertes, los hombres de brazos desnudos, que reconocéis a la mujer como a vuestra igual, y que, a este título, le reconocéis un derecho igual a los beneficios de la unión universal de los obreros y obreras” (La Unión Obrera, 1843).
La proclama de Tristán nos trae de nuevo al significado actual del 8 de marzo, ya que no es un día más, que por cierto se ha mercantilizado de muchas formas, sino una fecha para la reflexión y el balance, para discutir en torno a la situación de las mujeres, cuáles son los principales problemas asociados con su condición de género y las propuestas para solucionarlos. Cuál es, mujeres y hombres, el compromiso personal para que la desigualdad, la discriminación y el racismo no sigan permeando las relaciones sociales en todos los espacios donde nos desenvolvemos: la casa, el trabajo, el espacio público, la academia.
Esta reflexión precisa, como ya lo escribiera Flora Tristán hace casi dos siglos, abandonar la doble moral, no podemos reclamar lo que no estamos dispuestos/as a ceder. Si hablamos de democracia, justicia, inclusión, respeto a la diversidad, debemos empezar por cada quien, por nuestros espacios más próximos. Esta coherencia dará sustento y fuerza a nuestras ideas, de lo contrario nos quedaremos con un discurso vacío.
En Latinoamérica las primeras celebraciones del 8 de marzo se dieron en los años treinta y cuarenta, en nuestro país fue en el marco de la Revolución de Octubre, sin embargo, la invasión estadounidense que cortó de tajo los procesos de organización y movilización social, incluidos los de las mujeres, sumió en la oscuridad esa fecha que empezó a repuntar en los años ochenta, y sobre todo en los noventa, en 1994, poco antes de la firma de los Acuerdos de Paz cuando mujeres indígenas, viudas y víctimas de la guerra, estudiantas, profesionales, activistas por los derechos humanos y por los derechos de las mujeres, realizaron una primera marcha por las calles de la capital.
Más de una década después las expresiones para conmemorar, reflexionar, accionar y celebrar el 8 de marzo se han multiplicado, en aldeas y municipios de los cuatro puntos cardinales, las mujeres guatemaltecas en toda su diversidad, y desde sus diferencias, reciben y resignifican en los inicios del siglo veintiuno, la herencia de miles de obreras que hace más de un siglo alzaron la voz y empezaron a darle contenido a sus demandas, estableciendo un día para las mujeres trabajadoras, para las mujeres luchadoras que ahora como antes reclaman el derecho al trabajo con dignidad, al conocimiento, a una vida sin violencia, el cese de las guerras y de la depredación de los recursos naturales.
Como nuestras ancestras, las mujeres que hoy celebramos el 8 de marzo, lo hacemos convencidas de la justeza de nuestras luchas y de nuestras propuestas, y reclamamos para ellas, para nosotras y para las que vendrán, como escribiera la escritora guatemalteca Isabel Garma “el lugar que en la historia nos ha sido arrebatado”.
Por Ana Silvia Monzón
Socióloga y comunicadora social.
Integrante de la Comisión
Universitaria de la Mujer desde su creación en 1994.
Cofundadorade Voces de Mujeres, Red Mujeres al Aire y Mujeres AbriendoCaminos
La Ciudad de las Diosas
Fuentes bibliográficas
García Mainieri, Norma 1995. Marginalia. Mujer y poesía. Guatemala, Editorial Oscar De León Palacios.
Marco, Yolanda ed. 1993. Feminismo y utopía. México, Fontamara. (Traducción del francés de la obra Union Ouvriere de Flora Tritstán, 1843).
Murillo, Celeste 2004. Queremos el pan y también las rosas. En: Rebelión. http://www.rebelion.org/mujer/040127murillo.htm
Portugal, Ana María 2003? 8 de marzo. Día internacional de la mujer. Especial ISIS Internacional. http://www.isis.cl/publicaciones/miraesp2.htm