mayo 15, 2019

Ana Falú: “Vivimos una universidad elitista, esto es lo que hay que interpelar desde el feminismo”




Este jueves se llevarán adelante las elecciones para el rectorado en la UNC, donde por primera vez se aplicará la elección directa. En ese marco, entrevistamos a Ana Falú, candidata a vicerrectora por el espacio Vamos. Desde su trayectoria en el movimiento feminista, la docente emérita de la Facultad de Arquitectura comparte su mirada y sus propuestas en torno a la problemática de género y las distintas violencias que se expresan dentro de la universidad.

Con una larga trayectoria dentro del movimiento feminista, Ana Falú es candidata a vicerrectora de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Junto al candidato a rector y actual decano de la Facultad de Ciencias Químicas, Gustavo Chiabrando, integra la fórmula de Vamos, una de las tres listas que mañana participarán de la elección directa que definirá quiénes conducirán la Casa de Trejo durante los próximos tres años.

Después de formarse en la universidad pública en Tucumán, Ana debió exiliarse ante la persecución que sufrió su familia durante la última dictadura militar, mientras que uno de sus hermanos, Luis Eduardo Falú, fue secuestrado y asesinado. En la década del ´80 se instaló en Córdoba, donde se desempeñó como profesora e investigadora de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño Industrial de la UNC. Actualmente es docente emérita y directora de la Maestría Gestión y Desarrollo Habitacional de dicha unidad académica.

Su participación en el feminismo se destaca especialmente a partir de 1985, año en que fundó el Centro de Intercambio y Servicios para el Cono Sur Argentina (CISCSA), ONG enfocada en el derecho a la ciudad desde una mirada de género que aun hoy trabaja en relación al derecho de las mujeres a la tierra, la vivienda y el hábitat. Desde entonces ha participado y dirigido distintos programas de alcance internacional sobre hábitat y feminismo. En ese marco, su candidatura en la UNC ha recibido el apoyo de referentes como Dora Barrancos, quien hace pocos días presentó su renuncia al Directorio del CONICET ante el ajuste, y Rita Segato, con quien brindó una charla recientemente durante su campaña.
(Imagen: Vamos)

– Ante un escenario donde el feminismo se institucionaliza y se presenta a elecciones en una universidad que tiene una historia marcada por tramas y lógicas patriarcales y burocráticas, ¿qué desafíos debemos afrontar y debatir como feministas? ¿por qué es importante que el feminismo se presente a elecciones en una institución como la UNC?

El feminismo es una fuerza polifónica que se viene construyendo desde hace muchas décadas y que hoy en día ha ocupado las calles, se ha hecho pública, masiva. Y en este momento, justamente por esa presencia masiva de las Ni Una Menos, la marea verde, de las voces feministas en la calle, el feminismo se está expresando de distintas maneras dentro de la UNC y existe este lugar ganado para transversalizar las propuestas de políticas universitarias con el feminismo. Lo que estamos planteando en la plataforma de Vamos es el reconocimiento al feminismo como una fuerza y a la vez determinadas demandas y propuestas que tienen que ser inherentes al accionar político dentro de la UNC. Esto tiene que ver con el desarrollo del pensamiento crítico más medular, que más va a correr los bordes de la democracia y que está instalándose en esta plataforma y en esta universidad. A mí me agrada ver que, en este sentido del feminismo, ya hemos ganado las elecciones. Hemos ganado tanto que hemos logrado traccionar a las fuerzas de los otros candidatos hacia el campo del feminismo, aunque es absolutamente distinto lo que nosotras, las feministas históricas, estamos planteando. Porque nosotros estamos diciendo que hay que construir institucionalidad, pero una que nos permita realmente tener una responsabilidad frente a la gran institución que es la UNC en la propuesta, en el monitoreo, en la asignación de recursos, en la transversalización en otras disciplinas.

No hay una institucionalización del feminismo sino todo lo contrario: la institución recoge estas voces polifónicas y estas propuestas que tienen una larga trayectoria, no son de ayer. Y que además no solo van a referir a cómo producimos el conocimiento, sino también a cómo interpelamos los modos del hacer, las jerarquías en la universidad, la falta de una inclusión de género.

