Los cuidados, otra deuda pendiente con las mujeres
Unas palabras, desde la mirada migrante, sobre las mujeres como eslabón de una cadena global que transfiere la crisis de cuidado en los países de destino, conectándola con la crisis económica de los países de origen.

En la obra “Los cautiverios de las mujeres” la antropóloga mexicana, Marcela Lagarde plantea que “el sexo es concebido como el principio básico clasificador y estructurador de los géneros” marcado por el poder –y los poderes– que dan lugar a “la opresión contra las mujeres más allá de su voluntad y conciencia”.
En ese mundo simbólico patriarcal que según Lagarde mantiene a las mujeres “en cautiverios y cautivadas”, se les ha atribuido como característica inherente a su condición la tarea de los cuidados: remunerados y no remunerados que con la llegada del coronavirus cobraron notoriedad frente a un sistema que “carece de estructuras colectivas suficientes para cuidar de la vida”.
Las mujeres son el eslabón de una cadena global de cuidados que unen “distintos hogares en distintos lugares del mundo al transferir la crisis de cuidado en los países de destino, y conectarla con la crisis económica de los países de origen”
“Con la covid-19 se ha hecho más evidente que la vida hay que cuidarla, lo que decíamos, que la vida ni es por casualidad, ni por intervención divina. No tenemos estructuras colectivas suficientes y fuertes para cuidar la vida donde las cadenas globales de cuidados jugaban un rol central”, manifiesta la economista Amaia Pérez Orozco, durante el Seminario Online “Cadena Global de Cuidados: Una perspectiva en tiempos de COVID-19”, evento impulsado en el marco del grupo de trabajo del ámbito estratégico 2 “Feminismos y desigualdades” de la Agencia Extremeña de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AEXCID), ejecutado por Feministas Cooperando.
Ante esta realidad, según Amaia “lo que hacemos es delegar esa vulnerabilidad, ese cuidado a las dimensiones invisibilizadas del sistema socioeconómico, resolvemos la interdependencia en términos de explotación y de desigualdad y construimos una realidad de precariedad ante la falta de estructuras colectivas para hacernos cargo de la vida”.
Una situación que el movimiento feminista, desde hace casi dos décadas, viene evidenciando ante la progresiva feminización de la migración. Las mujeres son el eslabón de una cadena global de cuidados que unen “distintos hogares en distintos lugares del mundo al transferir la crisis de cuidado en los países de destino, y conectarla con la crisis económica de los países de origen”.
Por Maryorit Guevara
Fuente: El Salto
