mayo 30, 2012

Feminismo desde la física


Su tesis Dinámica de redes en cristales moleculares la convirtió, a mediados de los 50, en una investigadora puntera en la cristalografía española. Maria Lluïsa Canut sería, durante 40 estudios científicos y otros tantos años, la otra pieza de un tándem en el que, junto a José Luis Amorós, consiguió prestigio a nivel internacional. Su llegada a la Southern University de Illinois le permitió convertirse, además, en líder de un movimiento feminista por la igualdad de sueldos para las mujeres docentes.
Nació en Mahón en 1924, pero su carrera científica no comenzó hasta su traslado a la Ciudad Condal. En la Universidad de Barcelona se licenciaría en Ciencias Físicas para luego doctorarse, en 1955, con su primer trabajo de investigación. Una tesis titulada Dinámica de redes en cristales moleculares y cuyo proyecto había dirigido el experto cristalógrafo José Luis Amorós.
«Aquel trabajo supuso un plantemiento muy novedoso para la época ya que analizaba el movimiento de las moléculas dentro de los cristales a través de la observación por rayos X», afirma el catedrático de la Universidad de Barcelona, Salvador Galí. La tesis de Maria Lluïsa Canut resultaba casi un «atrevimiento» en un panorama universitario con escasos recursos para la experimentación y prácticamente estancado desde la Guerra Civil.
Amorós fue un gran impulso para aquella obra. Licenciado en Ciencias Naturales, se había iniciado en la mineralogía de la mano del fundador de la Escuela Española de Cristalografía, Francisco Pardillo. Ya como catedrático de dicha área, formaría un tándem con la menorquina en el que ambos desarrollarían sus investigaciones.
Canut se especializó en las propiedades termales de los sólidos y en refracción de rayos X. «Era un paso más en el estudio iniciado con su doctorado. Estudió cómo en algunos cristales las variaciones de temperatura se traducían en un movimiento en las moléculas que los componían», explica Galí. A partir de 1956 su carrera continuaría en Madrid, en cuya universidad Amorós pasó a ejercer como catedrático.
El dúo –que acabaría por convertirse en pareja sentimental– llevó su colaboración también al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Allí, Maria Lluïsa Canut se incorporó como colaboradora dentro de la sección de termodinámica cristalina del departamento de cristalografía. Más tarde, las estancias de José Luis Amorós en Europa y su incorporación a la Unión Internacional de Cristalografía mejoraron no sólo los recursos para sus trabajos sino también su repercusión.
En 1963 el Gobierno reconoció la labor de ambos con el Premio Francisco Franco de Ciencias por la publicación de La difracción difusa de los cristales moleculares. Sólo tres años más tarde, un contrato con las Fuerzas Aéreas y la Armada de Estados Unidos permitió que los dos continuaran sus investigaciones en la Southern University de Illinois. Canut ingresó en la Escuela de Ingeniería y Tecnología de dicho centro como profesora de ciencias aplicadas.
«En España no fue una pionera porque las mujeres habían accedido a los estudios universitarios de Medicina a principios del siglo XX y a los de física en la década de los 40. Sin embargo sí fue una investigadora destacada», sostiene Salvador Galí. Junto a Amorós firmó más de 40 trabajos científicos. En 1968 la Universidad de Illinois reconoció sus trayectorias con el Research Recognition Award y en 1970 la Sociedad Sigma XI les otorgó también el Leo Kaplan.
Sin embargo, en los 70 la menorquina lideró una lucha por la igualdad salarial entre hombres y mujeres en la universidad americana. Encabezaba un movimiento feminista –que según ella afectaba a otras 170 profesoras– y que, en realidad, sólo reclamaba el cumplimiento de una ley que había previsto esa equiparación años atrás. Tras una reclamación judicial consiguió que las facultades abonaran la diferencia salarial de todo el tiempo transcurrido y que rondaba los 300 dólares mensuales.
A mediados de los 70, la pareja regresó a Madrid. Amorós se reincorporó a su cátedra y Canut pasó al entonces Ministerio de Educación y Ciencia como directora del programa de Administración, Cooperación Educativa, Cultural y de Investigación entre España y Estados Unidos. La capital centraría su carrera durante una década más.
Maria Lluïsa se reencontró con su Menorca natal ya en los 80. La isla provocó entonces un giro en el objetivo de sus investigaciones, que se orientaron hacia la docencia y la Historia. En la primera, con publicaciones como Maestras y libros, 1850–1912 y en la segunda con la digitalización completa de la Revista de Menorca con ocasión de su centenario en 1989.
Junto a Amorós se integró en la clase intelectual de la isla y fueron fundadores del Institut Menorquí d’Estudis, pero tras su jubilación se trasladaron a Mallorca. Aquí murieron ya con el nuevo siglo con dos trayectorias de prestigio internacional en la que Maria Lluïsa aún es casi un personaje anónimo.

Por Laura Jurado
Fuente: El Mundo

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