Entre las diversas facetas que abarca este tema, Ana advierte sobre la necesidad de generar rupturas en la lógica misógina que también se manifiesta, señala, en el “techo de cristal que encuentran las mujeres en su trayectoria como estudiantes pero también el que van a encontrar después como profesionales”.

A su vez, subraya dos desafíos en relación al feminismo en el ámbito universitario: la asignación de recursos y la participación. “Necesitamos jerarquizar la institucionalidad de género y dotarla de recursos, porque si no nos quedamos en una retórica que es muy conveniente para muchas de las fuerzas políticas”, dice. Y agrega la necesidad de convocar las diversas voces que denuncian el modo en que las políticas misóginas van atravesando sus propias vidas en la universidad para “interpelar formas de participación y generar comunidad universitaria”. En este sentido, menciona la necesidad de retomar y profundizar antecedentes como el Consejo Asesor al Programa de Género que funcionó durante el rectorado de Carolina Scotto y de Francisco Tamarit, en el que Falú participó.
Las violencias en la universidad

– ¿Qué lecturas haces sobre las denuncias de violencia de género en la universidad? ¿qué particularidades tiene la violencia en ese contexto?

Hay que decir que en el tema de las denuncias de violencias se han hecho avances, pero son avances que todavía quedan muy cortos frente a este tremendo fenómeno.
Hay una deuda social de la universidad para con las mujeres, que es particular en el tema de las violencias. Y la violencia es central de ser tratada en cualquiera de los ámbitos de la vida estudiantil, laboral, social, porque es el mayor límite a la libertad.

Además la violencia es muy compleja, no es solo el acoso sexual. La violencia hoy en la universidad quizás no se ve tanto a través del acoso sexual, que creo que ha disminuido enormemente por esta condena social, por la instalación en lo público de lo que esto significa -que ha sido la laboral de las feministas hoy en dia en la Argentina-, sino también este cotidiano en donde está la subestimación, la descalificación, la “no mirada” como decía una de las mujeres que participó del foro que hicimos con Rita Segato. La mirada otorga, da permiso, aprueba. Entonces desde la no mirada en el aula, en el trabajo que están produciendo las jóvenes estudiantas, desde esa violencia que subestima, discrimina, desvaloriza, una estudiante tiene menos fuerza de poder pararse, en lugar de sentirse motivada y cobijada por sus profesores y profesoras.

Hay distintos tipos de violencia contra las docentes, estudiantes, los cuerpos disidentes en particular, estudiantes gays, lesbianas, ni que hablar de estudiantes trans que sufren un maltrato, unas discriminaciones tremendas en el espacio de la universidad. Este tipo de violencia necesita de espacios, que creo que están en construcción y tenemos que mejorarlos, que tienen que tener una rápida atención: la temporalidad es muy importante porque si no, en vez de responder y cobijarte, te dejan en el desamparo. Tenemos que ser sumamente cuidadosos porque estamos hablando de vidas individuales, y cada persona cuenta en esta protección que tenemos que hacer con el tema de la violencia en el ámbito universitario: protocolos, campañas, sensibilización, atención inmediata, cuidado de no establecer una punición social y publica tanto a la persona que ha sufrido una violencia como a quien supuestamente la ejerció.

La candidata de Vamos menciona también la necesidad de instalar en la agenda de la universidad la discriminación “por color de piel, por origen económico social o por elección sexual” y de trabajar estos temas desde la formación y la sensibilización en las distintas cátedras y disciplinas. En ese sentido, advierte:
“La violencia es el mayor limite al ejercicio de la democracia y la ciudadanía. Entonces estas violencias son las que tenemos que trabajar en formación, en sensibilización. Por eso hay que incorporar cátedras, módulos de género, tanto en la iniciación de los estudiantes como en las materias de cada una de las disciplinas. Debe haber tolerancia cero para la violencia social de que los y las jóvenes pobres no puedan estudiar en la universidad”.

Para Falú, esta discriminación social se expresa también en relación a la disidencia sexual: “Es incomprensible que en la sociedad del siglo XXI todavía esté sucediendo esto, y que tiene que ver con los mismos sufrimientos de la portación de piel, de procedencia social, que son feroces porque vivimos una universidad que todavía es altamente elitista, esto es lo que hay que interrogar e interpelar desde el feminismo: no hay democracia sin feminismo”.

*Por Redacción La tinta. Imagen de portada: Ana Medero para La tinta.